Apología al revisor científico

La revisión científica por parte de pares académicos constituye un eslabón de gran importancia en la publicación científica, ya que estos se encargan de evaluar de forma crítica la veracidad, novedad y calidad de una investigación.

Por la importancia de este tema para todos aquellos que dedican una buena parte de la vida a publicar los resultados de las investigaciones, compartimos este trabajo editorial de la autoría del profesor Alberto Juan Dorta Contreras, publicado en la Revista Cubana de Investigaciones Biomédicas.

«La revisión científica es realizada por investigadores y académicos con experiencia, impacto y conocimientos en un área temática, los cuales brindan al equipo editorial consideraciones que le permiten decidir si un artículo se publica, o no, en su revista. De ahí que la valoración dada por los revisores sea una herramienta para los decisores y, a la vez, un elemento determinante de la calidad de lo publicado.

La revisión científica es parte del deber del investigador, del hombre de ciencia. Este proceso forma parte de su formación y de su cultura. Quien la ejerce, crece. El que se niega a realizarla por apatía, por comodidad, por no sacrificar su tiempo libre, se proyecta negativamente ante los ojos del mundo, que logra descubrir su falta; aunque en la mayoría de las ocasiones no se descubre debido a que las revistas deciden no publicar, por razones éticas, una lista negra de los que se niegan a este importante servicio.

La revisión científica debe ser una obligación, parte de la deuda que contrae el investigador o el científico con los educadores, las instituciones y el país que lo formaron, y que hizo posible lo que ha llegado ser como hombre o mujer de ciencia. Debe de ser un compromiso moral con la ciencia, con las publicaciones especializadas, a las cuales puede aportar según el concurso de sus potencialidades, mediante una revisión equilibrada, libre de prepotencia, que trascienda por su justeza y que devele la magnitud humana del que la realiza.

Cuando, en el mejor de los escenarios, alguien se niega hacer una revisión por falsos pretextos o se acepta realizar la revisión, pero se demora en completarla, se retrasa el proceso editorial, a la par de que los editores le retiraran la confianza en su colaboración. Esto afecta la imagen que los miembros de las revistas conciben del candidato a revisor y desmerita lo que su currículo muestra.

Esta mala práctica obstaculiza el desarrollo de la ciencia, evita la socialización de los resultados científicos mediante la publicación en revistas y su posterior diseminación en redes sociales académicas, como producto terminado y publicado. En resumen, se proyecta como enemigo velado de la ciencia y del conocimiento científico, frenando el desarrollo de las especialidades.

De no ser por lo establecido por la ética editorial, más de un editor o director de revista científica hubiese publicado una lista negra con aquellos que se niegan a ejercer la revisión científica, lo cual puede verse como el equivalente a negar la asistencia médica a un enfermo, pues va en contra de los postulados mismos de las ciencias de la salud, y de la ciencia en general.

Ha sucedido que artículos que han sido rechazados por los revisores en diversas revistas y eventos científicos han sido galardonados a lo largo de los años con el Premio Nobel de Medicina y Fisiología. Tales son los casos de los autores Robin Warren y Barry Marshall que intentaron publicar desde 1983 la relación existente entre Helicobacter pilori y la úlcera gástrica, y recibieron el Premio Nobel en 2005.

De igual forma, se encuentra la autoría finalmente reconocida a Luc Montagnier y Françoise Barré-Sinoussi por ser los descubridores de la relación entre síndrome de inmunodeficiencia adquirida y el retrovirus que lo ocasiona, por la cual recibieron también el Premio Nobel, en 2008.

No todo buen trabajo que demora en ser publicado, o que va de revista en revista es por desinterés de los revisores o de comités editoriales, pero llama la atención cuando un trabajo que ha costado mucho trabajo en ser revisado y finalmente publicado, alcanza niveles altísimos de citaciones, para bien o para mal.

La lista de los que se niegan a colaborar con la ciencia mediante la revisión científica crece a diario, y engloba a falsos científicos, los cuales, desde una actitud prepotente, autosuficiente y sin humildad, menosprecian el trabajo de muchos hombres comprometidos, ocupados y preocupados con la ciencia. Si un país está llamado a ser de hombres de ciencia, tiene que llegar a ser también un país de excelentes revisores.»

Fuente:

Dorta Contreras AJ. Apología al revisor científico. Rev Cubana Inv Bioméd [Internet]. 2021; 40(2):[aprox. 0 p.].

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