Científica Informativa

Heberbiovac HB: principal logro de la biotecnología cubana contra la hepatitis

A propósito de celebrarse hoy el Día Mundial contra la Hepatitis, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) dio a conocer que cada año ocurren en la región 10 mil nuevas infecciones por el virus de la hepatitis B y 23 mil muertes; solo el 18 por ciento de las personas llega a diagnosticarse y de ellas, apenas el tres por ciento recibe tratamiento.

De igual forma, las estimaciones más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que en las Américas se producen cada año 67 mil nuevas infecciones por el virus de la hepatitis C y 84 mil muertes; solo el  22 por ciento de las personas con hepatitis C crónica llega a diagnosticarse y de ellas, solo el 18 por ciento reciben tratamiento.

Esta realidad dista mucho del escenario cubano, donde se cuenta con un Plan Estratégico Nacional para la prevención y control de las Infecciones de Transmisión Sexual, el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH) y las hepatitis, y se trabaja para eliminar las causadas por los virus B y C en consonancia con la iniciativa lanzada por la OPS de poner fin a más de 30 enfermedades infecciosas en la región para 2030.

No obstante, uno de los mayores logros en este empeño resultó Heberbiovac HB, vacuna cubana recombinante contra la hepatitis B obtenida en 1989 por un grupo de científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB). Está precalificada por la OMS, integra el Programa Nacional de Inmunización desde 1992 y protege a toda la población menor de 40 años de edad.

Heberbiovac HB posibilitó  que en fecha tan temprana como el año 2000 no hubiese reportes de la enfermedad en los niños de entre 0 a 5 años de edad y para 2005 se había eliminado en los infantes y adolescentes hasta 15 años. Resultados que hoy se mantienen, a la vez que se trabaja de conjunto con la OPS para certificar que la Isla erradicó la transmisión de la hepatitis B de la madre al hijo. Sin embargo, cuatro décadas atrás la realidad era muy diferente.

Hepatitis B y la necesidad de una vacuna propia

En los años 80 la hepatitis era un problema de salud en Cuba como en otros países de la región. Existía alta prevalencia de la hepatitis tipo B y anualmente se diagnosticaban miles de casos, rememoró el Doctor en Ciencias Biológicas Eduardo Pentón Arias, uno de los artífices de la vacuna cubana.

La enfermedad empieza de forma aguda similar a otras formas de las hepatitis virales, a partir de los seis meses se hace crónica, puede durar toda la vida o derivar en cirrosis, insuficiencia hepática, carcinoma hepatocelular o incluso en la muerte, advirtió el también Investigador Titular del CIGB y Profesor Titular de la Escuela Latinoamericana de Medicina.

La hepatitis B se transmite a través de la sangre contaminada, siendo frecuente durante las relaciones sexuales y de la madre al hijo en el momento del parto, por lo que muchos niños al salir de la maternidad ya estaban contagiados.

Para aquel momento, señaló el especialista de II grado en Bioquímica Clínica,  se utilizaba la vacuna producida a partir de la sangre de individuos contaminados. El virus se procesaba para que no resultara infectivo y se empleaba como antígeno para prevenir el padecimiento.

Debido a los inconvenientes que provocaba la sangre, en 1986 la compañía estadounidense Merck Sharp and Dohme obtuvo la aprobación para uso en humanos de Recombivax HB, primera vacuna desarrollada por medio de ingeniería genética en el mundo, lograda a partir de la modificación de células de levadura de pan.

A su vez, SmithKline Beecham, perteneciente al grupo británico GlaxoSmithKline, también desarrolló en ese año Engerix B, pero la producción y comercialización de los fármacos no estaba accesible a muchas personas y naciones por sus altos precios; de ahí que los científicos cubanos buscaron su propia vía para lograr la vacuna, que se convirtió en el segundo logro del CIGB, luego de la obtención del Interferón.

Durante los años 80 un pequeño grupo de investigadores dirigido por el doctor Luis Herrera –al cual pertenecía la doctora Verena Muzio hoy directora de Investigaciones Clínicas de la institución– se encargó de la ingeniería genética y otro equipo bajo el mando del propio Pentón Arias estuvo al frente de la obtención y producción del antígeno de superficie de la hepatitis B.

