Epilepsia farmacorresistente: cuando la ciencia insiste y la vocación no se rinde

Instituto de neurología y neurocirugía

En Cuba, la atención a la epilepsia farmacorresistente no es el resultado de una moda terapéutica ni de un esfuerzo aislado, sino la continuidad de una escuela médica que ha sabido combinar rigor científico, sensibilidad clínica y compromiso social.

En el centro de ese camino se encuentra el trabajo de profesionales como la Dra. C. Aisel Santos Santos, neuróloga dedicada desde hace años al diagnóstico y tratamiento de una de las formas más complejas de la enfermedad: aquella que no responde a los esquemas farmacológicos convencionales y continúa expresándose en crisis que afectan profundamente la calidad de vida de los pacientes.

Desde el Instituto de Neurología y Neurocirugía, centro al que se remiten casos de epilepsia farmacorresistente de todo el país, la Dra. Aisel y su equipo asumen un desafío mayor: buscar alternativas terapéuticas allí donde los medicamentos no bastan. Esto implica una evaluación exhaustiva y multidisciplinaria que integra estudios como video electroencefalograma prolongado, técnicas de neuroimagen estructurales y funcionales, de psiquiatría y discusión en colectivo.

La cirugía de la epilepsia forma parte de la historia de la Neurología y Neurocirugía cubanas desde la década de los 70.

Hoy, esa experiencia se mantiene y se renueva, aunque sigue siendo un proceder altamente costoso y complejo, que exige criterios de selección muy precisos. No es casual que la tesis doctoral de la Dra. Aisel se haya centrado en el desarrollo de un modelo pronóstico antes y después de la cirugía, orientado a mejorar la toma de decisiones clínicas y los resultados terapéuticos.

Pero el abordaje no termina en el quirófano. La práctica clínica actual incorpora también otras opciones como la estimulación magnética transcraneal, el estimulador del nervio vago transcutáneo y nuevas alternativas en proceso de implementación, siempre con un enfoque personalizado. Esta mirada integral se extiende, además, a poblaciones específicas: la epilepsia en la mujer —en la infancia, durante el embarazo, en la adultez y la vejez— y en pacientes con comorbilidades complejas como enfermedades renales, hepáticas, lupus u otros trastornos sistémicos.

La Dra. Aisel Santos, especialista de II Grado en Neurología, es también jefa del capítulo cubano de la International League Against Epilepsy (ILAE) y miembro activo de la Sociedad Cubana de Neurología. Su trayectoria resume una idea esencial para el sistema de salud cubano: la epilepsia no se trata solo controlando crisis, sino comprendiendo a la persona que las padece, su contexto, sus miedos y sus proyectos de vida.

Agradecer la existencia de médicas como ella es, en realidad, reconocer una forma de ejercer la medicina donde la ciencia no se separa de la ética y donde cada avance —por complejo o costoso que sea— se pone al servicio de quienes más lo necesitan. En tiempos de desafíos tecnológicos y económicos, ese compromiso sigue siendo una de las mayores fortalezas de la neurología cubana.

Dra. Isael Santos

Colectivo del Instituto de Neurología y Neurocirugía

Por: Mylenys Torres Labrada

Nueva Ley de Salud Pública en Cuba: Una apuesta a largo plazo para seguir protegiendo la vida

Ministro José Ángel Portal Miranda

La aprobación de la nueva Ley de Salud por la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 22 de diciembre de 2023 implicó, además de la actualización del marco jurídico vigente desde 1983, la consolidación de una visión integral de la salud como derecho humano fundamental, con énfasis en la justicia social, la ética médica y la participación popular.

A propósito de la reciente publicación de la nueva norma en la Gaceta Oficial y su puesta en vigor en los próximos meses, Cubadebate dialogó con el ministro de Salud Pública, doctor José Ángel Portal Miranda, para profundizar, entre otros aspectos, en su alcance, las innovaciones conceptuales, y los principales desafíos que trae consigo la implementación de esta ley.

—Ministro, ¿qué representa la nueva Ley de Salud para Cuba, desde el punto de vista político, social y ético, y qué concepción integral de la salud propone este nuevo cuerpo legal?

-En primer lugar, considero imprescindible señalar que la próxima puesta en vigor de ese texto es la afirmación de una voluntad de Estado, la reafirmación de un modelo social, y la expresión de que la salud y la vida son derechos humanos irrenunciables.

