Destacan los CDC la infección por el virus respiratorio sincitial (VRS)

También llamado virus respiratorio sincicial, se trata de un virus de cadena simple de ARN de sentido negativo, perteneciente a la subfamilia Pneumovirus de la familia de los paramixovirus (Paramyxoviridae), grupo que incluye virus respiratorios comunes, como los que causan el sarampión y la parotiditis.

Las personas con infección por el virus respiratorio sincitial (o VRS) generalmente presentan síntomas dentro de los 4 a 6 días después de haberse infectado. Los síntomas de la infección generalmente incluyen:

Moqueo
Disminución del apetito
Tos
Estornudos
Fiebre
Sibilancias

Estos síntomas generalmente aparecen en fases y no todos a la vez. En los bebés muy pequeños, los únicos síntomas podrían ser irritabilidad, menor actividad y dificultad para respirar.

Casi todos los niños presentarán una infección por el VRS antes de cumplir los dos años.

La mayoría de las infecciones por el virus respiratorio sincitial desaparecen solas en una o dos semanas. No existe ningún tratamiento específico para la infección por el virus respiratorio sincitial, pero hay investigadores trabajando para crear vacunas y antivirales para evitarlo.

No obstante, se pueden tomar medidas para aliviar los síntomas:

» Maneje la fiebre y el dolor con medicamentos para bajar la fiebre y analgésicos de venta sin receta, como acetaminofeno o ibuprofeno. No les dé nunca aspirina a los niños.
» Beber suficiente líquido. Es importante que las personas con infección por el VRS beban suficiente líquido para prevenir la deshidratación.
» Acudir al proveedor de atención médica antes de darle a su hijo cualquier medicamentos para resfriados.

El VRS puede causar problemas de salud más graves

El virus respiratorio sincitial también puede causar infecciones más graves, como bronquiolitis, que es la inflamación de las vías respiratorias pequeñas del pulmón, y neumonía, que es una infección de los pulmones. Este virus es la causa más común de bronquiolitis y neumonía en niños menores de 1 año.

Los adultos sanos y bebés infectados generalmente no necesitan ser hospitalizados. Pero algunas personas, especialmente los adultos mayores y los bebés de menos de 6 meses, podrían necesitar ser hospitalizadas si tienen dificultad para respirar o se deshidratan. En los casos más graves, la persona podría requerir oxígeno adicional, o fluídos intravenosos (si no pueden comer o beber lo suficiente), o intubación (inserción de un tubo respiratorio por la boca hasta la tráquea) con ventilación mecánica (máquina para ayudar a respirar). En la mayoría de los casos, la hospitalización solo dura unos días.

El VRS se puede propagar cuando:

Una persona infectada tose o estornuda.
Entran a los ojos, la nariz o la boca gotitas de virus de alguien que tosió o estornudó.
Se toca una superficie en la que ha caído virus, como la manija de una puerta, y luego se toca la cara antes de lavarse las manos.
Se tiene contacto directo con el virus; por ejemplo, al darle un beso en la cara a un niño con VRS.

Las personas con infección por el virus respiratorio sincitial suelen ser contagiosas por entre 3 y 8 días. Sin embargo, algunos bebés, y las personas con el sistema inmunitario debilitado, pueden seguir propagando el virus por hasta 4 semanas, incluso después de dejar de tener síntomas. A menudo, los niños se exponen y se infectan con el VRS fuera de sus casas, como en la escuela o centro de cuidado de niños. Pueden luego transmitir el virus a otros miembros de la familia.

El VRS puede sobrevivir muchas horas en las superficies duras como, por ejemplo, en las mesas y las barandillas de las cunas. En las superficies blandas, como los pañuelos desechables y las manos de las personas, típicamente vive menos tiempo.

Por lo general, las personas se infectan con el VRS por primera vez cuando son bebés o niños pequeños, y casi todos los niños se han infectado para cuando cumplen su segundo año de vida. Sin embargo, pueden volver a infectarse a lo largo de la vida y a cualquier edad. Las infecciones en los niños y adultos saludables por lo general son menos graves que entre los bebés y los adultos mayores con ciertas afecciones. Las personas con mayor riesgo de enfermarse gravemente incluyen:

Bebés prematuros
Niños pequeños con defectos cardiacos congénitos (desde el nacimiento) y enfermedad crónica de los pulmones
Niños pequeños que tienen el sistema inmunitario deprimido (debilitado) debido a una afección o un tratamiento médico
Adultos con el sistema inmunitario deprimido
Adultos mayores, especialmente aquellos con enfermedad cardiaca y pulmonar subyacente

Las infecciones por VRS suelen ocurrir durante el otoño, el invierno y la primavera, aunque el momento y la intensidad de circulación de VRS en una comunidad dada pueden variar de un año a otro o entre distintas regiones del planeta.

