Una encuesta de más de 12.000 mujeres en edad reproductiva encontró que 1 de cada 3 había experimentado cambios en sus ciclos y síntomas menstruales durante la pandemia de COVID-19. Los niveles de estrés notablemente más altos que los puntos de referencia prepandémicos podrían estar afectando la menstruación.[1]
Esto tiene implicaciones para las mujeres que intentan concebir o que luchan contra la infertilidad, comentó Shannon M. Malloy, investigadora y asociada de datos de Ovia Health, una empresa de tecnología de salud para mujeres y familias en Boston. Malloy presentó este estudio en el Congreso de la American Society forReproductive Medicine (ASRM) 2021.
La COVID-19 ha introducido nuevos estresores psicosociales, interpersonales y ambientales. La pandemia es «uno de los desastres más estresantes y colectivamente experimentados que la sociedad moderna ha visto», destacó Malloy. Una vez imaginada como un evento puntual en el tiempo, la COVID-19 se ha arraigado en la vida diaria en el futuro previsible.
Las investigaciones han demostrado que el estrés crónico a largo plazo produce niveles altos de cortisol, que pueden alterar la endocrinología y la regulación de los ciclos menstruales. Esto puede hacer que formar una familia sea aún más desafiante, dijo Malloy. Los médicos y otros proveedores de salud siempre han tomado en cuenta el estrés al tratar a los pacientes, pero nunca en este nivel de estrés crónico y episódico.
Encuesta examina el impacto en la tecnología de reproducción asistida
Ovia Health decidió investigar la relación entre el estrés percibido y el ciclo menstrual y los cambios en los síntomas durante la pandemia de COVID-19, para ver cómo podría afectar la tecnología de reproducción asistida.
Desde marzo de 2020 hasta abril de 2021, los usuarios de la aplicación móvil Fertility de Ovia Health en Estados Unidos participaron en una encuesta. Los ítems capturaron cambios en el patrón y la sintomatología de la menstruación e incluyeron la versión de 4 ítems de la Escala de Estrés Percibido (PSS-4). Una prueba t pareada evaluó las diferencias entre los grupos (con cambios menstruales frente a ningún cambio menstrual). La encuesta preguntó a las participantes qué cambios notaron en su ciclo menstrual y por qué pensaban que los patrones o síntomas del ciclo cambiaron.
Un tercio informó cambios en el ciclo y síntomas
Entre 12.302 encuestadas, 1 de cada 3 (36 %) informó cambios en el ciclo o los síntomas; 87 % dijo que su ciclo comenzó temprano o tarde; 29 % informó síntomas más fuertes durante la menstruación, como dolor lumbar, calambres o cambios en la secreción y 27 % dijo que el sangrado era más abundante durante la menstruación.
Estos resultados son similares a otros estudios que investigan el efecto del estrés episódico en la menstruación, señaló Malloy.
Quienes informaron cambios en el ciclo menstrual o en los síntomas obtuvieron una puntuación más alta en promedio en el PSS-4, en comparación con aquellas que no informaron ningún cambio (8,5 frente a 8,3, respectivamente; p < 0,05). Los puntajes de PSS-4 en todos los ámbitos fueron notablemente más altos en todas las encuestadas, independientemente de la irregularidad del ciclo/síntoma, en comparación con la evaluación comparativa prepandémica en poblaciones similares.
Poco más de la mitad (55 %) pensaba que el estrés contribuía a su patrón de ciclo menstrual y/o cambios en los síntomas, mientras que 33 % apuntaba a cambios en la salud mental, como depresión o ansiedad. «Curiosamente, muchas usuarias creían que la vacuna contra la COVID-19 afectaba los cambios en los síntomas del ciclo menstrual», añadió Malloy.
No hay una asociación definitiva entre la vacuna y la menstruación
Si bien los efectos secundarios conocidos de la vacuna incluyen dolor en el brazo, fiebre, fatiga y mialgia, algunas mujeres han informado cambios en su ciclo menstrual, manifestó el Dr. Mark P. Trolice, profesor de obstetricia y ginecología en University of Central Florida y director de IVF Center, en Orlando, Estados Unidos.
«La reacción de la respuesta inmune a la vacunación en lugar de la vacuna podría ser el factor implicado», destacó el Dr. Trolice, que no participó en el estudio.
Actualmente no existe una asociación directa entre la vacuna y los efectos posteriores sobre la menstruación, continuó. «La mayoría de las mujeres experimenta la reanudación de los intervalos normales 1 mes después de la vacunación. Además no hay evidencia creíble que vincule la vacuna con la infertilidad».
«Sin embargo, la investigación en esta área es vital y está en curso», agregó.
Los médicos pueden ayudar con el estrés
La interrupción del ciclo menstrual es especialmente frustrante para las mujeres que intentan formar una familia, indicó Malloy. Los proveedores de salud pueden estar observando más irregularidades menstruales en sus pacientes y viendo que más pacientes tienen dificultades para concebir por sí mismas y recurren a la tecnología de reproducción asistida.
Los médicos no pueden hacer que la COVID-19 desaparezca, pero podrían ayudar a las pacientes haciendo un mejor trabajo al integrar las pruebas de cribado de salud mental, refiriendo a las pacientes a tratamientos que optimicen los resultados del tratamiento de la concepción y la fertilidad, puntualizó Malloy.
