
En Trinidad y Tobago, donde el mar amanece oliendo a sal y misterio, las madrugadas parecen suspendidas. Allí, la escasez de personal sanitario no es una cifra: es una presencia.
Faltan manos en obstetricia, cirugía, anestesia, medicina interna y radiología. Y no es un problema exclusivo de estas islas: la Organización Panamericana de la Salud advierte que para 2030 el Caribe podría enfrentar un déficit de al menos 600 000 profesionales de la salud.
Pero entre Cuba y estas tierras existe, desde el 20 de julio de 2003, un puente de solidaridad.
En el hospital St. James Medical Complex, en Puerto España, Yudisleydi García Domínguez permanece despierta. Trabaja en la atención oncológica de alta complejidad. Administra tratamientos, acompaña procesos, sostiene silencios. Para ella, es una forma de llevar la esencia de la enfermería cubana: no abandonar nunca.
Pero hay un lugar que la habita siempre: Camagüey. Allí regresa en pensamientos para ver de nuevo el Hospital Oncológico Madame Curie y aquella joven enfermera que en 2004 aprendió que la vida y la muerte conviven. Más de dos décadas después, sabe que cada paciente deja lecciones sobre el miedo, la fe y la resistencia.
“Mi vida profesional ha estado marcada por historias intensas”, confiesa. Aprendió que la enfermería es escuchar, sostener, permanecer.
En Cuidados Paliativos, donde fue jefa de sala con 32 años, comprendió que la medicina no siempre cura, pero siempre acompaña. Participó en ensayos clínicos, entre ellos con la vacuna CIMAvax-EGF.
En 2020 integró la Brigada Henry Reeve en Emiratos Árabes Unidos, en plena pandemia. Sin certezas, solo la responsabilidad de sostener la vida. Por esa entrega recibió la Medalla de la Hazaña Laboral.
Orgullosos de ella, en Camagüey están sus padres y su hijo. “El camino ha sido largo —dice—, pero no se siente cuando estás sanando a otros”.
A los jóvenes les deja una certeza: esta no es una profesión para medias entregas.
Un paciente la llama.
La madrugada sigue intacta. El hospital despierta. Y la seño Yudita ajusta su uniforme, sosteniendo una luz que, desde la brigada médica cubana en Trinidad y Tobago, disipa cualquier oscuridad.
Por Mylenys Torres Labrada








Esa es mi tía bella siempre poniéndole amor a su profesión.
La quiero mucho