Archivos Anuales 2022

Encrucijada COVID-19: expertos reconocen que declarar una pandemia es más fácil que determinar cuándo finaliza

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró formalmente que el brote de COVID-19 era una pandemia. Dos años después, el organismo insiste en que la pandemia «está lejos de terminar», reforzando la idea de que resulta más simple definir el inicio de una crisis sanitaria que establecer su finalización.

«Cuando aparece un nuevo virus, cualquier número [de infecciones] provoca una epidemia y, eventualmente, da lugar para que se la considere una pandemia. Es fácil. Lo que no existen son mecanismos tan formales para decidir que terminó», dijo a Medscape en español el Dr. Rubén Roa, maestro en epidemiología y salud pública y profesor de la Universidad Maimónides, en Buenos Aires, Argentina.

«Estamos en un momento en la región en que estamos viendo disminuciones importantes en el número de hospitalizaciones e infecciones y tenemos que decir que la gente pide que disminuyamos las medidas de salud pública y sociales y quiere regresar a la normalidad o como era las cosas antes, pero me temo que todavía no estamos en ese momento», dijo en respuesta a una consulta de Medscape en español la Dra. Carissa F. Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Dos semanas atrás, otro funcionario de la OPS, el Dr. Sylvain Aldighieri, gerente de Incidente para COVID-19, había advertido en rueda de prensa que era una «percepción errada» pretender establecer con precisión el final de la pandemia. «Es probable que el SARS-CoV-2 siga circulando como los virus de la influenza estacional. Pero el escenario más creíble es que, aun si hay repuntes, el impacto va a ir disminuyendo a nivel global con los meses y los años, aunque eso variará de un país a otro según su respectiva cobertura de vacunación», expresó.

En realidad, pese a que aquella declaración de pandemia se recuerda como su inicio oficial, un anuncio de la OMS que tuvo más implicancias prácticas fue la definición de COVID-19 como «emergencia de salud pública de importancia internacional» (PHEIC), el 30 de enero de 2020, lo cual implica asesorar a los países sobre las medidas que deben tomarse para hacerle frente y ha propiciado también la posterior condición de aprobación de distintos medicamentos y vacunas.

La medida fue tomada por el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, Ph. D., tras el dictamen unánime del Comité de Emergencia para COVID-19 del Reglamento Sanitario Internacional del organismo, que desde entonces se reunió otras ocho veces, la última el 19 de enero pasado. En todas las ocasiones, el comité de expertos confirmó que seguía rigiendo la emergencia, y es probable que cuando se reúna el próximo mes, tome la misma decisión, que también será aceptada por Tedros, según anticipa una nota en Science.

«Levantar la declaración de emergencia no implica el fin de la pandemia»

El Comité de Emergencia para COVID-19 está dirigido por el Dr. Didier Houssin, un profesor universitario de cirugía que fue alto funcionario del Ministerio de Sanidad de Francia y preside la organización AP-HP International, con sede en París. Aunque se supone que su composición debe respetar diversidad geográfica y de género, entre los 36 expertos que integran o integraron el plantel de miembros y asesores solo hay uno de origen latinoamericano, la Dra. Lucía Alonso, epidemióloga y actual asesora de la OPS en Uruguay.

Las declaraciones de emergencia de salud pública de importancia internacional se aplican a «eventos extraordinarios que se determina que constituyen un riesgo de salud pública para otros estados a través de la diseminación de la enfermedad y que requieren una respuesta internacional coordinada». Pueden cubrir eventos relacionados con agentes químicos o material radiactivo, aunque las cinco declaraciones anteriores a COVID-19 desde que se instauró este mecanismo en 2007 se refirieron a enfermedades infecciosas virales: H1N1 (2009), poliovirus (2014), Ébola (2014 y 2019) y Zika (2016).

Salvo el caso del poliovirus, que sigue siendo una emergencia global, ese estatus se retiró en un lapso de algunos meses a dos años.[1] Por ejemplo, en la pandemia de H1N1, la declaración de emergencia tuvo una vigencia de poco más de 15 meses y se quitó el 10 de agosto de 2010. La comunicación oficial de la OMS homologó esa medida con un eufórico «fin de la pandemia», pero la perspectiva ha cambiado desde entonces.