Existen medidas que se pueden tomar para ayudar a prevenir la propagación del virus respiratorio sincitial (VRS). En particular, si se presentan síntomas de la enfermedad similares a los de un resfriado, la persona debería:

» Cubrirse la nariz y la boca con un pañuelo desechable o la parte de arriba de la manga cuando tosa o estornude, no con las manos.
» Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón por al menos 20 segundos
» Evitar el contacto cercano con otras personas, como al darse besos o la mano, y compartir vasos y cubiertos.
» Limpiar las superficies que se tocan frecuentemente, como las manijas de las puertas y los dispositivos móviles.

La Universidad de La Habana en su cumpleaños 295

El 5 de enero de 1728 se fundó la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, el primer centro de educación superior de Cuba, que ahora cumple 295 años con el nombre reconocido por todos: Universidad de La Habana, centro con una historia y una presencia en el imaginario del cubano incuestionables.

Aquella “Real y Pontificia” nacía en el contexto del dominio colonial español y, por tanto, dentro de los cánones propios del sistema. Su sede era el espacio que ocupaba el convento de San Juan de Letrán y se creaba bajo la regencia de los padres dominicos, lo que explica el nombre de la institución.

Esta condición se mantuvo hasta la secularización, en 1842, cuando debió variar su denominación por Real y Literaria Universidad de La Habana, aunque mantenía la misma sede, de la cual se trasladó en 1902 a la Colina de Aróstegui, para ocupar lo que había sido la Pirotecnia Militar española y asumir el nombre de Universidad de La Habana.

A partir de entonces comenzaría, con diferentes ritmos de ejecución, la construcción de los edificios propios, de los cuales el primero fue el Aula Magna, inaugurada en 1911 y que exhibe en su interior frescos del pintor Armando Menocal, guarda las cenizas de Félix Varela y más recientemente la mascarilla mortuoria de Julio Antonio Mella, como parte de un patrimonio de gran simbolismo.

La Universidad, desde la perspectiva constructiva, fue creciendo con presencia neoclásica, presidida por la escultura del Alma Mater (1919-1920), el edificio del Rectorado (1921) y la monumental escalinata (1927) con sus 88 escalones y cuatro tramos de descanso que constituyen la imagen icónica de la universidad habanera. El desarrollo de los acontecimientos llevó a que esa imagen se convirtiera en símbolo de lucha del pueblo cubano, no solo por una Universidad científica, a tono con el desarrollo de la ciencia y la pedagogía, sino por una sociedad más justa y con plena soberanía.

Esta Universidad que cumple 295 años ha transitado por diferentes etapas en su vida interna y en su inserción en la sociedad. En su origen, tenía cinco facultades: Teología, Cánones, Leyes o Derecho Civil, Medicina y Artes o Filosofía y como grados se podía obtener el de Bachiller, Licenciado, Doctor y Maestro de Artes.

El cambio más importante se produjo con la secularización, cuando las facultades fueron Jurisprudencia, Medicina, Farmacia y Filosofía con los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor; esta estructura varió en 1863 con las facultades de Jurisprudencia, Medicina, Farmacia, Filosofía y Letras y Ciencias Naturales, que significaba la inclusión de una nueva carrera.

No obstante, el cambio más significativo se produjo durante la ocupación militar de los Estados Unidos (1899-1902) con el conocido Plan Varona –por Enrique José Varona, que lo preparó– pues introdujo carreras “modernas”, como la ingeniería y cambió la estructura por facultades y escuelas, donde estaban las facultades de Letras y Ciencias, Medicina y Farmacia, y Derecho, que en 1929 pasó a ser Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

La estructura de la Universidad tendría algunas modificaciones durante el período de la República burguesa; sin embargo, la transformación fundamental se produjo con el triunfo de la Revolución en 1959 y, en especial, con la reforma universitaria de 1962. Este cambio sustancial respondía a una vieja aspiración de algunos sectores y grupos universitarios de avanzada.

