Científica Informativa

En pacientes con COVID-19 persistente, 26% mejora con la vacuna, pero más de la mitad no nota cambios

Los resultados de una encuesta sobre los efectos de la vacunación contra el coronavirus en afectados por COVID-19 persistente, implementada por la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y el colectivo de afectados LONG COVID ACTS, señala que la mayoría de los afectados (55%) no ha mejorado o se sintió igual tras la vacunación. Sin embargo, más de la mitad de los casos no manifestó efectos en ningún sentido y el 18% empeoró (lo que puede deberse a los posibles efectos secundarios de la vacuna o empeoramiento de sus síntomas). El resto (26%) refleja que ha mejorado con alguna de las dosis de la vacuna.

Durante el XXVII Congreso Nacional de Medicina General y de Familia celebrado en junio ya se presentaron los resultados preliminares de la encuesta, recogidos después en una nota de prensa, sobre personas que habían pasado la enfermedad hacía más de 4 semanas, pero continuaban con los síntomas.

Según amplía el Dr. Javier Cotelo para Medscape, la encuesta se llevó a cabo del 23 de marzo al 6 de junio. Fue contestada por 273 participantes procedentes principalmente de Madrid (25,3%), País Vasco (12,5%) y Aragón (12,1%), seguidos de Cataluña (11,7%), Andalucía (10,3%) y la Comunidad Valenciana (8,4%).

Otro dato demográfico de interés fue la mediana de edad, entre 30 y 60 años, aunque también han contestado otros grupos etarios de entre 18 y 22 años, y mayores de 70 años, 84,2% (230) integrado por mujeres, coincidiendo con el perfil de los afectados de COVID-19 persistente de la anterior encuesta realizada en 2020 por la SEMG sobre sintomatología e incapacidad de COVID-19 persistente, con 1.834 participantes, 79% constituido por mujeres, con media de edad de 43 años.

En cuanto al perfil profesional de la encuesta actual, la mayoría (67%) la integra el grupo de profesionales sanitarios, pionero en recibir la vacuna y muy expuesto al contagio en la primera ola por la falta de equipos de protección personal; actualmente 96% (262) de los encuestados continúa con sintomatología persistente.

De estos 262 pacientes la mayoría se contagió en marzo de 2020 (53,1%: 139 personas) y en octubre (12,2%: 32 personas), coincidiendo con el inicio de las dos olas más fuertes de la pandemia (marzo-abril y octubre-noviembre).

Otro dato, en consonancia con la población sanitaria participante, señala que las vacunas administradas de forma mayoritaria fueron las de ARN mensajero de Pfizer (69,9%), de Moderna (15,1%) y solo 12,8% de AstraZeneca.

Del estudio se deduce que en determinado porcentaje de pacientes la vacuna puede provocar mejoría, sin embargo, «falta mucho conocimiento en relación a la COVID-19 y especialmente en relación a la COVID-19 persistente, y todavía no puede decirse que las mejoras o empeoramientos observados tras la vacunación se mantengan de forma permanente o sean meramente temporales».

La Dra. Rodríguez agregó: «La vacuna contra la COVID-19 debe seguir recomendándose de forma general a toda la población, pero en los casos extremos donde haya mucha sintomatología en el debut de la enfermedad aguda y que en los días previos a la vacunación se vayan añadiendo síntomas nuevos o incluso se encuentre polisintomatología, se debe individualizar o personalizar la recomendación, ya que podría haber mayor riesgo de empeoramiento con la aplicación de la vacuna».

Respecto al perfil de los pacientes encuestados la Dra. Rodríguez puntualizó: «Aunque todavía falta mucho por hacer, y estos son datos de un análisis preliminar que se está completando en estos momentos, cruzando las diferentes variables clínicas asociadas al cuadro y su evolución temporal, podríamos anticipar que los principales factores implicados en el empeoramiento tras la vacunación (y, por ende, en la mejora en su ausencia) son:

– debut de la enfermedad por coronavirus en su fase aguda de forma muy sintomática (gran número de síntomas o de gran intensidad)
– presencia de una exacerbación o presentación muy sintomática en los días previos a la vacunación (gran número de síntomas o de gran intensidad)
– aparición de síntomas nuevos en los días previos a la vacunación».

«Todas estas variables nos indican que al menos 93,4% sigue con sintomatología derivada de la COVID-19 persistente un año después de la encuesta anterior, y que en 1% y 10% la intensidad de su enfermedad en el debut tenía una media de 6,93 y en los días previos a la vacunación, de 6,04, es decir, expresaban mantener intensidad de la enfermedad muy cercana a la de sus inicios en la fase aguda (más en aquellos en quienes la vacunación produjo mejora). Sus síntomas ocupaban todos los días del mes, siendo 14 y 10 de estos días descritos por los afectados como graves o incapacitantes», agregó la especialista.