La encuesta fue limitada porque sus preguntas no consideraron los criterios de diagnóstico adecuados para la irregularidad, en comparación con los cambios autoinformados. Pero destaca la necesidad de realizar más investigación sobre el efecto de la pandemia en la menstruación y de la vacuna en la menstruación. «En agosto National Institutes of Health comprometieron 1,6 millones de dólares para explorar esta asociación. Esperamos ver cuáles son sus resultados» concluyó Malloy.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) anuncia la convocatoria de cortometrajes para la tercera edición del Festival de Cine «Salud para todos».Las dos primeras ediciones demostraron su importancia para la promoción y la educación en materia de salud y aportaron grandes candidatos y ganadores (véanse los enlaces que figuran más abajo).La tercera convocatoria de cortometrajes (de tres a ocho minutos de duración) se abrió el 28 de octubre de 2021 y se cerrará el 30 de enero de 2022. La OMS invita a cineastas independientes, productoras, emisoras, instituciones públicas, ONG, comunidades, estudiantes de salud pública y escuelas de cine de todo el mundo a presentar sus cortometrajes originales.Los premios de la OMS para las películas ganadoras han contribuido a aumentar la concienciación y el apoyo respecto de algunas cuestiones clave en materia de salud. Con una media de 1250 candidaturas cada año, procedentes de 110 países, el Festival de Cine también ha demostrado ser una herramienta mundial útil para una gran variedad de expresiones sobre las preocupaciones de salud de las personas.
«La pandemia de la COVID-19 es un poderoso recordatorio de que, cuando la salud está en riesgo, todo está en riesgo,» dijo el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. «En dos años, el Festival de Cine ‘Salud para todos’ de la OMS se ha convertido en una plataforma increíble para contar historias impactantes de manera potente sobre personas de todo el mundo que se enfrentan a retos de salud de todo tipo, y sobre las personas que dedican su vida a defender la salud. Estoy impaciente por ver los trabajos de este año, y espero que el Festival de Cine ‘Salud para todos’ vuelva a ser un éxito este año y en años venideros.»
En abril de 2022 se presentará al público una nueva serie de unos 65 cortometrajes a través del canal de Youtube de la OMS y de la página web.
La OMS también convoca a al menos seis distinguidos profesionales, artistas y activistas para formar parte del próximo jurado de su festival de cine en marzo de 2022. La Sra. Sharon Stone, actriz estadounidense aclamada por la crítica y defensora pública de muchas cuestiones sanitarias y humanitarias, ya ha aceptado formar parte de este futuro jurado. Actuarán como asesores externos del Director General de la OMS. Este jurado también estará compuesto por tres expertos de alto nivel de la OMS: el Dr. Ren Minghui, para la categoría de «cobertura sanitaria universal» del concurso; la Dra. Maria Van Kerkhove, para la categoría de «emergencias sanitarias»; y la Dra. Hanan H. Balkhy, para la categoría de «mejor salud y bienestar».
En mayo de 2022 se anunciarán tres «GRANDES PREMIOS», uno por cada categoría principal.
La OMS también tiene previsto conceder tres premios especiales a una película producida por estudiantes, una película de innovación sanitaria y una película sobre rehabilitación.
«Contar historias es un compromiso entre personas. No se trata solo de alguien que hace una película, sino de alguien que ve una película,» dijo el Dr. Mike Ryan, Director Ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS y miembro del jurado del festival de cine en 2021. «Así es exactamente como la OMS debería transformarse, esto es, transformar la forma en que nos relacionamos con el mundo. Y este festival es solo un ejemplo de cómo podemos cambiar nuestra mentalidad.»
Para obtener más información sobre esta convocatoria, los premios, las anteriores selecciones oficiales, las composiciones del jurado y otras cuestiones, visite la página web multilingüe del festival.
El hacer de todos ha marcado el día a día de Cuba en el enfrentamiento a la COVID-19
Casi dos años de enfrentamiento a una de las más terribles epidemias vividas por la humanidad en los últimos siglos ha dejado innumerables lecciones que no nos está permitido olvidar. En medio de los muchos desafíos impuestos por la COVID-19, HACER es la premisa esencial que ha marcado el día a día de esta nación que defiende sin descanso la vida de su pueblo.
Los resultados que hoy nos distinguen son muestra de cuánto ha hecho Cuba, con el respaldo de una encomiable labor de nuestro Gobierno, para ganar la batalla a una enfermedad que no discrimina en su acción devastadora contra el ser humano.
Imprescindibles en ese hacer cotidiano han sido en primer lugar nuestros profesionales, técnicos y demás trabajadores de la Salud. Y de manera particular nuestros médicos y enfermeras de la familia, quienes han mantenido una destacada labor en el enfrentamiento a la epidemia en las comunidades.
Imprescindibles han sido los integrantes de la Henry Reeve, pues si bien muchos piensan que sus labores solo se materializan más allá de las fronteras nacionales, ellos también han enfrentado la epidemia país adentro, en condiciones de campaña, allí donde los escenarios se han vuelto más difíciles.
Imprescindibles han sido nuestros científicos e investigadores, quienes han sabido encontrar las mejores respuestas para combatir al virus, y han desarrollado el conocimiento de una manera sin antecedentes en Cuba.
Y aunque muchas veces han laborado desde el anonimato, tan solo con la satisfacción del deber cumplido, imprescindible ha sido también en estos complejos meses el desempeño nuestras instituciones armadas: las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. Sus profesionales han trabajado sin descanso en los más disímiles escenarios y su apoyo fue decisivo en la producción de oxígeno medicinal y su traslado a los hospitales en aquellas complejas jornadas que mantuvieron en vilo a toda la nación.
Imprescindibles han sido nuestros jóvenes y estudiantes, que con serenidad y sensibilidad han compartido con los más experimentados en el terreno el noble empeño de proteger juntos la vida. La integridad mostrada por ellos es digna de admiración y nos llena de orgullo.
