Cuba por el mundo

Acompañar el acto de ser madre en Argelia

Este relato está dedicado a todos los profesionales de la salud que, en cualquier lugar del mundo, acompañan el momento en que una mujer se convierte en madre. Para quienes sostienen la vida cuando duele, para quienes reciben el primer llanto, para quienes no aparecen siempre en las fotos, pero están en el origen de cada historia.

Las noches en Djelfa descienden frías sobre el desierto, como si el viento borrara suavemente las huellas del día antes de dejar dormir a la ciudad. A más de trescientos kilómetros de la capital de Argelia, esa región vive entre silencios largos, mercados que se apagan tarde y madrugadas donde el llamado a la oración se mezcla, dentro de la maternidad del policlínico Ain Chih, con el primer llanto de la vida.

Hoy está de guardia allí la seño Aliana. De repente entra una embarazada, doblada por las contracciones. Su familiar reza en voz baja. Ella la recibe con la calma que solo da el tiempo y la experiencia de haber acompañado muchos nacimientos, en Cuba primero y ahora en Argelia.

Toma signos vitales.
Organiza el ingreso.
Prepara el salón.
Y entonces ocurre.

La paciente insiste en mostrarle algo a la enfermera argelina, quien sonríe con sorpresa y se acerca a Aliana.

—Quiere que seas tú la que le haga el parto.

Aliana no entiende, hasta que la imagen del teléfono móvil la detiene. Es una fotografía de ella misma sosteniendo a dos recién nacidos, después de haberle realizado el parto de sus gemelos tres años atrás. En esa sala blanca de Djelfa, el pasado regresa sin avisar. Aquella madre ha guardado esa foto como se atesora un milagro. Y ahora vuelve, no con palabras, sino con memoria.

Y con una elección.
La mujer la mira.
Sonríe.
Y Aliana entiende sin que nadie traduzca nada.
Porque hay reconocimientos que no pasan por el idioma.
Solo por la vida.

El dolor sube y baja como olas antiguas que conocen su camino. Aliana acompaña. No empuja. No invade. Está. Respira con ella. Sostiene el tiempo para que la vida encuentre su salida. Y entonces el mundo se abre en un llanto.

Fuerte. Limpio. Absoluto.
El primer llanto.
La madre llora también.
Y después sucede lo esencial.
Le toma la mano a Aliana.
Le besa la frente.

Shukran.

Gracias.
Y esa palabra queda suspendida en el aire como si también acabara de nacer.

Aliana Yamilet Rodríguez Torres viene de Gibara, en la provincia cubana de Holguín, un pueblo donde el mar amanece intenso y las casas guardan olor a salitre. Fue directora municipal de salud durante cinco años y luego regresó al área de salud del policlínico “José Martí”, donde consolidó su vocación como enfermera especialista en Atención Comunitaria y Obstetricia.

En 2019 llegó a Argelia en su primera misión internacionalista para desempeñarse como enfermera obstetra. Al principio todo es distinto: el idioma, las costumbres, el desierto inmenso que rodea la vida como un horizonte sin fin, confiesa Aliana. Pero poco a poco descubres algo que te sostiene cada día: eres útil, y encima: tienes un profundo respeto y cariño del pueblo argelino hacia Cuba y hacia los cubanos.

En cualquier lugar nos reconocen: en un mercado, en una guagua, y nos dicen:

—¡Viva Cuba! ¡Viva Fidel Castro!

«Si montamos en un taxi, nos ponen música cubana sin que nadie la pida, como si la distancia se deshiciera por un momento. Ese cariño nos conmueve a todos los que hoy integramos la brigada médica cubana aquí. Y también nos compromete a trabajar por resultados como los que ya exhibimos en esta maternidad: disminuir la incidencia de la hemorragia postparto y, por consiguiente, las muertes maternas por esta causa; incrementar la lactancia materna exclusiva mediante la educación para la salud y las charlas que brindamos con ayuda de las traductoras; y mejorar la asistencia al control prenatal, logrando que las embarazadas lleguen con
un mínimo de cuatro controles al servicio de la maternidad del policlínico Ain Chih. Todo esto ha mantenido el reconocimiento de las autoridades del Ministerio de Salud argelino por el trabajo de la brigada cubana en Djelfa y en el país».

Pero detrás de todo eso hay algo más simple y profundo: mujeres acompañando a mujeres en el instante más intenso de la vida.
Con dolor.
Con fuerza.
Con miedo.
Con amor.
Y con una presencia al lado.