Por eso, hablar hoy sobre esta Ley, implica hablar de la dignidad humana como valor supremo, de la justicia social como política pública, y de la salud como una construcción colectiva que atraviesa todas las dimensiones del desarrollo.

No estamos hablando únicamente de una norma jurídica; estamos compartiendo una visión integral de la salud, entendida como bienestar físico, mental, social y ambiental, profundamente enraizada en nuestra historia y proyectada hacia el futuro.

—¿Por qué fue necesario aprobar una nueva Ley de Salud y cómo se articula con la tradición jurídica y sanitaria del país?

–Si algo distingue a esta nueva ley es que no surge de la urgencia ni de la improvisación, sino de la madurez política e institucional que ha alcanzado nuestro país tras décadas de experiencia acumulada.

La Ley de Salud vigente, la Ley 41, que data de 1983, fue, en su momento, un instrumento revolucionario, que permitió consolidar el acceso universal y gratuito a la salud, estructurar un Sistema Nacional de Salud coherente y garantizar conquistas que hoy forman parte de la identidad cubana.

Sin embargo, el país que promulgó aquella ley no es el mismo que hoy vivimos. La sociedad cubana ha evolucionado, y con esa evolución se han transformado los patrones demográficos, los perfiles epidemiológicos, las dinámicas familiares, los marcos constitucionales y los desafíos globales.

Programas esenciales, como por ejemplo el del Médico y la Enfermera de la Familia, no estaban reflejados en aquel texto normativo. Tampoco lo estaban los avances científicos, los nuevos enfoques de prevención, la bioética contemporánea, ni las exigencias de una ciudadanía cada vez más consciente de sus deberes y derechos.

Esta nueva norma recupera las esencias humanistas de su predecesora, pero las lleva a un lenguaje jurídico actualizado, coherente con la Constitución de la República aprobada en abril de 2019, el Código de las Familias, y el resto del ordenamiento jurídico vigente en Cuba.

—¿Cómo fue el proceso de elaboración de esta norma y qué valor tiene la participación popular en su construcción?

-Uno de los mayores valores de la ley está justamente en su proceso de construcción colectiva. No fue redactada de espaldas a nuestro sector y mucho menos a nuestro al pueblo.

Por el contrario, se sometió a un amplio proceso de consulta, debate y conciliación, que involucró a más de 76 000 personas, entre las cuales estuvieron incluidos profesionales de la salud, juristas, académicos, estudiantes, trabajadores, diputados, integrantes de organizaciones sociales, personas en situación de discapacidad, colectivos científicos y miembros de las brigadas médicas internacionalistas. Todos aportaron criterios, preocupaciones y propuestas sumamente útiles.

Por esto también esta ley es, en el sentido más profundo del término, una obra colectiva.

—¿Qué principios y enfoques conceptuales introduce la Ley respecto al derecho a la salud y los determinantes sociales?

-Reafirma, sin ambigüedades, que la salud es un derecho humano fundamental, protegido jurídicamente y garantizado por el Estado.

Además, por primera vez se reconoce explícitamente a la Salud Pública como un bien de utilidad social, que no depende solo del sector sanitario, sino también del esfuerzo articulado de toda la sociedad. Esa concepción supera la mirada asistencial, y coloca en el centro a los determinantes sociales de la salud, la intersectorialidad y la responsabilidad compartida.

En ese contexto, resulta especialmente relevante la incorporación formal del principio de “Una Sola Salud”, que integra la salud humana con la animal, la vegetal y la ambiental. Dicho enfoque reconoce que los grandes desafíos sanitarios contemporáneos como pandemias, cambio climático y seguridad alimentaria, entre otros, no pueden abordarse de manera fragmentada, pues deben atenderse desde una visión integral y científica.

Y aunque son esas esencias que ha defendido por más de sesenta años el Sistema Nacional de Salud en su hacer, ahora adquieren una mirada y un respaldo de mayor amplitud, que confieren fortalezas adicionales al trabajo en nuestro sector.

—¿Qué derechos, deberes y garantías establece la Ley para la población y para los profesionales de la Salud?

