Archivos Anuales 2026

Normas mundiales para mejorar la calidad de los servicios de salud adolescente

Para garantizar que los sistemas de salud respondan verdaderamente a las necesidades de la población joven, es imprescindible establecer criterios claros y actualizados de calidad asistencial. Las Normas mundiales para mejorar la calidad de los servicios de salud adolescente representan una guía fundamental y renovada de la Organización Mundial de la Salud, diseñada para transformar la manera en que se brindan los servicios a este grupo poblacional.

Esta publicación es una versión íntegramente actualizada del histórico documento publicado en 2015. Esta nueva edición responde directamente a los desafíos y oportunidades emergentes de nuestro tiempo, integrando consideraciones vitales como la preparación ante pandemias, el uso de tecnologías de salud digital y los enfoques modernos de autocuidado.

Al mismo tiempo, el documento preserva y fortalece los pilares centrales de la calidad: el empoderamiento y la participación activa de los adolescentes, el enfoque basado en los derechos humanos y la no discriminación, la atención competente y fundamentada en evidencia, el compromiso de las familias y las comunidades, la creación de entornos acogedores y la mejora continua impulsada por datos.

A través de la descripción detallada de nueve normas mundiales, esta guía define con precisión el nivel de calidad requerido en la prestación de servicios y sugiere estrategias prácticas y ciclos efectivos para su implementación. Al adoptar estos estándares, los sistemas de salud podrán alinearse de manera mucho más precisa con las necesidades específicas y cambiantes de los adolescentes.

El objetivo final es promover la participación activa de los jóvenes en su propia atención médica y fomentar la creación de entornos seguros donde se sientan plenamente apoyados para involucrarse de forma proactiva en su proceso de salud y bienestar integral.

Descargue el documento desde aquí (pdf; 3.33 MB).

Hipertensión ocular en los pacientes con catarata

El cristalino es la lente natural del ojo ubicado en el espacio retroiridiano llamado cámara posterior. Su función consiste en que las imágenes que llegan del exterior hagan foco en la mácula, lo que permite la visión.

La opacificación de esta lente recibe el nombre de catarata que lleva a la disminución de la visión.

La hipertensión ocular ocurre cuando la presión intraocular supera el valor normal (media de 21 mmHg) sin signos de pérdida de visión o daño al nervio óptico. Si su aumento se mantiene en el tiempo, ocasiona daños en el nervio óptico y lleva al desarrollo del glaucoma.

Las alteraciones en la morfología, posición o cambios metabólicos del cristalino causan alteraciones de la dinámica del humor acuoso y dan lugar a alteraciones de tipo mecánico u obstructivo de la malla trabecular.

La relación entre hipertensión ocular y la catarata es fundamental para avanzar en la comprensión de estas condiciones oftalmológicas, crear las estrategias de tratamiento y proporcionar una atención más efectiva y personalizada a los pacientes, además se deben optimizar los procedimientos quirúrgicos para mejorar los resultados visuales.

Se realizó una revisión de las publicaciones más relevantes relacionadas con hipertensión ocular en los pacientes con catarata, con el objetivo de actualizar los conocimientos acerca del tema.

Leer el texto completo del artículo en:

Beatriz Marcheco Teruel, especialista en genética clínica: “No hay evidencia científica para justificar el racismo ni las teorías de la racialidad: la raza es una sola, la humana”

La directora del Centro Nacional de Genética Médica en Cuba comparte resultados de dos décadas de investigación sobre el patrimonio genético en Cuba y explica, con ejemplos claros, por qué el color de la piel es un rasgo adaptativo —no un argumento para sustentar jerarquías humanas. Defiende la educación como herramienta central contra el racismo y subraya la responsabilidad social de la ciencia para traducir evidencias en cambios reales.

¿Qué es la genética médica? ¿Qué aborda esta área de la ciencia?

La genética humana es la ciencia que estudia la herencia. El ADN es el material genético que traslada la información del llamado “código de la vida” de una generación a la siguiente. Las variaciones que ocurren en ese ADN —los cambios— son el principal objeto de estudio de la genética humana.

En particular, la genética médica analiza cómo esas variaciones o mutaciones se traducen en fenómenos de salud. No hablamos solo de enfermedades: también de características que distinguen a los grupos humanos —rasgos, predisposiciones, resistencias y susceptibilidades— que forman parte de la diversidad biológica.

El patrimonio genético de la población cubana 

Alrededor de 2006, comenzamos a realizar estudios que dan cuenta de la mezcla étnica a nivel del genoma en la población cubana. Durante 20 años, nuestro centro ha estado muy involucrado en lo que llamamos la caracterización del patrimonio genético de la nación.