En cuanto a la fisiopatología de la COVID-19 persistente, el Dr. Ortiz manifestó que «se desconoce con exactitud».

«La fatiga es el síntoma más común de COVID-19 persistente (50%). Está presente incluso después de 100 días del primer síntoma de la COVID-19 aguda. Existen síndromes como el de distrés respiratorio agudo, en el que se ha observado al año que más de dos tercios de los pacientes refirieron síntomas de fatiga clínicamente significativos».

Los síntomas observados en pacientes pos-COVID-19 se asemejan en parte al síndrome de fatiga crónica, que incluye la presencia de fatiga incapacitante grave, dolor, discapacidad neurocognitiva, sueño comprometido, síntomas sugestivos de disfunción autonómica y empeoramiento de los síntomas globales.

Actualmente la encefalomielitis miálgica o el síndrome de fatiga crónica es una afección clínica compleja y controvertida sin factores causales establecidos, y 90% no ha sido diagnosticado etiológicamente. Las posibles causas de fatiga crónica incluyen virus, disfunción inmunológica, disfunción endocrinometabólica y factores neuropsiquiátricos.

«Es tentador especular que el SARS-CoV-2 se puede agregar a la lista de agentes virales que causan encefalomielitis miálgica o síndrome de fatiga crónica. Como muchas otras patologías secundarias o residuales a una infección, puede ser una agresión de tipo autoinmune o mediada por una replicación incompleta del virus o asociada a factores genéticos de la persona o a enfermedades o patologías concomitantes. Y probablemente multicausal. Pasará tiempo para entenderlo por completo», indicó el especialista.

Los afectados que más mejoraron con la vacuna «habían tenido debut de la enfermedad aguda destacable, con gran número de síntomas y más graves e incapacitantes, más síntomas nuevos en los días previos a la vacunación y más intensos, con tendencia a la fluctuación clínica», señaló la Dra. Rodríguez. Además, «los síntomas que más mejoraron fueron: fiebre/febrícula, escalofríos, anorexia, pérdida del olfato o el gusto, diarrea y artralgias».

Los encuestados manifestaron que la mejora (o empeoramiento) en los casos en los que se produjo se inició rápidamente tras la vacunación, una vez pasados los efectos secundarios de la propia vacuna, tras una media de 4,4 días, siendo el valor más frecuente una semana.

Los siguientes objetivos a analizar consisten en intentar elaborar una fórmula predictiva tanto de aquellos factores que intervienen en el desarrollo de la persistencia de síntomas como en la evolución pronóstica de los mismos, buscando los factores clínicos y genéticos que pueden asociarse a estas evoluciones, para mejorar nuestro conocimiento sobre las circunstancias posiblemente relacionadas a mejoras sintomáticas o, incluso, a curación.

Posición de decúbito prono despierto reduce el riesgo de intubación y muerte en pacientes con COVID-19

Colocar a los pacientes con insuficiencia respiratoria grave en posición de decúbito prono, también conocida como posición ventral, es una técnica segura para mejorar la hipoxemia. Y cuando se trata de pacientes con COVID-19 que se encuentran conscientes, esta posición disminuye el riesgo de intubación y fallecimiento, concluyó un estudio observacional en 26 hospitales de México y uno de Ecuador, publicado en European Respiratory Journal.

En su mayoría la evidencia en estudios observacionales ha sido benéfica en cuanto a mejora de oxigenación, disminución de la necesidad de intubación y disminución de la mortalidad, además de que es una estrategia segura, simple y sin costo, que incluso podría disminuir la cantidad total de oxígeno suministrado que requiere el paciente.

«Y aunque aún se requieren estudios aleatorizados controlados que lo corroboren, estos ya se encuentran en marcha», explicó el Dr. Orlando R. Perez-Nieto, autor del estudio y médico adscrito a la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital General San Juan del Río, en Querétaro, México.

La investigación se llevó a cabo gracias al grupo APRONOX, un equipo de 80 médicos, entre ellos especialistas en medicina crítica, emergencias, neumología, medicina interna y medicina general.

El estudio analizó el desarrollo de la enfermedad en 827 individuos con COVID-19, que en un inicio no habían sido intubados. De ellos, el personal médico colocó a 505 pacientes en posición de decúbito prono y a 322 en decúbito supino.