Cuba ha dado una respuesta loable ante la COVID-19, lo han hecho nuestros profesionales de la Salud, nuestros científicos, nuestros estudiantes… lo ha hecho todo nuestro pueblo. Acompañar esa respuesta con sensatez y disciplina es el desafío al que estamos todos convocados.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) lanzó nuevas metas para ayudar a los países de las Américas a disminuir el consumo de sal en la población a través de la reformulación de productos procesados y ultraprocesados, de donde proviene la mayor parte del sodio consumido en la dieta.
En la región, la ingesta de sal está por encima de los 5 gramos (2 gramos de sodio) diarios recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y su consumo oscila entre 8,5 a 15 gramos por persona.
La reducción del consumo de sal puede prevenir la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares, las principales causas de muerte en la región. La evidencia muestra que más de la mitad de las muertes por enfermedades cardiovasculares se atribuyen a presión arterial alta, algo que puede verse exacerbado por el consumo excesivo de sal.
“Los países acordaron reducir el consumo mundial de sal en un 30% para el 2025, pero la pandemia por COVID-19 ha empeorado la situación al crear nuevos desafíos para la prevención y control de los factores de riesgo debido a los confinamientos y cambios significativos en los estilos de vida, incluyendo un aumento en el consumo de productos no saludables”, afirmó Anselm Hennis, Director de Enfermedades no Transmisibles y Salud Mental de la OPS. “Es sumamente importante que los gobiernos aceleren sus iniciativas para alcanzar esa meta”, subrayó.
Las nuevas y revisadas metas regionales de la OPS para la reducción de la sal 2022-2025 se enfocan en disminuir el contenido de sodio en los alimentos procesados consumidos frecuentemente como pan, cereales y granos, carnes procesadas y productos lácteos.
Las metas son una actualización más detallada de un primer conjunto desarrollado en 2015 y presentan “umbrales” máximos de sodio para 16 categorías y 75 subcategorías de productos alimenticios a reformular.
“Si queremos lograr cambios sustantivos necesitamos que estas metas se adopten con un enfoque regulatorio en lugar de voluntario. Hacerlo así es la única forma en la que los países podrán reducir la ingesta media de sal en la población para el 2025, en un contexto en el que las ventas de los productos procesados y ultraprocesados con contenido excesivo de sodio sigue creciendo”, sostuvo Fabio Da Silva Gomes, asesor regional en Nutrición y Actividad Física de la OPS.
Da Silva Gomes consideró que la actualización de las metas es una herramienta más de apoyo al conjunto de políticas regulatorias que están avanzando en la región para reducir la oferta y demanda de productos con exceso de sodio, como el etiquetado frontal de advertencia y la regulación de la publicidad de estos productos.
La OPS elaboró las nuevas metas en conjunto con el Centro Colaborador de la OMS sobre Política Nutricional para la Prevención de Enfermedades Crónicas, del Departamento de Ciencias Nutricionales de la Universidad de Toronto, la Universidad Tecnológica de Ontario (ambos en Canadá), y el Grupo Técnico Asesor sobre prevención de las enfermedades cardiovasculares mediante la reducción de sal alimentaria en toda la población.
Por: Prof. Dr. Bert Hoffmann, Prof.Dr. Jan Felix Drexler
COVID-19 en América Latina: dónde estamos y qué está por venir
A medida que disminuyen las tasas de infección, gran parte de América Latina parece estar tomando un respiro del ataque de COVID-19. Sin embargo, el acceso a las vacunas es desigual, tanto dentro como entre países individuales, mientras que la cobertura de vacunas es heterogénea. Combinado con tasas de infección desiguales y la llegada de la variante Delta altamente contagiosa, se deben abordar nuevos desafíos epidemiológicos y políticos.
Con 45 millones de infecciones registradas y casi un tercio de todas las muertes relacionadas con COVID-19 en todo el mundo, América Latina se ha convertido en un punto de acceso mundial en la pandemia.
Si bien Chile y Costa Rica tienen tasas de vacunación más altas que Alemania o Estados Unidos, la mitad de la población de América Latina aún no ha recibido su primera vacuna. Lo que puede venir al rescate es la gran cantidad de personas que han adquirido alguna inmunidad a infecciones anteriores por COVID-19 más allá de las identificadas en las estadísticas oficiales.
La diplomacia de las vacunas ha cambiado de color. Inicialmente, América Latina dependía de los envíos de vacunas de China, India y Rusia. A estas alturas, EE. UU. y la iniciativa multilateral COVAX se han convertido en los mayores proveedores. Las políticas deberán ajustarse a la combinación resultante de vacunas de diferente eficacia y reconocimiento internacional.
Para reducir la dependencia externa, la región deberá fortalecer su capacidad para desarrollar y producir en masa vacunas, equipos de diagnóstico y tecnología de ARNm. Las vacunas desarrolladas en Cuba podrían pasar a formar parte de la cartera de vacunas que necesitará el continente durante muchos años.
La pandemia ha puesto de manifiesto las debilidades estructurales de la región. Debe incrementarse la financiación de la salud pública; Se deben aprovechar las medidas especiales de política social adoptadas durante la pandemia para hacer que las redes de seguridad social sean más resilientes e inclusivas.
Implicaciones políticas
Una fuerte campaña de vacunación sigue siendo clave para mantener a raya la pandemia. A medida que la inmunidad, ya sea por infecciones pasadas o por vacunas, eventualmente disminuirá, es posible que la vacunación deba integrarse en la atención médica preventiva de rutina. La cooperación que trascienda las dicotomías ideológicas izquierda-derecha en el diagnóstico epidemiológico, la investigación, la vacunación y la prestación de servicios de salud debe convertirse en una prioridad dentro de la región, así como para los socios internacionales.
El drama latinoamericano: ¿ha terminado lo peor?