En ese camino surge Cuba indígena. Hacia 2018, el fotógrafo español Héctor Garrido, tras visitas a Baracoa y regiones cercanas en las zonas montañosas del oriente cubano, observó fenotipos —rasgos físicos— que recordaban los descritos para los primeros habitantes de la isla. Conversó sobre ello con el historiador de Baracoa, Alejandro Hartmann, y de ahí nació la idea. Se constituyó un equipo multidisciplinario del que formamos parte.

Cuba indígena propone unir arte y ciencia para regresar a los orígenes. Abordamos familias que viven en esas comunidades serranas y, con su consentimiento informado, estudiamos su ADN.

¿Qué distingue ese patrimonio genético?

Hemos estudiado la mezcla étnica a nivel del ADN. Como promedio, en la población cubana confluyen componentes europeos (mayoritariamente de la Península Ibérica), africanos, amerindios y asiáticos. Nuestros estudios sitúan poco más del 70% de aportes de origen europeo, cerca del 20% de origen africano, alrededor del 8% de origen amerindio y poco más del 1% de origen asiático oriental.

En todas las personas estudiadas, aparecen simultáneamente aportes de África Occidental y de Europa, independientemente del color de la piel con que cada quien se autoidentifique. Somos también como lo dijo el sabio Fernando Ortiz desde muy temprano en sus propias indagaciones antropológicas, también somos un crisol de tonalidades que se expresa en nuestro color de la piel, pero que también que se expresa en nuestras prácticas culturales, en nuestras tradiciones, en nuestras costumbres. Somos una nación mestiza, una nación mulata, como también decía Nicolás Guillén.

No hemos encontrado ningún cubano sin aportes genéticos de África Occidental y de Europa. Somos una nación mestiza.

¿Qué significa esta mezcla en términos prácticos?

Significa que no hay correspondencias simples entre apariencia y ascendencia. Una persona de piel clara puede tener aportes genéticos africanos; y viceversa. En nuestro ADN hay una huella compartida que nos une.

Por eso sostengo que no existe evidencia científica para justificar el racismo o la discriminación por color de la piel. Hace más de 30 años, desde las ciencias biológicas, se viene demostrando que no hay argumentos científicos para agrupar a los seres humanos en razas jerarquizadas: el concepto de raza, tal como se ha usado socialmente, es una construcción histórica y colonial que sirvió para someter e inferiorizar a otros.

Quiero dar un ejemplo: se realizó una indagación con personas nacidas ciegas —no conocen el color— y se les preguntó si se casarían con alguien de un color de piel diferente. Varias respondieron que no. Ese resultado ilustra cómo los procesos sociales han operado en la conciencia de las personas: aunque no ven los colores, han interiorizado prejuicios asociados al color de la piel.

Color de la piel: ¿cómo lo explica la biología?

El color de la piel es un rasgo humano adaptativo y lábil. A nivel individual, la capacidad para sintetizar melanina —el principal pigmento que colorea la piel— es variable y está determinada genéticamente. Pero su expresión actúa en sinergia con la radiación ultravioleta (UV). Si dos personas tienen, genéticamente, una capacidad similar para producir melanina, la que viva en latitudes tropicales tendrá, en promedio, la piel más oscura que la que viva en latitudes altas con menor exposición solar. La melanina funciona como un bloqueador natural frente a los efectos del sol: por eso, al ir a la playa se recomienda usar protectores para limitar el impacto de los rayos UV sobre la piel humana.

Debemos enseñar desde temprano —en la escuela— cómo definir e interpretar biológicamente el color de la piel. Y también que el color no se relaciona directamente con las enfermedades. A veces aparecen afirmaciones como “tal enfermedad es más frecuente en personas blancas” o “en personas de piel negra”. Esas frases inducen a pensar que la melanina se relaciona con la enfermedad, lo cual no tiene sentido. Es probable que, desde el punto de vista genético, esa enfermedad pueda tener relación con algún origen ancestral determinado con el origen europeo o con el origen africano, pero no directamente con el color de la piel.

En el terreno de las ciencias y en particular de las ciencias biológicas, progresivamente vamos encontrando evidencias que deconstruyen el concepto de razas.

¿Cómo democratizar la ciencia y formar conciencia?

Es extremadamente importante y aún insuficiente el trabajo que se hace. El camino para deconstruir teorías de la racialidad y crear conciencia está, primero, en la educación. Hay que personalizar estos contenidos en diferentes etapas de la vida y empezar desde muy temprano.