— Muy oportuna tu pregunta, ante la cual no puedo dejar de señalar que uno de los avances más significativos de esta Ley es la consagración explícita de un catálogo amplio de derechos y deberes. Ya no se trata de derechos implícitos o subordinados a la voluntad administrativa, pues son derechos jurídicamente exigibles, respaldados por un cuerpo legal de rango superior.

Se garantiza así, legalmente, el derecho a una atención de salud gratuita, oportuna y con calidad, al trato digno, a la confidencialidad de la información, al consentimiento informado, a la no discriminación y al respeto a la autonomía progresiva.

Al mismo tiempo, se reconocen deberes ciudadanos orientados a fortalecer la corresponsabilidad social, el respeto a los profesionales y el uso racional de los recursos.

Unido a todo ello, la ética médica y la bioética adquieren un lugar central, para lo cual la Ley reconoce la importancia de la formación ética, de las comisiones de ética médica y del comportamiento profesional como elementos inseparables de la calidad de los servicios.

Asimismo, el texto define con claridad los servicios de atención, protección y recuperación, los reconoce como servicios públicos esenciales y establece su organización en tres niveles de atención, con la Atención Primaria de Salud como eje del sistema.

También, por primera vez, se incorpora un enfoque explícito sobre la calidad de los servicios, entendida como una obligación del Sistema Nacional de Salud, ajustada a protocolos científicos y al contexto socioeconómico del país.

Se reconoce la necesidad de garantizar la sostenibilidad económico-financiera del sistema, sin renunciar a su carácter público y gratuito. A su vez, se admiten fuentes complementarias de financiamiento, como la cooperación internacional y la actividad empresarial, siempre en función del fortalecimiento del sistema y del beneficio social.

De ahí que otro elemento de especial relevancia sea el equilibrio que la Ley establece entre la protección de los derechos de las personas y el respaldo legal a los profesionales de la Salud. Se reconocen situaciones excepcionales, se regulan procesos complejos y se brindan garantías jurídicas para la toma de decisiones en contextos de alta responsabilidad.

La Ley protege tanto al paciente como al profesional, entendiendo que la calidad de la atención depende de esa relación de confianza, respeto y respaldo institucional.

—Como bien es conocido por nuestro pueblo, es el proceso de transformación digital uno de los tres pilares que sustentan la gestión del Gobierno en Cuba. Teniendo en cuenta esa máxima, sería oportuno conocer cómo se ha concebido dentro de la nueva Ley de Salud el desarrollo de acciones que respalden esa política del Estado cubano.

— En primer lugar, es importante significar que no son esos conceptos o modos de hacer nuevos en el quehacer del Sistema Nacional de Salud, pues es un camino en el cual, paulatinamente, y en correspondencia con los recursos de que hemos ido disponiendo, se ha ido avanzando en múltiples ámbitos.

A partir de la aprobación de la Ley 165, que como ya hemos referido es un texto atemperado al actual contexto de la nación, la transformación digital se inserta explícitamente en el Sistema Nacional de Salud.

Ello está en total correspondencia con el objeto de la nueva ley, que establece los principios que regulan las relaciones sociales en el ámbito de la Salud Pública; la organización y funcionamiento de los servicios de prevención, atención, protección y recuperación de la salud y de otras actividades que le son inherentes, así como en atención al carácter intersectorial de la Salud Pública, manteniendo siempre el propósito de garantizar a nuestra población acceso y calidad en los servicios.

El proceso de transformación digital es, indiscutiblemente, de alta complejidad, y en nuestro sector está conducido a partir de la Estrategia Nacional en dicha materia.

Acorde con esos principios, se ha concebido dicho proceso como parte de los aseguramientos tecnológicos y metodológicos que permitan introducir -de forma planificada, organizada y jerarquizada-, plataformas digitales nacionales y sistemas informáticos, que contribuyan a la eficiencia en el funcionamiento de los servicios de Salud, un mayor alcance y accesibilidad a las personas con relación a los servicios, su interrelación con ellos y la protección de sus datos personales.

Con ese propósito, la nueva Ley dispone, en su Artículo 36, que el Ministerio de Salud Pública, en coordinación con los gobiernos locales, organiza y controla en el Sistema Nacional de Salud el acceso, el uso y la aplicación de las tecnologías de la información y las comunicaciones, mediante sistemas abiertos y proyectos de mediana y alta complejidad con alcance nacional, e implementa la salud digital en todos los servicios.

