Archivos Anuales 2025

Psoriasis. Una enfermedad sistémica

La psoriasis es una enfermedad crónica inflamatoria de la piel con una alta prevalencia, estimándose que afecta entre 2 % al 5 % de la población mundial.

La enfermedad presenta una amplia variedad de manifestaciones clínicas, siendo la forma más común de presentación la psoriasis en placas, caracterizada por lesiones eritematosas bien delimitadas cubiertas por
escamas gruesas.

La psoriasis debe considerarse también una enfermedad multisistémica, asociándose frecuentemente con afectación de otros dominios como la artritis psoriásica (APSO), la uveítis, la enfermedad inflamatoria intestinal, el síndrome metabólico y la enfermedad de las arterias coronarias. En el presente artículo revisarán generalidades y conceptos claves sobre su presentación clínica, etiología y las comorbilidades asociadas, con énfasis en los avances recientes en la comprensión de su fisiopatología e implicaciones terapéuticas.

La psoriasis es un trastorno relativamente común, aunque su prevalencia varía entre poblaciones. Aunque afecta a todas las razas, es más común en caucásicos y su prevalencia parece aumentar con la distancia al ecuador.

No existe una clara predilección por sexo. Puede iniciarse a cualquier edad, aunque es menos común en niños. Hay una distribución bimodal etárea, con edades pico de aparición entre los 30–39 años y entre los 50–69 años .

La etiología de la psoriasis es multifactorial, relacionada con la genética, factores ambientales y disfunción inmunológica.

Leer el texto completo de esta revisión en:

Dra. Ana Camila Martín Zamora. Psoriasis una enfermedad sistémica. Actualización Médica Periódica, No. 291, agosto 2025.

Para obtener el texto completo de esta revisión debe estar registrado en el sitio de Actualización médica periódica.

Científicos descubren relación directa entre virus del VPH y cáncer de piel

Un equipo de investigadores del prestigioso Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU. (NIAID) ha realizado un descubrimiento que podría cambiar radicalmente nuestra comprensión sobre el cáncer de piel.

Su estudio, publicado recientemente en The New England Journal of Medicine, revela una conexión directa entre el virus del papiloma humano (VPH) beta y el desarrollo del carcinoma cutáneo de células escamosas (cSCC), uno de los cánceres más comunes a nivel mundial.

Hasta ahora, la comunidad científica consideraba que el VPH beta, una variante del virus, podía como máximo agravar el daño causado por la radiación ultravioleta. Sin embargo, este nuevo estudio demuestra que el virus puede desempeñar un papel mucho más activo y directo en la formación de tumores cancerígenos.

El hallazgo surgió a partir del seguimiento a una paciente de 34 años que sufría un caso particularmente agresivo de cSCC en la frente. A pesar de someterse a múltiples tratamientos convencionales, incluyendo inmunoterapia y varias intervenciones quirúrgicas, los tumores persistían en reaparecer.

Al profundizar en el análisis, los médicos hicieron un descubrimiento sin precedentes: el virus beta-VPH se había integrado directamente en el ADN del tumor. Pero lo más sorprendente fue comprobar que el virus no solo estaba presente, sino que producía activamente proteínas que estimulaban el crecimiento del cáncer.

La paciente presentaba una condición genética particular: un trastorno inmunológico hereditario que impedía a sus células T combatir eficazmente el VPH. Esta vulnerabilidad permitió que el virus invadiera las células de su piel y desencadenara el proceso canceroso.

Ante esta situación, los médicos implementaron un tratamiento innovador: un trasplante de células madre de médula ósea para reemplazar sus células T defectuosas. Los resultados fueron extraordinarios: no solo desapareció el cáncer, sino también todas las manifestaciones del virus, sin que se hayan registrado recaídas en los tres años posteriores al tratamiento.

Los investigadores enfatizan que este caso probablemente no sea único. Existe la posibilidad de que muchas otras personas con condiciones inmunológicas similares puedan estar desarrollando cáncer de piel por este mismo mecanismo. El estudio sugiere que terapias inmunológicas personalizadas podrían ser la clave para tratar estos casos específicos.

