Hay momentos que marcan para siempre la vida de un profesional de la salud. Para Inalvis Suárez Cuza, ese momento llegó a los 13 años, en el Centro de Retinosis Pigmentaria de Santiago de Cuba, durante su primer chequeo oftalmológico.
Aquella consulta despertó en ella la pasión por cuidar la visión de los demás. Lo que la vida no le dijo entonces es que la profesora que la atendió, la profe Reyna, años después se convertiría en su compañera de trabajo, compartiendo cada día la labor en el servicio de Glaucoma del Instituto Cubano de Oftalmología “Ramón Pando Ferrer”.
Esa coincidencia, tan simbólica, muestra cómo el cuidado, la dedicación y el ejemplo pueden transformar vidas.
—»Después de graduarme como Licenciada en Optometría y Óptica en 2009, comencé la Maestría de Diagnóstico y Terapéutica en Optometría y Óptica en 2020, un proceso que me impulsó junto a colegas y a muchas personas que me apoyaron, en especial la Licenciada Ana Valle, la profesora Dr.C Letisia Lis Muñoz Alonso y la Licenciada Bisnuvia Vargas, a crecer profesionalmente y asumir nuevos retos».
—Y luego llegó al Doctorado…
—»En la Facultad de Tecnología de la Salud: FATESA, con un tema sobre la superación profesional del licenciado en Optometría y Óptica en la atención del glaucoma. Gracias a Dios y al apoyo de mis tutoras, la Dr.C. Susana Solis Solis y la Dr.C. Taimí Cárdenas Díaz, culminé el Doctorado en julio del año pasado. Fue un proceso complejo, pero muy gratificante, porque me hizo crecer tanto profesional como personalmente».
—Hoy es la primera Doctora en Ciencias y Profesora Titular en Optometría y Óptica en el instituto. ¿Cómo se siente eso?
—Es un honor enorme. Lo debo a Dios, a mis seres queridos, al Instituto, a mi país y a tantas personas dentro y fuera de la institución que me acompañaron. Mis compañeros de trabajo también, aunque no puedo nombrarlos a todos, los llevo en un lugar muy especial de mi corazón.
—Para los colegas de oficio, ¿qué mensaje quiere dejar?
—Que la ilusión de ser mejores nunca debe desaparecer, aunque los tiempos sean difíciles. Cada consulta, cada consejo, cada lente ajustado es un acto de amor, compromiso y humanidad. Mantenernos actualizados y seguir creciendo profesional y humanamente es la esencia de nuestra labor.
La historia de Inalvis nos recuerda que la visión es mucho más que un sentido: es un compromiso con la vida y la esperanza, y que la ilusión de mejorar, de aprender y de servir nunca debe apagarse.



Por: Mylenys Torres Labrada