A pesar de ser el hogar de solo el 8.4 por ciento de la población mundial, América Latina y el Caribe ha representado casi un tercio de las muertes relacionadas con COVID-19 hasta la fecha. Esto incluye el segundo número de muertes más alto del mundo a nivel de país (Brasil) y la tasa de muertes per cápita registrada más alta del mundo (Perú; ver Figura 1). El trágico hito de un millón de muertes a nivel regional se superó ya en mayo de 2021.
Muertes confirmadas por millón de personas COVID-19
La horrenda cifra de muertos en América Latina y el Caribe se produce a pesar de una población con una edad media de 31 años y, por tanto, mucho más joven que la de Estados Unidos (edad media 38,5 años) o Europa (42,5 años). El caso de Perú, que durante años tuvo algunas de las tasas de crecimiento económico más altas del continente, destaca que el número de muertos no es una mera función del producto interno bruto. En cambio, la pandemia ha expuesto brutalmente las debilidades estructurales de la región: sistemas de atención médica sobrecargados y con fondos insuficientes, acceso tardío y limitado a las vacunas, desigualdades sociales profundamente arraigadas, prácticas laborales informales extensivas, dietas poco saludables que conducen a una obesidad generalizada, capacidad estatal insuficiente e incoherencia. Todas las políticas han contribuido a este doloroso resultado.
Más allá del drama epidemiológico, las consecuencias económicas y sociales de la interrupción del comercio y los viajes mundiales, así como de las medidas de bloqueo, han sido enormes, desde un fuerte declive económico hasta el sufrimiento psicológico y la pérdida del potencial educativo. Un estudio reciente estima que 22 millones de personas más cayeron en la pobreza en la región en 2020, con un impacto significativo en la niñez (CEPAL y OPS 2021: 3). También destacó que en la que es la región más desigual del mundo “la vulnerabilidad socioeconómica está altamente correlacionada con la gravedad de la infección y la mortalidad por COVID-19” (CEPAL y OPS 2021: 18).
La pandemia de COVID-19 también ha demostrado que los primeros avances no son lo mismo que el éxito a largo plazo. Israel, el Reino Unido y los Estados Unidos habían sido pioneros en la campaña de vacunación; Sin embargo, a fines de 2021, no solo sus tasas de vacunación se estancaron, sino que sus infecciones por COVID-19 per cápita son más altas que las de América del Sur. Ciertamente, aquí se debe tener en cuenta un subconteo significativo debido a pruebas insuficientes o evitación de pruebas. Pero aún así: mientras que en Israel, el Reino Unido y los EE. UU. Las tasas de infección han aumentado desde el verano de 2021, en América del Sur las tasas de infección, hospitalización y muerte informadas han disminuido. Hay tres factores principales que probablemente expliquen esta tendencia:
El efecto estacional, ya que el hemisferio sur ya pasó la temporada de invierno.
El avance de las campañas de vacunación. La mayoría de los países latinoamericanos ya han alcanzado tasas de cobertura de vacunación de alrededor del 30 al 60 por ciento de su población, que es mucho más alta que en otras regiones tropicales como África subsahariana.
Una gran parte de la población ha adquirido algún nivel de inmunidad por haber experimentado una infección, ya sea diagnosticada o no.
Sin embargo, la variante Delta altamente contagiosa del SARS-CoV-2, una supuesta variante preocupante (VOC) que ya ha arrasado en la mayor parte del mundo, recién ahora está haciendo su entrada completa en América del Sur. Llegó a principios de este verano al Caribe, que a su vez vería un aumento vertiginoso de las tasas de infección. Barbados actualmente encabeza las tablas mundiales con una tasa de incidencia de siete días de más de 700 infecciones por cada 100.000 personas.
Entonces, ¿cuánta luz hay al final del túnel para América Latina? ¿Ha pasado lo peor, de verdad? Para abordar esta cuestión nos fijamos en el desigual proceso de vacunación en la región; en los niveles heterogéneos de infecciones pasadas que confieren algún nivel de inmunidad; por la llegada tardía de la variante Delta en partes de la región; y, en la compleja combinación de vacunas aplicadas y sus implicaciones. Luego abordamos la necesidad de fortalecer la preparación para una pandemia para superar la dependencia externa, antes de identificar finalmente los pasos necesarios para rectificar el daño social y económico que la pandemia ha causado a nivel regional.
Vacunación a gran escala pero desigual
La absoluta escasez de vacunas que marca la fase inicial de la pandemia ha dado paso desde entonces a un proceso de vacunación muy desigual en la región, entre países, dentro de los países y también en lo que respecta a los tipos de vacunas disponibles. En los últimos meses, casi todos los países de América Latina han avanzado significativamente en sus programas de vacunación (ver Figura 2 a continuación). Pero vale la pena distinguir entre tres subregiones aquí:
En toda Sudamérica, casi dos tercios de la población han recibido al menos su primera inyección; solo la tasa de vacunación de Venezuela está por debajo del promedio mundial.
En Centroamérica el panorama es heterogéneo: avances significativos en Costa Rica, El Salvador y Panamá; bajas tasas de vacunación en Guatemala, Honduras y Nicaragua; en México se ha alcanzado un término medio, casi a la par con Colombia y Perú, pero claramente por debajo de los líderes sudamericanos Argentina, Brasil, Chile y Uruguay.
En el Caribe, la diplomacia de vacunas inicialmente inteligente convirtió a varios estados en pioneros en la vacunación (Hoffmann 2021). Sin embargo, estas campañas pronto se estancaron; a estas alturas, las tasas de vacunación están muy por detrás de las del continente latinoamericano. Cuba es una excepción notable: comenzó la vacunación más tarde que otros, pero casi el 90 por ciento de la población ha recibido al menos una primera dosis.