«No hay fecha proyectada para levantar la declaración de emergencia de salud pública de importancia internacional para COVID-19. Pero hay que aclarar que un posible levantamiento de esa declaración no tiene relación con una finalización de la pandemia», señaló el pasado 23 de febrero el Dr. Aldighieri, de la OPS.

Por otro lado, la decisión de terminar la declaración de emergencia tendrá en cuenta variables tales como la incidencia de casos, las muertes y las tasas de vacunación, pero, en última instancia, «no habrá un umbral científico, sino un consenso basado en la opinión», dijo a Science Caroline Buckee, Ph.D. epidemióloga de Harvard T. H. Chan School of Public Health, en Boston, Estados Unidos. Lo cual difumina más la línea de llegada.

La pandemia de influenza de 1918 a 1920, que infectó a alrededor de 500 millones de personas y mató al menos 50 millones, «tampoco tuvo un cierre formal por la OMS», dijo el Dr. Roa. Después de un inesperado rebrote a comienzos de 1920, se había extinguido para mediados de ese año. Pero «no hubo una declaración memorable o dramática de que había llegado a su fin», evocó TIME.  

El horizonte de la endemia

Otro factor que complejiza la situación es que, aun cuando muchos epidemiólogos y funcionarios proyectan una transición de COVID-19 hacia una endemia, no hay métricas asociadas con lo que significa «endémica» para esta enfermedad infecciosa, por lo que la frontera con la pandemia todavía no está trazada.

«No hay un número mágico, sino que depende de lo que sea aceptable en cada país y región del globo», dijo en entrevista con Medscape en portugués el Dr. Julio Croda, investigador de la Fundação Oswaldo Cruz (Fiocruz), en Río de Janeiro, Brasil, y presidente de la Sociedade Brasileira de Medicina Tropical (SBMT). «El tema de cuántas infecciones o muertos vamos a tolerar en cada país no es un tema menor», coincidió el Dr. Roa y agregó que en la ecuación también hay que considerar otras variables, como la duración de la inmunidad celular o la eventual creciente reticencia de la población a recibir refuerzos periódicos.

La propia definición de endemia admite ambigüedades: es la aparición constante de una enfermedad en un área geográfica o grupo de población, aunque también puede referirse a una alta prevalencia crónica de una enfermedad en dicha área o grupo. «Para ello, deben cumplirse simultáneamente dos criterios: permanencia de la enfermedad en el tiempo y afectación de una región o grupo de población claramente definidos», recordó en diálogo con Medscape en español la Dra. María Luisa Ávila-Agüero, jefa del Servicio de Infectología del Hospital Nacional de Niños de San José, en Costa Rica, y exministra de Salud de ese país.

«¿Qué tan cerca estamos de eso? Depende de la cobertura vacunal, la aparición de nuevas variantes y su grado de virulencia, además de cómo será el comportamiento durante el invierno. Pero no hay normas al respecto, y quizá la OMS está trabajando en ellas», dijo la Dra. Ávila-Agüero.

La pediatra e infectóloga costarricense agregó que se deberá mantener una vigilancia muy estricta basada en laboratorio y correlacionar esos datos con las hospitalizaciones y con la letalidad (proporción de muertes entre los infectados).

«Si la letalidad se mantiene similar a la influenza, por ejemplo, pues estaremos quizá ya en endemia, pero entendiendo que surgirán brotes en países con bajas coberturas generales y en grupos más susceptibles. Sin duda, un requisito para que pasemos a la endemia es ese descenso en letalidad y en mortalidad. Pero pasar a endemia no significa que ya estemos despreocupados, porque serán necesarias la vigilancia del comportamiento y la adopción de medidas en momentos específicos», precisó.

La finalización por fatiga

El último elemento es que, mientras que no existe un mecanismo formal unívoco para terminar una pandemia, en la práctica son los propios gobiernos que en los últimos meses han profundizado medidas de flexibilización o eliminación drástica de todas las restricciones los que avanzan hacia ese punto, una situación que incluso parece acelerarse en la medida que la invasión de Rusia a Ucrania domina la agenda pública.

