
Desde la década del 2000, los estudios sobre la fisiopatologÃa y la respuesta inmunitaria han destacado el papel del interferón alfa en la regulación e inhibición de la replicación viral. Posteriormente, se ha comenzado a describir el valor diagnóstico, pronóstico y terapéutico del Factor de Crecimiento Epidérmico (EGF, por sus siglas en inglés) en la génesis, persistencia y gravedad de los sÃntomas articulares (dolor y edema articular), digestivos (pérdida de apetito, dolor epigástrico, diarrea) y neurológicos (encefalitis) en esta enfermedad.
El EGF, descubierto a principios de la década de 1960, es secretado principalmente por las glándulas salivales submandibulares y las glándulas de Brunner del duodeno, asà como por una constelación de células epiteliales y mesenquimales.
Este elemento actúa como ligando del receptor del factor de crecimiento epidérmico (FEG), un receptor de tirosina quinasa, y ejerce funciones clave como la regulación y el control de la mitogénesis, la diferenciación, la organogénesis y la reparación de tejidos y órganos.
En este último caso, existe una creciente evidencia de su impacto terapéutico cuando se administra exógenamente en concentraciones farmacológicas.
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