Conmemoraciones

Finlay, uno de los fundadores de la inmunología en Cuba

El nacimiento de Carlos Juan Finlay Barrés, el 3 de diciembre de 1833, es la efeméride escogida para celebrar el Día de la Medicina Latinoamericana. Además de su notable descubrimiento de la transmisión metaxénica de algunas enfermedades, fueron muchos y variados sus aportes. Entre ellos, destacan sus estudios sobre la inmunidad que acompañaron y apoyaron su universal hallazgo de la transmisión vectorial de la fiebre amarilla.

Para finales del siglo XIX tenía registrados y documentados, en todos sus detalles, más de cien inoculaciones experimentales, algunas de ellas curiosamente en sacerdotes jesuitas recién llegados a la isla y algunos de los cuales llegaron a ser inmunes al virus.

Las conclusiones de sus trabajos «Fiebre amarilla experimental comparada con la natural en sus formas benignas», de 1884, y «Estadísticas de las inoculaciones con mosquitos contaminados en enfermos de fiebre amarilla», de 1891, revelan su intención de encontrar formas de inmunizar contra la infección: «…la inoculación de la fiebre amarilla por una o dos picadas del mosquito como un medio plausible de conferir, sin peligro, la inmunidad contra las formas graves de dicha enfermedad». Confesó que tenía la hipótesis de que la inyección de leucocitos vivos en el cuerpo del inoculado serviría para «formar razas de leucocitos inmunizantes». Finlay supuso que la seroterapia a partir de sujetos inmunes tras la infección con la fiebre amarilla podría tener acción profiláctica en los no expuestos o atenuar las formas graves de la enfermedad. Así lo declaró en su reporte «A plausible method of vaccination against yellow fever«, publicado en The Philadelphia Medical Journal y aprobado por el ya entonces muy reconocido Emile Roux, del Instituto Pasteur de París.

En todos estos ensayos están los elementos que hoy clasifican como transferencia pasiva y terapia celular adoptiva, con los que se experimenta intensamente en la actualidad. También se ha dicho que tales aportes se anticiparon a los hallazgos de von Behring, el propio Roux y otros. Es justo decir que, durante más de veinte años, Finlay contó para sus experimentos y observaciones con la estrecha colaboración del doctor Claudio Delgado Amestoy.

Resulta admirable que el doctor Finlay Barrés, quien vivía en Cuba e investigaba sobre la fiebre amarilla, se mantenía al tanto de los avances logrados en Europa en la lucha contra las enfermedades infecciosas. En la isla, la fiebre amarilla, también llamada vómito negro, era considerada ya una plaga fulminante, desde la primera epidemia ocurrida entre 1649 y 1655: de mayo a octubre del primero de esos años, se calcula que la tercera parte de los habitantes del país fue aniquilada por la enfermedad.

Las noticias de los experimentos de von Behring y Kitasato llegaron a la Habana en 1892, dos años después de su realización, lo que, junto a las observaciones y resultados propios relativos a la fiebre amarilla, llevaron a Finlay a elaborar muy atinadas teorías sobre la inmunidad, y la definición que sobre ella dio, mantiene hoy su validez: “procurar al sujeto inmunizado algún recurso que haga inofensivas para él las toxinas que los gérmenes tienden á elaborar” (se respeta la ortografía del original).

También acierta en sus hipótesis sobre las bases celulares y humorales de tales fenómenos: “…si triunfan los leucocitos, los que hayan tomado parte en esa lucha habrán adquirido la propiedad de segregar antitoxinas capaces de neutralizar dentro de su esfera de acción, los productos tóxicos que los gérmenes puedan elaborar.(…) …¿no podrá acontecer que se desarrollen en los leucocitos propiedades inmunizantes contra las toxinas?”

Hombre dado a la práctica, ante un caso grave de fiebre amarilla, realizó el que probablemente sea el primer experimento de transferencia de plasma inmune de humano a humano en la historia de la Medicina. Considerando que su propio suero debía contener “propiedades inmunizantes”, en el mes de julio de 1892, se provocó una ampolla aséptica en el brazo izquierdo para obtener suero que inyectó al paciente en el sexto día de la enfermedad; atribuyó parte de la mejoría a esa arriesgada medida.