Un flamante informe de la consultora McKinsey & Company sobre la evolución de la pandemia sintetiza esta situación: «El vínculo entre los casos y los ajustes de comportamiento se está rompiendo en gran medida. Los datos muestran que cada vez más personas han llegado a la conclusión de que los riesgos para la salud de la COVID-19 no son lo suficientemente importantes como para cambiar su comportamiento, ya sea por su estado de vacunación, su juventud o el deseo de superar la pandemia. Y en consonancia con esta tendencia, algunos gobiernos han concluido que los costos sociales totales de los confinamientos, las restricciones comerciales o los mandatos de usar mascarillas superan los beneficios en esta fase de la pandemia».

El problema es que, aunque la gente pueda estar cansada de la pandemia, el virus parece tener reservas inagotables de energía. «Todavía el coronavirus está en capacidad de darnos algunas sorpresas», advirtió el Dr. Roa. Solamente en el Reino Unido, donde el 15 de febrero se levantaron todas las restricciones legales en Irlanda del Norte y el 24 de febrero en Inglaterra en el marco del plan «Vivir con COVID-19», en la última semana los nuevos contagios crecieron 46,4%, las muertes casi 20% y las hospitalizaciones, 12,2%.

La pandemia puede terminar por «fatiga pandémica», escribió el Dr. Roa en su blog. «Pero eso no implica que termine para los médicos y menos aún para aquellos que se están enfermando hoy y enfermarán en adelante. Tampoco para aquellos que, infectados y curados en su fase aguda, hoy padecen de COVID-19 persistente o de las secuelas de COVID-19», concluyó.

Referencias

Wilder-Smith A, Osman S. Public health emergencies of international concern: a historic overview. J Travel Med. 23 Dic 2020;27(8):taaa227. doi: 10.1093/jtm/taaa227.PMID: 33284964.

Directrices de OPS buscan mejorar el uso del oxígeno medicinal en centros de salud, a partir de lecciones aprendidas de la pandemia

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha publicado normas para mejorar el uso del oxígeno en los centros de salud, muchos de los cuales han tenido escasez de este gas que ha demostrado ser eficaz para tratar las afecciones respiratorias derivadas de la COVID-19.

Las directrices detallan los cambios necesarios para ampliar las capacidades de los servicios de salud en los hospitales o centros de salud de la región con el fin de reforzar el uso racional de oxígeno, incluyendo aspectos de ingeniería, gestión administrativa y clínica.

El súbito aumento de casos y hospitalizaciones durante la pandemia hizo que algunas instalaciones de salud se dieran cuenta de que, además de la escasez de oxígeno en sí, carecían de equipos adecuados y de recursos humanos con la experiencia necesaria para manejar eficientemente este gas medicinal.

La OPS envió expertos a evaluar la situación en varios hospitales en la región para mejorar el almacenamiento, la distribución y la administración del oxígeno. El Grupo Técnico de Oxígeno de la organización descubrió que, en algunas instalaciones, factores como pérdidas debido a las fugas en los sistemas de almacenamiento y distribución, gas a presiones incorrectas, y caudalímetros mal ajustados y desconexiones, impactaban en el uso eficiente de oxígeno.

En respuesta a la evaluación, la OPS elaboró un conjunto de directrices técnicas que detallan los cambios que deben realizarse en la atención de salud para ampliar rápidamente las capacidades de los servicios ante la escasez de oxígeno medicinal.

Las directrices detallan formas de mejorar el uso racional del oxígeno para asegurar que los pacientes lo reciban según sus necesidades clínicas, en dosis adecuadas, durante el tiempo necesario y al costo más bajo para ellos y su comunidad.

La publicación Buenas prácticas en el uso racional y efectivo del oxígeno contiene recomendaciones sobre dosis, mantenimiento de equipos, calibración y presiones adecuadas, entre otras, para evitar el despilfarro en los sistemas de almacenamiento y las redes de distribución.