Por vía recombinante se produjo este antígeno, la información genética del virus se transfirió a la levadura Pichia Pastori, que hasta ese momento solo se había utilizado para la experimentación en laboratorios, pero demostró un rendimiento más rápido y superior a la Saccharomyces cerevisiae empleada por las compañías extranjeras, detalló el especialista.

Tres años después de la primera vacuna recombinante del mundo, Cuba también tenía la suya. Actualmente se aplica en los primeros días de nacidos y todos los infantes cubanos están inmunizados contra esa dolencia.

El miembro de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba explicó que se trata de que las madres estén vacunadas para que no adquiera la enfermedad y se la transmitan al bebé, pero si ya el virus está circulando se realiza, igualmente, la inmunización neonatal para evitar que los niños salgan de la maternidad infectados y así ganarle la carrera.

Hay personas que no realizan la seroconversión, es decir, que no despiertan anticuerpos y son susceptibles a enfermarse, pero debido a la inmunidad poblacional generada a partir de las altas coberturas de vacunación están protegidas, subrayó.

El CIGB también posee HeberNasvac, vacuna terapéutica recombinante contra la infección crónica por el virus de la hepatitis B, una vez establecida, y para la prevención de sus consecuencias potenciales como la cirrosis hepática, insuficiencia hepática crónica y hepatocarcinoma primario.

La vacuna en 2015 obtuvo el registro sanitario por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED). Se administra por vía nasal, combinando algunas dosis por vía subcutánea a partir de una mezcla del antígeno de superficie con el antígeno de la nucleocápsida del virus de la hepatitis B.

Años atrás, en 2009, el CECMED registró, además, el PEG-Heberon, fármaco dirigido al tratamiento de pacientes con hepatitis C o B crónica, coinfectados con VIH, así como quienes recibieron un trasplante hepático.

PEG-Heberon en combinación con ribavirina se considera una de las opciones más ventajosas para cualquier paciente diagnosticado con hepatitis C crónica. Aproximadamente entre 70 y 85 por ciento de los infectados con genotipos 2 o 3 del virus logran respuesta virológica sostenida con 24 semanas de tratamiento. En cambio, solo se alcanza en el 50 por ciento de los infectados con genotipos 1 o 4 tratados durante 48 semanas.

Hepatitis: una enfermedad en contexto

Cuando se habla de hepatitis se alude a la inflamación del hígado causada por varios factores y los más frecuentes están asociados a infecciones con los virus A, B, C, D y E, además pueden ser provocadas por fármacos y alcohol, enfermedades autoinmunes, trastornos metabólicos e infecciones por otros virus y bacterias.

La Doctora en Ciencias Médicas Mirtha Infante Velázquez, presidenta de la Sociedad Cubana de Gastroenterología, explicó que los virus A y E son los responsables de las hepatitis agudas epidémicas, transmitidas a través del agua o alimentos contaminados, y en la mayoría de los casos los pacientes se recuperan sin presentar secuelas y en un pequeño porcentaje desarrollan formas graves.

Expresó que el virus A se transmite en el momento de la incubación y cuando aparecen los síntomas la persona ya no es capaz de enfermar a otras, de ahí la importancia de mantener las medidas higiénicas en todo momento, principalmente el lavado de manos, la higiene de los alimentos y no compartir artículos personales.

Mientras que los virus B, C y D provocan tanto hepatitis agudas como crónicas, por lo que algunos pacientes evolucionan hacia una cirrosis o un cáncer de hígado, siendo la cirrosis la novena causa de muerte en el país y según reportes internacionales las complicaciones asociadas a este padecimiento han elevado la mortalidad durante la pandemia de la COVID-19, señaló.

La también Investigadora Titular y especialista del Instituto de Gastroenterología dijo que los virus B, C y D se transmiten fundamentalmente a través de transfusiones de sangre, instrumental médico y artículos de uso personal contaminados, de la madre al hijo y por relaciones sexuales no protegidas, aunque estas últimas vías son más eficientes para el virus B. Aunque en Cuba desde hace varios años se analizan las transfusiones para que la sangre sea segura y evitar posibles infecciones.

Con respecto a la hepatitis por el virus D, Infante Velázquez detalló que es la menos frecuente en el país, y en relación con la enfermedad provocada por el B explicó que el 10 por ciento de los infectados desarrollan una hepatitis crónica y en cuanto al C es el 90 por ciento; de ahí que estos pacientes son los que necesitan tratamiento con antivirales.

