COVID-19

Con 14 países que aún no han vacunado al 40 % de su población, las Américas sigue siendo la región más desigual del mundo en la lucha contra la COVID-19

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Si bien el 63% de las personas en América Latina y el Caribe ya han sido vacunadas contra la COVID-19, la cobertura sigue siendo desigual. Mientras 14 países y territorios han vacunado al 70 % de su población, el mismo número no ha logrado alcanzar ni siquiera el 40 % de cobertura, afirmó este miércoles la directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Carissa F. Etienne.

Con 7 millones de nuevas infecciones y más de 34.000 muertes registradas en la región desde la semana pasada, la directora de la OPS destacó las «brechas preocupantes» en la vacunación de las poblaciones de riesgo, dado que algunos países informaron una menor cobertura entre los adultos mayores en comparación con los grupos más jóvenes, que corren menos riesgo de desarrollar una enfermedad grave.

Durante una sesión informativa para los medios, la doctora Etienne dijo que el alcance total de la disparidad sigue siendo desconocido, ya que los datos detallados son limitados, por lo que es vital, agregó, que «los países recopilen y comuniquen datos que muestren la cobertura de vacunación por edad, sexo o por grupo de riesgo».

«Estos datos son cruciales para diseñar campañas de vacunación específicas, maximizar el impacto de las dosis y salvar vidas», subrayó.

De cara a las próximas campañas de vacunación contra la COVID-19, la directora de la OPS anunció que se espera que el suministro de vacunas se incremente en 2022.

Al agradecer a los donantes que «ayudaron a nuestra región a asegurar dosis cuando el suministro era limitado», la doctora Etienne señaló que otras donaciones de Estados Unidos, España, Canadá, Alemania, Francia y otros países ya suman unos 26 millones de dosis.

El Fondo Rotatorio de la OPS, que hasta ahora ha adquirido casi 100 millones de dosis, también está en camino de obtener otros 200 millones de dosis en nombre de la región este año.

Mientras llegan estas dosis, la doctora Etienne instó a los países a que empiecen a hacer los preparativos necesarios para el despliegue de las vacunas, incluyendo la inversión en programas de vacunación, la recopilación y el reporte de datos detallados sobre las vacunas y la priorización de los grupos de alto riesgo.

«Los países deben reorientar sus esfuerzos hacia la protección de los trabajadores de salud, las personas inmunodeprimidas y los adultos mayores, en primer lugar», remarcó.

También envió un mensaje especial a los millones de adultos del Caribe que aún no han recibido sus vacunas.

«Soy médica, esposa, madre y abuela. No podía esperar a vacunarme, estaba muy ansiosa por mi bienestar y el de mi madre de 95 años», dijo la doctora Etienne. «Por favor, no se demore, vacúnese hoy», instó. «Las vacunas contra la COVID-19 son seguras y eficaces y son la mejor manera de protegernos a nosotros mismos, a nuestras familias y a nuestras comunidades de este virus».

En cuanto a la situación de la COVID-19 en la región, la directora de la OPS informó que el aumento de las infecciones parece estar disminuyendo en los lugares afectados más tempranamente por la variante ómicron.

La mayor parte de los nuevos casos se registraron en América del Norte, pero el aumento continúa en América Central y del Sur y las muertes aumentaron casi un tercio en todas las subregiones.

En el Caribe, las muertes se han más que duplicado en Cuba, Bahamas y Antigua y Barbuda, y en otras islas, como Martinica y Guadalupe, el virus se está propagando rápidamente entre la población joven y no vacunada.

«Estas tendencias muestran que debemos seguir manteniendo cada parte de nuestra respuesta a la COVID», sostuvo la doctora Etienne. «Las vacunas, las pruebas y la continuación de las medidas de salud pública, como el uso de mascarillas y el distanciamiento físico, siguen siendo cruciales», subrayó.

