
Todas las personas requieren cuidados en el transcurso de la vida, así que los sistemas integrales de cuidados son fundamentales para que todas ellas, en toda su diversidad, participen en igualdad de condiciones en la sociedad y ejerzan sus derechos.
Al mismo tiempo, el cuidado del medio ambiente permite a las naciones y a los pueblos disfrutar de una cierta calidad de vida sin poner en peligro la de las generaciones futuras. Sin embargo, las normas sociales restrictivas y los estereotipos de género siguen asignando a las
mujeres el papel de cuidadoras principales y a los hombres el de principales generadores de ingresos, lo que refuerza la actual división sexual del trabajo en la prestación de los cuidados, tanto remunerados como no remunerados, y contribuye a que en la sociedad se infravalore ese trabajo esencial.
Esa brecha de género se agudiza por la percepción de lo que constituye “trabajo” y mano de obra “calificada”, percepción que se refleja en los modelos económicos dominantes.