A pesar de que muchos pacientes transitan la enfermedad de manera asintomática, la gastroenteróloga enumeró que pueden manifestar cansancio, malestar general, náuseas, pigmentación amarilla de la piel, orinas oscuras y deposiciones blancas o amarillentas.

En algunos casos, mencionó, se identifica la hepatitis a partir de la realización de ultrasonidos, a través de pruebas del hígado elevadas o análisis por causas ajenas a este padecimiento.

Asimismo, en todas las regiones del territorio nacional existen laboratorios para confirmar la enfermedad a través de pruebas de PCR (Reacción en Cadena de la Polimerasa) por vía sanguínea y estuches de diagnóstico desarrollados por el Centro de InmunoEnsayo con la tecnología SUMA.

En medio del complejo escenario ante la pandemia de la COVID-19, erradicar las hepatitis de cara al 2030 sigue siendo una de las apuestas del sistema de salud cubano, para lo cual se estudian las embarazadas, se garantiza la vacunación de los infantes al nacer y se brinda asistencia médica a los pacientes infectados.

Científicos hallan el denominador común para todos los cánceres

En una nueva investigación publicada este mes en la revista especializada Cancer Cell, científicos del Instituto de Investigación Lunenfeld-Tanenbaum -LTRI-, parte de Sinai Health, han conseguido dividir todos los tipos de cáncer en dos grupos según la presencia o ausencia de una proteína asociada a estos a la que han bautizado como Yes-Associated Protein, o sencillamente YAP.

Rod Bremner, científico principal de LTRI, explica que lo que han descubierto es que todos los cánceres tienen como denominador común la llamada proteína YAP, ya se encuentre o no desactivada en el tumor, y que este estado de activación o latencia, es lo que condiciona que los distintos cánceres presenten diferentes sensibilidades o resistencias a los diferentes medicamentos o tratamientos.

YAP juega un papel importante en la formación de tumores malignos porque es un importante regulador de la vía de señalización del hipopótamo, declara el científico.

Un interruptor tumoral

“YAP no sólo se encuentra activado o desactivado, sino que presenta efectos opuestos a favor o en contra del cáncer en ambos contextos», continúa Bremner. «Por lo tanto, los cánceres YAP-on -en los que la proteína se encuentra activada- necesitan a YAP para crecer y sobrevivir. Por el contrario, los cánceres YAP-off dejan de crecer cuando activamos YAP”.

De hecho, muchos cánceres YAP-off son muy letales. En su nueva investigación, la cual se publica bajo el título Binary pan-cancer classes with distinct vulnerabilities defined by pro- or anti-cancer YAP/TEAD activity, Bremner y sus colegas del Roswell Park Comprehensive Cancer Center de Buffalo, en Nueva York, muestran que algunos cánceres como el de próstata o pulmón pueden saltar de un estado YAP-on a un estado YAP-off para resistir los tratamientos.

Así, cuando las células cancerosas se cultivan en una placa de un laboratorio, flotan o se adhieren. El equipo de investigadores descubrió que YAP es el regulador maestro de la flotabilidad de una célula, donde todas las células flotantes son YAP-off y todas las células pegajosas son YAP-on.

“Es bien sabido que los cambios en el comportamiento adhesivo de un tumor están asociados con la resistencia a los medicamentos, por lo que nuestros hallazgos sitúan a YAP en el centro de este comportamiento”, detalla el científico.

“Las terapias que abordan estos cánceres podrían tener un efecto profundo en la supervivencia del paciente”, añade Joel Pearson, becario postdoctoral en el Laboratorio de Bremner y coautor del artículo.

“Esta regla binaria y simple que descubrimos podría exponer diversas estrategias para tratar muchos tipos de cáncer que caen en las superclases YAP-off o YAP-on”, continúa.

“Además, dado que los cánceres saltan entre estos dos estados para evadir la terapia, tener formas de tratar los estados YAP-off y YAP-on podría convertirse en un enfoque general para evitar que el cáncer cambie para resistir los tratamientos farmacológicos”, sentencia con la esperanza de que al deducir las vulnerabilidades comunes para estos tipos de cáncer, sea posible desarrollar nuevos enfoques terapéuticos.

Tomado de National Geographic.