Una vez adoptadas las directivas ramales, serán desplegados por los diferentes niveles del Sistema Nacional de Salud y de forma interrelacionada, los sistemas informáticos que estandaricen los procesos asistenciales y faciliten su utilización por los profesionales y la población, usuaria de los mismos.

No obstante todas esas acciones que nos hemos propuesto, quiero reiterar que, llevar a todos los niveles de atención y sus instituciones un proceso integral de transformación digital no será una acción inmediata, pues para ello se demanda de recursos y tecnología de los cuales en estos momentos no disponemos.

Aun así, avanzar en el proceso de transformación digital en el Sistema Nacional de Salud es una decisión a la cual no renunciamos y que continuaremos fomentando.

—¿Cómo aborda la Ley temas sensibles como la salud sexual y reproductiva, la atención a grupos vulnerables y el final de la vida?

— Esta norma aborda con profundidad esos y otros temas sensibles y complejos de nuestra cotidianidad: la salud sexual y reproductiva, la atención a personas adultas mayores, a personas en situación de discapacidad y vulnerabilidad, los cuidados, el consentimiento informado y las determinaciones para el final de la vida. Todo ello desde una perspectiva de dignidad humana, respeto a la autonomía y acompañamiento ético.

Específicamente sobre el derecho a una muerte digna, quiero resaltar que hablar de ese tema, no es hablar de renuncia a la vida, sino de respeto profundo a la condición humana, incluso en sus momentos más difíciles.

En este particular es necesario precisar que, aun cuando dentro de la ley se conciben las determinaciones para el final de la vida, en el caso de la eutanasia -como se conoce ese derecho a una muerte digna-, no se aplicará hasta tanto se conciba una norma de rango superior que la apruebe.

Para ello, es necesario diseñar acciones y procedimientos que permitan asegurar con todos los detalles los protocolos de actuación y los consensos sociales, teniendo en cuenta la elevada relevancia, implicaciones y responsabilidades, tanto institucionalmente como en lo más íntimo de la familia, que entraña tal decisión.

De manera general, pudiera decir entonces, que esta nueva Ley que delinea el quehacer del trabajo del Sistema Nacional de Salud, abre un camino responsable, ético y científicamente fundamentado para abordar disímiles temas con toda la sensibilidad y el rigor necesarios.

—Ministro, ¿qué desafíos reconoce el texto normativo teniendo en cuenta el contexto en que se aplicará esta ley?

— Antes de responder a tu pregunta, creo que es oportuno reafirmar que la nueva Ley de Salud no es un documento aislado, ni una respuesta coyuntural a las dificultades actuales. Es una apuesta estratégica de largo plazo, una herramienta jurídica concebida para proteger derechos hoy y mañana, en cualquier escenario económico o sanitario del país.

Que una norma jurídica como esta se apruebe no quiere decir que van a cambiar las cuestiones tecnológicas y limitaciones materiales que atraviesa en estos momentos el sector de la Salud en nuestro país.

No obstante, el contenido de la ley sí puede contribuir a modificar la parte espiritual y esencial del funcionamiento del Sistema Nacional de Salud, teniendo en cuenta las garantías que ofrece para el ejercicio de los derechos y deberes, así como la seguridad jurídica en el actuar, tanto para nuestros profesionales, como para los pacientes y sus familiares.

Por tanto, no podemos obviar el hecho de que esta Ley nació, y se comenzará a implementar, en un contexto complejo, marcado aún por los efectos de la pandemia de la COVID-19, las tensiones económicas globales y el impacto persistente y agravado del bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos contra nuestro país.

Sin embargo, lejos de retroceder, Cuba decide avanzar en derechos, dotar al pueblo de mayor seguridad jurídica y fortalecer su Sistema de Salud desde una mayor legalidad.

La nuestra, es una ley donde no se dejan de reconocer los desafíos por delante, como tampoco de defender los principios que definen a la Salud Pública cubana.

El Ministerio de Salud Pública reconoce, con honestidad y responsabilidad, las dificultades actuales, entre ellas las carencias materiales, las limitaciones de recursos, la migración de profesionales, y las tensiones que se manifiestan en determinados servicios. Pero también deja claro que ninguna de esas dificultades justifica renunciar a los principios que han sostenido históricamente al Sistema Nacional de Salud.