Los resultados mostraron que solo 23,6 % de los pacientes en decúbito prono requirió intubación, mientras que 40,4 % de los pacientes que permanecieron en decúbito supino fue intubado. Aunado a esto, se observó que 20 % de los pacientes colocados en pronación falleció, mientras que 37,9 % de aquellos en supinación falleció.

Hasta ahora este es el estudio más grande en número de pacientes y hospitales, para evaluar los efectos de la posición de decúbito prono en pacientes con COVID-19. Otra de sus fortalezas es que analizó los efectos combinados de la posición con diferentes dispositivos de suministro de oxígeno suplementario, lo que reflejó que esta posición puede ser benéfica para diferentes situaciones y no solo cuando se utilizan mecanismos de ventilación no invasiva o cánulas nasales de alto flujo, que son opciones costosas y no siempre asequibles.

Desde hace 45 años se demostró que la posición de decúbito prono mejora la oxigenación de los pacientes con insuficiencia respiratoria, principalmente porque mejora el cociente ventilación-perfusión. Además los pacientes se benefician de aumento en el volumen pulmonar al final de la espiración y disminución de daño inducido por volumen gracias a una distribución más uniforme del volumen corriente.

Las ventajas de la posición de decúbito prono en pacientes con insuficiencia respiratoria llevaron a las guías actuales a recomendar el uso de esta posición en los pacientes con COVID-19 aun cuando la evidencia no es específica para la insuficiencia respiratoria por SARS-CoV-2, explicó el Dr. Perez-Nieto.

«La posición de decúbito prono en pacientes despiertos no intubados ya se utiliza desde el año 2020 pese a la falta de evidencia contundente en ensayos clínicos, debido a que está probado que incrementa la oxigenación, no tiene costo y es una técnica segura. Incluso podría disminuir la cantidad total de oxígeno suministrado que requiera el paciente», señaló el especialista.

La Dra. Latife Salame Khouri, residente de medicina interna en el Centro Médico ABC, en Ciudad de México, México, quien durante el año 2020 atendió a pacientes hospitalizados con COVID-19 grave, comentó que la etapa inicial de esta pandemia fue difícil, pues se enfrentaban a una enfermedad nueva, con pocas herramientas específicas para predecir el desenlace de los pacientes.

En el Centro Médico ABC tomaron en cuenta las recomendaciones de guías internacionales; por ejemplo, la guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la posición de decúbito prono por 12 a 16 horas en pacientes con insuficiencia respiratoria progresiva aguda grave.

Además se recomienda esta posición para pacientes con insuficiencia respiratoria progresiva aguda grave dentro de las primeras 12 a 48 horas del inicio de la ventilación mecánica invasiva, según un artículo publicado en Medicina Crítica, donde la Dra. Salame Khouri es una de las autoras.

«Insistimos aún más en la posición de decúbito prono con los pacientes con saturación por debajo de 90 % a pesar de la ventilación mecánica no invasiva. Seguimos realizando la práctica hoy en día, pues ha demostrado varios beneficios y pocos efectos adversos. Aunque es importante mencionar que la evidencia científica en la que nos basamos para awake prono no es la más sólida y hay pocos estudios que muestran beneficio para reducir mortalidad», añadió.

Discontinuar al tratamiento de la esclerosis múltiple en pacientes estables es posible, pero con «mucho cuidado»

Existen «múltiples razones» para considerar la interrupción de la medicación en pacientes con esclerosis múltiple mayores de 50 a 55 años que hayan mostrado estabilidad clínica y radiológica durante un periodo prolongado, aunque hay que tomar una serie de precauciones antes de adoptar esa decisión, recomendó un referente mundial en el manejo de la enfermedad durante el 4th Charcot Latin American Meeting, realizado de forma virtual entre el 16 y 17 de julio pasado.[1]

«Tenemos que ser muy cuidadosos en considerar detener los tratamientos, incluso después de cuatro o cinco años de enfermedad estable», sostuvo el Dr. Giancarlo Comi, fundador y exdirector del Istituto di Neurologia Sperimentale del IRCCS Ospedale San Raffaele y profesor honorario de la Università Vita-Salute San Raffaele, en Milán, Italia, quien firmó un reciente artículo de revisión que repasó los diversos escenarios clínicos que avalarían, con cautela, esa medida.[2]

En su exposición, el Dr. Comi señaló que los pacientes con esclerosis múltiple pueden discontinuar los tratamientos de manera definitiva por varias razones, incluyendo efectos adversos, cuestiones económicas y la progresión percibida o documentada de la enfermedad.

Sin embargo, el también presidente de la European Charcot Foundation se concentró en quienes deciden detener el tratamiento después de tener enfermedad estable durante un tiempo.