En Cuba existe un programa nacional de lucha contra el racismo y la discriminación, del que somos parte. Lo valioso es haber incorporado a científicas y científicos al equipo del programa. No es algo formal: tenemos participación en conversaciones, eventos, en la redacción de bases, en la caracterización del problema en un país donde sí existe racismo —y lo primero es reconocerlo.

Esto vale también para América Latina, la región más mezclada del planeta, donde, el tema de la discriminación es evidente. De nuevo: la educación es esencial. Una organización como la UNESCO, paradigma en educación, cultura y ciencia, puede hacer mucho desde sus propios escenarios.

Comunicar sin reduccionismos

Quienes investigamos en medicina y biología tenemos un reto: a veces nos sale mejor un experimento o un diagnóstico que explicar sus resultados de forma comprensible para el gran público. Debemos desarrollar habilidades para trasladar comunicacionalmente conceptos como patrimonio genético, mezcla étnica o color de la piel.

Al mismo tiempo, debemos evitar el reduccionismo genético. Conocer los genes no basta si no entendemos cómo interactúan con los estilos de vida y los factores ambientales.

Un ejemplo: cada uno de nosotros tiene, como promedio, alrededor de cuatro oncogenes —genes vinculados con predisposición al cáncer— que están “apagados” o reprimidos. Existen “interruptores” que pueden activarlos: hábitos y exposiciones concretas, como tabaquismo, dieta, sedentarismo, químicos o agentes físicos ambientales, combinados con estrés, entre otros. Por eso no basta con identificar genes de predisposición; necesitamos comprender cómo se relacionan con el entorno: cuántos años fuma una persona, cuántos cigarrillos al día, a qué edad comenzó; cómo se alimenta; cuál es su índice de masa corporal; si practica actividad física; el contenido de grasas en su dieta, etc.

Conocer la biología interior es apasionante, pero aún no tenemos todas las respuestas. Hay muchos genes cuyo funcionamiento y cuyos productos proteicos todavía no comprendemos del todo. Además, cerca del 98% de la información genética no corresponde a genes. Durante mucho tiempo se consideró “redundante” y sin significado, pero hoy sabemos que cumple funciones —entre ellas, la regulación de la actividad de los genes— y, en otros casos, interviene en procesos distintos. De manera que tenemos el reto de conocernos mejor y de entender cómo esa biología interior se relaciona con el entorno que nos rodea.

Después de mirar tan de cerca la vida, ¿mira el futuro con optimismo o con pesimismo?

Con optimismo, siempre. El ser humano es algo increíble. Además de encontrar respuestas a muchas preguntas, lo importante es el uso que se les da: con esas respuestas podemos construir un mundo mejor, una sociedad mejor para todos, en función de nuestros principios y compromisos con la mayoría. Aunque haya aires de guerra o búsquedas de predominio entre países y proyectos sociales, siempre está la alternativa de trabajar por un mundo mejor: se puede sacar algo bueno del ser humano, sobre todo con educación.

Más información: Genética clínica. Especialidades Infomed

Tratamiento de las enfermedades infecciosas 2024-2026. Novena edición

Esta guía de Tratamiento de las enfermedades infecciosas 2024-2026 es una referencia útil para guiar la prescripción de antimicrobianos en medicina familiar y comunitaria, así como para orientar a especialistas en formación.

La publicación contiene recomendaciones sobre el tratamiento más apropiado de las enfermedades infecciosas, considerando la epidemiología de los microorganismos causales y los patrones de sensibilidad en los países de América Latina y el Caribe, a la vez que se busca contribuir a la contención de la resistencia que surge del uso excesivo o incorrecto de fármacos antimicrobianos.

Para la presente edición, se hizo una revisión exhaustiva del tratamiento de la sepsis y el síndrome de sepsis, con hincapié en su detección y tratamiento tempranos para reducir la morbilidad y mortalidad por sepsis.

También se han incorporado principios del sistema AWaRe (Acceso, Precaución y Reserva) de la Organización Mundial de la Salud, que proporciona orientación concisa, con base en información comprobada, sobre el tratamiento de las 30 infecciones más comunes de niños y adultos.

Descargar la guía:

Tratamiento de las enfermedades infecciosas 2024-2026. Novena edición. (2024). [Procedures, manuals, guidelines]. OPS. https://iris.paho.org/handle/10665.2/61354

Comer cambia cómo funciona el sistema inmunitario

Las dietas y los hábitos de alimentación saludable tienen el potencial de prevenir y tratar enfermedades, pero se sabe mucho menos sobre los efectos inmediatos que una comida puede tener en el sistema inmunitario.