Vea el artículo en: Pearson JD, Huang K, Pacal M, et al. Binary pan-cancer classes with distinct vulnerabilities defined by pro- or anti-cancer YAP/TEAD activity. Cancer Cell. 2021. doi: 10.1016 / j.ccell.2021.06.016

SARS-CoV-2: mutaciones y vacunas

Hace un año, los científicos que analizaban el futuro de la pandemia de SARS-CoV-2 se sentían optimistas. El desarrollo de vacunas avanzaba hacia un logro sin precedentes y, a diferencia de los virus que causan la influenza o el sida, pensaron que este virus no podía mutar para evadir el sistema inmunológico humano completamente preparado.

«Afortunadamente, el SARS-CoV-2 no parece haber desarrollado ningún truco de este tipo todavía, lo que sugiere que todavía tenemos la oportunidad de detener su propagación y la pandemia mediante la búsqueda de un enfoque de vacuna relativamente sencillo», escribieron dos inmunólogos de la Yale University, en New Haven, Estados Unidos, el 31 de julio de 2020 en un ensayo para The New York Times.

Desde entonces, el Reino Unido, Sudáfrica, India y Brasil han descubierto «variantes de preocupación»: mutaciones que se propagan más fácilmente y pueden causar enfermedades más graves.

El nuevo niño de la cuadra, la variante delta (B.1.617.2) identificada originalmente en la India, parece ser mucho más contagiosa que el virus original. Se está convirtiendo rápidamente en la fuente dominante de nuevos casos de COVID-19 en todas partes, lo que provoca un aumento en los casos nuevos incluso cuando se ha vacunado un gran porcentaje de la población.

Al mismo tiempo, el esfuerzo por vacunar al mundo entero está chocando con barreras tan importantes que la esperanza de extinguir el virus de esta manera se ha desvanecido rápidamente.

«Creo que hay un amplio consenso de que el virus no desaparecerá», declaró a Medscape Noticias Médicas el Dr. Amalio Telenti, Ph. D., científico jefe de datos de la compañía Vir Biotechnology con sede en San Francisco, Estados Unidos.

Las vacunas son un gran obstáculo para los virus

Eso no significa que el número de decesos por COVID-19 continuará aumentando indefinidamente o que incluso alcanzará los números del invierno pasado. El virus aún no ha desarrollado la capacidad de escapar por completo de la respuesta inmune estimulada por la mejor de las vacunas disponibles.

«Lo que hemos visto con los datos es que, al menos las vacunas de ARN mensajero, brindan una gran eficacia contra la variante delta», declaró a Medscape Noticias Médicas Ravina Kullar, doctora en farmacia, maestra en salud pública, especialista en enfermedades infecciosas y epidemiología de la University of California en Los Ángeles. Pero sí significa que la humanidad se enfrenta a una lucha que podría extenderse en el futuro previsible.

Desde el principio, los epidemiólogos hablaron de «inmunidad colectiva», la condición en la que una proporción tan alta de una población es inmune a una enfermedad que no puede encontrar suficientes huéspedes nuevos para seguir replicándose. Eso puede suceder de forma natural si se infectan suficientes personas.

Al comienzo de la pandemia, un puñado de científicos argumentó que permitir una infección generalizada era la opción más rápida para contener el virus a través de la inmunidad natural. Ese enfoque cayó rápidamente en descrédito cuando los epidemiólogos calcularon los millones de muertes que causaría.

Y no hay garantía de que la inmunidad natural pueda eliminar un virus. A menudo, un virus evoluciona para evadir la respuesta inmune, reinfectando a más personas hasta que desarrollan una nueva inmunidad. Esto da como resultado olas de contagio con fluctuaciones en el tiempo, como ocurre con la influenza.

La vacunación ofrece un método más lento pero mucho más seguro para aplastar un virus. Eso sucedió con la viruela, erradicada en todo el mundo en 1980 después de décadas de esfuerzos mundiales de vacunación. Además, la vacunación puede ser más eficaz que la inmunidad natural. Ese parece ser el caso del SARS-CoV-2.

Todo se reduce a las matemáticas

Pero hasta ahora la humanidad no ha podido erradicar ningún otro virus, además de la viruela, mediante la vacunación. El éxito de tal esfuerzo depende de múltiples factores, incluida la eficacia de la vacuna y otras medidas de salud como, en el caso del SARS-CoV-2, el distanciamiento social y el uso de mascarillas.