Una de las razones para hacerlo es tener un curso benigno de la enfermedad, una evolución aparentemente más frecuente en la última década a partir del diagnóstico más temprano. Sin embargo, ha habido una «discusión tremenda» sobre el verdadero significado de «benigno», señaló el Dr. Comi.

«En el pasado la cantidad de personas con esclerosis múltiple benigna ha sido estimada entre 15% y 20%, tomando en cuenta distintos criterios. Pero hay que usar ese concepto con mucha cautela, porque se ha visto que un tercio de los pacientes ya tiene una disfunción cognitiva irreversible. Si aumentamos el número de pruebas y no dependemos exclusivamente de la escala de estado de discapacidad (EDSS), la proporción de pacientes que no pueden ser clasificados como benignos aumenta», señaló.

Por ejemplo, un estudio británico publicado en 2019 analizó una muestra representativa de 60 pacientes con duración de la enfermedad mayor a 15 años y EDSS < 4 (27%; < 2), de los cuales 33 (69%) consideraba su enfermedad como «benigna». Sin embargo, un análisis objetivo más exhaustivo reveló que solo 9 (15%) satisfacían los criterios de enfermedad benigna, siendo la disfunción cognitiva y los efectos sobre el desempleo los principales motivos de exclusión.[3]

Otra razón para la interrupción es que «la actividad inflamatoria tiende a disminuir con la evolución de la enfermedad y eso resulta en un cambio en la relación riesgo-beneficio del tratamiento», señaló el Dr. Comi.

Según pasan los años

La edad es un elemento central en el análisis de la interrupción, en particular porque la mayoría de los fármacos modificadores de la enfermedad que se usan ahora se ha ensayado en personas menores de 55 años y no está todavía bien definido como afectan la actividad de la enfermedad después de esa edad, manifestó el Dr. Comi.

La preocupación es relevante porque el número absoluto y relativo de pacientes que superan los 55 años está en aumento. Asimismo, existe evidencia creciente de que los beneficios de los tratamientos disminuyen con la edad, mientras que pueden crecer los riesgos de efectos adversos, como cáncer, infecciones oportunistas y leucoencefalopatía multifocal progresiva, según reseñaron Finja Schweitzer, Ph. D., del Departamento de Neurología del Universitätsklinikum Köln, en Colonia, Alemania, y sus colaboradores, en Current Opinion in Neurology.[4]

«Todavía es un punto de mucha controversia. En los últimos 10 años aparecieron nuevos fármacos mucho más eficaces para el control de la enfermedad, pero hay una regla general: a mayor potencia mayores riesgos. Se trata de poner en una balanza ambas cosas. Y cuando los pacientes están llegando a 50 o 60 años debemos empezar a tomar decisiones basadas en ese dilema: ¿el fármaco para esa persona sigue siendo útil? ¿empieza a convertirse en un riesgo?», comentó a Medscape en español el Dr. Edgardo Cristiano, director del Centro de Esclerosis Múltiple de Buenos Aires (CEMBA), consultor del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Buenos Aires y uno de los organizadores del encuentro virtual.

Los desafíos se suman cuando se trata de identificar factores predictores que podrían anticipar ausencia de recurrencias cuando se interrumpe el tratamiento.

Un reciente estudio retrospectivo en California, Estados Unidos, sobre 136 pacientes mayores de 50 años con esclerosis múltiple benigna o burn-out (inactiva), sugiere que la interrupción del tratamiento es más segura en quienes no hayan tenido ataques ni evidencia de actividad en la resonancia en los cinco años previos, y que tengan duración mínima de la enfermedad de 10 años.[5]

Otro estudio observacional austriaco de 2017 sobre 221 pacientes con esclerosis múltiple remitente-recurrente que habían estado bajo tratamiento durante un lapso mínimo de un año identificó que tienen «alta probabilidad de permanecer sin recaídas» después de la interrupción aquellos de más de 45 años y que recibieron durante más de 4 años fármacos modificadores de la enfermedad sin evidencia clínica o radiológica de actividad de la enfermedad.[6]

Sin embargo, cuando se evaluó el total de la muestra con seguimiento promedio de 3,8 años, 98 pacientes (44,3%) habían sufrido una recaída, incluyendo 15 (6,8%) que convirtieron la esclerosis múltiple en progresiva secundaria. «El riesgo está ahí», señaló el Dr. Comi.