Y en ese mismo gesto universal, también late Cuba: la escuela de entrega, de humanidad compartida, de manos que cruzan frontera. Desde Gibara hasta Djelfa, desde un policlínico en Holguín hasta una sala de partos en el desierto, la vocación es la misma: cuidar la vida como si fuera propia.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Misión cumplida: el médico que le canta a Guatemala

Cuando la misión médica cubana en Guatemala comenzó a recoger sus pasos para regresar a la isla, ocurrió en Zacapa un hecho que nadie supo explicar sin sentir un leve estremecimiento, y que por eso mismo terminó aceptándose como verdad. Una canción quedó suspendida en el aire ardiente del valle del Motagua, como si el viento —ese viajero que cruza el oriente de Guatemala sin pedir permiso— hubiera decidido aprenderla de memoria.

Era Misión cumplida, la melodía nacida de la voz y el corazón del doctor Edy Jorge Soria, un internista cubano que descubrió, sin proponérselo, que sanar y cantar son dos maneras distintas de tocar el alma.

Nacido en la playa de Santa Lucía, pero radicado en Nuevitas, Camagüey, Edy fue formado en la casa donde dos maestros (para él brillantes) le enseñaron que la vida no solo se vive: también se interpreta. Desde entonces mira a las personas como si cada una llevara dentro un libro abierto que solo se deja leer en voz baja.

Hoy, en el Hospital Regional de Zacapa, donde cumple su primera misión internacionalista en la consulta de Medicina Interna, atiende pacientes, escucha silencios, descifra dolores. En una brigada de siete cooperantes cubanos, la población lo reconoce no solo como médico, sino como alguien que alivia incluso antes de tocar la piel.

En Zacapa, su nombre no circula: permanece. No se pronuncia: se agradece. Hay quienes aseguran que la sola certeza de su presencia modifica el curso de las cosas. Otros dicen que su consulta tiene una calma distinta, como si allí el tiempo hubiese aprendido a sentarse.

Pero Edy no solo lleva un estetoscopio al cuello. Desde la adolescencia compone canciones como quien guarda relámpagos doblados en los bolsillos, por si la noche necesita ser iluminada. La medicina le fue postergando la música, pero nunca logró silenciarla. Ahora ha vuelto a ella con la naturalidad con que los ríos regresan a su cauce cuando nadie los vigila.

En su canal de YouTube, donde aparece como Edy J Soria, comparte composiciones que transitan entre la canción de autor, el rap introspectivo y la poesía urbana. Son piezas nacidas de la experiencia, la gratitud y la vocación de servir; canciones que no buscan el ruido, sino quedarse viviendo en quien las escucha.

La primera en escucharlas, aun en la distancia, es su esposa, médica de familia y compañera de trece años, que ha aprendido a reconocer en cada nota el pulso secreto de la vida compartida.

Sus sueños, lejos de ser promesas, son estaciones visibles: ser especialista en medicina interna, profesor asistente, médico útil. Los demás —el segundo grado, el doctorado, la categoría docente— lo aguardan sin impaciencia. Y entre todos ellos, el más sencillo y verdadero: ver crecer a sus hijos y acompañar sus destinos.

Mientras, Zacapa espera la hora exacta en que la silueta del doctor Soria cruce el camino de regreso hacia Cuba, para hacer soplar sus vientos con una fuerza antigua y repetida.

En ese instante toda Guatemala escuchará, sin saber de dónde viene, la canción que este médico cubano dejó como despedida.

Escuche desde aquí la cánción: Misión cumplida.

 

Por: Mylenys Torres Labrada.

Edy Jorge Soria, Guatemala

Edy Jorge Soria, Guatemala

Edy Jorge Soria, Guatemala

Edy Jorge Soria, Guatemala

Resaltan labor de la Brigada Médica Cubana en Honduras tras su regreso a Cuba

Los aportes y la labor solidaria de los 172 integrantes de la Brigada Médica Cubana que prestaba servicios en Honduras fueron resaltados durante su recibimiento en el Aeropuerto Internacional José Martí, en La Habana. En el acto, Mayelín Hernández, jefa del Departamento de Colaboración Internacional de la Unidad Central de Colaboración Médica, reconoció el compromiso y la entrega de los profesionales cubanos, quienes durante su misión brindaron atención médica a miles de pacientes en diferentes regiones de ese país.

