COVID-19

La salud mental de la población pediátrica con autismo empeoró en la pandemia

Más de la mitad de la población infantojuvenil con autismo experimentó deterioro en la salud mental relacionado con la pandemia entre mayo y diciembre de 2020, según un gran estudio de cohortes canadiense.

El estudio, basado en encuestas con padres de 230 niños y jóvenes con autismo, mostró que 61% (141) de esta población tenía deterioro de la salud mental y 14% (37) accedió a servicios de salud mental aguda. Los investigadores identificaron una variedad de factores de riesgo para ambos desenlaces.

«Encontramos que algunos factores inherentes al niño predijeron una peor salud mental durante la pandemia: específicamente, preocupaciones preexistentes relacionadas con la ansiedad y la depresión», dijo a Medscape Noticias Médicas la autora principal, Dra. Evdokia Anagnostou, neuróloga infantil y profesora de pediatría de la University of Toronto, en Ontario, Canadá. “Sin embargo, también encontramos que los factores familiares y comunitarios afectan la salud mental de los niños autistas y son buenos objetivos para la intervención”.

Los hallazgos se publicaron en versión electrónica el 5 de mayo en Pediatrics & Child Health.

Rutinas interrumpidas

Las observaciones han indicado que el cierre de las escuelas y la cuarentena durante el primer año de la pandemia afectó la salud mental de la población infantojuvenil, que han tenido un mayor estrés y exhibió más comportamientos de internalización y externalización.

La población infantojuvenil con condiciones de salud mental preexistente o trastornos del neurodesarrollo han sido particularmente vulnerables a las afectaciones de la salud mental en estas circunstancias.

Los cambios en la rutina y el acceso interrumpido a los servicios educativos y de salud han aumentado el estrés entre la población infantojuvenil con autismo y sus padres. Se sabe también que un mayor estrés y problemas de salud mental entre los padres son factores de riesgo para las dificultades de salud mental entre los niños.

Vea el texto completo en: La salud mental de la población pediátrica con autismo empeoró en la pandemia – Medscape – 25 de mayo de 2022 (debe registrarse en el sitio web).

La vida y el bienestar de las personas, lo más importante

 

El Ministerio de Salud Pública, luego de análisis realizados de conjunto con varias entidades responsables al respecto, tomó la decisión de destinar el segundo refuerzo de vacunación anti-COVID-19, a personas de 50 años de edad, y más, rango anteriormente concebido a partir de los 70.

Así lo hizo saber este martes, desde el Palacio de la Revolución, la doctora Ileana Morales Suárez, directora de Ciencia e Innovación Tecnológica del Ministerio de Salud Pública (Minsap), en el encuentro de expertos y científicos enfrascados en actividades de ciencia e innovación tecnológica para el enfrentamiento a la COVID-19, y en el cual también fueron abordados otros temas relevantes para Cuba.

Con ese nuevo esquema de edades, serán un poco más de cuatro los millones de personas a las cuales les será administrada la dosis de refuerzo, según informó la doctora Ileana Morales en la reunión encabezada por el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez; así como por el miembro del Buró Político y primer ministro, Manuel Marrero Cruz, y los vice primeros ministros, Inés María Chapman Waugh y Jorge Luis Perdomo Di-Lella.

La directora de Ciencia e Innovación Tecnológica del Minsap enunció que este fin de semana las dosis de refuerzo también comenzarán a administrarse a los grupos de riesgo. Sobre el alcance de tal proceso, Díaz-Canel comentó que «ahora el éxito de nosotros para mantener» las alentadoras cifras radica en «mantener el nivel de inmunización que tenemos, que tiene que ser sobre la base de los refuerzos».

Compartió la idea atendiendo a la evidencia de que, si el mundo no resuelve la situación de la epidemia, «vamos a seguir expuestos»: «O sea, nosotros no podemos perder la sistematicidad del refuerzo porque, si no, volvemos a una situación compleja».