Algunos neurólogos se muestran reticentes a la interrupción definitiva. La Dra. Regina Berkovich, profesora asistente de Neurología Clínica de la University of Southern California en Los Ángeles, Estados Unidos, describió una serie retrospectiva de 15 pacientes con esclerosis múltiple estable (durante una media de 5,5 ± 3,7 años) que empeoraron luego de discontinuar el tratamiento en un lapso de solo 6,4 ± 2,2 meses.[6]

El Dr. Aaron L. Boster, neurólogo de Ohio Health y presidente de The Boster Center for Multiple Sclerosis, en Columbus, Estados Unidos, consideró en su cuenta de Twitter que detener los tratamientos «no es una buena idea» y propuso, en cambio, un «desescalado» (hacia menores dosis o fármacos de menor eficacia), aunque hasta el momento no existen guías o consensos que respalden ese enfoque.

Muchos pacientes también son reacios a abandonar los tratamientos por el temor a recaídas, «aunque no tengamos claro si les sirve», dijo el Dr. Cristiano. «Pero después de 4 o 5 años de enfermedad inactiva desde el punto de vista clínico o radiológico uno empieza a plantearse esta idea y a compartirla con el paciente», añadió.

«Después de muchos años de control completo de la enfermedad, es frecuente que los pacientes pregunten si deberían discontinuar al tratamiento. Sin embargo, no hay datos que nos ayuden a responder esa cuestión. Alrededor de la mitad de los pacientes tienen miedo del retorno de la enfermedad, mientras que la otra mitad son los optimistas y creen que la enfermedad ya desapareció», añadió el Dr. Comi a Medscape en español.

Controles después de la interrupción

Otro factor que influye en la decisión es el tipo de terapia usada. El Dr. Comi indicó que fármacos como natalizumab y los moduladores del receptor de esfingosina-1-fosfato, como fingolimod o siponimod, tienen más riesgos de efecto rebote después de la interrupción del tratamiento.

«Discontinuar estos fármacos no es buena idea incluso después de un largo periodo de estabilidad porque la mayoría de los pacientes tienden a reactivar, especialmente los más jóvenes y que hayan sufrido alto número de ataques antes de empezar el tratamiento modificador de la enfermedad», aseguró el Dr. Comi, añadiendo que aquellos bajo terapia de segunda línea también tienen menos probabilidades de permanecer estables luego de detener su administración.

El Dr. Comi insistió en que la historia natural de la esclerosis múltiple y la eficacia y efectos adversos de los fármacos modificadores de la enfermedad proveen un argumento racional para abandonar el tratamiento en casos seleccionados, aunque todavía no existen estudios prospectivos aleatorizados y controlados que hayan resuelto la cuestión. «Hay tres en marcha, dos en Estados Unidos y uno en Italia, y esperamos con ansiedad los resultados», declaró.

«Estamos esperando nuevos marcadores que nos ayuden a tomar esa decisión con mayor seguridad y basado en evidencia, como podría ser el dosaje de neurofilamentos de cadena ligera (indicador directo de destrucción de neuronas)», coincidió el Dr. Cristiano.

En la sesión de preguntas posterior a su exposición, el Dr. Comi dijo que en su centro de Milán solo contemplan la interrupción en pacientes que hayan tenido al menos 4 años de control completo de la enfermedad con terapia de primera línea. Y señaló que a modo de control se le indica una resonancia magnética antes de la discontinuación, un mes después, y si no se observa nada, se repite al año.

El Dr. Cristiano manifestó que si se decide consensuar esa medida, el paciente «debe tener comunicación más fluida y frecuente con el neurólogo. Deberá reportar si presenta nuevos síntomas y tener consultas trimestrales con el neurólogo para que lo examine y vea que nada ha progresado. Y debe hacerse resonancias magnéticas periódicas (cada seis meses al menos en los primeros dos años) para ver que no haya actividad subclínica».