 

Actuar con prudencia y responsabilidad: las vacunas por sí solas no son capaces de poner fin a la epidemia

Los contagios por COVID-19 baten récord insospechados en el mundo, asociado principalmente a la prevalencia de la variante ómicron. En medio de ese contexto se aprecia también la circulación de otros virus respiratorios como Influenza A, Coronavirus endémico 229E, OC43 y otros, lo cual ha traído consigo un incremento abrupto de personas con infecciones respiratorias.

Cuba tampoco está ajena a esa realidad. Teniendo en cuenta esas razones y el nuevo momento de la epidemia que se vive en todo el territorio nacional, nuestros protocolos están encaminados a hacer un uso más racional de las pruebas diagnósticas.

En consecuencia, los estudios se destinan esencialmente a personas que presenten síntomas de la enfermedad o infección respiratoria aguda sugestiva de COVID-19, siguiendo el criterio médico en las consultas de respiratorio de las instituciones de Salud. Para los estudios tendrán prioridad los menores de dos años de edad, las gestantes y las puérperas, así como los pacientes de grupos de riesgo con comorbilidades y otros que por su vulnerabilidad tengan más posibilidades de transitar hacia formas graves de la enfermedad.

Consideramos oportuno recordar a nuestra población que ya no se realizan pruebas diagnósticas a quienes resulten ser contactos de casos positivos y no presenten ningún síntoma que pueda asociarse a la COVID-19. Esa práctica se ajusta a las recomendaciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud para este nuevo momento de la pandemia.

Si bien es cierto que con este protocolo de actuación pudieran no diagnosticarse todos los enfermos y se modificarían las estadísticas del país en cuanto a índices de mortalidad, incidencia del virus y otros, las recomendaciones mundiales y el comportamiento actual de la epidemia no justifican realizar estudios en la población de forma general.

La evaluación sistemática del comportamiento del virus irá guiando el camino de las acciones a implementar. Así ha sido en el trascurso de toda la epidemia en Cuba y así lo seguiremos haciendo.

Si hacemos un simple análisis al cierre de la última semana, cuando solo habíamos vivido los primero 29 días del año, es evidente el ascenso de los contagios: 76 198 nuevos pacientes se confirmaron en ese período.

No obstante, ese incremento —superior a los 70 157 pacientes detectados en el pasado mes de octubre—, esta vez no ha traído consigo un ascenso proporcional de las personas hospitalizadas, en estados grave y crítico, o fallecidas.

Con la prevalencia de la circulación de la variante delta, entre los meses de julio a septiembre de 2021, la situación en ese sentido fue mucho más compleja en todo el territorio nacional.

Favorablemente, aun cuando la variante ómicron —detectada por primera vez en el país a finales de noviembre de 2021—, ha demostrado ser mucho más transmisible, las formas graves de la enfermedad son menos frecuentes.

A lo anterior también se unen los elevados niveles de inmunidad alcanzados entre nuestro pueblo con el avance de la vacunación: este 31 de enero tenían completo su esquema de vacunación 9 831 581 personas —el 87,9 % de la población cubana— y de ellas 5 358 553 habían recibido su dosis de refuerzo.

Son números que alientan, pero que no pueden llevarnos a la confianza. Ómicron ha demostrado ser todo un desafío para la Ciencia y Cuba asume ante ella las acciones necesarias.

Las constantes mutaciones que se han manifestado en el SARS-CoV-2, al igual que sucede con todos los virus, han originado la aparición de nuevas variantes, algunas de ellas con mayor relevancia a nivel mundial por sus implicaciones en la diseminación de la epidemia, el riesgo de hospitalizaciones, o la reducción de la respuesta de anticuerpos frente a las vacunas. A estas variantes se les ha llamado variantes de preocupación (VOC, del inglés Variants of Concern).

¿Cómo se detectan estas variantes, podrían preguntarse muchos? Sin pretender complicarnos con términos científicos, consideramos importante que nuestro pueblo conozca que ello se realiza a través de la técnica de secuenciación genómica.

Este es un proceder altamente complejo y costoso, que necesita de un equipamiento específico (secuenciador automático de ácidos nucleicos) y requiere de varios días para el procesamiento y posterior análisis de las muestras.