Este descubrimiento representa un cambio de paradigma en la comprensión del cáncer de piel y abre nuevas vías para la investigación y el desarrollo de tratamientos más efectivos. Los científicos ahora se plantean preguntas fundamentales: ¿Cuántos casos de cáncer de piel podrían estar relacionados con el VPH? ¿Podría este hallazgo llevar al desarrollo de nuevas estrategias preventivas?

El estudio, publicado a finales de julio, ya está generando un intenso debate en la comunidad médica internacional y podría tener implicaciones significativas en el diagnóstico y tratamiento del cáncer de piel en el futuro.

Leer el texto completo del artículo en:

Peiying Ye, Jenna R.E. Bergerson, Isaac Brownell, Gabriel J. Starrett, Roshini S. Abraham, Megan V. Anderson, Triscia Martin, Derek MacMath, Hye Sun Kuehn, – Jyothi Padiadpu, Siqi Zhao, Sergio D. Rosenzweig, Roxane Tussiwand, Warren J. Leonard, Stefania Pittaluga, Mark Raffeld, Danielle E. Arnold, Andrea Lisco. – Resolution of Squamous-Cell Carcinoma by Restoring T-Cell Receptor Signaling
Published July 30, 2025. N Engl J Med 2025;393:469-478. VOL. 393 NO. 5
https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2502114

El sorprendente beneficio para la salud de tener un perro

Mascota y estrésKevin Morris y Jaci Gandenberger, investigadores de la Universidad de Denver (EE.UU.), revelaron en un artículo escrito para The Conversation cómo los perros no solo ayudan a sus dueños a sentirse mejor emocionalmente, sino que también contribuyen a regular el estrés de una manera fisiológica más compleja y efectiva de lo que se pensaba.

Como parte de una nueva investigación, los especialistas analizaron cómo la presencia de un perro influye en dos sistemas esenciales del cuerpo relacionados con el estrés: el eje HPA (que regula el cortisol) y el eje SAM (que controla la respuesta de «lucha y huida» para afrontar amenazas). Este último mecanismo fisiológico se mide a través de la enzima alfa-amilasa en sangre.

Para ello, expusieron a 40 personas a situaciones estresantes, como hablar en público o resolver cálculos bajo presión, por períodos de 15 minutos. E hicieron que algunos de los participantes estuvieran acompañados por sus perros.

Los resultados del experimento mostraron que quienes estuvieron con sus mascotas presentaron una menor frecuencia cardíaca, así como niveles más controlados de cortisol en sangre. Además, experimentaron un incremento de la alfa-amilasa, por lo que tuvieron una activación saludable del sistema SAM.

En contraste, indicaron los científicos, los participantes sin perro presentaron una respuesta casi nula de este sistema, lo que sugiere una posible desregulación asociada a estrés crónico o, incluso, trastorno de estrés postraumático (TEPT).

El mejor método antiestrés
Morris y Gandenberger sostienen que los perros podrían ser «una de las herramientas más accesibles y eficaces para mantenerse sanos en un mundo estresante», ya que favorecen la activación equilibrada de los mecanismos fisiológicos que permiten tener una respuesta normal y saludable al estrés.

Ahora los investigadores están llevando a cabo un nuevo estudio, que consiste en analizar miles de biomarcadores para comprender mejor los efectos de los llamados perros de asistencia psiquiátrica en veteranos militares con TEPT.

Leer el texto completo del artículo en:

Gandenberger, J.; Ledreux, A.; Taeckens, A.; Murphy, K.; Forkin, J.; Gilmore, A.; Morris, K.N. The Presence of a Pet Dog Is Associated with a More Balanced Response to a Social Stressor. Stresses 20244, 598-613. https://doi.org/10.3390/stresses4030038

Cerebros de superancianos aportan claves de juventud mental

Los ‘superancianos’, personas de más de 80 años con la ‘cabeza’ de alguien de 50, llevan un cuarto de siglo siendo estudiados por los científicos en busca de la fórmula de la mejor ‘eterna juventud’, la que ofrece poseer un cerebro sano.