Otros dos ensayos fracasaron y pensó que ello se debía a la administración tardía del suero, por lo que decidió emplearlo solo como medida preventiva: entre noviembre de 1893 y mediados de 1895, ninguno de los 13 soldados españoles que inoculó sufrió de fiebre amarilla, a diferencia de sus compañeros de barraca. Cabe destacar dos curiosidades: Finlay consideraba más eficaz el uso de suero obtenido de ampollas provocadas (“serosidad de vejigatorio”) que el derivado de la sangre, y en ningún caso registró reacciones adversas.

Para obtener una opinión autorizada, Finlay escribió nada menos que al doctor Émile Roux, quien, en carta de respuesta desde el Instituto Pasteur, fechada el 1 de diciembre de 1894, reconoció la validez de las ideas del cubano, a quien trata de “honorable colega” y deseó ser informado de los resultados de sus ensayos. En la respuesta de Roux, incluida en un artículo de Finlay, puede apreciarse que todos los elementos aportados por el renombrado investigador francés provienen de experimentos en animales: “En los animales inmunizados contra el tétanos y la difteria la serosidad del edema y de los vejigatorios tienen las mismas propiedades que el suero. El señor Vaillard ha realizado sobre el tema algunas experiencias muy convincentes con animales inmunizados contra el tétanos”. Por tanto, de las palabras de Roux puede interpretarse que Finlay fue el primero en usar suero de humanos y en ensayarlo en la fiebre amarilla. Más que eso, el cubano recomendó vehementemente el empleo de la inmunidad adquirida de los pacientes recuperados de la fiebre amarilla, para proteger a las personas de las infecciones primaria y secundaria por ese virus.

En Cuba se realizaron otras experiencias en la seroterapia de enfermedades infecciosas, sobre todo a partir de la inauguración del Laboratorio Histobacteriológico y de Vacunación antirrábica, en 1887, precisamente con médicos entrenados en el Instituto Pasteur. Serían los primeros ensayos de su tipo en América Latina y sus resultados fueron excelentes, pero, al igual que lo realizado en Europa, empleaban suero obtenido de animales. Por muchos años, Finlay mantuvo la primicia del uso del hemoderivado de origen humano para la prevención y el tratamiento de infecciones en el hombre. Tal mérito ha sido poco reconocido y es otro motivo de perenne homenaje a la brillantez de sus aportes científicos.

Con información tomada de:

– Serrano-Barrera OR. Historia de la inmunología en Cuba de 1850 hasta mediados del siglo XX. Revista Cubana de Hematología, Inmunología y Hemoterapia. 2017;33(2).
– Serrano-Barrera OR, Bello-Rodríguez MM. Plasma humano de convalecientes, ahora un tratamiento para la COVID-19, tuvo su origen en Cuba. Revista Electrónica Dr. Zoilo E. Marinello Vidaurreta. 2020;45(4).

Día de la Medicina Latinoamericana. Mensaje del Ministro de Salud Pública

En este 3 de diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana, queremos enviar una felicitación llena de admiración y gratitud por la incansable labor y dedicación a todos los trabajadores de la salud cubanos.

En los más disímiles escenarios, incluso en medio de las complejas circunstancias y carencias de recursos de todo tipo, ustedes se mantienen firmes en el principio de brindar atención a nuestro pueblo. Es no solo digno de destacar sino de agradecer.

Cada día, escriben historias increíbles en cada rincón de este país y en otras tierras del mundo a donde han llevado solidaridad. Su esfuerzo cotidiano es un verdadero ejemplo de entrega y vocación.

Recordamos además la figura del eminente médico cubano Carlos J. Finlay, cuyo nacimiento se celebra hoy y en cuyo honor se instituyó esta fecha.

La constancia y determinación que Finlay demostró en su quehacer científico, hasta marcar uno de los hitos de la Epidemiología y descubrir al agente transmisor de la fiebre amarilla, es la misma que se refleja en la perseverancia que los trabajadores de la salud cubanos muestran en su labor diaria, en la determinación de jóvenes generaciones de estudiantes de las Ciencias Médicas que se forman en el camino de la medicina humanista cubana.

Gracias por su compromiso, por demostrar que “sí se puede”, por no cejar en el empeño de perfeccionar cada día el trabajo que hacen, el servicio que se brinda… Su labor no solo salva vidas, sino que también inspira.