En muchos lugares, la disponibilidad de vacunas sigue siendo un cuello de botella. Otro problema, también distribuido de manera muy desigual, es la vacilación a las vacunas. En Brasil, por ejemplo, las instituciones de salud pública tienen una larga reputación de progreso social y, a lo largo de las décadas, las vacunas han adquirido una amplia aceptación. Esto ha prevalecido sobre la desinformación de las redes sociales y la actitud negacionista del gobierno federal. Las metrópolis de Río de Janeiro y São Paulo ahora cuentan con tasas de vacunación más altas que Berlín o Nueva York.
Vacunación en América Latina al cierre del 18 de octubre de 2021. Fuente: Our World in Data
Sin embargo, en otros países, incluidos muchos del Caribe, las autoridades sanitarias están luchando contra el escepticismo de las vacunas, incluso cuando la variante Delta arrasa con fuerza en la región. En el pequeño estado insular de Dominica, por ejemplo, el 1 de abril de 2021, alrededor del 25 por ciento de la población había recibido su primer golpe, colocando al país a la vanguardia. Sin embargo, desde entonces, la campaña de vacunación ha avanzado a paso de tortuga: a menos del 35% para el 1 de octubre de 2021. La Dra. Carissa Etienne, Directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y nativa de Dominica, señaló recientemente: “ Incluso cuando hay vacunas disponibles, las personas no se presentan ”(OPS 2021).
En Jamaica, la tasa de vacunación es aún menor. Menos del 10 por ciento de la población se ha vacunado por completo. Según una encuesta de 2020, el 72 por ciento de los jamaiquinos dijeron que no aceptarían una vacuna COVID-19 (citado en CARPHA 2021: 2). Sin embargo, las encuestas no brindan explicaciones satisfactorias. En el realizado por la Agencia de Salud Pública del Caribe, los encuestados ofrecieron con mayor frecuencia las respuestas estándar: que estaban preocupados por los posibles efectos secundarios; no sabía lo suficiente sobre la vacuna; pensó que la vacuna se desarrolló demasiado rápido (CARPHA 2021: 11). Pero en nada de esto, ni en su exposición a las redes sociales, la región se diferencia del resto del mundo. En cambio, parece probable que parte de la desconfianza tenga sus raíces en una historia de racistas,
La entrada retrasada de la variante Delta
Desde este verano, el predominio de Delta VOC se ha observado a nivel mundial, pero no (todavía) en toda Sudamérica. En Colombia la variante Mu aún domina, en Bolivia la variante Gamma, mientras que en Perú la variante Lambda mantiene una fuerte presencia. Si estos han retrasado el surgimiento de la variante Delta o si su introducción tardía es simplemente una cuestión de conectividad internacional reducida sigue siendo un tema de debate. No obstante, hay pocas dudas de que el aumento de la transmisibilidad de la variante Delta conducirá a su dominio en esos países con el tiempo.
En México, donde la variante Delta se volvió dominante en el transcurso de este verano, las tasas de infección por COVID-19 han aumentado, pero no de manera dramática ni por mucho tiempo. La ministra de Salud argentina, Carla Vizzotti, advirtió que será imposible evitar que la variante Delta circule en el país; de hecho, ha llegado a representar el 50 por ciento de los casos en las últimas muestras. En Brasil, muchos temían que la variante Delta produjera otra ola de devastación en un país que ya ha llorado 600.000 muertos. Sin embargo, incluso con la variante Delta dominando por completo en este momento y a pesar de una relajación de las medidas de distanciamiento social hasta ahora, no se ha observado un aumento importante en las tasas de infección.
Esto es tanto más notable cuanto que en el Caribe el panorama es todo lo contrario. Este último había pasado impresionantemente a la ligera a través de las primeras oleadas de la pandemia en comparación con América Latina continental. Sin embargo, esto cambió cuando el Delta VOC llegó a las islas del Caribe este verano. El primer país afectado fue Cuba, donde las crecientes tasas de infección llevaron al sistema de salud de la isla al borde del colapso. Más recientemente, han sido los estados insulares del Caribe anglófono los que han experimentado una explosión de casos, lo que ha golpeado sus sistemas de salud y los ha colocado entre los países con las incidencias de infección per cápita más altas del mundo (Figura 3).
Casos diarios nuevos de COVID-19 por cada millón de personas
Inmunidad parcial a través de infecciones pasadas
Entonces, ¿qué explica estas diferencias regionales? Combinado con tasas de vacunación insuficientes, la diferencia crucial es probablemente la exposición comparativamente baja del Caribe al virus durante el primer año y medio de la pandemia. En contraste, tanto en América Central como en América del Sur, la terrible pandemia dejó cientos de miles de muertos y millones de infectados. Brasil, por ejemplo, ha notificado casi 20 millones de casos confirmados hasta octubre de 2021, más del 10 por ciento de la población total del país. Esto puede ser solo la punta del iceberg, dada la alta proporción de infecciones asintomáticas o leves (estimadas en alrededor del 80 por ciento en la mayoría de los estudios) y las bajas capacidades de prueba. En consecuencia, es muy probable que en Brasil, como también en muchos otros países de América Latina, las infecciones por COVID-19 hayan sido mucho más generalizadas de lo que pueden captar los datos oficiales.
La tasa de infecciones no detectadas será particularmente alta entre los jóvenes, así como en los entornos rurales y urbanos pobres donde las infraestructuras de atención médica insuficientes probablemente se cruzan con la evitación de las pruebas, ya que la cuarentena obligatoria se percibe como incompatible con los imperativos de ingresos de los jornaleros o vendedores ambulantes. En consecuencia, las infecciones de COVID-19 pasadas han mediado la inmunidad parcial, complementando el advenimiento de los programas de vacunas, pero a un costo desesperado en términos de sufrimiento individual y trastornos sociales.
