
Todas las personas requieren cuidados en el transcurso de la vida, así que los sistemas integrales de cuidados son fundamentales para que todas ellas, en toda su diversidad, participen en igualdad de condiciones en la sociedad y ejerzan sus derechos.
Al mismo tiempo, el cuidado del medio ambiente permite a las naciones y a los pueblos disfrutar de una cierta calidad de vida sin poner en peligro la de las generaciones futuras. Sin embargo, las normas sociales restrictivas y los estereotipos de género siguen asignando a las
mujeres el papel de cuidadoras principales y a los hombres el de principales generadores de ingresos, lo que refuerza la actual división sexual del trabajo en la prestación de los cuidados, tanto remunerados como no remunerados, y contribuye a que en la sociedad se infravalore ese trabajo esencial.
Esa brecha de género se agudiza por la percepción de lo que constituye “trabajo” y mano de obra “calificada”, percepción que se refleja en los modelos económicos dominantes.




Excelente propuesta. En mi opinión transformar las formas de cuidar es necesaria y útil para garantizar no solo el bienestar, si no también, la supervivencia de la especie humana. En particular, en poblaciones que viven en condiciones de inequidad, desigualdad económica y social que se amplían hoy ante los conflictos bélicos que asiste la humanidad.
Por otra parte, me gustaría aportar que más de la mitad de la población del planeta vive en entornos donde la mirada a la dimensión cultural de los cuidados desde los saberes ancestrales se practican sin el conocimiento de los profesionales sanitarios lo que puede incidir desfavorablemente en la salud de las personas y puede favorecer las interacciones entre los medicamentos y los principios activos de plantas o sus partes que son consumidas por algunas personas de bajo recursos e ingresos económicos como práctica de la medicina tradicional. El aceptar y tener en cuenta la dimensión cultural de los cuidados por los profesionales de la atención sanitaria occidental y desarrollar acciones educativas dirigidas a poblaciones vulnerables, de bajos recursos e instrucción y con dificultades para el acceso a servicios sanitarios no solo es un reconocimiento a un derecho de esas personas con prácticas culturales diversas, también es una forma de utilizar ambas formas de cuidados (atención sanitaria occidental o institucionalizada y la medicina tradicional) para salvar vidas, mejorar la calidad de vida, sanear el medio ambiente o estimular la adherencia terapéutica de personas con problemas de salud en las comunidades. Pienso que esta publicación dignifica el rol de los cuidadores, en especial, a las mujeres que resultan más del 60 % de los cuidadores que se dedican a cuidar personas formalmente o por vínculos de afecto y cuyas acciones son aún poco reconocidas en los ámbitos familiar, social y económico.
Felicito a los autores por la publicación!