Muy pocos laboratorios en el mundo están equipados para llevar a cabo este tipo de estudios, que no se aplican a la totalidad de las muestras diagnosticadas con el SARS CoV-2, solo se hace a una representación de las mismas. Para seleccionar dichas muestras se siguen criterios de interés como que procedan de diferentes territorios; se correspondan a casos graves, fallecidos, con síntomas leves o asintomáticos, diferentes rangos de edades, inmunizados con diferentes vacunas y dosis, entre otros.

La esencia está en mantener esos estudios periódicamente, para así detectar la aparición de cualquier nueva variante, identificar su predominio en la circulación, y estar alertas ante la emergencia que pueda significar.

El Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” (IPK) de Cuba cuenta con la tecnología para llevar a cabo la secuenciación genómica, lo cual ha hecho desde el inicio de la epidemia. Ello nos ha permitido identificar oportunamente la introducción de las diferentes variantes: hasta el momento se ha demostrado la circulación de las cinco VOC (Alpha, Beta, Gamma, Delta y Omicron), la variante D614G, además de otras 12.

Que conozcamos más sobre el virus, y en algunos escenarios tengamos mejores herramientas para combatirlo que dos años atrás, no puede ser motivo para confiarnos, sino todo lo contrario.

El conocimiento que tenemos sobre la COVID-19, y los daños que provoca en la salud, solo ratifican la necesidad de cuidarnos todos. Cualquiera de nosotros puede contagiarse y evolucionar a estadios graves de la enfermedad.

Pedimos a nuestro pueblo actuar con prudencia y responsabilidad. Las vacunas por sí solas no son capaces de poner fin a la epidemia.

Medios de EEUU resaltan campaña de vacunación de menores en Cuba

Cuba se convirtió en el líder mundial en la vacunación de su población contra la COVID-19, alcanzando un nuevo hito en la inmunización de niños de la primera infancia, resaltaron hoy varios medios estadounidenses.

La publicación The Hill dedicó un artículo a la labor de los científicos cubanos, que lograron que la isla caribeña fuera la única nación del mundo en crear dosis anti-COVID-19 para los niños de dos años en lo adelante.

Más del 95 por ciento de los infantes cubanos de dos a 18 años han sido completamente vacunados contra la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, exaltó el diario.

El sitio digital Our World in Data estimó que Cuba tiene una de las tasas de vacunación más altas del mundo, con cerca del 93 por ciento de su población inmunizada hasta el 31 de enero.

The Hill también recordó que el país latinoamericano comenzó a vacunar a sus niños en septiembre del 2021, siendo el único que vacunaba a niños tan pequeños en ese momento.

«El desarrollo de vacunas propias le ha permitido a Cuba inmunizar a esa elevada cifra de ciudadanos y eliminar la necesidad de competir por dosis extranjeras, como ha ocurrido con otras naciones», destacó el medio.

Estados Unidos aún no tiene una vacuna efectiva para los infantes. Se prevé que la Administración de Alimentos y Medicamentos amplíe el uso de la vacuna Pfizer-BioNTech a los menores entre seis meses y cinco años a finales de febrero.

Para el decano de la Escuela Nacional de Medicina Tropical del Baylor College of Medicine de Texas, Peter Hotez, vacunar a los niños pequeños «es esencial», especialmente en Estados Unidos, dado el elevado número de pequeños hospitalizados con la nueva variante ómicron.

COVID-19: cuando una enfermedad en niños se vuelve grave

Afortunadamente los casos graves con COVID-19 y los fallecimientos son muy poco frecuentes en los niños: solo entre 0,3 % y 1,3 % de todas los infectadas en este grupo tienen que ser hospitalizadas. Según el estudio global PERN-COVID-19, los posibles factores de riesgo de un curso grave son edad avanzada, enfermedades crónicas previas y antecedentes de neumonía.