La forma de saber más sobre la omnipresencia de infecciones pasadas son los estudios sobre «seropositividad», es decir, análisis de sangre que muestren anticuerpos de infecciones pasadas sin importar si uno fue sintomático o no, y sin importar si el caso fue informado o no. Desafortunadamente, estos estudios no están disponibles de manera sistemática para todo el continente. Pero algunos estudios de casos muestran altas tasas de «infecciones ocultas». Por ejemplo, un estudio de marzo de 2021 en la región de San Martín, en el norte de Perú, mostró una seroprevalencia general del 59.0 por ciento, divergiendo sustancialmente de la incidencia reportada (Moreira-Soto et al. 2021). Sin embargo, los estudios anteriores de 2020 que informaron impresionantes tasas de seroprevalencia de alrededor del 70 por ciento de Iquitos en la Amazonía peruana (Alvarez-Antonio et al.2021) o Manaus en la Amazonía brasileña (Buss et al.2021) deben tomarse con precaución. Las pruebas de anticuerpos utilizadas en América Latina con frecuencia no están diseñadas ni validadas para su uso en regiones tropicales y pueden dar lugar a falsos positivos, como se muestra en Moreira-Soto et al. (2021) y Yadouleton et al. (2021) (Drexler, coautor de ambos). Esto puede explicar en parte los nuevos brotes en Iquitos y Manaus, cuando algunos pensaban que ya se había alcanzado la inmunidad colectiva.
A pesar de estas advertencias, en América Latina la inmunidad (parcial) probablemente no solo provenga de la vacunación, sino también de las altas tasas de quienes han experimentado la infección por COVID-19, sintomática o no, detectada o no.[ 1 ]Esto también ayuda a explicar por qué la llegada de la variante Delta ha causado tantos estragos en el Caribe: aquí, inicialmente, la pandemia se había mantenido a raya mejor que en otros lugares. Dominica, por ejemplo, no tuvo que notificar una sola muerte durante más de un año y medio después del brote de la pandemia, y otros estados insulares anglófonos tenían tasas de infección y mortalidad igualmente bajas e impresionantes.
Precisamente por ese éxito, en el Caribe la variante Delta encontró una población en la que solo los vacunados tenían alguna inmunidad y muy pocos los no vacunados. Cabe señalar que, afortunadamente, en toda América Latina y el Caribe, un alto número de infecciones no se traduce en tasas de mortalidad tan altas como las observadas durante las primeras fases de la pandemia. Esto se debe al aumento de la vacunación de los ancianos y otros estratos de la población en riesgo.
Una mezcla compleja de vacunas
Comprender el curso de la pandemia también requiere analizar qué vacunas se han utilizado en la región. Se pueden dividir en cuatro categorías:
Las vacunas vectorizadas como las de AstraZeneca, Johnson & Johnson o el ruso Sputnik (vectores de adenovirus que llevan el gen que codifica la proteína de la superficie de la espiga del nuevo coronavirus)
Las vacunas de ARNm como las de Pfizer / BioNTech y Moderna (un ARN mensajero modificado que codifica la proteína de pico)
Las vacunas inactivadas como SinoVac y Sinopharm (que dependen del SARS-CoV-2 cultivado que se inactiva químicamente, por ejemplo, con formaldehído)
Las vacunas basadas en subunidades proteicas como las de Cuba, Abdala y Soberana (que dependen del dominio de unión al receptor de la proteína de pico, en el caso de Soberana acoplado al toxoide tetánico para aumentar la inmunogenicidad).
Cada una de estas formulaciones de vacunas tiene sus ventajas y desventajas en el contexto latinoamericano. Las vacunas de ARNm han demostrado una eficacia extremadamente alta en la prevención de enfermedades, pero requieren almacenamiento a temperaturas muy bajas. Durante los primeros días de la pandemia, esas vacunas de ARNm no estaban disponibles ni eran manejables logísticamente en la mayoría de los países de la región. Las autoridades rusas ofrecieron el Sputnik desde el principio, pero las negociaciones geopolíticas limitaron la disponibilidad y no permitieron un uso generalizado en la región. Las vacunas inactivadas producidas en China estaban disponibles y eran asequibles y, por lo tanto, formaron la columna vertebral de los programas de vacunación temprana. Ambas vacunas cubanas se basan en una tecnología relativamente más simple y, como tales, son bastante fáciles de producir, almacenar y administrar, incluso si requieren múltiples inyecciones cada una.
Por tanto, todas estas vacunas ofrecen cierta protección contra COVID-19, pero con diferentes niveles de eficacia. En el contexto latinoamericano, esto se hizo más claro cuando Chile, que hasta entonces contaba con un 93% de dependencia de la vacuna SinoVac, sufrió una nueva ola de infecciones en abril a pesar de la que en ese entonces era la cobertura de vacunación más alta de América Latina (50% de la población). haber recibido al menos una dosis). Esto bien puede estar asociado con una eficacia relativamente menor de las vacunas inactivadas debido a los cambios en la estructura de la proteína causados por los productos químicos utilizados para la inactivación del virus, lo que proporciona una inmunogenicidad reducida. Para contener esta ola mortal, el país tuvo que volver a las intervenciones no farmacéuticas, como las medidas de bloqueo, lo que a su vez contribuyó a la grave crisis económica que el país, como toda América Latina, ha estado sufriendo a raíz de la pandemia. A finales de 2021, el ARNm y las vacunas vivas vectorizadas se han vuelto más disponibles y la mayoría de los países han llegado a utilizar un amplio espectro de formulaciones de vacunas, mezclándolas con éxito.