Con gratitud, un abrazo.
Dr. José Angel Portal Miranda
Ministro de Salud Pública

#CubaPorLaVida

Día Internacional de las Personas con Discapacidad

Logo del Día Internacional de las Personas con Discapacidad

– De los 1000 millones de personas con discapacidad, el 80 % vive en países en desarrollo.
– Se calcula que el 46 % de las personas mayores de 60 años son personas con discapacidad.
– Una de cada cinco mujeres tiene probabilidades de sufrir una discapacidad en su vida, y uno de cada diez niños es un niño con discapacidad.

Ante las diversas crisis a las que nos enfrentamos en la actualidad, el mundo no está en camino de alcanzar muchas de las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030. Las conclusiones preliminares del Informe de las Naciones Unidas sobre Discapacidad y Desarrollo 2023 indican que el mundo está aún más lejos de alcanzar varios ODS para las personas con discapacidad.

Las personas con discapacidad han sido históricamente marginadas y a menudo se encuentran entre las más rezagadas en cuanto a la consecución de dichos objetivos. Por ese motivo, debemos redoblar y acelerar nuestros esfuerzos para rescatar los ODS para, con y por las personas con discapacidad.

Es imprescindible un giro radical en el compromiso, la solidaridad, la financiación y la acción. Afortunadamente, con la adopción de la Declaración Política de la reciente Cumbre sobre los ODS, los líderes mundiales han renovado su compromiso de lograr un desarrollo sostenible y una prosperidad compartida para todos, centrándose en políticas y medidas dirigidas especialmente a los más pobres y vulnerables, entre ellos las personas con discapacidad.

La Estrategia de las Naciones Unidas para la inclusión de la discapacidad

El 11 de junio de 2019, el Secretario General, António Guterres, lanzó la Estrategia de las Naciones Unidas para la Inclusión de la Discapacidad, acorde con su compromiso de hacer que las Naciones Unidas sean una organización inclusiva para todos.

La Estrategia de las Naciones Unidas para la Inclusión de la Discapacidad constituye la base de un progreso sostenible y transformador hacia la inclusión de la discapacidad en todos los pilares de la labor de la ONU. Con esta estrategia, las organizaciones del sistema de la ONU reafirman que la realización plena y completa de los derechos humanos de todas las personas con discapacidad es un componente inalienable, indisociable e indivisible de todos los derechos humanos y libertades fundamentales.

En agosto de 2023, el Secretario General presentó su cuarto informe sobre las medidas adoptadas por el sistema de las Naciones Unidas para aplicar la Estrategia de las Naciones Unidas para la Inclusión de las Personas con Discapacidad en 2022.

Contexto

El Día Internacional de las Personas con Discapacidad fue declarado en 1992 por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante la resolución 47/3. El objetivo es promover los derechos y el bienestar de las personas con discapacidades en todos los ámbitos de la sociedad y el desarrollo, así como concienciar sobre su situación en todos los aspectos de la vida política, social, económica y cultural.

Aquel 27 de noviembre de 1871

Monumento a los estudiantes de Medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871.
Monumento a los estudiantes de Medicina fusilados el 27 de noviembre de 1871.

¡Y más que un mundo, más! Cuando se muere / En brazos de la patria agradecida, / La muerte acaba, la prisión se rompe; / ¡Empieza al fin, con el morir, la vida!

Así expresó José Martí su pesar por aquel horrendo e impune crimen en su poema «A mis hermanos muertos el 27 de noviembre». No existe alma honesta en el mundo que no haya condenado de una manera u otra aquel abuso de poder. No fue más que una expresión de impotencia del coloniaje. Una de tantas que recoje la historia. Pero esta en particular, tocó fondo dolorosamente en el pueblo cubano.

El hecho

En la tarde del 24 de noviembre de 1871 los alumnos del primer curso de Medicina estaban esperando en el Anfiteatro Anatómico la llegada de su profesor Pablo Valencia y García, quien a las 3:00 p.m. debía impartir una clase de Anatomía. Su ubicación actual corresponde a las calles San Lázaro, Vapor, Espada y Aramburo, como limitantes del cementerio y el anfiteatro anatómico colindando con éste por su lado de Vapor, hoy municipio Centro Habana.