El estudio evaluó 3.222 casos de niños con infección por SARS-CoV-2 que acudieron a 41 servicios de urgencias en 10 países. En esta cohorte preseleccionada se decidió la hospitalización inmediata de 685 casos y 50 niños fueron hospitalizados posteriormente (23% en total).

De los niños hospitalizados, 107 tuvieron una evolución grave, 73 de ellos tuvieron que ser ventilados y 34 recibieron fármacos inotrópicos para favorecer su circulación. En comparación con los niños muy pequeños, menores de 5 años, los mayores tenían un riesgo significativamente mayor de sufrir un curso grave (odds ratio [OR]: 1,6 en los niños de 5 a 10 años y OR: 2,39 en los mayores de 10 años).

Otros factores de riesgo identificados por el grupo de investigación dirigido por Anna L. Funk, Ph. D., de la University of Calgary, en Canadá, fueron afecciones crónicas preexistentes (OR: 2,34), antecedentes de neumonía (OR: 3,15) y un deterioro clínico entre el cuarto y el séptimo días tras la presentación en el servicio de urgencias (OR: 2,22). El asma no parece aumentar el riesgo de un curso grave, sino que es incluso un cierto factor de protección (OR: 0,66).

Tasa de complicaciones superior a la de la influenza

En otro estudio de España se evaluaron los casos de 9.769 niños hospitalizados con COVID-19 y se compararon con los niños con influenza (en la temporada de 2017 a 2018).[2] Aquí también las afecciones preexistentes, como trastornos del neurodesarrollo, enfermedades cardiacas y cáncer, fueron factores de riesgo para la hospitalización con COVID-19.

En general, las complicaciones como hospitalización, hipoxemia y neumonía fueron significativamente más frecuentes en la COVID-19 que en los niños y adolescentes con influenza. Además los niños con COVID-19 padecían con más frecuencia anosmia, disnea y trastornos gastrointestinales, lo que también podría servir para distinguirlos de la influenza.

La Organización Panamericana de la Salud admite que COVID-19 podría seguir un patrón estacional

Las infecciones por SARS-CoV-2 podrían seguir un patrón estacional, con más contagios durante los meses de frío en aquellas regiones de clima templado, reconoció por primera vez la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aunque otros expertos manifestaron sus reservas.

«En áreas con climas templados, en Norteamérica y en Sudamérica, el clima invernal parece estar asociado con incremento en la incidencia de COVID-19, aunque necesitamos varias temporadas de observación para establecer si este patrón se establecerá claramente como una estacionalidad», señaló este miércoles 26 el Dr. Sylvain Aldighieri, comandante de incidente para COVID-19 de la OPS.

El Dr. Aldighieiri añadió que, si se confirmara esta estacionalidad de COVID-19, habría que ver si está en sintonía con otras enfermedades respiratorias agudas, como la gripe, lo que plantea como reto principal «la carga conjunta que podríamos observar en el periodo de invierno en los servicios de salud, tanto ambulatorios como cuidados intensivos».

Aunque la cuestión de la estacionalidad en la transmisión de SARS-CoV-2 ha sido discutida, cuestionada y matizada desde el comienzo de la pandemia, nunca hubo datos concluyentes para establecerla. Sin embargo, cuando se analizan las curvas desde 2020 en Europa, Norteamérica y países del Cono Sur de Sudamérica (antes de la presente explosión de contagios por ómicron), asoma una tendencia al recrudecimiento de casos durante los meses fríos.

«El hecho de si SARS-CoV-2 se comportaba de un modo parecido a otros virus respiratorios era una pregunta controvertida que creemos honestamente que se ha ido resolviendo a lo largo del tiempo. Cada vez más resultados y dinámicas que vamos viendo en el mundo indican que el virus encuentra condiciones óptimas de propagación a temperaturas y humedades relativas bajas, aunque hay que entender que esta facilitación climática se monta sobre la dinámica humana de transmisión, que es prioritaria en este tipo de virus», dijo a Medscape en español el ecólogo y climatólogo Xavier Rodó, Ph.D,. director del programa de Clima y Salud del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), en Barcelona, España.