  1. Comi G. When to stop treatment. 4th Charcot Latin Amerrican Meeting. Presentado el 16 de julio de 2021.
  2. Hartung HP, Meuth S, Miller DM, Comi G. Stopping disease-modifying therapy in relapsing and progressive multiple sclerosis. Curr Opin Neurol. 1 Ago 2021;34(4):598-603. doi: 10.1097/WCO.0000000000000960. PMID: 33990101. Fuente
  3. Tallantyre EC, Major PC, Atherton MJ, Davies WA y cols. How common is truly benign MS in a UK population? J Neurol Neurosurg Psychiatry. May 2019;90(5):522-528. doi: 10.1136/jnnp-2018-318802. PMID: 30177509. Fuente
  4. Schweitzer F, Laurent S, Fink GR, Barnett MH y cols. Age and the risks of high-efficacy disease modifying drugs in multiple sclerosis. Curr Opin Neurol. Jun 2019;32(3):305-312. doi: 10.1097/WCO.0000000000000701. PMID: 30985373. Fuente
  5. McFaul D, Hakopian NN, Smith JB, Nielsen AS y cols. Defining Benign/Burnt-Out MS and Discontinuing Disease-Modifying Therapies. Neurol Neuroimmunol Neuroinflamm. 8 Feb 2021;8(2):e960. doi: 10.1212/NXI.0000000000000960. PMID: 33558306. Fuente
  6. Bsteh G, Feige J, Ehling R, Auer M y cols. Discontinuation of disease-modifying therapies in multiple sclerosis-Clinical outcome and prognostic factors. Mult Scler. Ago 2017;23(9):1241-1248. doi: 10.1177/1352458516675751. PMID: 27765877. Fuente
  7. Berkovich R. Clinical and MRI outcomes after stopping or switching disease-modifying therapy in stable MS patients: a case series report. Mult Scler Relat Disord. Oct 2017;17:123-127. doi: 10.1016/j.msard.2017.07.007. PMID: 29055441. Fuente

Tomado de Medscape en español.

COVID-19: confirmación de mayor mortalidad en pacientes con trastornos mentales

Durante la pandemia se ha planteado un vínculo entre las patologías psiquiátricas y un aumento de la mortalidad por COVID-19. El 2 de agosto un metanálisis francés de 16 estudios observacionales de 7 países diferentes publicado en JAMA, realizado por el Dr. Guillaume Fond, profesor Laurent Boyer del Hôpital de La Timone, en Marsella, Francia, y sus colaboradores, confirmó la existencia de tal correlación.

Entre los diversos trastornos psiquiátricos enumerados por los autores, la esquizofrenia y los trastornos bipolares se asociaron con la tasa de mortalidad más alta.

16 estudios realizados en 7 países

Para llevar a cabo su metanálisis sobre el vínculo entre los trastornos psiquiátricos y la mortalidad por COVID-19, los investigadores franceses realizaron una revisión sistemática de la literatura basada en la metodología Cochrane y utilizando la técnica PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-analysis). Para determinar si había diferencias entre los trastornos psiquiátricos, realizaron una búsqueda que incluía los siguientes términos: «psiquiátrico, esquizofrenia, psicótico, trastorno bipolar, trastornos del estado de ánimo, trastorno depresivo mayor, trastorno de ansiedad, trastorno de la personalidad, trastorno alimentario, abuso de alcohol, alcohol uso indebido, abuso de sustancias y uso indebido de sustancias».

De los 18.200 estudios identificados por los autores, 16 cumplieron los criterios de selección definidos. Finalmente, se incluyeron 10.086 pacientes psiquiátricos y con COVID-19 en el metanálisis. De estos estudios, 1 se realizó en Dinamarca, 2 en Francia, 1 en Israel, 3 en Corea del Sur, 1 en España, 1 en Reino Unido y 7 en Estados Unidos.

Diferencias significativas

Los resultados del metanálisis confirman que la mortalidad por COVID-19 es mayor en pacientes con un trastorno mental en comparación con aquellos sin uno (odds ratio ajustado: 1,38; IC 95%: 1,15 a 1,65; I 2: 0%). Al limitarse a los estudios que incluyeron solo pacientes con trastornos mentales graves (espectro de trastornos esquizofrénicos y trastornos bipolares), el vínculo fue aún mayor con un odds ratio ajustado de 1,67 (IC 95%: 1,02 a 2,73; I 2: 27,3%). En los otros estudios que incluyeron pacientes con todo tipo de trastornos psiquiátricos y adicciones, el odds ratio ajustado fue de 1,34 (IC 95%: 1,08 a 1,65; I 2: 0%). Las diferencias fueron estadísticamente significativas en cada caso (p  < 0,05).

La evidencia de una tasa de mortalidad más alta, incluso después del ajuste, sugiere que en pacientes con un trastorno psiquiátrico, el riesgo de un desenlace fatal después de la COVID-19 es mayor que en pacientes sin trastornos mentales, independientemente de los principales factores de riesgo asociados con COVID-19 grave (edad, obesidad, tabaquismo, enfermedad renal, enfermedad cardiovascular, enfermedad pulmonar obstructiva crónica). «Esto supone que intervienen otros factores, que son responsabilidad del propio paciente, de los cuidadores y de la organización de la atención en general», comentó el Dr. Guillaume Fond, autor principal del estudio, entrevistado por Medscape en francés.