Datos que ilustran la situación de la humanidad ante la COVID-19, y cuánto ha logrado la Isla en su enfrentamiento a la pandemia fueron parte de la actualización de la Estrategia de Vacunación anti-COVID-19 en Cuba. Morales Suárez prefirió empezar por las inequidades, porque, dijo, «cuando uno mira la línea de los países de bajos ingresos, contra lo que han logrado los de altos ingresos, son colosales las diferencias».

Una gráfica le sirvió de apoyo para disertar sobre el número de personas que en el mundo no se han vacunado contra el coronavirus. Al señalar en un mapa de colores cómo es que el planeta ha sido azotado por la variante Ómicron, la doctora afirmó que si el mundo estuviera vacunado como lo están la Isla y otros países, el gigantesco pico de la enfermedad no se hubiese producido.

La realidad está lejos de la premisa anterior, y es triste: solamente 14 países tenían más del 85 % de su población vacunada; una treintena de naciones tienen menos del 10 % en esa condición de salud; y hay 42 países que tienen menos del 20 %. Otro dato compartido habla por sí solo de la inequidad: 95 países –del total de 194 del orbe– tienen a menos del 50 % de su población vacunada.

Nos llena de orgullo a todos los cubanos, argumentó, que la Isla lidere la lista de países según la cantidad de vacunas que se administran cada cien personas»: «Lideramos esa cifra hace mucho tiempo, pero lo que más nos llama la atención –añadió la doctora– es la diferencia que tenemos contra la media mundial». La media mundial, enfatizó, no llega a 148, mientras Cuba tiene en su haber una cifra que supera los 320.

«En cuanto a mortalidad, estamos ya en lo mínimo posible, que era lo que nos vaticinaba hace como seis meses el profesor Guinovart». Y seguidamente mostró una lámina que «es de las que más nos gustan, de las que más nos sentimos satisfechos», según la cual la vacunación pediátrica ha llegado en Cuba a 1 909 980 niños (el 97,8 % del total).

Debían ser vacunados, dijo, 1 954 000 y un poquito más de niños: ese número de los que no se han vacunado representa a pequeños enfermos, o que han presentado alguna situación de salud. Ya la dosis de refuerzo en este grupo de la población, detalló la doctora, «va por un 61,3 %».

Sobre los millones de dosis administradas a lo largo del país, la experta recordó que administrar 36,3 millones en un año ha sido un esfuerzo grande, y seguimos, enunció. «Queremos seguir protegiendo a la población cubana, como usted (se dirigió al Presidente) nos ha indicado reiteradamente».

Una amplia información en el encuentro ofreció el doctor en Ciencias Pedro Mas Bermejo, la cual versó sobre el estudio de efectividad de la vacuna Abdala en la población pediátrica de Cuba. El también vicepresidente de la Sociedad cubana de Higiene y Epidemiología, dijo que «desde julio del año pasado venimos haciendo la evaluación, y ahí están los resultados»: un 94 % de efectividad para la enfermedad severa; y un 93,69 % para la muerte. Son resultados, aseveró, gracias a los cuales disminuyó tremendamente el número de fallecidos.

En cuanto a la efectividad de la vacuna Abdala en la prevención de la enfermedad asintomática, en pacientes comprendidos entre 16 y 18 años de edad, el porciento es de 98,9. Es «altísima esa efectividad», apuntó el experto.

Por todo el esfuerzo que Cuba ha protagonizado por salvar vidas frente a la COVID-19, este martes el doctor en Ciencias Raúl Guinovart Díaz, decano de la Facultad de Matemática y Computación de la Universidad de La Habana, pudo afirmar, basado en los modelos de pronósticos, que lo esperado es que la epidemia se mantenga controlada en el país durante las semanas próximas.

Tomado de Granma.

¿Cuándo no es COVID-19 persistente, sino intermedia?

Los cronogramas de los síntomas que rodean la infección por COVID-19 tienden a centrarse en los protocolos de cuarentena inmediatos de 5 días para la infección aguda o en los síntomas prolongados de COVID-19 que pueden durar un mes o potencialmente mucho más.

Pero algunos pacientes informan un COVID-19 de «rango medio» que se resolverá antes de que se convierta en un COVID-19 prolongado, pero aún así dura más de lo que es típico para las infecciones virales. Las personas pueden volver al trabajo o a las rutinas diarias, pero algo está mal: lo que habían sido simples regímenes de ejercicio se vuelven onerosos. Las tareas diarias requieren más esfuerzo.