La tardanza del profesor, por un examen que tenía en el edificio de la Universidad, motivó a algunos estudiantes a buscar otras actividades. Unos se dispusieron a asistir a las prácticas de disección que explicaba el doctor Domingo Fernández Cubas. Otros fueron a dar un corto paseo por el Cementerio de la calle Espada, que estaba al lado del Anfiteatro Anatómico. Cuatro de los jóvenes estudiantes (Anacleto Bermúdez, Ángel Laborde, José de Marcos y Juan Pascual Rodríguez) decidieron hacer travesuras montando el carruaje del cementerio que servía para transportar los cadáveres destinados a la sala de disección, y pasearon con él por la plaza que se encontraba delante del cementerio. Otro de los estudiantes (Alonso Álvarez de la Campa, 16 años) tomó una flor que estaba delante de las oficinas del cementerio.

Los jóvenes estudiantes reían y se divertían, algo propio de la edad. Sin embargo, el vigilante del lugar Vicente Cobas, no lo entendió así, y mortificado y enfurecido, porque los estudiantes supuestamente habían estropeado su jardín, decidió hacer una falsa delación al gobernador político Dionisio López Roberts, en la que acusaba a los muchachos de haber rayado el cristal que cubría el nicho donde reposaban los restos del periodista español Gonzalo Castañón.

Al día siguiente 25 de noviembre de 1871, llegó el gobernador Dionisio López Roberts al cementerio y a la Universidad colindante, dispuesto a apresar a todos los esudiantes que pudiera. Primero trató de arrestar a todos los estudiantes de segundo curso, pero su profesor Juan Manuel Sánchez Bustamante y García del Barrio se opuso enérgicamente.

Entonces se dirigió al aula del primer curso. Su profesor Pablo Valencia y García se asustó y no impidió que 45 de sus 46 estudiantes fueran arrestados, directamente en su aula universitaria.

Los estudiantes fueron procesados en juicio sumarísimo 2 veces. El primer juicio comenzó al día siguiente 26 de noviembre, bajo las órdenes del Segundo Cabo, General Crespo, por encontrarse ausente el Conde de Valmaseda. El juicio dictaminó sentencias suaves, algo que no fue aceptado por los Voluntarios al servicio del Gobierno español, amotinados frente al edificio de la cárcel, quienes manifestaron su inconformidad con las sentencias y exigieron que se formara otro Consejo de Guerra más severo.

Inmediatamente se forma un segundo Consejo de Guerra, que siguió deliberando hasta el día 27 al mediodía, sopesando la cantidad de estudiantes a condenar a la pena máxima. Al final, decidieron que ocho estudiantes serían fusilados. Los cinco primeros fueron fáciles de escoger: los cuatro que pasearon en el carrejón, y el que arrancó la flor. Los otros tres estudiantes fueron escogidos al azar entre el resto, como escarmiento.

El Consejo de Guerra firmó la sentencia a la 1:00 p.m. y leyó el fallo. Ocho estudiantes debían morir. Del resto, 11 fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro años, y cuatro a seis meses, además de que los bienes de todos quedaron sujetos a las responsabilidades civiles determinadas por las leyes.

Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. De la sentencia definitiva al momento final apenas pasaron poco más de tres horas. Casi siglo y medio después, todavía los mitos y la realidad se entrelazan para contar esta historia de horror y tristeza.

Aunque España trató de apartar este suceso de la Guerra de los Diez Años que en ese momento estaba desarrollándose con toda fuerza en Cuba, estaba claro que este fusilamiento pretendía aterrorizar a la población cubana dando un escarmiento ejemplar, para frenar el sentimiento independentista de los cubanos, aunque el resultado fue todo lo contrario. Tanto el abominable crimen, como el inconcebible proceso judicial que lo precedió, contribuyeron a reforzar estos sentimientos independentistas.

Voces

Con solo 19 años, Fermín Valdés Domínguez ya tenía en su historia la fundación junto a José Martí del periódico «El Diablo Cojuelo» y una condena de seis meses acusado de infidencia. Sin embargo, quizás durante toda su vida nunca estuvo tan cerca de la muerte como en aquellos días de 1871. Fermín fue uno de los estudiantes conducidos a prisión en la tarde del 25 de noviembre.

«Momentos fueron aquellos terribles para nosotros; aquella galera era nuestra capilla. Aquella ansiedad, que no era mayor que la de toda la noche y todo el día, duró una hora. Todo indicaba que iba a consumarse el crimen, pues la capilla de la cárcel esperaba ya a las víctimas; una compañía de Voluntarios la custodiaba, y aun no sabíamos quién había de morir».