Vacunas: de las donaciones a la producción nacional
Durante 2020 y principios de 2021, Europa y EE. UU. aseguraron la mayor parte de las vacunas producidas por las empresas occidentales para sus propias poblaciones, y la mayoría de los países de América Latina recurrieron a China, India y Rusia. Sin embargo, con el tiempo, la diplomacia de las vacunas ha cambiado de color. Con su campaña nacional de vacunación estancada, Washington está pasando millones de dosis excesivas a otros países. Estados Unidos se ha convertido ahora en el principal donante de vacunas para América Latina (Harrison 2021). Más allá de las donaciones, los países latinoamericanos también han buscado la adquisición directa de los productores, así como la adquisición a través de la instalación multilateral COVAX en sus diferentes formas.
COVAX, a la que Europa, Estados Unidos y otras naciones desarrolladas prometieron miles de millones de euros, inicialmente tuvo un comienzo lento. Para los suministros, se basó en gran medida en la producción de vacunas de la India; Sin embargo, con el brote masivo de COVID-19 de este último en abril, todas las exportaciones de vacunas se detuvieron para atender primero la demanda interna. Incluso si COVAX, en colaboración con la OPS, ha distribuido más de 20 millones de dosis de vacunas a América Latina y el Caribe, todavía está muy por debajo de lo que se planeó y prometió originalmente. A pesar de que las entregas están aumentando, la decepción con COVAX todavía pesa mucho en toda la región. Una consecuencia es que la OPS ha llegado a acuerdos separados para comprar millones de dosis de vacunas chinas Sinopharm y Sinovac, así como también de AstraZeneca.
Las iniciativas para el desarrollo local de vacunas COVID-19 o la producción autorizada de vacunas existentes han demostrado ser más complejas de lo que se esperaba inicialmente. Sin embargo, un proyecto de colaboración mexicano-argentino con AstraZeneca informó haber enviado su primer lote de un millón de vacunas producidas localmente a Argentina, Belice, Bolivia y Paraguay en junio de 2021 (Navarro 2021). Además, las vacunas de Cuba son un caso diferente, ya que no se producen bajo licencia de compañías internacionales, sino que son desarrollos originales del sector biotecnológico de la isla, un logro notable dadas las limitaciones económicas del país y el hecho de que los estados mucho más ricos y las más acaudaladas empresas farmacéuticas no lograron esto.
Sin embargo, como la producción masiva de la vacuna tomó más tiempo de lo planeado, la isla comenzó tarde su campaña de vacunación, pagando un alto precio por eso. La llegada de la variante Delta en junio de 2021 provocó una oleada de infecciones que causaron estragos en el sector de la salud de Cuba, tradicionalmente el orgullo del país. Si Cuba inicialmente ganó reputación internacional al enviar médicos y trabajadores de la salud al extranjero para luchar contra la pandemia, ahora tenía que buscar apoyo médico y humanitario del exterior.
Si bien las vacunas de Cuba aún no han recibido el reconocimiento de la Organización Mundial de la Salud, han resistido la prueba de su implementación práctica. Una vez que comenzó la campaña de vacunación de la isla, gradualmente disminuyó la curva de infecciones. La eficacia frente a la variante Delta puede eventualmente ser menor que el 90 por ciento anunciado oficialmente después de los ensayos clínicos, pero las vacunas cubanas han sido claramente fundamentales para controlar la pandemia.
Cuba también se convirtió en el primer país del mundo en vacunar a niños mayores de dos años. Para fines de 2021, es probable que la isla haya vacunado completamente al 90 por ciento de su población. Con la demanda interna cubierta, se han exportado los primeros envíos de vacunas cubanas a Venezuela y Vietnam. Si bien es probable que no obtengan reconocimiento en Europa o los EE. UU. En el corto plazo, las vacunas cubanas pueden ser una adición útil y de bajo costo en las campañas de vacunación en América Latina y en el Sur Global en general.
Sin embargo, América Latina también necesitará ampliar su propia capacidad para desarrollar y producir vacunas. La OPS ha seleccionado dos centros biomédicos en Argentina y Brasil como centros regionales para desarrollar y producir vacunas de ARNm.[ 2 ]A mediados de octubre de 2021, México firmó un acuerdo con Rusia para producir la vacuna Sputnik en laboratorios estatales. Pfizer / BioNTech anunció el inicio de la producción junto con la corporación Eurofarma de Brasil, con al menos 100 millones de dosis proyectadas anualmente para distribución en la región (Burger y Mishra 2021).
¿Lo que se debe hacer?
Es posible que la mayor parte de América Latina haya pasado por lo peor: el drama de las infecciones que se salen de control, los hospitales están invadidos y un número de muertos medido en cientos de miles puede que no se repita. Sin embargo, no sabemos si las nuevas mutaciones del SARS-CoV-2 continuarán prosperando entre las poblaciones parcialmente inmunes, como sugieren algunos estudios (Baj et al. 2021). Hay muchas cosas sobre el nuevo coronavirus que aún no entendemos por completo.
Independientemente, la pandemia está lejos de terminar. Tendrá efectos duraderos en la salud de las personas que aún son difíciles de evaluar. Es probable que las intervenciones no farmacéuticas, desde el uso de máscaras hasta las medidas de distanciamiento social, sigan siendo indispensables en muchos lugares. Abrirse una vez más a los viajes y al turismo conlleva el riesgo de revitalizar las curvas de infección. Además, la pandemia ha creado trastornos económicos y sociales, ha agudizado las desigualdades socioeconómicas, ha aumentado la violencia de género y ha traído una serie de otras consecuencias que también pesan mucho en el futuro de la región. No solo los sistemas de salud de América Latina, sino, en términos más generales, las sociedades y economías de la región estarán luchando contra el COVID-19 durante años, si no décadas, por venir.