La carrera entre la evolución del virus y la vacunación de seres humanos se reduce a un problema matemático. En promedio, todas las personas infectadas con el SARS-CoV-2 original que surgió en Wuhan, China, infectaron a otras 2,5 personas. Los epidemiólogos calcularon que con la inmunización de 70% de la población, las vacunas podrían disminuir ese promedio a menos de 1 persona nueva infectada, lo que provocaría que el virus desapareciera.

Las personas infectadas con la variante delta, por el contrario, parecen infectar a más personas; las estimaciones oscilan entre 3,5 y 7 nuevas infecciones.[1] Eso eleva el listón de la inmunidad de grupo a 85% de la población.

No parece probable que los esfuerzos de vacunación alcancen ese nivel en este momento. En muchos países donde las vacunas están ampliamente disponibles, la tasa vacunación ha disminuido, retrasando poder alcanzar incluso el objetivo original del 70%.

Al ritmo actual, Estados Unidos no alcanzará esa proporción hasta diciembre. Pero entre 11% y 14% de los estadounidenses dicen que no quieren vacunarse si pueden elegir. Si se agrega eso a 10% que quiere «esperar y ver», la inmunidad de grupo en los Estados Unidos parece fuera de alcance.

En algunos países de bajos ingresos, la perspectiva de la inmunidad de grupo parece aún más remota: hasta ahora, solo alrededor de 1% de su población ha sido vacunada.

Entonces, ¿por qué los científicos pensaron que la inmunidad de grupo alguna vez sería posible? Las primeras imágenes del SARS-CoV-2 sugirieron un virus que solo evolucionaría lentamente.

Los coronavirus tienen la capacidad de corregir su material genético cuando se replican. Esto hace que las mutaciones sean menos probables que con muchos otros virus. Y el virus estaba bajo poca presión evolutiva porque tenía muchas víctimas frescas sin inmunidad.

Pero a medida que el virus se propaga, encontrando más y más personas y más y más respuestas inmunes, las mutaciones se vuelven más probables. «Si lo pones en cientos de millones de personas, van a llegar más variaciones», declaró a Medscape Noticias Médicas John P. Moore, M. A., Ph. D., profesor de microbiología e inmunología en Weill Cornell Medicine de Nueva York, Estados Unidos.

Algunos científicos piensan que el virus nunca puede cambiar lo suficiente como para escapar por completo de la inmunidad generada por la vacuna. Estas vacunas estimulan los anticuerpos que atacan partes de la proteína de la espiga que usa el virus para adherirse a las células de su huésped. En las variantes más contagiosas, incluida delta, el virus ha cambiado partes de su espiga, haciéndolo menos susceptible a los anticuerpos.

Las vacunas aún estimulan los anticuerpos que atacan otras partes de la proteína de la espiga, por lo que su efectividad solo se reduce parcialmente. Además, las vacunas estimulan la inmunidad celular, un proceso mediante el cual las células inmunitarias destruyen las células infectadas antes de que puedan liberar virus.

«Tenemos cada vez más pruebas de que la inmunidad mediada por células que también se produce después de una infección natural y después de la vacunación se conserva contra las variantes», dijo la Dra. Pauline Vetter, especialista en enfermedades infecciosas de los Geneva University Hospitals en Ginebra, Suiza.

Se están investigando dosis adicionales de vacuna, vacunas de refuerzo con fórmulas mejoradas e incluso tipos de vacunas completamente nuevos.

¿Hay una línea de meta a la vista?

¿Podría el virus encontrarse con un callejón sin salida evolutivo? «No se pueden mutar las proteínas de la espiga indefinidamente sin que pierdan alguna función», dijo Moore. «No son infinitamente maleables. Y, sin embargo, podría imaginarse que hay algunas variantes que podrían ser peores».

La compleja interacción de estos factores y otros, como la durabilidad de la respuesta inmunitaria, dificulta la predicción del futuro de la pandemia.

Pero la mayoría de los expertos creen que no desaparecerá. En una encuesta realizada por Nature a 119 inmunólogos, 89% dijo que espera que el virus se vuelva endémico, «uno que continúa circulando en los focos de la población mundial».[2]

De esa manera, podría parecerse a la influenza, tal vez aumentando y disminuyendo con las estaciones, peor un año, mejor otro año a medida que evolucionan tanto el virus como las defensas contra él.