Reiteramos a nuestro pueblo que ningún servicio esencial será cerrado, como tampoco ningún derecho será desprotegido. Cada decisión se adoptará siempre priorizando a quienes más lo necesitan.

Y aunque esta ley no promete soluciones mágicas, sí establece un marco de actuación claro, ético y responsable, acorde con las singularidades y esencias que nos distinguen como nación y como Sistema.

—¿Qué implica la implementación de la ley y cuál es el llamado final a las instituciones y a la sociedad?

–La aprobación de la Ley era un paso fundamental y necesario, pero no el último. Su implementación exigirá nuevos reglamentos, protocolos, capacitación continua, control institucional y participación social; y sobre todo, exigirá coherencia entre la letra de la Ley y la práctica cotidiana.

Cumplir con cada uno de esos postulados, y muchos otros, es una responsabilidad que compete a todos en el país, y es ese un compromiso que estamos llamados a asumir de conjunto el Estado, el Sistema Nacional de Salud, los gobiernos locales y la sociedad toda en general.

Antes de concluir, considero que es justo e imprescindible agradecer profundamente, una vez más, a quienes hicieron posible este proceso: a los trabajadores de la Salud, que sostienen el sistema incluso en condiciones adversas; a los juristas, científicos y académicos; a las instituciones y, de manera especial, a nuestro pueblo cubano, cuya participación enriqueció en gran medida esta norma.

Tal como aseguré dos años atrás al presentar el proyecto ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, reitero hoy que Cuba necesita y merece esta ley; la merecen su historia sanitaria, su presente desafiante y su futuro.

Porque defender la salud es defender la vida. Y defender la vida es, en esencia, defender el proyecto humano y social de nuestra Revolución.

 

Nuevo estudio sobre la síntesis de ADN en bacterias impulsa la búsqueda de la próxima generación de antibióticos

ADN bacteriano

Las ribonucleótido reductasas (RNR) son enzimas indispensables que convierten los ribonucleótidos en desoxirribonucleótidos (dNTP), los precursores que componen el ADN. Dado que la síntesis del ADN es fundamental para la supervivencia celular, la actividad de las RNR debe controlarse de manera muy estricta. En las bacterias, este control lo ejerce un regulador transcripcional especializado, el NrdR, que no tiene equivalente en los organismos eucariotas y, por lo tanto, representa una diana potencial para el desarrollo de antimicrobianos. A pesar de su papel central, la base estructural de la función de NrdR y los mecanismos por los que detecta los niveles de nucleótidos celulares y modula la expresión de las RNR solo se conocían parcialmente hasta el momento.

Ahora, este estudio aborda esta laguna combinando la biología estructural, la caracterización biofísica y los ensayos funcionales para dibujar cómo la estructura cuaternaria de NrdR responde a diferentes estados de nucleótidos y cómo estos cambios afectan a su actividad reguladora. Los investigadores centraron su estudio en dos importantes patógenos bacterianos: Escherichia coli, un patógeno modelo clave para el estudio de la fisiología bacteriana fundamental, y Pseudomonas aeruginosa, un patógeno oportunista reconocido por su resistencia inherente a muchos antibióticos y su papel en las infecciones crónicas. El trabajo de investigación fue dirigido por el grupo Infecciones Bacterianas: Terapias Antimicrobianas, del Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) y el grupo de Biología Estructural de Macromoléculas Mitocondriales del Instituto de Biología Molecular de Barcelona (IBMB-CSIC), con la participación del grupo de Caracterización Bioeléctrica a Nanoescala del IBEC.

NrdR como nueva posible diana contra las infecciones bacterianas

La caracterización exhaustiva de la estructura y el mecanismo de NrdR supone un avance significativo en nuestra comprensión de la regulación transcripcional bacteriana. Al revelar cómo las bacterias regulan la síntesis de desoxirribonucleótidos en respuesta a las fluctuaciones de nucleótidos, este trabajo proporciona una base conceptual y experimental para la identificación de nuevos objetivos antibacterianos y la innovación terapéutica futura.