Diferentes factores involucrados

Para los factores relacionados con el paciente y que pueden explicar este mayor riesgo de mortalidad en caso de COVID-19, el psiquiatra refirió las alteraciones inmunológicas ligadas a la patología psiquiátrica o al efecto de los psicofármacos. De hecho, se ha demostrado que los pacientes con bipolaridad y aquellos con esquizofrenia tienen un perfil inmunológico particular. «Durante la respuesta inmune mediada por células T, es probable que un desequilibrio entre los linfocitos Th1 y Th2 interfiera con la tormenta de citocinas observada durante la COVID-19», explico el Dr. Fond. Hay que tener en cuenta que algunos tratamientos psiquiátricos, como las benzodiacepinas, también pueden provocar complicaciones por depresión respiratoria.

El uso prolongado de sustancias nocivas como alcohol, tabaco o drogas también es perjudicial para estos pacientes. «Por ejemplo, en los Estados Unidos, hemos visto un aumento en la mortalidad de pacientes adictos a opiáceos, sustancias que también causan depresión respiratoria». En resumen, podemos decir que «la enfermedad mental crea un terreno de salud desfavorable» que se suma a las comorbilidades y adicciones, consideradas en el metanálisis.

Las personas con enfermedades psiquiátricas son vulnerables

Con respecto a los cuidadores, «un estudio que realizamos en Francia mostró que los pacientes con esquizofrenia tenían peor acceso a la reanimación. Es cierto que se trata de pacientes que pueden tener más dificultades para expresar sus síntomas, sobre todo en pacientes de edad avanzada, como en la demencia, lo que retrasa el diagnóstico y el inicio de los cuidados. También podemos mencionar el hecho de que los reanimadores dicen estar menos capacitados en las patologías de estos pacientes, que son más difíciles de manejar. Esto no es específico de COVID-19, hemos hecho la misma observación en personas con trastornos psiquiátricos que padecen cáncer al final de la vida».

«Finalmente, la organización de la atención hospitalaria hace que existan barreras entre las distintas especialidades y que en ocasiones sea difícil conseguir que un paciente psiquiátrico sea aceptado en otro servicio».

Todos estos factores hacen que «cuanto más nos adentramos en los metanálisis, más nos damos cuenta de que las personas con un trastorno mental son personas vulnerables, que deben ser consideradas como tales, del mismo modo que la población sin hogar, por ejemplo», afirmó el Dr. Fond.

«En cuanto a la organización de la atención a los pacientes con trastornos psiquiátricos, este tipo de análisis nos anima la implementación de uno mejor, porque seguimos observando una pérdida de oportunidades muy importante para estos pacientes. Un estudio previo que realizamos permitió que se estableciera la vacunación como una prioridad en estos pacientes, lo cual es muy bueno, pero aún necesitamos saber por qué algunos de ellos la rechazan. Eso es lo que estamos estudiando».

Los pacientes psiquiátricos tienen el doble de probabilidades de morir de COVID-19

A la misma conclusión llegó un gran metanálisis (33 estudios y 22 países) publicado en Lancet Psychiatry que informó que las personas con trastornos psiquiátricos tienen un doble riesgo de ser hospitalizadas o morir por COVID-19, en comparación con las personas sin este tipo de trastornos. El metanálisis también mostró un efecto más marcado en los pacientes más graves, en particular en aquellos con trastornos psicóticos. Ante estos hallazgos los autores abogan por que se solicite ante las autoridades sanitarias de diferentes países que los pacientes con patologías psiquiátricas se beneficien del acceso prioritario a la vacunación contra la COVID-19.

El Dr. Fond ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Datos de interés sobre el protocolo y la vacunación contra la COVID-19 en Cuba

En medio de complejas condiciones epidemiológicas por la pandemia de la COVID-19 el país actualizó recientemente el protocolo de salud en aras de agilizar el diagnóstico y tratamiento de casos positivos, a la par que avanza la vacunación de la población.

Para ahondar más en el actual manejo de la enfermedad y la marcha de la inmunización ofreció declaraciones la doctora María Elena Soto Entenza, jefa del departamento de atención primaria del Ministerio de Salud Pública.

¿Cuáles son las principales modificaciones del protocolo?

Las modificaciones más importantes de la versión 1.6 de esos procederes incluyen el ingreso domiciliario para contactos y confirmados de bajo riesgo (tanto asintomáticos como sintomáticos leves).

Según lo establecido, al ingreso en instituciones irán aquellos contagiados de bajo riesgo con síntomas moderados, los de mediano y alto riesgo con signos leves o moderados, y quienes no tengan condiciones en su vivienda o formen parte de familias disfuncionales.