¿Este subconjunto mal definido apunta a un «COVID-19 intermedia»?

La Dra. Farha Ikramuddin, maestra en administración de la salud, fisiatra y especialista en rehabilitación de la Facultad de Medicina de la University of Minnesota  M Health Fairview, ambos en Minneapolis, Estados Unidos, señala que no existe una definición o un código de diagnóstico o una comprensión oficial compartida de una categoría intermedia para COVID-19.

«¿Pero estoy viendo eso? Absolutamente», dijo a Medscape Noticias Médicas.

«He visto pacientes que son más jóvenes, más saludables y con no tantas comorbilidades que tienen síntomas persistentes o reaparecen después de la presentación inicial de la infección», explicó.

Algunos pacientes informan que tenían una infección muy leve o que no presentaron síntomas y que recuperaron su salud normal con bastante rapidez después de la infección. Luego, una semana después, comenzaron a experimentar fatiga, pérdida de apetito, pérdida del olfato y sensación de saciedad después de algunos bocados, dijo la Dra. Ikramuddin.

Parte del problema al categorizar el espacio entre volver a la normalidad después de una semana y tener síntomas durante meses es que las organizaciones no pueden ponerse de acuerdo sobre un cronograma para cuando los síntomas justifiquen una etiqueta de «COVID-19 persistente».

Por ejemplo, Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos definen a COVID-19 persistente como 4 o más semanas después de la infección. La Organización Mundial de la Salud lo define como la persistencia por 3 meses después del inicio de los síntomas de COVID-19.

«Veo ‘COVID-19 intermedio’, como se le llamaría, en pacientes más jóvenes y saludables. También noto que estos síntomas no son lo suficientemente graves como para justificar dejar su trabajo o cambiar sus horarios de trabajo», reflexionó la Dra. Ikramuddin.

Regresan al trabajo, dijo, pero comienzan a notar que algo anda mal.

«Estoy viendo eso».

«Doy de alta al menos a dos pacientes a la semana de mi clínica porque se han cambiado de residencia y ya no tienen síntomas», dijo la Dra. Ikramuddin.

En una historia de Kaiser Health News publicada el mes pasado en Medscape, la reportera de salud de WHYY, Nina Feldman, escribió: «Lo que he llegado a pensar como mi «COVID-19 intermedia» afectó mi vida. No podía socializar mucho, beber o quedarme despierta más allá de las 9:30 p. m. Me tomó 10 semanas hacer mi primera carrera, tenía demasiado miedo de intentarlo».

Ella describió una cena con un amigo después de terminar los protocolos iniciales de aislamiento: «Una copa de vino me dejó sintiéndome como si hubiera bebido una botella entera. Estaba exhausta hasta los huesos, pero no podía dormir».

Misterio médico

La Dra. Ikramuddin señaló que el mecanismo detrás de los síntomas persistentes de la COVID-19 sigue siendo un misterio médico.

«En un escenario, se pregunta si el virus permanece latente, de forma similar al herpes zoster o al virus de inmunodeficiencia humana».

«En este momento, en lugar de obtener más respuestas, estamos recibiendo más preguntas», agregó la Dra. Ikramuddin.

El Dr. Mouhib Naddour, especialista pulmonar de Sharp HealthCare en San Diego, Estados Unidos, dijo que está viendo que a algunos pacientes que han tenido COVID-19 les está tomando más tiempo recuperarse que con otras infecciones virales.

Algunos pacientes se encuentran entre los que se recuperan en 2 o 3 semanas y los que tienen COVID-19 persistente. Esos pacientes en el umbral podrían agruparse en una COVID-19 de rango intermedio, dijo a Medscape Noticias Médicas.

«Tratamos de poner las cosas en mesas y cajas, pero es difícil con esta enfermedad», expresó el Dr. Naddour.

El especialista concuerda sobre la ausencia de una definición médica para COVID-19 «intermedia», pero dijo que la idea debería traer esperanza para que los pacientes sepan que si sus síntomas persisten, no necesariamente tienen COVID-19 persistente, y sus síntomas aún pueden desaparecer.

