
En Zimbabue, la luz se posa primero sobre los baobabs, esos gigantes antiguos que parecen haber visto pasar generaciones enteras sin moverse jamás de sitio. Después desciende lentamente hasta el polvo rojo de los caminos, despierta los mercados, acaricia las aldeas y entra, casi en silencio, por las ventanas de los hospitales. Aquí el tiempo no corre. Camina al ritmo de la tierra, como si supiera que las cosas verdaderamente importantes nunca tienen prisa.
Quizás por eso los médicos cubanos aprendieron, antes que cualquier otra cosa, a escuchar.
Escuchar el silencio de una madre que teme perder a su hijo. El cansancio de un anciano que ha recorrido kilómetros para llegar a una consulta. La incertidumbre de quien espera un diagnóstico. Porque en África la medicina también tiene oído, y solo después extiende las manos para curar.
Desde 2023, la Dra. en Ciencias Médicas y en Ciencias Pedagógicas, especialista en Medicina Interna, María Eugenia García Céspedes, conduce la Brigada Médica Cubana en Zimbabue. Es una brigada pequeña en número, pero inmensa en la huella que deja. El sesenta por ciento de sus integrantes trabaja en Harare; el resto presta servicios en Bulawayo, la segunda ciudad del país, y en comunidades como Chitungwiza.
«La dimensión de una brigada no se mide por cuántos somos, sino por cuánto logramos transformar», dice con la serenidad de quien ha convertido el servicio en una forma de entender la vida.
La integran especialistas en Medicina Legal, Electromedicina, Pediatría, Anatomía Patológica, Ginecobstetricia, Psiquiatría, Oncología, Cirugía Maxilofacial, Medicina Familiar y otras especialidades que responden a los principales desafíos sanitarios del país.
Las enfermedades no transmisibles, los trastornos psiquiátricos y el cáncer concentran buena parte de la atención médica. Entre los niños predominan las enfermedades respiratorias y diarreicas, estrechamente relacionadas con las condiciones de vida. Pero la brigada sabe que la salud no siempre espera detrás de la puerta de un hospital. Por eso organiza ferias sanitarias, desarrolla acciones preventivas y lleva la medicina hasta donde muchas personas nunca habían visto llegar a un médico.
Varios especialistas en Electromedicina sostienen una de las columnas de esta cooperación. Antes de su llegada, esa especialidad prácticamente no existía en Zimbabue. Hoy forman ingenieros biomédicos y técnicos locales en los propios hospitales, mientras mantienen en funcionamiento equipos imprescindibles para salvar vidas.
«Cuando un equipo vuelve a funcionar, no solo se salva una máquina; también se salva la esperanza de quienes dependen de ella», resume la Dra. María Eugenia.
Algo parecido ocurre con los especialistas en Medicina Legal. Además de su labor cotidiana, diseñan el programa nacional de formación del país, tanto para diplomado como para la especialidad, una obra que permanecerá cuando ellos ya hayan regresado a Cuba.
En Harare existe una calle que lleva el nombre de Fidel Castro. No es solo una dirección en un mapa. Es también un símbolo. Muchas de las actividades de la brigada transcurren allí, como si la historia recordara cada día el camino que unió a dos pueblos separados por un océano y unidos por la solidaridad.
El doctor Arian Duarte, cirujano maxilofacial guantanamero, ha devuelto calidad de vida a pacientes con discapacidades severas y enfermedades extremadamente complejas.
La Dra. Zulema Pérez Castellón, con la experiencia acumulada durante años al frente del servicio de Psiquiatría del Hospital Julio Trigo, acompaña a niños con trastornos severos. Ha logrado controlar crisis epilépticas, compensar cuadros de hiperactividad y devolverles la posibilidad de integrarse a una vida plena. Sus padres suelen agradecer entre lágrimas lo que a veces resulta imposible explicar con palabras.
La Dra. Jaqueline Moreno, especialista en Medicina Familiar y Oncología Quirúrgica recuerda a una joven que llegó con un sangramiento vaginal masivo. Lograron estabilizarla a tiempo. Hoy continúa viviendo. Y, a veces, una vida basta para justificar una misión entera.
Junio de 2025 permanece grabado en la memoria de la ginecobstetra santiaguera Rosa María Fernández, quien cumple su cuarta misión internacionalista. Una mujer de cuarenta y dos años, con treinta y tres semanas de embarazo y una placenta previa sangrante, solo podía salvarse mediante una histerectomía, procedimiento que requería la autorización de la familia. La espera desencadenó un paro cardiorrespiratorio, una anemia extrema y el ingreso en terapia intensiva. La niña nació prematura, con apenas un kilogramo de peso. Hoy ambas viven.
El doctor Arian Gaulhiac lo resume con una sencillez que contiene toda una filosofía de vida: «Brindamos salud a quienes más la necesitan con los recursos disponibles sobre todo haciéndole frente a la hipertensión arterial, cardiopatías, VIH y otras enfermedades.»
La Dra. María Eugenia está orgullosa de su brigada. África ha acompañado buena parte de su vida profesional. Cumplió misión en Zambia, dos veces en Etiopía, además de Ecuador y Haití. Fue directora de Salud en Santiago de Cuba y desarrolló gran parte de su carrera en el Hospital Juan Bruno Zayas, donde ha formado como tutora principal a más de una veintena de doctorantes.
En Cuba la esperan su madre y su nieto. Pero mientras permanece en Zimbabue, una parte de su corazón late con el mismo ritmo pausado de esta tierra.
Desde 1986, cada amanecer vuelve a comenzar de la misma manera. La luz se posa primero sobre los baobabs. El polvo rojo se levanta despacio. Los hospitales abren sus puertas. Y, en algún rincón de Harare, de Bulawayo o de una comunidad remota, alguien espera la llegada de un médico cubano.
Tal vez por eso los baobabs nunca se marchan. Han permanecido inmóviles durante siglos porque aprendieron que las cosas verdaderamente importantes siempre regresan.
Llevan cuarenta años viendo llegar mujeres y hombres con acento de isla, manos de médico y vocación de sembradores. Los han visto curar, enseñar, consolar y despedirse. Después los han visto volver, una y otra vez, con otros rostros, pero con el mismo juramento.
Ahora se entiende el secreto.
Los baobabs también esperan. Esperan el amanecer. Esperan la vida.
Y, desde 1986, esperan a los médicos cubanos.
Por: Mylenys Torres Labrada







La autora subraya que los revisores son especialistas en evaluar novedad, rigor, relevancia y solidez de las conclusiones, pero no deberían convertirse además, en investigadores forenses de fraude de autoría, manipulación de imágenes o alteración de citas.


