
Hay destinos que se anuncian antes de llegar. A Darvis Lorente el suyo le habló primero en sueños, una noche tranquila en Yara, su pueblo granmense. Se vio caminando entre pinos gigantes, bajo la nieve, frente a un hospital de campaña levantado contra el frío. No sabía el país, pero sí la certeza: debía estar allí.
Años después, la vida confirmó el presagio. En 2005, mientras cumplía misión en Venezuela con Barrio Adentro, respondió al llamado para atender a las víctimas del terremoto en Pakistán. Llegó en pleno invierno, a Isla Mabac, donde el frío extremo y la nieve pusieron a prueba cuerpos y voluntades. Allí aprendió que, incluso cuando las palabras no alcanzan, la solidaridad sostiene.
Hoy, su ruta lo mantiene en Haití, en el sur del país, en una zona costera de difícil acceso llamada Ocay. Entre el calor, el barro y caminos que solo permiten el paso de una moto o una camioneta, el Dr. Darvis ejerce la medicina más esencial. En el consultorio donde trabaja desde febrero de 2024, toda la población de Petit Rivier está dispensarizada. Atiende embarazadas, niños y adultos; realiza consultas programadas, aplica el método clínico cuando no hay exámenes complementarios y convierte cada jornada en un acto de resistencia y cuidado.
Pero su labor no se queda entre paredes. Junto a agentes comunitarios, enfermeras y trabajadores sociales, impulsa acciones de promoción de salud: vacunación, nutrición, educación reproductiva, prevención de enfermedades transmisibles. Elabora pancartas, visita las dos escuelas públicas de la zona, ofrece charlas y dialoga con la comunidad incluso los domingos, después de la misa. En un territorio endémico, la malaria y el paludismo son retos constantes, enemigos invisibles que se enfrentan con conocimiento, constancia y cercanía humana.
“Aquí no solo se trata de curar enfermedades —dice—, sino de involucrar a la comunidad en su propio cuidado”. Y habla del agradecimiento sincero de quienes saben que alguien dejó su casa, su familia y su país para acompañarlos.
Desde los barrios humildes de Venezuela hasta las montañas nevadas de Pakistán y hoy las costas de Haití, el Dr. Darvis Lorente sigue cumpliendo una misión que parece escrita antes de ser vivida…como aquel hospital de campaña que una vez vio en sueños, su vocación se levanta donde la vida más lo necesita.
Y cuando regrese a Cuba, habrá razones que harán más ligero el cansancio acumulado: sus hijos. Ellos saben que su padre eligió estar donde más se le necesita y estarán orgullosos de ese médico que no solo cruza países y climas, sino que deja huellas donde llega.