Durante su estancia en Honduras, la brigada atendió más de 30 millones de casos, realizó más de 853 mil intervenciones quirúrgicas, asistió 175 mil partos y contribuyó a salvar más de 253 mil vidas, según datos del Ministerio de Salud Pública.

El doctor Armando Castillo Sánchez, jefe de la brigada, destacó el respeto y la gratitud manifestados por el pueblo hondureño hacia los profesionales cubanos, quienes fueron despedidos con muestras de cariño y reconocimiento a su labor.

La cooperación médica de Cuba con Honduras se mantiene desde 1974, cuando brigadas de la Isla acudieron a ese país tras el paso del huracán Fifí.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Marzo de 2010: la misión del Contingente “Henry Reeve” en Rancagua, un ejemplo de ciencia, organización y solidaridad ante el desastre

Mientras Chile intentaba levantarse tras uno de los terremotos más devastadores de su historia —8.8 grados en la escala de Richter, ocurrido el 27 de febrero— un grupo de profesionales cubanos de la salud ya estaba en camino.

La ayuda fue ofrecida de inmediato por Cuba y aceptada oficialmente el 1ro de marzo. Al amanecer del día siguiente, un destacamento del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve” partía hacia territorio chileno con un hospital de campaña y 12 toneladas de medicamentos e insumos.

El equipo arribó a las 2:00 de la madrugada del 3 de marzo a Rancagua, capital de la provincia de Cachapoal, en la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, situada a unos 90 kilómetros al sur de Santiago. Hablamos de un importante centro agrícola y minero del país, con una población cercana a los 250 000 habitantes, ahora golpeado por el sismo y sus réplicas.

El sitio escogido fue el Complejo Deportivo “Patricio Mekis”. Allí, donde antes se celebraban eventos deportivos, se erigirían tiendas médicas, áreas de consulta y quirófanos. A las 17:00 horas de ese mismo día —apenas 19 horas después de su llegada
al país— ya estaban funcionando los servicios de medicina general y pediatría.

En una región donde los hospitales trabajaban al límite —con quirófanos al 40 % de capacidad y salas de trauma al 35 %— cada hora contaba. Montar un hospital de campaña implica instalar equipos pesados, garantizar electricidad, agua, esterilización y seguridad. Los soldados chilenos asumieron las tareas más arduas, protegiendo al personal médico de riesgos innecesarios. Fue una alianza concreta, sin protagonismos, marcada por el objetivo común de salvar vidas.

Al frente de la brigada estaba el doctor Carlos Ricardo Pérez Díaz, entonces jefe del destacamento y director del hospital en Rancagua, quien hoy dirige el Centro Nacional de Urgencia Médica del Ministerio de Salud Pública en La Habana.

«Cuando llegamos, todavía se sentían las réplicas. Pero lo que más se percibía era la angustia de la gente. Nuestra responsabilidad era trabajar con rigor, con organización y con serenidad. No solo íbamos a operar o a pasar consulta; íbamos a transmitir confianza. En una emergencia, tan importante como el bisturí es la palabra que tranquiliza», recuerda el doctor Pérez Díaz.

Su liderazgo fue determinante en la organización de turnos de 24 horas de trabajo por 24 de descanso, en la estructuración de servicios y en la rápida adaptación logística del hospital. Cada decisión estaba guiada no solo por la ciencia médica, sino por la comprensión de que detrás de cada paciente había miedo, incertidumbre y familias enteras necesitadas de apoyo.

Los primeros días estuvieron marcados por traumatismos musculoesqueléticos y emergencias cardiovasculares. Más tarde llegaron las infecciones respiratorias y, silenciosamente, las secuelas emocionales del desastre. La inclusión de un psicólogo en el equipo permitió atender también esas heridas invisibles.

«No bastaba con curar el cuerpo; también había que calmar la mente y dar seguridad a quienes habían perdido todo», añade el doctor Pérez Díaz.

Cuando se aproximaba el invierno austral y las lluvias amenazaban con dificultar la atención, se decidió trasladar toda la instalación al gimnasio techado del complejo, estructura que había resistido el terremoto y sus réplicas. En apenas 48 horas, el hospital quedó completamente reubicado y operativo, con consultorios, laboratorio, farmacia, radiología, salas hospitalarias,
unidad de cuidados intensivos y salón de operaciones.