Entender cómo NrdR detecta los niveles de nucleótidos y controla la expresión de genes RNR esenciales proporciona un nuevo punto de partida estratégico para el desarrollo de antimicrobianos. Dado que NrdR está ausente en las células humanas y desempeña un papel fundamental en la síntesis de precursores del ADN bacteriano, los conocimientos estructurales descubiertos aquí ofrecen una base sólida para diseñar moléculas que alteren selectivamente la homeostasis de los nucleótidos bacterianos. Estos conocimientos posicionan a NrdR como una diana antimicrobiana muy interesante cuya manipulación puede inspirar estrategias de próxima generación para combatir las infecciones bacterianas resistentes.

«Apuntar a un regulador tan importante podría debilitar las bacterias patógenas o ayudar a restaurar su susceptibilidad a los antibióticos existentes, lo que representa una vía prometedora para contrarrestar la creciente resistencia a los antimicrobianos», explica Eduard Torrents, investigador principal del grupo Infecciones Bacterianas: terapias antimicrobianas del IBEC, profesor asociado de la Universidad de Barcelona (UB), miembro de ICREA Academia y autor del estudio.

Descifrando la estructura 3D de NrdR y su importancia biológica

Los investigadores identificaron primero qué genes están controlados por NrdR en estas bacterias integrando datos transcriptómicos con análisis de motivos, lo que proporcionó una imagen más clara de cómo este regulador influye en los procesos celulares esenciales. A continuación, el equipo determinó, mediante cristalografía de proteínas con rayos X, la estructura tridimensional de la proteína NrdR en E. coli, descubriendo cómo las moléculas de proteína se asocian entre sí para formar ensamblajes. Aunque utilizaron diferentes técnicas, como la dispersión de luz multiángulo (SEC-MALS) y la microscopía de fuerza atómica, los investigadores también examinaron cómo estos ensamblajes cambian en respuesta a la presencia de diferentes nucleótidos, revelando un sistema altamente dinámico regulado por estos metabolitos. «Tras determinar la estructura cristalina, el siguiente paso crucial es descifrar si las interacciones observadas en el cristal tienen significado biológico, en este caso, cómo NrdR responde a los nucleótidos», afirma Maria Solà, investigadora principal del grupo de Biología Estructural de Macromoléculas Mitocondriales del Instituto de Biología Molecular de Barcelona (IBMB-CSIC) y autora del estudio.

Para abordar el impacto de los estados estructurales en la actividad de unión al ADN y la regulación, los investigadores realizaron una validación funcional de las interacciones proteína-proteína observadas en el cristal utilizando mutaciones puntuales, ensayos de desplazamiento de movilidad electroforética y ensayos de transcripción in vitro. Es importante destacar que el trabajo aclara cómo NrdR responde a las señales intracelulares —en particular, ATP y dATP— para cambiar entre estados activos y represivos, ajustando así la expresión de RNR de acuerdo con las necesidades celulares, explica Lucas Pedraz, co-primer autor del estudio. Estos hallazgos se oponen a las visiones anteriores, más simplistas, de la regulación de NrdR, y revelan un mecanismo finamente ajustado por el cual la unión de nucleótidos impulsa transiciones estructurales que influyen directamente en la unión al ADN y la represión génica.

En conjunto, estos resultados posicionan a NrdR como una nueva diana prometedora en la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos, ya que ofrece una oportunidad única para interrumpir una vía reguladora esencial para la supervivencia de las bacterias, ausente en los seres humanos. Al definir la estructura de NrdR y revelar cómo gobierna la homeostasis de los nucleótidos, este trabajo no solo profundiza nuestra comprensión de la biología bacteriana, sino que también sienta una base sólida para el desarrollo de terapias de próxima generación. A medida que la resistencia a los antibióticos sigue aumentando en todo el mundo, estos conocimientos proporcionan un trampolín crucial para estrategias innovadoras que debiliten las bacterias patógenas y restauren la eficacia de los tratamientos existentes.

Leer el texto completo del artículo en:

Lucas Pedraz, Arkadiusz Szura, Claus Schmitz, Alba Rubio-Canalejas, Ángela Martínez-Mateos, Anthony Santella, Gabriel Gomila, Annalisa Calo, Maria Solà, Eduard Torrents. Structure and mechanistic basis of NrdR, a bacterial master regulator of ribonucleotide reduction, International Journal of Biological Macromolecules, 2026, 150647,
ISSN 0141-8130, https://doi.org/10.1016/j.ijbiomac.2026.150647.