En un estudio publicado en Nature, un equipo de la Universidad de Pittsburgh descubrió que comer crea un estado metabólico temporal que influye en el funcionamiento de las células T, células inmunitarias que ayudan al organismo a detectar y combatir infecciones y enfermedades, incluido el cáncer. En experimentos realizados en ratones y en humanos, las células T recolectadas después de una comida mostraron ventajas metabólicas y funcionales frente a aquellas recolectadas tras un ayuno. Los hallazgos sugieren que comer puede tener un efecto duradero en la forma en que las células inmunitarias responden cuando se activan, un factor que podría ser relevante para las inmunoterapias basadas en células T, como la terapia con células CAR‑T, así como para la respuesta frente a infecciones.

«Al principio esperábamos encontrar pocas diferencias entre las células T recolectadas en personas que habían comido y aquellas que habían ayunado. En cambio, observamos lo contrario», señaló el autor correspondiente del estudio, Greg Delgoffe, Ph.D., profesor de inmunología en Pitt y director asociado de investigación básica del UPMC Hillman Cancer Center. «Lo más llamativo no fue solo la diferencia, sino que esta se mantuviera en el tiempo».

Esa duración es importante porque la mayoría de las células T no se activan inmediatamente después de comer. Sin embargo, si una célula T se encuentra con un patógeno mientras este estado metabólico posterior a la comida aún persiste, responde con mayor fuerza, lo que conecta un estado nutricional a corto plazo con una respuesta inmunitaria que ocurre más adelante.

Para evaluar si este efecto también podía observarse en personas, el equipo recolectó muestras de sangre de voluntarios sanos antes del desayuno y de nuevo unas seis horas después de comer. Las células T obtenidas después de comer mostraron ventajas metabólicas que las dejaban mejor preparadas para responder si se producía una infección más adelante, reflejando las altas demandas energéticas necesarias para poner en marcha una respuesta inmunitaria.

Experimentos posteriores en ratones confirmaron que comer crea una oportunidad temporal para que las células T capten nutrientes. Algunas de estas células conservaron una ventaja funcional y respondieron mejor si se activaban más adelante, incluso hasta siete días después. El efecto fue impulsado por las grasas que circulan en el torrente sanguíneo tras una comida. Estas grasas, transportadas en partículas llamadas quilomicrones, fueron suficientes para mejorar la función de las células T, lo que demuestra que las células inmunitarias pueden acceder directamente a los lípidos de la dieta y utilizarlos.

A pesar de la duración del efecto, los investigadores no encontraron cambios importantes a nivel genético en las células T. En su lugar, la ventaja dependía de un aumento en la producción de proteínas, y cuando ese proceso se bloqueó, el efecto posterior a la comida desapareció.

«Reconstruir la biología detrás de este efecto requirió un amplio esfuerzo colaborativo en Pitt», afirmó Delgoffe, quien también dirige el Centro del Microambiente Tumoral del UPMC Hillman Cancer Center. «Reunió experiencia en nutrición, metabolismo e inmunología para entender qué estaba ocurriendo realmente dentro de estas células».

Cómo la alimentación podría influir en las células T en la terapia contra el cáncer

Los hallazgos tienen especial relevancia para la inmunoterapia contra el cáncer, incluida la terapia con células CAR‑T. En este enfoque, las células T se recolectan de la sangre del paciente, se modifican en el laboratorio para que reconozcan células cancerosas y luego se reintroducen en el paciente para atacar el tumor.

Para evaluar si el estado metabólico de las células T en el momento de su recolección podía influir en este proceso, los investigadores generaron células CAR‑T a partir de células T humanas recolectadas después de ayunar o después de comer y las probaron en modelos tumorales en ratones. En estos experimentos preclínicos, las células CAR‑T generadas a partir de células T recolectadas tras una comida persistieron durante más tiempo y mostraron un mejor control del tumor en comparación con aquellas derivadas de células T recolectadas tras ayuno.

Si bien los hallazgos aportan nuevos conocimientos biológicos, el estudio no sugiere que comer trate el cáncer ni que los pacientes deban modificar su dieta. En cambio, pone de relieve el momento en que se producen estos procesos como una variable crítica y previamente poco considerada. Al demostrar que el rendimiento de las células inmunitarias puede variar según su estado metabólico, el trabajo apunta a nuevas formas de pensar cuándo se recolectan, activan o analizan las células del sistema inmunitario.

Leer el texto completo del artículo en:

Kumar, A., Rivadeneira, D.B., Mehta, I. et al. Postprandial lipid metabolism durably enhances T cell immunity. Nature (2026). https://doi.org/10.1038/s41586-026-10432-8

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