La Universidad de La Habana, en sus distintas etapas, estuvo insertada en la historia de la nación cubana, en especial cuando esa nación se fue formando y consolidando, de modo que en su interior se manifestaron aspiraciones por poner el centro al nivel del desarrollo científico de su época y también fue espacio de expresión de las luchas por la independencia y por una sociedad con mayores grados de justicia social, en lo cual hubo momentos muy significativos.

En la Universidad de la época colonial hay nombres muy emblemáticos, como los de Tomás Romay o José Agustín Caballero, pero ya en el tiempo de las luchas independentistas, nombres de egresados como los de Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte se convertirían en grandes símbolos nacionales. Ya en los años cincuenta del siglo XIX, se habían producido expresiones de rebeldía ante la metrópoli y, cuando se inició la Revolución de 1868, hubo una significativa incorporación de universitarios a la contienda. No fue casual que se decidiera por las autoridades españolas modificar el plan de estudios bajo el criterio de que había que “españolizar” la Universidad, pues era un foco de “laborantismo” y destacaban la ausencia notable de estudiantes y profesores que, consideraban, se habían unido a los insurrectos.

En el siglo XX, ya en la Colina, la Universidad de La Habana pasó por el gran movimiento de la reforma universitaria que, hacia 1923, tuvo su mayor esplendor con un líder como Julio Antonio Mella, quien comprendió que más que una reforma había que realizar cambios esenciales en la Universidad, para lo cual era necesaria una revolución social. El proceso revolucionario de los años treinta tendría, a su vez, en la Colina uno de sus baluartes.

La composición clasista del estudiantado era compleja pues, aunque era un centro estatal, el acceso al pago de matrícula y los gastos que implicaba realizar esos estudios superiores solo estaban al alcance de las clases media y alta; no obstante siempre hubo grupos que lucharon porque la casa de altos estudios se apartara del ambiente politiquero –pues era usada también dentro de las luchas por puestos políticos– y por facilitar el acceso de sectores populares, así como porque el centro cumpliera también un papel social de extender el conocimiento a la sociedad en general.

La lucha por la reforma universitaria fue emblemática en esos propósitos, como se plasmó en los acuerdos del Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes, donde hubo expresiones antimperialistas de gran significación, y que plasmó el propósito de la universidad científica y de que los estudiantes tenían derechos y también deberes.

Los años que siguieron al proceso revolucionario de los años treinta fueron de logros y de grandes conflictos. Se alcanzó el reconocimiento de la autonomía universitaria, aunque eso no fue garantía de que no se utilizaran esos predios para las contiendas políticas por espacios de poder. También se logró un porciento de matrícula gratis (no mayor del 20 y con acreditación de la pobreza), pero también el campus universitario fue espacio de enfrentamientos de los grupos del llamado “bonche”, con su extrema violencia, y los que se le enfrentaban en defensa de la universidad que se soñaba.

En esos tiempos, en el seno estudiantil se manifestaban grupos con sentido revolucionario, tanto en los objetivos internos como en los de la sociedad, con comités Pro Reforma Agraria, Contra la Discriminación Racial, entre otros, y por metas más amplias como Pro Democracia en República Dominicana o Pro Independencia de Puerto Rico. Esa era la Universidad donde estudió el joven Fidel Castro, junto a otros como Alfredo Guevara, Baudilio Castellanos o Lionel Soto.

La crisis que se vivió en el país después del golpe de Estado de 1952 también tuvo en el estudiantado universitario un fuerte opositor. La FEU pasó a una primera línea de combate desde el propio año 1952, aportando nuevos mártires y símbolos en la historia nacional.

En los años de la República burguesa, en general, la Universidad de La Habana dejó honda huella y figuras icónicas como Julio Antonio Mella, Rafael Trejo, José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez, entre otros muchos que están en el panteón de héroes y mártires de la patria, junto a profesores como Raúl Roa o Elías Entralgo. El triunfo revolucionario de 1959 daría un giro fundamental al centro.

La reforma universitaria fue la concreción de las aspiraciones de lo mejor de esa historia. La ley de reforma se aprobó el 10 de enero de 1962 en homenaje a Mella, y en el acto de inicio del curso escolar, el 9 de febrero, el ministro de Educación, Armando Hart, exclamó: “¡Mella ha vencido!” Se iniciaba una nueva etapa, en la cual la Universidad se abría a todos, para lo cual se implementó un sistema de becas, al tiempo que se concebía a las universidades como centros científicos, de creación de nuevos conocimientos y de acceso gratuito.

