
Cuidar a otra persona es una de las responsabilidades más humanas y, al mismo tiempo, una de las que mayores desafíos genera. Detrás de cada adulto mayor que necesita asistencia, de cada persona en situación de discapacidad o de quien enfrenta una enfermedad que limita su autonomía, suele haber alguien que dedica tiempo, esfuerzos y afectos a garantizar su bienestar.
Pero ¿quién enseña a cuidar?, ¿dónde encuentran orientación las familias? y, sobre todo ¿cómo evitar que quien cuida termine descuidándose a sí mismo?
En Cuba, estas preguntas adquieren especial relevancia ante el envejecimiento poblacional y la creciente necesidad de fortalecer los servicios de cuidados. A propósito del Día Internacional de las Personas Cuidadoras, que se conmemora cada 5 de noviembre, Infomed se acerca a las alternativas de formación y acompañamiento que desarrolla el país, a partir de la información aportada por Maité Ramos Regueiferos, especialista de Trabajo Social en Salud del Ministerio de Salud Pública (MINSAP).

Una persona cuidadora puede ser una madre, un padre, un hijo, un hermano, una pareja o alguien que, por razones familiares, afectivas o profesionales, atiende a otra persona que necesita ayuda para realizar actividades esenciales de la vida diaria.
Como explica Maité, esta labor implica una relación muy estrecha con quien recibe los cuidados, compartir aspectos íntimos de su vida cotidiana y enfrentar, en ocasiones, situaciones complejas para las cuales no siempre existe preparación. De ahí que cuidar también se aprende. Se necesitan conocimientos de salud, higiene, nutrición, primeros auxilios, comunicación, psicología, derechos y tecnología para responder adecuadamente a las necesidades de quienes dependen de otros.
Entre las principales experiencias impulsadas en Cuba figuran las Escuelas para Personas Cuidadoras, concebidas para desarrollar competencias básicas y avanzadas en quienes realizan esta actividad, tanto de manera remunerada como no remunerada.
Sus antecedentes se remontan al año 2000, a partir del estudio SABE, relacionado con la salud, el bienestar y el envejecimiento. En 2009 comenzaron las primeras experiencias formativas en el Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED), inicialmente dirigidas a la atención de las personas adultas mayores.
En 2023 se rediseñó su estructura para ampliar el alcance de la preparación a los cuidados durante todo el curso de la vida.
Actualmente existen 375 escuelas constituidas en el país, de las cuales 259 están funcionando, con presencia en el 69 % de los municipios. Hasta el período informado se habían capacitado 13 290 personas: 5 881 cuidadores remunerados, 1 354 trabajadores de instituciones y 6 071 cuidadores no remunerados.
Los programas combinan contenidos teóricos y prácticos sobre prevención y atención de enfermedades crónicas, higiene, nutrición, primeros auxilios, depresión, trastornos de ansiedad y del sueño, síndromes geriátricos, comunicación, prevención del maltrato y derechos de las personas en situación de dependencia.