Durante 254 días de trabajo ininterrumpido, el hospital atendió a 50 048 pacientes y realizó 1 778 cirugías, de las cuales más del 80 % fueron mayores. Cada cifra representa una historia: un niño con fiebre en brazos de su madre, un trabajador que necesitaba regresar a su empleo, un anciano que no podía quedar sin tratamiento. Detrás de los números hubo abrazos, palabras de aliento y manos que sostuvieron otras manos.

A lo largo de los años, brigadas médicas cubanas han acudido a terremotos, huracanes, epidemias y otras emergencias en distintas regiones del mundo. La experiencia en Chile reafirmó una convicción: la respuesta médica ante desastres no es solo técnica, es profundamente humana.

Cuando la tierra tembló en Chile, allí estuvo Cuba. Y estuvo no solo para asistir, sino para acompañar, organizar, sostener y permanecer. Porque en los momentos más difíciles, la solidaridad también puede levantarse como un hospital.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Autoridades sanitarias de Jamaica agradecen valiosa contribución de la Brigada Médica Cubana tras el paso del huracán Melissa

Tras el paso devastador del huracán Melissa, las autoridades sanitarias de Jamaica han expresado su profundo agradecimiento a la brigada médica cubana, cuyo trabajo ha sido decisivo en la atención a la población afectada. En medio de las intensas lluvias y vientos destructivos, los colaboradores cubanos han mantenido su compromiso con la salud del pueblo jamaicano, trabajando incansablemente antes, durante y después del desastre natural.

El Secretario Permanente del Ministerio de Salud y Bienestar de Jamaica, Errol Greene; la Directora Nacional de Enfermería, Patricia Ingrid; y la Directora de Relaciones Internacionales, Rowena Palmer, enviaron mensajes de gratitud a la jefatura de la brigada médica cubana en Jamaica, reconociendo el impacto positivo y la solidaridad internacional mostrada por los colaboradores cubanos.

Los directivos de las instituciones sanitarias donde trabajan los cooperantes cubanos, así como los equipos de trabajo jamaicanos, también han expresado su agradecimiento por la labor conjunta y el apoyo continuo en tiempos de emergencia.

La brigada médica cubana ha sido fundamental para la recuperación de Jamaica tras el paso del huracán. Los 78 colaboradores cubanos en los servicios de urgencias hospitalarias han garantizado la atención continua, incluso en hospitales que no cerraron sus puertas, de acuerdo con el plan de enfrentamiento a desastres del país. La dedicación de estos profesionales ha permitido que los servicios médicos no se interrumpieran, a pesar de la emergencia.

Asimismo, 89 colaboradores desplegados en las zonas más afectadas, donde los vientos y lluvias causaron los mayores daños, han continuado atendiendo a la población, incluso sin electricidad ni agua potable, destacándose por su resiliencia y solidaridad.

La Dra. Katia Ochoa, jefa de la brigada, también destacó la disciplina y organización ejemplares mostradas por la brigada, quienes se han asegurado de cumplir con las estrictas medidas de protección y seguridad durante toda la emergencia. En un gesto de verificación personal, la Dra. Ochoa visitó las zonas más afectadas para supervisar el bienestar de los colaboradores, asegurarse de que la labor de la brigada siguiera con eficiencia e insistirle en las medidas higiénicas de profilaxis de epidemias que pudieran desatarse.

Entre las zonas visitadas por la Dra. Ochoa se incluyen Santa Elizabet, Mandeville, Falmouth, Montego Bay y Savanna la Mar, áreas que registraron algunas de las mayores destrucciones provocadas por el huracán.

El reconocimiento a la brigada médica cubana en Jamaica tiene aún más valor al considerar que en 2026 se cumplirán 50 años desde que comenzó la colaboración, con tan solo 14 cooperantes en zonas como Savanna la Mar. Desde entonces, la presencia de Cuba sigue siendo una pieza clave en la mejora de la salud pública y en la solidaridad internacional que caracteriza a la cooperación médica cubana.

Por: Mylenys Torres Labrada.

  • Categorías de anuncio

    open all | close all
  • Categorías de aviso

  • Categorías de editoriales

  • Categorías de entrevista

  • Categorías de informes y sello

    open all | close all
  • Categorías sello – entidades

    open all | close all
  • Categorías de Noticia

    open all | close all
  • Secciones de noticias

    open all | close all
  • Archivo Anuncios

  • Archivo Avisos

    • Archivo Editoriales

      • Archivo Entrevistas

        • Archivo Informe y sello

        • Archivo Nota Oficial

          • Archivo Noticias

          • Archivo Obituarios

            • Actualidad

            • Salud es el Tema