Un equipo de científicos de la universidad estadounidense de Northwestern (Chicago) lleva desde el año 2000 tratando de descifrar las claves de los cerebros indestructibles al tiempo de los ‘superancianos’, a través del seguimiento a 290 participantes y de las autopsias de 77 cerebros donados.

Sus conclusiones aparecieron recogidas este jueves (07.08.2025) en la revista científica Alzheimer s & Dementia.

Personas únicas 

El término ‘superanciano’ fue creado por el investigador Marsel Mesulam, fundador del Centro Mesulam de Neurología Cognitiva y Enfermedad de Alzheimer en la Universidad de Northwestern a finales de los 90 del siglo pasado.

Su objetivo era que el estudio del perfil neurobiológico único de estas personas ayudase a encontrar terapias tempranas para mantener el cerebro sano a una edad avanzada.

Para los investigadores, un ‘superanciano’ es una «persona con un rendimiento social y memorístico excepcional, comparable al de personas al menos tres décadas más jóvenes, que desafía la creencia de que el deterioro cognitivo es una parte inevitable del envejecimiento», resume una de las autoras, Sandra Weintraub, investigadora del área de psiquiatría en Northwestern.

Veinticinco años de pruebas con los participantes han revelado que el rendimiento de la memoria de los superancianos es excepcional, obteniendo resultados en las pruebas de recuerdo de palabras o cosas similares a los de personas de entre 50 y 60 años.

Al mismo tiempo, se ha visto que son personas tremendamente sociales. Las personas estudiadas tenían estilos de vida y práctica de ejercicio físico distintos pero todos ellos coinciden en algo: poseen relaciones interpersonales sólidas.

Cerebros resistentes 

La autopsia de los cerebros de 77 ‘superancianos’ habla también de estructuras cerebrales y rasgos celulares característicos en estas personas.

La doctora Weintraub subraya que su estructura cerebral es ‘juvenil’, ya que «a diferencia de los cerebros que envejecen normalmente, los ‘superancianos’ no muestran un adelgazamiento significativo de la corteza, la capa externa del cerebro».

Esta región crucial del cerebro desempeña un papel importante en la integración de la información relacionada con la toma de decisiones, las emociones y la motivación.

Comparados con los cerebros de otras personas de su edad, los ‘superancianos’ también tienen más neuronas de von Economo de lo normal, que son células especializadas relacionadas con la cognición social, la empatía y la toma de decisiones; y neuronas entorrinales más grandes, que son fundamentales para la memoria.

Algunos de los 77 cerebros estudiados contenían proteínas amiloides y tau (también conocidas como placas y ovillos), que se sabe que desempeñan un papel clave en la progresión de la enfermedad de Alzheimer, pero otros no desarrollaron ninguna.

«Esto indica que poseen cerebros extremadamente resistentes al deterioro cognitivo, porque o bien no producen ni placas ni ovillos amiloides y tau, o bien si los crean no afectan a su cerebro», indica Weintraub en un comunicado de Northwestern.

Los investigadores seguirán estudiando a los superancianos para avanzar en el conocimiento de los rasgos biológicos y conductuales que protegen el cerebro del envejecimiento, con el objetivo de retrasar y prevenir las enfermedades que causan deterioro cognitivo y demencia.

En esa línea, los investigadores agradecen y animan las donaciones de cerebro a la ciencia para su estudio postmortem.

Leer el texto completo del artículo en:

Weintraub SGefen TGeula CMesulam M-MThe first 25 years of the Northwestern University SuperAging ProgramAlzheimer’s Dement202521:e70312. https://doi.org/10.1002/alz.70312

El descubrimiento del papel esencial del litio en el alzhéimer abre un esperanzador frente para tratar la enfermedad

La deficiencia de litio es una posible causa del alzhéimer, según sugiere un crucial estudio que proporciona una nueva teoría de la enfermedad y una novedosa estrategia para su tratamiento. Los autores, de la Universidad de Harvard (EE UU), han demostrado que el litio, un elemento químico metálico escaso en la corteza terrestre, desempeña un papel esencial en el funcionamiento del cerebro.