También ofrecen herramientas para afrontar el estrés, organizar el tiempo, disminuir la sobrecarga y favorecer el equilibrio emocional de quien cuida.
Cada curso comprende ocho sesiones de trabajo, con una frecuencia de tres horas diarias, impartidas por profesionales de diferentes especialidades de la Salud. La formación se desarrolla en áreas de salud, hogares de ancianos, casas de abuelos u otros espacios con las condiciones necesarias. Al finalizar, los participantes reciben una certificación oficial que acredita los conocimientos adquiridos, conforme a la Resolución 138/2023 del MINSAP.
Pero ¿dónde puede acudir una familia que necesita aprender a cuidar?
Uno de los mensajes que la especialista considera necesario promover es que la población conozca dónde funcionan estos espacios de capacitación y cómo acceder a ellos.
Las personas interesadas pueden dirigirse al policlínico de su área de residencia y solicitar información sobre las Escuelas para Personas Cuidadoras. La organización, divulgación y control de las certificaciones corresponden al Departamento Docente Metodológico de cada policlínico.
Si no existe una escuela funcionando en el área de salud, pueden asistir a la que esté activa en el territorio más cercano. También, cuando se constituye un proyecto de desarrollo local relacionado con los cuidados, es posible coordinar con el Departamento Docente del policlínico la organización de un curso emergente.
La capacitación está dirigida tanto a familiares que cuidan sin remuneración como a quienes realizan esta actividad profesionalmente.
Aprender a movilizar correctamente a una persona, reconocer señales de alerta, garantizar una alimentación adecuada, prevenir accidentes domésticos o atender a alguien con deterioro cognitivo puede transformar la experiencia cotidiana de muchas familias. Por eso, como señala la especialista, es fundamental que estas oportunidades trasciendan los espacios institucionales y lleguen a quienes las necesitan.
La carga física y emocional que puede experimentar quien asume esta responsabilidad merece especial atención. Las jornadas prolongadas, la atención permanente y la reducción del tiempo personal pueden afectar su salud y bienestar. En ocasiones, la entrega a otra persona lleva a postergar las propias necesidades y asumir en soledad responsabilidades que deberían compartirse.
Los datos aportados por Maité Ramos Regueiferos revelan una marcada presencia femenina: el 78 % de las personas cuidadoras son mujeres, mientras que la participación masculina alcanza el 22 %.
Formar a los cuidadores significa también enseñarles a reconocer sus límites, buscar apoyo, organizar las responsabilidades y desarrollar estrategias para afrontar el estrés. Las Escuelas para Personas Cuidadoras incorporan estos contenidos para contribuir no solo a una atención de mayor calidad, sino también al bienestar de quienes la proporcionan.

Porque una persona agotada, desorientada o sin apoyo también necesita atención. Reconocerlo es parte esencial de una cultura del cuidado.
El Sistema Nacional de Salud Pública cuenta con instituciones sociales que integran la red de cuidados del país. Entre ellas se encuentran 307 casas de abuelos, con 10 443 plazas; 156 hogares de ancianos, con 12 267 camas y 3 516 capacidades diurnas, y 28 centros psicopedagógicos, con 2 238 camas y 1 000 capacidades diurnas.
A estas alternativas se suman nuevas experiencias, como las casitas de cuidados y los servicios dirigidos a personas con discapacidad de entre 19 y 59 años, además de modalidades de atención promovidas por actores económicos no estatales. La creación del Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida, mediante el Decreto 109/2024, forma parte del marco que respalda la organización de estas políticas y servicios.
Entre los retos identificados figuran ampliar la cobertura de las Escuelas para Personas Cuidadoras, especialmente en zonas rurales; incorporar plataformas digitales para facilitar la formación a distancia y fortalecer la articulación con universidades y asociaciones de personas con discapacidad.
Estos desafíos requieren mayor divulgación, coordinación institucional y participación comunitaria para acercar las oportunidades de aprendizaje a más personas.
Las experiencias de quienes han participado en estos cursos demuestran el valor de la preparación. Una cuidadora de Centro Habana reconoció que la capacitación le permitió comprender que cuidar no consiste únicamente en atender físicamente, sino también en escuchar y acompañar emocionalmente. Otra participante expresó que, después de formarse, se siente más segura para atender a su madre y manejar el estrés que genera esa responsabilidad.
Son testimonios que recuerdan que detrás de cada aprendizaje hay una familia que encuentra nuevas herramientas para afrontar su realidad.
En este 5 de noviembre, reconocer a las personas cuidadoras debe significar mucho más que dedicarles una felicitación. Implica informarles, orientarlas y acercarles los recursos disponibles para que desempeñen su labor con preparación, confianza y acompañamiento.
Desde Infomed, divulgar dónde aprender a cuidar y cómo acceder a estos espacios constituye también una manera de cuidar. Porque cuidar es un acto de amor que transforma tanto a quien da como a quien recibe. Pero ese amor necesita conocimientos, apoyo y reconocimiento.
Y, sobre todo, necesita que nunca olvidemos a quien cuida.
Por: Mylenys Torres Labrada.