Además de la guía, disponible en inglés, francés, español y portugués, la OPS preparó una infografía interactiva con diez vídeos que proporcionan información clave para promover el uso sostenible del oxígeno medicinal.

Ministro de Salud Pública felicita a los trabajadores de la prensa cubana en su día

Trabajadores de la prensa cubana:

Así como ustedes honran las ideas y el esfuerzo de nuestra nación con su trabajo, merecen ser honrados siempre por el pueblo de Cuba.

Ustedes, que no escatiman horas ni esfuerzos para acompañar el día a día de nuestra Patria —sea cual sea el escenario a donde los llame el deber—, son un pilar esencial para transmitir y defender la verdad de nuestro país.

Estos dos años de continuos desafíos para el Sistema Nacional de Salud y sus profesionales, dentro y fuera del ámbito nacional, han ratificado que con ustedes podemos contar siempre para hacer llegar a nuestro pueblo y al mundo la labor y los resultados de la Salud cubana.

El compromiso, la responsabilidad y la profesionalidad con que se desempeñan constituyen la mejor manera de honrar a Martí en el aniversario 130 del nacimiento del periódico Patria, al cual dio vida “para juntar y amar, y para vivir en la pasión de la verdad”.

En nombre de los trabajadores de la Salud, lleguen a ustedes todo nuestro reconocimiento y las más sinceras felicitaciones en este Día de la Prensa cubana. Gracias por ser parte del constante empeño de Cuba por la vida.

Tomado de las Redes Sociales del Ministro de Salud Pública, Dr. José Angel Portal Miranda.

Comienza la Campaña Nacional de Vacunación Antipoliomielítica Oral

Inicia el próximo lunes 14 de marzo en Cuba la “61 Campaña Nacional de Vacunación Antipoliomielítica Oral”. Se vacunarán todos los niños a partir de un mes de nacidos y hasta los dos años, 11 meses y 29 días de edad, en ambas etapas. Además, se reactivarán con una dosis de vacuna antipoliomielítica oral, todos los niños de nueve años de edad.

La primera etapa de la campaña se llevará a cabo entre el lunes 14 y el sábado 19 de marzo del 2022, con una semana de recuperación del 21 al 26 de marzo para niños que no pudieron ser vacunados en la semana programada.

La segunda etapa se ejecutará entre el lunes 16 y el sábado 21 de mayo. La semana de recuperación está prevista que se desarrolle entre el 23 y el 28 de mayo.

La campaña de vacunación Antipoliomielítica se realizará de forma simultánea en todo el territorio nacional.

La COVID-19 nos ha dejado muchas lecciones, hagamos uso de ellas con inteligencia

Justo dos años atrás, el 11 de marzo de 2020, se confirmaron en Cuba los tres primeros pacientes positivos a la COVID-19. La desconocida enfermedad, que pocos meses antes había activado muchas alarmas en el mundo, llegó entonces al territorio nacional y los retos comenzaron a multiplicarse.

Era imposible predecir a finales del 2019 la magnitud de los hechos a los cuales tendríamos que hacer frente en estos 24 meses tan complejos. Tuvimos un primer año difícil —de aciertos y desaciertos ante el desconocimiento del virus—, en el cual perfeccionamos protocolos de prevención y atención, pensando siempre en la salud de nuestro pueblo.

La voluntad política del Gobierno, junto al quehacer incansable de todo un país, posibilitaron minimizar en el 2020 los daños del SARS-CoV-2 y contener su transmisión en unos pocos meses.

No obstante, el comportamiento de la COVID-19 en el mundo y la aparición de nuevas variantes del virus ocasionaron en Cuba un repunte de casos a finales del 2020, que llevó a un ascenso acelerado de contagios en el 2021 y mantuvo en jaque al sistema sanitario cubano durante casi todo ese año.

A los cubanos nos será imposible olvidar aquellas tristes jornadas, cuando la circulación de las variantes Beta y Delta en el país provocó el contagio y la muerte de tantas personas. Matanzas fue entonces el epicentro de la epidemia, aunque muy pronto la situación se complejizó en todo el territorio nacional.