En el segundo Consejo de Guerra, Fermín y una decena de estudiantes recibieron la condena de seis años de cárcel. Otros debían cumplir penas de cuatro años. No obstante, luego de varias gestiones y gracias al escándalo desatado en algunos países por el fusilamiento de los jóvenes, a mediados de 1872 el Rey Amadeo I firmó un indulto para todos y sin rehabilitarlos públicamente los deportó a España.

Nada más llegar a aquel país, Fermín comenzó un titánico trabajo para denunciar la injusticia cometida con sus compañeros muertos. En el primer aniversario de los hechos circuló por Madrid un impreso que recordaba a los estudiantes y en años sucesivos publicó varias ediciones de su libro «Los Voluntarios de La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de Medicina».

Junto a ello, en enero de 1887 logró que uno de los hijos de Gonzalo Castañón confirmara la normalidad del nicho de su padre, un testimonio que echó por tierra la justificación empleada 16 años antes para fusilar a los estudiantes. A su vez, impulsó la exhumación de los restos de sus compañeros y recaudó fondos para erigir el actual monolito funerario. Más tarde, él también reposaría allí.

Teodoro Zertucha tenía diecinueve años cuando ocurrieron aquellos funestos sucesos y no se encontraba allí aquella tarde. Cuando lo entrevistaron en noviembre de 1946, contaba con 94 años de edad y permanecía recluido en la Sala Inclán en la Quinta Covadonga, en La Habana (hoy Hospital «Salvador Allende»).

Este venerable anciano, al igual que Fernándo Méndez Capote, eran en aquella época, los únicos supervivientes que existían de aquellos trágicos acontecimientos. Increíblemente el doctor Zertucha estaba muy lúcido. Recordaba todo, o casi todo lo ocurrido con sus compañeros de clase.

Por unas amistades se enteró de que los Voluntarios tenían cercados en el aula a sus compañeros. No obstante, decidió presentarse y correr la misma suerte que ellos.

Dijo Zertucha: «Ni mis compañeros ni yo habíamos cometido delito alguno para que se nos detuviera… No tuve dificultades para entrar. Me dejaron hacerlo con la pasión del que ha tendido una trampa y espera, sin impacientarse, a que sus víctimas vayan cayendo en la misma».

«Los presos nos comunicaron entonces que fusilarían a dos. Las voces volvieron a rugir. Otro toque de silencio y la muchedumbre de Voluntarios y toques de silencio, así fuimos enterándonos que se fusilaría a ocho… Consternados nos mirábamos unos a otros. ¿Quiénes de nosotros serían los elegidos para ser llevados al paredón?»

«Separaron primeramente a los cuatro que habían confesado que en el Cementerio, una tarde, habían tomado el carro donde se conducían los cadáveres de los pobres de solemnidad, para dar una vuelta por dentro del mismo Cementerio, mientras llegaba el profesor.»

«¡Qué ajenos estaban ellos cuando dieron aquella vuelta, que estaban sellando sus destinos y que en ese mismo carro, unas horas más tarde, se llevarían sus cadáveres al cementerio!»

«Alonso Álvarez de la Campa fue también sacado. Había jugado con un rosal arrancándole una flor. Ese era todo su delito. Con él se completaban cinco. Los colocaron en una bartolina. Faltaban tres. Vimos entonces venir hacia la galera donde estábamos a un coronel de Voluntarios, seguido de varios oficiales. Traía en las manos un papel. Leyó tres nombres. Uno era Bermúdez, sí, Anacleto Bermúdez. Otro era Marcos Medina. Del tercero no puedo acordarme ahora. Pero con esos tres completaban los ocho».

«Vimos entrar ocho curas. Eran los confesores. Media hora más tarde vimos salir a nuestros compañeros. Iban con las manos esposadas. Junto a cada uno de los condenados marchaba el confesor pidiendo al cielo que recibiese aquellas almas inocentes.»

«Marcharon por entre una doble fila de Voluntarios que los miraban indiferentes. Levantando las manos esposadas cuando pasaban por cerca de nuestra galera nos decían adiós. Iban serenos. Yo los vi ir…»

Historias

La muerte de cinco hombres negros el mismo día del fusilamiento de los estudiantes de Medicina es tal vez la más mítica y desconocida de las historias que hasta hoy llegan en torno al 27 de noviembre de 1871.