Los investigadores también han observado que administrar una sal, el orotato de litio, a ratones previene las pérdidas de memoria y las características alteraciones patológicas de la demencia. Los firmantes piden a los ciudadanos que no tomen suplementos por su cuenta, porque pueden ser extremadamente peligrosos, pero urgen a iniciar ensayos clínicos para investigar el efecto del orotato de litio en las personas. Sus resultados se publican este miércoles en la revista Nature, una de las publicaciones científicas más prestigiosas del mundo.

El líder de la investigación, Bruce Yankner, compara el alzhéimer con un caótico campo de batalla cubierto de cadáveres después de una guerra. Hay tanta destrucción que es difícil saber cómo empezó todo. El propio Yankner descubrió en 1990 que una proteína que se deposita en los cerebros de las personas con alzhéimer, denominada beta amiloide, puede provocar la degeneración de las neuronas.

Otra proteína, llamada tau, forma ovillos dentro de las células cerebrales de estos pacientes. Y la activación de las células inmunitarias mantiene una neuroinflamación crónica que daña las neuronas y deteriora sus conexiones. El campo de batalla en el cerebro es tan confuso que, más de un siglo después del descubrimiento de la enfermedad en una mujer alemana con pérdidas de memoria, la comunidad científica todavía no entiende cómo surge el alzhéimer. “La deficiencia de litio es la ruptura en la comunicación que conduce a la guerra”, explica Yankner a EL PAÍS.

El equipo de Harvard quería iluminar el posible papel de una treintena de elementos químicos metálicos, como el hierro y el cobre, en el enigmático proceso que conduce al alzhéimer. Los investigadores analizaron muestras humanas conservadas en el banco de cerebros de la Universidad Rush en Chicago, una colección con donaciones de miles de personas sanas o en diferentes fases de deterioro cognitivo. Tras medir con una precisión sin precedentes las ínfimas trazas de estos metales, el grupo detectó que solo los niveles de litio se reducían drásticamente a medida que avanzaba el alzhéimer. El hallazgo encajaba con estudios previos que habían observado un hecho sorprendente: el agua potable con mayores cantidades de litio está asociada a una menor incidencia de demencia en la población. En Dinamarca, este efecto se vio en un análisis de 800.000 personas en 2017.

El grupo de Yankner explica que los característicos depósitos de proteína beta amiloide se unen al litio y lo secuestran, impidiendo su función natural en el cerebro. Esa bajada de los niveles del metal afecta a todas las células cerebrales fundamentales, según recalca el neurólogo. “La deficiencia de litio es un posible mecanismo común para la degeneración multisistémica del cerebro que da lugar a la demencia”, señala. El hallazgo es trascendental, según ha recalcado la Universidad de Harvard en un comunicado. “La idea de que la deficiencia de litio puede ser una causa del alzhéimer es nueva y sugiere un enfoque terapéutico diferente”, sentencia Yankner.

El papel del litio como estabilizador del estado de ánimo es conocido ―ya hace un siglo era un ingrediente de la receta original de la popular bebida estadounidense 7UP― y se utiliza como tratamiento para personas con trastorno bipolar, depresión o esquizofrenia. El fármaco más común es el carbonato de litio, una sustancia tóxica que puede provocar fallo de los riñones y convulsiones.

El equipo de Yankner ha descubierto que otro compuesto, el orotato de litio, es efectivo con una milésima parte de la dosis habitual y no se queda capturado en los depósitos de la proteína beta amiloide. Esta sal ―formada por cinco átomos de carbono, tres de hidrógeno, uno de litio, dos de nitrógeno y cuatro de oxígeno (C₅H₃LiN₂O₄)― previene las alteraciones patológicas y las pérdidas de memoria tanto en ratones que envejecen de manera natural como en otros modificados genéticamente para imitar los efectos del alzhéimer, según los experimentos realizados en Harvard.