Tampoco podrán permanecer en el hogar los pacientes menores de 12 años, embarazadas y puérperas, niños de 12 a 18 años con patologías crónicas asociadas, y personas con enfermedades crónicas descompensadas o en condiciones clínicas desfavorables.

El protocolo también indica que quienes continúen positivos a la COVID-19 por 14 días o más, si se encuentran bien clínicamente, serán dados de alta con seguimiento en el hogar.

¿Por qué se decide implementar el ingreso domiciliario?

El ingreso domiciliario es una modalidad que existe en el programa del médico y la enfermera de la familia y se emplea en función de este problema de salud porque permite que en las instituciones hospitalarias, en vistas al incremento de casos, se puedan atender mejor a los pacientes con mediano y alto riesgo ante la enfermedad.

¿Cómo se da seguimiento a las personas en ingreso domiciliario?

El médico y la enfermera de la familia deben realizar el seguimiento diario a los ingresos en el hogar, pero como son muchos los casos se han organizado grupos de trabajo conformados por otros médicos, enfermeras, estomatólogos, tecnólogos, y demás personal de la salud, junto a estudiantes de Ciencias Médicas, para contribuir en la evaluación de los pacientes en las comunidades.

Dicha revisión tiene como objetivo la detección de cualquier signo de alarma que evidencie una complicación del padecimiento, y en caso de ocurrir alguna se remite al enfermo a una institución hospitalaria.

A su vez, el equipo básico de salud debe continuar cumpliendo sus tareas fundamentales de atención a la población, en especial a grupos priorizados como niños, embarazadas y adultos mayores.

¿Qué características debe tener una vivienda para ser apta para el ingreso domiciliario?

No puede existir un alto nivel de hacinamiento, pues el paciente tiene que mantener el distanciamiento con el resto de la familia.

A eso se suman no tener afectaciones con el agua o de otra índole que imposibiliten el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias y del aislamiento físico.

En esto influye también un ambiente propicio, por lo cual se insiste en la convivencia con una familia no disfuncional que mantenga las disposiciones de seguridad requeridas.

¿Cómo se atenderán las necesidades de los confinados en sus casas?

Al existir un paciente con ingreso domiciliario en la vivienda quienes conviven con él constituyen contactos y también deben evitar su movilidad fuera del hogar, por tanto, se atenderán sus necesidades básicas de conjunto con las organizaciones de masas, del gobierno y otros factores de la comunidad.

¿Cómo avanza el proceso de inmunización anti-SARS-CoV-2?

Unos 20 municipios del país ya concluyeron la vacunación contra la COVID-19 a mayores de 19 años, se trata de los 15 territorios de La Habana, cuatro de Santiago de Cuba y el Municipio Especial Isla de la Juventud.

Se encuentran en ese proceso 35 municipios de 14 provincias, ya sea con Abdala o los candidatos vacunales Soberana 02 y Soberana Plus, y este 29 de julio se incorporaron 17 municipios con buena acogida por sus pobladores.

Los más recientes fueron las cabeceras de Villa Clara, Pinar del Río, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Las Tunas, Mayabeque y Guantánamo, así como Nuevitas (Camagüey), San Antonio de los Baños (Artemisa), Bayamo (Granma) y todos los pendientes en Matanzas.

Mientras, prosigue la administración de dosis a grupos de riesgo, donde avanzan a la tercera inyección los pacientes de hogares de ancianos, hospitales psiquiátricos, centros médicos psicopedagógicos y los nefrópatas.

A esto se añade que comenzó la vacunación de las embarazadas en primer, segundo y tercer trimestre, así como de las mujeres que lactan, y próximamente iniciará también la de los más de mil trasplantados en Cuba.

Por otra parte, ya se inmunizaron con Soberana Plus los trabajadores de la salud convalecientes y se preparan las condiciones para extender su uso en el resto de la población.

¿Qué sucede tras concluir la vacunación en un territorio?

Cuando termina el proceso se mantienen vacunatorios centralizados, ubicados en áreas de salud generalmente, donde podrán completar las dosis las personas interesadas tras coordinarlo con su médico de la familia.

En el caso de la provincia de La Habana, que culminó su esquema de vacunación con más de un millón 355 mil personas inmunizadas, se habilitaron 57 sitios para quienes queden pendientes.

La marcha de la vacunación y las actualizaciones del protocolo contra el nuevo coronavirus deben acompañarse de una elevada responsabilidad ciudadana, son fundamentales en estas circunstancias el cumplimiento estricto del aislamiento intradomiciliario, la comunicación inmediata ante cualquier signo de alarma, y el trabajo conjunto entre el personal de la salud, las familias y los factores de la comunidad.

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