«Esta es una enfermedad de la que puede llevar más tiempo recuperarse por completo», dijo. «La mayoría de los pacientes que estamos viendo en este grupo podrían ser pacientes jóvenes sanos que desarrollan COVID-19, luego de 2 a 3 semanas después de que dan negativo, todavía tienen síntomas persistentes».

Síntomas comunes

Algunos síntomas comúnmente informados de aquellos con una enfermedad duradera, que a menudo se superponen con otras etapas de COVID-19, son dificultad para respirar, opresión en el pecho, tos seca, dolor en el pecho, dolor muscular y articular, fatiga, dificultad para dormir y cambios de humor, explicó el Dr. Naddour.

«Necesitamos hacer una evaluación exhaustiva para asegurarnos de que no haya otro problema que cause estos síntomas», dijo.

Aun así, no hay un cronograma establecido para el rango intermedio de COVID-19, anotó, por lo que es importante consultar con un médico de atención primaria para las personas que experimentan síntomas.

Es un continuo, no una categoría

El Dr. Fernando Carnavali, coordinador del Centro de Atención Pos-COVID-19 de Mount Sinai en Nueva York, Estados Unidos, comentó que no está listo para reconocer una categoría separada para una COVID-19 «intermedia».

Señaló que la ciencia ni siquiera puede ponerse de acuerdo sobre un nombre para los síntomas prolongados pos-COVID-19, ya sea «COVID-19 persistente» o «COVID-19 prolongado», «síndrome pos-COVID-19» o «secuelas posagudas de COVID-19 (PASC)». No hay una fisiopatología o biomarcador acordado.

«Eso crea estas brechas de comprensión sobre dónde estamos», explicó el Dr. Carnavali a Medscape Noticias Médicas.

Dijo que entiende la necesidad de las personas de categorizar los síntomas, pero en lugar de un término intermedio, ve un continuo.

No significa que no exista lo que otros pueden llamar el término intermedio de COVID-19, dijo el Dr. Carnavali: «Estamos al principio para definir esto. Tratar de clasificarlos puede crear más ansiedad».

Las lecciones aprendidas durante la pandemia de COVID-19 han de servir para reforzar la seguridad en el trabajo

La pandemia del COVID-19 ha demostrado que una colaboración efectiva entre empleadores, trabajadores y gobiernos es la mejor manera de reforzar la seguridad y la salud en el trabajo, afirma un nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo.

Coincidiendo con en el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo, celebrado el pasado 28 de abril, el organismo de la ONU alertó que anualmente unos tres millones de trabajadores mueren a causa de accidentes y enfermedades profesionales, y que cientos de millones más sufren lesiones no mortales en su lugar de trabajo.

Por ello, el estudio destaca que aprender de las lecciones logradas durante pandemia podría ayudar a prevenir millones de muertes y accidentes laborales.

La colaboración como herramienta para pasar a la acción

“Durante la pandemia, los gobiernos que priorizaron la participación de las organizaciones de empleadores y de trabajadores en la gobernanza de las medidas de Seguridad y Salud en el Trabajo pudieron desarrollar y aplicar leyes, políticas e intervenciones de emergencia”, destaca el informe.

La cooperación entre los diferentes actores del ámbito laboral resultó fundamental para garantizar la aceptación de esas medidas y que contaran tanto con el apoyo de los empleadores como de los trabajadores.

Como resultado, muchos países han adoptado medidas legales que cubren ámbitos como las medidas de prevención y la atención de los casos de COVID-19 en el lugar de trabajo, o los acuerdos de teletrabajo.

A modo de ejemplo, los cambios en las normas de vacunación en Singapur se produjeron tras consultas y debates entre el gobierno, los empresarios y los trabajadores, mientras que, en Sudáfrica, se celebraron diálogos tripartitos con los mismos actores para modificar las medidas dirigidas a la propagación de la COVID-19 en los lugares de trabajo.

El valor del diálogo tripartito

Sin embargo, en algunos países, estas negociaciones a tres bandas continuaron con nuevas consultas a nivel regional o sectorial, para poder adaptarlas al contexto específico.