La estructura de facultades –Ciencias, Humanidades, Tecnología, Ciencias Médicas y Ciencias Agropecuarias– y escuelas creó nuevas carreras y especialidades, donde se agrupó a una buena parte de la intelectualidad de la época. Además, la Universidad se vinculó a la población por medio de planes extensionistas, con los cursos para trabajadores y otras formas de realizar su función social.

La estructura de las universidades cambió en 1976, pues desaparecieron las escuelas y funcionan facultades y departamentos, pero la labor investigativa y la extensionista son parte de su razón de ser. Hoy, la Universidad de La Habana comparte el espacio con centros de educación superior en todas las provincias, en el afán de formar profesionales para el desarrollo del país y se integra con centros de investigaciones en proyectos científicos.

Ya no es la Universidad del siglo XIX donde las féminas no podían entrar –la primera en conseguirlo fue casi un escándalo–, o la de la primera mitad del siglo XX, con bajas matrículas, la mayoría masculina y, generalmente, con notable ausencia de sectores populares.

Los logros en el campo científico, expresados en premios y reconocimientos, son notables. Su lugar entre las similares del continente muestra que es un centro que crece continuamente. Su participación en el desarrollo científico del país y en las labores sociales la hacen digna de su historia. En sus 295 años, es una Universidad joven con ánimos para continuar aportando en las transformaciones y avances de la sociedad cubana.

Las estrategias curriculares en función de la formación integral del egresado de las ciencias médicas

La labor educativa en la formación del estudiante de las ciencias médicas a través de las estrategias curriculares es indispensable para cumplir el encargo social de formar profesionales con una sólida formación científica y cultural.

El modelo educativo cubano en ciencias médicas es el resultado de la conjunción del concebido para la educación superior y el sanitario cubano, con un desarrollo progresivo y sistemático sustentado en la formación integral y de calidad de los profesionales de la salud para Cuba y el resto del mundo, basado en dos funciones de suma importancia: la prevención de enfermedades y la promoción de salud.

La Comisión Nacional de la carrera de Medicina plantea que las estrategias curriculares constituyen el abordaje pedagógico del proceso docente-educativo relacionado con determinados conocimientos, habilidades y modos de actuación profesional que son esenciales en la formación integral del médico general. Además, constituyen una forma particular de desarrollar el proceso enseñanza-aprendizaje y se caracterizan por conceder una direccionalidad que responda al perfil del profesional.

El objetivo de esta investigación es exponer los referentes teóricos relacionados con las estrategias curriculares en función de la formación integral del egresado de las ciencias médicas.

Se realizó una revisión bibliográfica sistemática para desarrollar un análisis crítico-reflexivo sobre el contenido de documentos referidos al tema estudiado. Se consideraron como fuentes de información: tesis de doctorado, planes de estudio de la carrera de Medicina, la Resolución 2/2018 y publicaciones seriadas entre 2016 y 2020. La búsqueda fue realizada en las bases de datos SciELO y Google Académico, e incluyó las palabras clave: estrategias curriculares, currículo, formación integral, labor educativa.

Las autoras concluyen que las estrategias curriculares implementadas de forma planificada en las asignaturas y disciplinas de los planes de estudios, a través de las diferentes formas organizativas de la enseñanza, contribuyen a la formación integral del egresado de las ciencias médicas como un profesional de perfil amplio, pertinente, con sólidos principios y conocimientos científicos, que responda a las necesidades de salud de la población cubana y del resto del mundo y al perfeccionamiento de los modos de actuación profesional y los servicios de salud.

Vea el artículo completo en:

Hernández-Suárez D, Rodríguez-Acosta Y, Hernández-Suárez D, Tápanes-Acosta M. Las estrategias curriculares en función de la formación integral del egresado de las ciencias médicas. EDUMECENTRO [Internet]. 2022; 14

Tema de salud: Seguridad vial

La seguridad vial se refiere a las medidas adoptadas para reducir el riesgo de lesiones y muertes causadas por el tránsito. A través de la coordinación y colaboración intersectorial, los países de la Región de las Américas pueden mejorar la legislación sobre seguridad vial, creando un entorno más seguro, accesible, y sostenible para los sistemas de transporte y para todos los usuarios. La velocidad excesiva contribuye a aproximadamente un tercio de todas las muertes causadas por el tráfico en países de altos ingresos y la mitad de ellos en países de ingresos bajos y medios.