Agosto marcó las peores cifras: el día 23 se reportaron 9 mil 907 nuevos contagios y el 24 tuvimos ingresados 50 mil 930 enfermos, tanto en instituciones hospitalarias como en sus hogares. También en ese mes lamentamos la mayor cantidad de fallecidos, 98 cubanos en una sola jornada. Fueron días muy tristes, que no dejarán de dolernos nunca.
Durante esos meses, tuvimos que crear nuevas capacidades de hospitalización. Ante el gran aumento de pacientes se multiplicaron los desafíos para el Sistema de Salud Pública y nuestros trabajadores. La avería que sufrió la principal planta productora de oxígeno del país sumó tensiones a una escenario epidemiológico ya de por sí muy complicado.

El esfuerzo y la sabiduría de muchos permitió superar esos difíciles meses y comenzar a vivir en octubre una situación epidemiológica más favorable. La entrada de la variante Ómicron, poco tiempo después, conllevó nuevos esfuerzos ante el reto de su elevada transmisibilidad.

Los últimos dos años han estado, inevitablemente, marcados por el dolor de muchas pérdidas, y eso la familia cubana no podrá olvidarlo jamás. Como tampoco podremos olvidar las jornadas de trabajo incansable en todos los rincones de la nación; el hacer de la máxima dirección del Gobierno, de los organismos, de las organizaciones de masas, de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior; el esfuerzo de los trabajadores de la Salud en los barrios y las instituciones médicas; el papel de nuestros científicos; el apoyo de nuestros jóvenes, del pueblo todo…

En medio del enfrentamiento a una de las más terribles epidemias vividas por la humanidad, con muchísimas limitaciones de diversa índole en el país, logramos desarrollar cinco candidatos vacunales, tres de los cuales se convirtieron en vacunas y otros dos continúan su desarrollo. Es este un gran logro de la Ciencia cubana y de nuestra industria Biofarmacéutica.

Gigantesco ha sido el esfuerzo de nuestro sector para poner en marcha con éxito la mayor campaña de vacunación asumida por Cuba. Este 9 de marzo se habían aplicado 35 113 686 dosis, lo cual ha permitido que el 95,1% de la población vacunable haya completado su esquema y el 73% tenga su dosis de refuerzo.

Precisamente la inmunización de nuestra población ha sido clave para lograr —ante el nuevo pico de la epidemia ocasionado por la variante Ómicron—, que menos personas lleguen a las unidades de cuidados intensivos y fallezcan.
Esa realidad, que nos pone en mejores condiciones para enfrentar la enfermedad, no puede ser motivo para la confianza entre nuestro pueblo. Trabajemos juntos para que cada vez sean menos los seres queridos que sufran a causa de esta pandemia.

A pesar del tiempo transcurrido, para los profesionales de la Salud sigue siendo todo un reto el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de los pacientes. Aún son muchas y diversas las interrogantes que persisten acerca de la COVID-19 y sus verdaderos efectos.

Los convalecientes no son inmunes, tampoco los son nuestros menores o abuelos. El comportamiento del virus ha demostrado que todos somos sensibles a su contagio y no podemos darnos el lujo de dejar solo en manos de la ciencia el desafío de controlar la enfermedad.

Tras dos años de ser confirmados los primeros pacientes en Cuba, el SARS-CoV-2 ha ocasionado la muerte a 8 503 personas y se han diagnosticado 1 075 616 casos. Son cifras que muestran los efectos notorios del virus, aunque existen otros, no tan evidentes ni cuantificables, que también han dejado huellas profundas en nuestro país.
En este nuevo momento que hemos comenzado a transitar en Cuba, en el cual se hace imprescindible aprender a convivir con los riesgos que implica la COVID-19, tenemos el enorme desafío de hacer juntos para mantener el funcionamiento de las principales actividades económicas y de servicios.

No pensemos solo en el presente, es responsabilidad de cada uno de nosotros pensar en el mañana, que es pensar en el futuro del país. La COVID-19 nos ha dejado muchas lecciones, hagamos uso de ellas con inteligencia.
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