Según Rodó, quien lideró un trabajo reciente sobre el rol del clima en la modulación de la transmisión de SARS-CoV-2 durante las olas pandémicas en ambos hemisferios, la disparada de contagios por ómicron en pleno verano austral puede explicarse por la alta transmisibilidad de esa variante y la aglomeración de personas, pero no contradice la tendencia global que muestra una «coherencia estadística» entre la mayor propagación viral y situaciones de disminución de la temperatura y la humedad.

Más reservas

Pero otros expertos muestran sus reservas sobre la cuestión. «Todavía no se puede dar una respuesta por sí o por no» respecto de la estacionalidad de COVID-19, señaló a Medscape en español Pablo Murcia, Ph.D., un virólogo argentino que trabaja en University of Glasgow Centre for Virus Research, en Glasgow, Escocia, Reino Unido.

«No creo que haya datos concluyentes para afirmar que SARS-CoV-2 es o será un virus de invierno. Por ejemplo, si tomamos como referencia el aumento de número de casos en Argentina, donde están en pleno verano, la evidencia indica que este virus aún no ha alcanzado esa estacionalidad. Por otro lado, los otros coronavirus respiratorios que circulan en humanos son claramente estacionales, y si uno se guía por ese hecho podría esperar que SARS-CoV-2 se convierta con el tiempo en un virus estacional» , puntualizó Murcia.

Murcia agregó que la cobertura de vacunación y las medidas no farmacológicas para controlar la pandemia tendrán un papel importante con respecto a la epidemiologia futura del virus.

Mauro Infantino, ingeniero en sistemas, analista de los datos de la pandemia y creador del sitio COVID STATS para facilitar el acceso a las estadísticas oficiales sobre COVID-19 de Argentina, Colombia, México y Perú, cree que todavía no existe un patrón de la enfermedad como ocurre con otras porque hay cambios constantes en distintos factores, como las intervenciones no farmacéuticas, la cobertura de vacunación y la aparición de variantes.

«La OPS lo pone todo muy en potencial porque la evidencia tampoco es contundente. Falta un poco de equilibrio en todo este lío. Lo que no termina de sorprenderme, por ejemplo, es la similitud de las curvas de Argentina con las de Colombia y ahí los climas son bien distintos» , dijo Infantino a Medscape en español.

El Dr. Aldighieri aclaró que, en áreas tropicales y subtropicales, es más difícil establecer patrones estacionales de transmisión de los virus respiratorios y los rebrotes son posibles a lo largo del año.

Y otros especialistas avizoran la estacionalidad de COVID-19 más en el futuro cercano que en el presente.

«Todo puede ocurrir, pero lo más probable es que el virus se quede de forma estacional como ocurre con la influenza. Si las predicciones son correctas, varias regiones del mundo pasarán a la fase endémica en pocos meses», tuiteó este martes 25 el Dr. Alejandro Macías Hernández, infectólogo y catedrático encargado del Área de Microbiología y Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Guanajuato, en León, México.

Por el momento el virus SARS-CoV-2 no ha mostrado una tendencia estacional invernal y las olas se han presentado en cualquier momento del año, en ambos hemisferios, dijo a Medscape en español la Dra. Leda Guzzi, infectóloga del Hospital y Maternidad Santa Rosa, en Florida, Gran Buenos Aires, y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

«Sin embargo, es probable que, como todo virus respiratorio, tienda con el correr del tiempo a una cierta estacionalidad en épocas invernales en donde las condiciones climáticas se vuelven favorables para la transmisión en tanto y en cuanto las actividades humanas se llevan a cabo predominantemente en espacios cerrados y las personas tienden estar más próximas y en espacios menos ventilados» , precisó la Dra. Guzzi.

Y añadió: «Sin embargo, para que esto suceda, la dinámica viral debe evolucionar de la actual pandemia a una endemia con casos previsibles en cada temporada. Y por el momento creo que estamos lejos de eso».

Tomado de Medscape.

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