Datos clave
  • El 90% de las muertes por accidentes de tránsito ocurren en países de ingresos bajos y medios.
  • Los accidentes de tráfico cuestan a los países alrededor del 3% de su PIB.
  • Casi la mitad (49%) de las personas que mueren en las vías de tránsito del mundo son peatones, ciclistas y motociclistas.
  • Los peatones, los motociclistas y los ciclistas son las principales víctimas fatales a causa del tránsito en todas las subregiones excepto Norteamérica, donde los ocupantes de los automóviles son las principales víctimas.
  • En la Región de las Américas, los usuarios vulnerables de las vías de tránsito como los peatones, los motociclistas y los ciclistas representan 23%, 15% y 3% de las muertes a causa del tránsito, respectivamente.
  • Los hombres corren mayor riesgo de morir por los traumatismos causados por el tránsito que las mujeres.
  • De los 32 países, 21 tienen legislación integral sobre el uso de cinturones de seguridad.

Hoja informativa

Es fundamental que los países implementen medidas que hagan que las calles y carreteras sean más seguras  no solo para los  ocupantes de coches, sino también para los usuarios más vulnerables,  como los peatones, los ciclistas, y los motociclistas. Los usuarios vulnerables responden por la mayor proporción de muertes y lesiones en los países de bajo y mediano ingreso en la Región.

De hecho, las muertes de motociclistas causadas por el tránsito aumentaron de 15% en 2010 a 20% en 2013, reflejando  el aumento del número de motocicletas en esta Región. Los jóvenes de la Región de las Américas tienen un mayor riesgo de sufrir lesiones o morir por lesiones ocurridas en el tránsito; estas son la principal causa de muerte en niños de  5 a 14 años y la segunda causa en el grupo de 15 a 19 años.

Respuesta de la OPS

En respuesta a la magnitud y las repercusiones de las muertes y los traumatismos no mortales causados por el tránsito, en el 2010 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución 64/255, por la que se estableció el Decenio de Acción para la Seguridad Vial con el objetivo de estabilizar y reducir las cifras previstas de muertes causadas por el tránsito a escala mundial.

En el 2011, el 51.º Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) aprobó el Plan de acción de seguridad vial, cuyos objetivos se fundamentan en la situación de la Región. Este plan, que se ajusta al Decenio de Acción para la Seguridad Vial, establece directrices para los Estados Miembros a medida que avanzan hacia el objetivo de prevenir y controlar el número de muertes causadas por el tránsito en la Región.

Ver también: Decade of Action for Road Safety 2021-2030 (en inglés).

A más número de pasos por día, mayor reducción del riesgo de diabetes de tipo 2

Los usuarios de Fitbit que andaban 10.700 pasos al día tenían 44% menos de riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2 que aquellos que solo anduvieron 6.000 pasos al día, independientemente de la edad, el sexo o el índice de masa corporal, en un estudio de casi 4 años.

El efecto protector del conteo diario de pasos sobre el riesgo de diabetes de tipo 2 se mantuvo después de ajustar por tabaquismo y tiempo sedentario.

Dar más pasos por día también se asoció con un menor riesgo de desarrollar diabetes de tipo 2 en diferentes subgrupos de intensidad de actividad física.

«Nuestros datos muestran la importancia de mover el cuerpo todos los días para reducir el riesgo de diabetes de tipo 2», dijo el autor principal de la investigación, Dr. Andrew S. Perry. Los hallazgos se publicaron en versión electrónica el 2 de diciembre en Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.

El estudio se llevó a cabo en más de 5.000 participantes del programa de investigación All of Us de National Institues of Health (NIH) de Estados Unidos que tenían una mediana de edad de 51 años y, en general, tenían sobrepeso (índice de masa corporal promedio de 27,8 kg/m2). Tres cuartos eran mujeres y 89 % era caucásico.

El estudio usó un enfoque innovador en una población del mundo real, comentó el Dr. Perry, del Vanderbilt University Medical Center en Nashville, Estados Unidos.

Los individuos de esta cohorte tenían relativamente pocos factores de riesgo, por lo que no fue sorprendente que la incidencia de diabetes de tipo 2 en general fuera baja (2 %), señalaron los investigadores. «Sin embargo, a pesar de ser de bajo riesgo, todavía detectamos una señal de beneficio de una mayor actividad física», escribieron el Dr. Perry y sus colaboradores.

Vea el análisis completo y participe del debate en: A más número de pasos por día, mayor reducción del riesgo de diabetes de tipo 2 – Medscape – 2 de enero de 2023 (debe registrarse en el sitio web)

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