Lo que sí sabemos: la inmunidad, ya sea mediante vacunación, infecciones pasadas o la combinación de ambas, no durará para siempre. En el caso de la fiebre amarilla, la infección infantil proporciona inmunidad permanente y se cree que el efecto de un solo golpe dura toda la vida. Por el contrario, la inmunidad a COVID-19 disminuirá tarde o temprano. Como sabemos esto, podemos prepararnos para ello con anticipación. Los refuerzos de vacunación tendrán que convertirse en parte de la provisión de atención médica de rutina si queremos evitar nuevas rondas de brotes mortales, y las medidas políticas necesarias para hacerles frente.
Se están desarrollando nuevos medicamentos, pero por ahora no hay una fórmula mágica a la vista. El molnupiravir, que recientemente solicitó la autorización de uso de emergencia en los EE. UU., Puede reducir significativamente el riesgo de hospitalización o muerte, pero solo si la infección se detecta en una etapa temprana y la medicación se administra rápidamente. Además, el perfil de seguridad de la droga aún no se comprende completamente. Al igual que con las vacunas anteriores, los países ricos pueden asegurarse los primeros lotes producidos por sí mismos, y es probable que los precios sean prohibitivamente altos para gran parte de la población de América Latina.
La pandemia ha puesto de manifiesto deficiencias estructurales cruciales que los países latinoamericanos deberán abordar si quieren que les vaya mejor en el futuro:
Es necesario superar las estructuras disfuncionales y de financiación insuficiente crónica de los sistemas de salud pública para que puedan proporcionar servicios de salud eficaces a la ciudadanía en general, no solo a los más pudientes.
La región deberá desarrollar la capacidad de desarrollar y producir en masa sus propias vacunas, equipos de diagnóstico y tecnología de ARNm para reducir la dependencia de proveedores extranjeros.
La cooperación y el intercambio científico dentro de la región deben ser más rápidos y mejor institucionalizados, ya sea como parte o como complemento de los esquemas supranacionales existentes.
Dado que se están produciendo vacunas en la región, debería facilitarse su comercio. Las vacunas fabricadas en Cuba no deben considerarse por criterios ideológicos sino médicos. Como tales, pueden formar una parte vital de la cartera de vacunas que el continente necesitará durante muchos años.
Las medidas ad hoc de política social que ayudaron a expandir significativamente la cobertura (Blofield et al. 2020) no deben dejarse de lado tan pronto como la sensación de emergencia retroceda, sino que deben verse como una oportunidad para hacer que las redes de seguridad social permanentes sean más resilientes e inclusivas.
Las severas caídas observadas en el PIB y los niveles de vida deben revertirse mediante políticas que de hecho estén a la altura de la promesa de “reconstruir mejor”, es decir, que conduzcan a economías más equitativas y sostenibles.
La pandemia también ha subrayado la importancia de la estabilidad política, de la integridad personal y de un discurso público basado en hechos más allá de las ganancias partidistas a corto plazo o la desinformación abierta.
La cooperación internacional con actores de fuera de la región seguirá siendo importante de muchas maneras. En las primeras fases de la pandemia, COVAX no cumplió con las expectativas; Sin embargo, a medida que aumenta la producción mundial de vacunas, puede ser un factor clave para el acceso amplio y equitativo a las vacunas. Esto es cierto no solo en la aguda crisis actual, sino también en el futuro cercano. COVAX tiene el potencial de salvar las divisiones políticas que en tiempos de pandemia deberían hacerse a un lado. Por ejemplo, la iniciativa ha proporcionado vacunas a Venezuela al mismo tiempo que el gobierno de Estados Unidos excluyó explícitamente a ese país de sus donaciones bilaterales de vacunas.
La investigación sobre COVID-19 y, más ampliamente, sobre enfermedades infecciosas es una tarea que requiere un fuerte compromiso en la cooperación y el intercambio científico transnacional. Esto incluye financiamiento mancomunado para esfuerzos de investigación conjuntos, pero también apoyo para infraestructura de laboratorio y capacidades de diagnóstico en toda América Latina. Una de esas iniciativas es el “Centro Germano-Latinoamericano de Investigación y Capacitación en Infecciones y Epidemiología” (GLACIER), en el que participan ambos autores y que tiene como objetivo facilitar el aprendizaje mutuo y el intercambio de conocimientos entre universidades y centros de investigación en Alemania, Cuba, México y toda Centroamérica.
El autor suizo Friedrich Dürrenmatt, en el epílogo de su drama de 1962 Los físicos , afirmó: “Lo que concierne a todos, solo todos pueden resolverlo. Cada intento individual de resolver de forma aislada lo que preocupa a todos debe fallar «. No existe una solución nacional para una pandemia. Mientras el SARS-Cov2 permanezca sin control en cualquier parte del mundo, continuará su proceso de mutación, lo que potencialmente pondrá en riesgo la efectividad de las vacunas y otras medidas. La lucha contra las enfermedades infecciosas y, más ampliamente, por la salud pública mundial, es, entonces, una preocupación que “solo todos pueden resolver”.
Notas al pie Estudios recientes muestran que la combinación de infección seguida por la administración de una vacuna de ARNm brinda una protección especialmente buena, también contra nuevas variantes como Delta (Schmidt et al. 2021).
En Brasil, este es el Instituto de Tecnología de Inmunobiológicos Bio-Manguinhos en Fiocruz, el principal laboratorio biomédico del país; en Argentina, Sinergium Biotech, una empresa biofarmacéutica del sector privado.
Referencias
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