Seis horas devolviéndole la vida a un niño

A veces la medicina parece un sueño. No por ingenuidad, sino por asombro.

A veces la medicina parece un sueño. No por ingenuidad, sino por asombro. Asombro ante la precisión, la coordinación y la ética que se activan cuando una vida —sobre todo la de un niño— no puede esperar.

Hace unas horas, en La Habana, ese asombro tuvo nombre propio: un niño de 11 años, llegado desde Las Tunas, con diagnóstico de un tumor de la región selar, invasivo, extendido a la base del cráneo, con compromiso del seno esfenoidal y el clivus. Un tumor complejo.

El escenario estuvo perfectamente engranado: el salón de operaciones del Instituto de Neurología y Neurocirugía (INN), con profesionales de esta institución y del Hospital Pediátrico “Juan Manuel Márquez”.

La decisión fue clara: abordaje endonasal endoscópico extendido a la base del cráneo, mínimamente invasivo, con neuronavegación, neuromonitoreo y anatomía patológica transoperatoria. En el quirófano, el tiempo se volvió denso.

Como rito y responsabilidad, al comenzar la cirugía se activó el código de paciente seguro. El inicio lo marcó la voz del Dr. Orestes, director del Instituto de Neurología y Neurocirugía:

—«Vamos a comenzar. ¿Qué hora es? Díganme el nombre del paciente y cuál es el diagnóstico».

Allí se operan los casos más complejos del país: adultos y niños con patologías complejas del sistema nervioso central, con buena evolución hasta el momento, no solo de la base del cráneo, sino también de la cirugía más difícil y compleja que realiza un neurocirujano: los tumores de la región pineal. Todo ello es posible gracias a la tecnología instalada.

En esta intervención participaron los anestesiólogos Dr. Misiel, jefe de la Unidad Quirúrgica, la Dra. Lisbeth y el Dr. Meiver; las neurocirujanas Dra. Lismary, jefa del servicio en el INN, y Dra. Miriela, jefa del servicio de Neurocirugía del “Juan Manuel Márquez”; junto al Dr. Carlos Urbina, neurocirujano nicaragüense que realiza un fellowship en cirugía mínimamente invasiva.

Y enfermeras, técnicos, personal de apoyo: una cadena humana que rara vez sale en las fotos, pero sin la cual nada ocurre. Fue el resultado del esfuerzo de mucha gente haciendo lo que sabe hacer, aunque en circunstancias cada día más difíciles, como la falta de transporte, por ejemplo, que les obliga a madrugar mucho para ir a salvar una vida.

Al concluir, ocurrió lo esencial: el niño salió del salón extubado. Lo esperaba el intensivista pediátrico en el propio quirófano. La ambulancia del SIUM Nacional llegó según la planificación. Traslado inmediato a la terapia intensiva del “Juan Manuel Márquez”. Todo funcionó.

El niño, además, presentaba trastornos visuales, y ayer refería que veía mejor.

La medicina cubana no niega la escasez: la enfrenta, prioriza y decide. Por eso, cuando parecía un sueño, no era evasión. Era contraste. Frente a quienes reducen a Cuba a la carencia, una familia vio salir a su hijo tras seis horas reales, densas, exhaustas, de cirugía de base de cráneo.

No fue una épica de quirófano. Fue trabajo. Fue rigor.

No para “devolverle la vida”, sino para defenderla desde la ciencia.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Actualización Epidemiológica dengue en la Región de las Américas – 18 de febrero del 2026

Dengue

La Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) emite la presente Actualización Epidemiológica con el fin de sintetizar la situación del dengue en la Región y recordar a los Estados Miembros la necesidad de mantener y reforzar las acciones de prevención y vigilancia.

Asimismo, insta a permanecer atentos a los incrementos de casos, a fin de organizar y adecuar oportunamente los servicios de salud para garantizar el manejo clínico oportuno y de calidad, prevenir complicaciones y evitar la saturación de los servicios de atención especializada.

Adicionalmente, la OPS/OMS recomienda fortalecer y desplegar las acciones de manejo integrado de vectores en las áreas de mayor riesgo, incluidos los establecimientos de salud que atienden pacientes con dengue.

Ver informe. Actualización Epidemiológica dengue en la Región de las Américas. 18 de febrero del 2026

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