“Como neurocientífico, es fascinante explorar las funciones del litio en el cerebro. Nuestro análisis genético sugiere que el litio afecta a todos los tipos principales de células cerebrales. Sospecho que apenas hemos rascado la superficie”, afirma Yankner, que sigue investigando para allanar el camino a futuros ensayos clínicos del orotato de litio en personas.

La idea de que la deficiencia de litio puede ser una causa del alzhéimer es nueva y sugiere un enfoque terapéutico diferente

Bruce Yankner, neurocientífico de Harvard

Un estudio español, dirigido por los biólogos Javier Vitorica y Antonia Gutiérrez, mostró en 2013 que el carbonato de litio frenaba el avance del alzhéimer en ratones transgénicos y mejoraba su memoria. Vitorica destaca que el equipo de Harvard haya apostado ahora por un compuesto aparentemente menos tóxico, pero insiste en que nadie lo tome por su cuenta. “El litio es muy peligroso, hay que controlar muy bien la dosis”, alerta el investigador, catedrático de la Universidad de Sevilla. Vitorica aplaude el nuevo estudio, pero mantiene la cautela hasta que estos resultados esperanzadores se confirmen en ensayos en humanos. “No va a ser el fármaco que cure el alzhéimer, pero puede ser que mitigue su sintomatología”, opina.

Su colega Antonia Gutiérrez destaca que el trabajo de Harvard haya establecido una relación entre la deficiencia de litio y la activación hacia un estado proinflamatorio de la microglía, las células inmunitarias del cerebro, descubiertas en 1918 por el neurocientífico español Pío del Río Hortega.

La disfunción de estas células impide que eliminen los depósitos nocivos de proteína beta amiloide, lo que a su vez provocaría el avance del proceso neurodegenerativo a través de la inflamación, la acumulación de ovillos de proteína tau y la pérdida de conexiones entre neuronas. “Los resultados de este estudio apoyarían la idea de que el litio podría ser un modulador del estado microglial y, desde esta perspectiva, abren una vía para modular la progresión de la enfermedad”, celebra la bióloga, catedrática de la Universidad de Málaga.

Gutiérrez, sin embargo, es escéptica respecto a que la deficiencia de litio sea una causa del alzhéimer. “La sugerencia de que el litio es un factor clave en el origen de la enfermedad es un tanto especulativa. El trabajo no determina si la deficiencia de litio es una consecuencia o un factor primario de la enfermedad”, opina la catedrática. “La extrapolación de los resultados de este estudio a la patología humana necesita de mayor respaldo científico. La mayoría de los experimentos se realizaron en modelos animales transgénicos, y no se ha demostrado causalidad directa en humanos”, advierte Gutiérrez. “De confirmarse, el principal reto sería encontrar una dosis segura y eficaz, ya que el litio puede tener efectos tóxicos, especialmente en personas con la función renal comprometida”, añade.

El patólogo Alberto Rábano dirige el banco de cerebros de la Fundación CIEN, con más de un millar de órganos donados, en Madrid. “La relación del litio con el alzhéimer tiene ya una larga historia, pero este estudio es realmente nuevo e importante”, opina. Rábano valora especialmente que el equipo de Harvard haya analizado tejido humano post mortem, porque “revela la importancia de la donación de cerebros”. Su fundación busca siempre donantes, tanto sanos como con enfermedades neurológicas o psiquiátricas.

Rábano recuerda que ya existen dos tratamientos, el lecanemab y el donanemab, que ralentizan entre un 27 % y un 35 % el deterioro cognitivo de los enfermos de alzhéimer, pero son muy caros ―más de 20 000 euros por paciente al año― y provocan graves efectos secundarios. El patólogo subraya que el orotato de litio propuesto por el equipo de Yankner podría complementar la eficacia modesta de estas dos terapias, si se confirma su actividad en las personas. “Es una excelente noticia en el campo del alzhéimer”, celebra Rábano.

Leer el texto completo del artículo en:

Aron, L., Ngian, Z.K., Qiu, C. et al. Lithium deficiency and the onset of Alzheimer’s disease. Nature (2025). https://doi.org/10.1038/s41586-025-09335-x

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