Para unos, aquellos hombres pertenecían a la sociedad secreta Abakuá y se lanzaron casi al suicidio en cofradía con uno de los suyos. Para otros, ese acto es la muestra para negar que no todos los cubanos quedaron indiferentes ante el crimen.

Sin embargo, todos coinciden en un elemento: al parecer en el acto murieron cinco negros liderados por el hermano de leche de Alonso Álvarez de la Campa, el más joven de los estudiantes condenados. De hecho, esa es la versión que sostiene la película cubana «Inocencia», inspirada en los sucesos del 27 de noviembre.

Desde el 27 de noviembre de 2006 los miembros de la sociedad Abakuá realizan una peregrinación hasta un jagüey situado en la esquina de Morro y Colón en La Habana Vieja, el lugar donde según la tradición cayó uno de los negros aquel día. Luego siguen su recorrido hasta el templete erigido en el sitio donde murieron los estudiantes. Lo cierto es, que la historia de los cinco negros muertos casi junto a los estudiantes de Medicina, aun necesita conocimientos mayores.

Homenaje

Cada 27 de noviembre es preciso recordar la valía de jóvenes como aquellos, una cualidad casi inherente a los que son y serán profesionales cubanos de la Salud. La profesora, doctora e historiadora María del Carmen Amaro, recuerda ser muy pequeña cuando en su natal Matanzas escuchó hablar sobre el trágico suceso, porque, además de la injusticia, un hijo de la Atenas de Cuba, Carlos de Jesús Verdugo y Martínez, de solo 16 años, contaba entre los condenados a muerte y quien, además, no se encontraba tan siquiera en la Capital cuando ocurrieron los hechos.

Como esos jóvenes que recién comenzaban su vida en el camino de la Medicina, nuestros médicos tienen amén de la profesionalidad, grandes baluartes: las aptitudes y los valores. Por eso recordamos la fecha, por eso y porque la vida vuelve a colocar coincidencias históricas en este noviembre, todas para recordar el gran sentido humanista de nuestro pueblo y sus galenos.

Fuentes y referencias:

«Ni mis compañeros ni yo habíamos cometido delito alguno». Testimonio de un sobreviviente de los sucesos del 27 de noviembre de 1871. Periódico Granma. Hoy en la Histroia. Delfín Xiqués Cutiño | 26 de noviembre de 2018
Fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Cuba Militar Wiki
Sucesos del 27 de Noviembre: Cuatro historias contra el odio (+ Video). Especiales. Yunier Javier Sifonte Díaz | 27 noviembre 2018
El más profundo acercamiento a la verdad. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana. Maria Karla Villar y Rachell Cowan | noviembre 28, 2018
El día 27 de noviembre de 1871. Portal José Martí. Pedro J. de La Torre; Fermín Valdés Domínguez
Sangre de inocentes. Portal José Martí. José Martí
Fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Cubaeduca. Historia. Roberto Gómez Montano
María del Carmen Amaro: “Recordar a los ocho estudiantes de medicina es también un homenaje a nuestro sistema de Salud”. Redacción Cubadebate | 27 de noviembre de 2018

Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 2023 – 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género 2023

La violencia de género tiene un impacto devastador y generalizado en la Región, generando graves consecuencias para la salud y el bienestar de mujeres y niñas. Sin embargo, es crucial destacar que la violencia dirigida hacia ellas puede prevenirse y sus efectos negativos pueden mitigarse.

Este año, el lema de los 16 Días es“Invertir para prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas”, focalizando en la importancia de financiar diferentes estrategias de prevención para detener la violencia desde su comienzo.

Del 25 de noviembre al 10 de diciembre, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se suma a una coalición conformada por gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, el sistema de las Naciones Unidas y otros colaboradores para conmemorar los 16 días de activismo contra la violencia de género.

Esta campaña internacional se realiza anualmente, abarcando desde el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) hasta el Día de los Derechos Humanos (10 de diciembre). Su objetivo principal es promover la prevención y erradicación de la violencia dirigida hacia mujeres y niñas en todas sus manifestaciones.

La OPS ha desarrollado una serie de recursos para fortalecer la capacidad del personal de salud en la detección de la violencia y el apoyo de primera línea. Estos recursos responden directamente a las necesidades de los países de las Américas y están alineados con las prioridades de la Estrategia y Plan de Acción sobre el fortalecimiento del Sistema de Salud para Abordar la Violencia contra la Mujer 2015-2025

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