Así, los sindicatos y las patronales finlandesas colaboraron con el Gobierno en la elaboración de medidas específicas para los sectores del turismo y la restauración, mientras que los interlocutores sociales del sector bancario en Italia crearon normas específicas sobre el teletrabajo en las que se contempló el derecho a la intimidad y a la desconexión laboral.

Los organismos tripartitos nacionales de medidas de Seguridad y Salud en el Trabajo también han desempeñado un papel importante en la lucha contra el COVID-19.

Durante la pandemia, muchos participaron en el proceso de toma de decisiones a nivel nacional. También han participado en la definición de medidas de cierre y restricción, estrategias de retorno al trabajo y otras instrucciones u orientaciones destinadas a mitigar los impactos.

El informe cita el ejemplo de países como Guatemala donde la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo se reunió virtualmente durante los primeros meses de 2020 para proponer mecanismos de medidas de Seguridad y Salud en el Trabajo.

“Las lecciones aprendidas de esta crisis sobre la importancia del diálogo social para reforzar la seguridad y la salud a nivel nacional y en el lugar de trabajo deben aplicarse a otros contextos. Esto ayudaría a reducir el nivel inaceptable de muertes y enfermedades laborales que se producen cada año”, afirmó el director general de la OIT, Guy Ryder.

Tomado de: ONU Noticias – 28 abril 2022

Directora de OPS insta a cerrar brechas de inmunización para todas las vacunas, incluidas las de COVID-19

En 2020, 2,7 millones de niños en la región de las Américas no recibieron las vacunas esenciales necesarias para mantenerlos sanos a raíz de interrupciones en los servicios de salud ocasionadas por la pandemia de COVID-19, advirtió la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa F. Etienne, y llamó a cerrar todas las brechas en la cobertura de vacunación, incluyendo las de COVID-19.

“Mientras trabajábamos arduamente para proteger a nuestras poblaciones contra la COVID-19, nuestros programas de inmunización de rutina se vieron gravemente afectados”, afirmó la doctora Etienne durante el lanzamiento de la 20ª Semana de Vacunación en las Américas, en Roseau, Dominica. “Pero incluso antes de que la COVID-19 paralizara el mundo, la cobertura de vacunas de rutina había caído por debajo de niveles óptimos”, manifestó.

Según la directora de la OPS, los dos últimos años han hecho retroceder casi tres décadas de progreso en la vacunación contra la polio y el sarampión, generándose un riesgo real para su reintroducción. “Hoy volvemos a estar en los mismos niveles de cobertura de vacunación que en 1994, cuando estas enfermedades todavía suponían una grave amenaza para nuestros niños, familias y comunidades”, lamentó.

La doctora Etienne advirtió que “si esta situación continúa, pagaremos un precio muy alto en pérdidas de vidas, aumento de discapacidades y enormes costes financieros”.

Desde la introducción 15 meses atrás de las vacunas COVID-19 en la región, más del 66% de los habitantes de América Latina y el Caribe se han vacunado completamente. Sin embargo, dijo la doctora Etienne, este logro fundamental no es suficiente. “Todavía queda un largo camino por recorrer para garantizar que todas las poblaciones de riesgo reciban las dosis que necesitan para protegerse”, consideró.

“La desigualdad en el acceso a las vacunas contra la COVID-19 y las dudas generalizadas sobre las vacunas han revelado grietas preocupantes en nuestro panorama regional”, destacó y agregó que “se trata de un dilema que debe abordarse más pronto que tarde”. Además, indicó que la Semana de Vacunación “es una oportunidad para disipar dudas y promover los beneficios de la vacunación”.

Las Américas lideran la erradicación de la viruela, la eliminación de la poliomielitis, el sarampión y la rubeola, y la introducción temprana de nuevas vacunas como la del neumococo, la del papiloma humano y la del rotavirus, entre otras. Este año, los países y territorios de la región planean inmunizar alrededor de 140 millones de personas en el marco de la Semana de Vacunación, que celebra su 20º aniversario.

Edición: Lic Tania Izquierdo Pamias

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