Algunas partes del mundo podrían acercarse a la inmunidad colectiva mediante la vacunación. En Estados Unidos, eso podría significar estados enteros, o quizás ciudades. «No vamos a tener una inmunidad colectiva nacional, pero probablemente estemos cerca de la inmunidad colectiva en regiones importantes del país», dijo Moore. «Vivo en Manhattan. La vida es bastante normal».

En Los Ángeles, mientras tanto, la Dra. Kullar advierte que la tasa de mortalidad está aumentando una vez más, y los funcionarios de salud locales exigen que incluso las personas vacunadas usen mascarillas en lugares públicos.

«Creo que solo debemos tener en cuenta que la pandemia aún no ha terminado», agregó.

Moore, la Dra. Vetter y la Dra. Kullar han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. Telenti es un empleado de Vir Biotechnology.

Laird Harrison escribe sobre ciencia, salud y cultura. Su trabajo ha aparecido en revistas nacionales, periódicos, radios públicas y sitios web. Está trabajando en una novela sobre realidades alternativas en física. Harrison enseña escritura en Writers Grotto.

Día Mundial del Cerebro 2021: Detener la esclerosis múltiple

El Día Mundial del Cerebro 2021 está dedicado a la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad neurológica que afecta a 2,8 millones de personas de todas las edades en todo el mundo. Los tratamientos modificadores de la enfermedad ralentizan la progresión, pero el acceso a estos medicamentos no está disponible en muchas partes del mundo.

Este Día Mundial del Cerebro, el llamado de la Federación Mundial de Neurología es a trabajar juntos para detener la EM diagnosticando antes, brindando un mejor acceso a tratamientos que cambian la vida y abogando por una mejor calidad de vida para las personas que viven con esa enfermedad y para sus cuidadores.

Mensajes clave:

  • Discapacidad: la esclerosis múltiple es una enfermedad neurológica debilitante que afecta todos los aspectos de la vida de una persona, con efectos que van desde el deterioro cognitivo hasta una discapacidad física significativa.
  • Prevalencia: 2,8 millones de personas de todas las edades en todo el mundo se ven afectadas por la EM, y alguien recibe este diagnóstico que cambia la vida cada cinco minutos.
  • Educación: Debemos trabajar con los profesionales de la salud para reconocer los signos y síntomas de la EM, de modo que las personas puedan ser diagnosticadas a tiempo y tratadas de manera eficaz.
  • Acceso al tratamiento: los tratamientos modificadores de la enfermedad ralentizan la progresión de la enfermedad, mejorando drásticamente la calidad de vida de las personas que viven con EM, pero el acceso a estos medicamentos no está disponible en muchas partes del mundo.
  • Apoyo: podemos detener la EM diagnosticando antes, brindando un mejor acceso a tratamientos que cambian la vida y abogando por mejorar la calidad de vida de las personas que viven con EM y sus cuidadores.

La Federación Internacional de Esclerosis Múltiple (MSIF, por sus siglas en inglés) lanzó la primera parte del Atlas de la EM (tercera edición), el cual destaca las amplias disparidades y barreras que existen a nivel mundial para acceder al diagnóstico, las terapias que modifican la enfermedad y la atención.

Aunque, como bien sabe, ha habido muchos cambios importantes en el panorama de la salud de las personas con EM en los últimos años con respecto a las opciones de diagnóstico y terapia, lamentablemente seguimos viendo desigualdades entre los países y dentro de ellos. Algunos de los hallazgos clave del atlas incluyen:

  • Más de las tres cuartas partes de los países de todo el mundo se enfrentan a problemas que impiden el diagnóstico precoz de la EM.
  • En 7 de cada 10 países, las personas con EM enfrentan barreras para acceder a terapias que modifican la enfermedad.
  • Las terapias para síntomas invisibles como la fatiga y el deterioro cognitivo no están disponibles en 4 de cada 10 países.

¿Por qué las personas vacunadas pueden contagiarse con el SARS-CoV-2?

¿Pueden los individuos que ya se han inmunizado contagiarse con el SARS-CoV-2? No son pocas las personas que reiteran esta interrogante y comentan incluso sobre ejemplos de familiares y conocidos que “habían recibido la vacuna y sin embargo resultaron positivos a la covid-19”.

Para intentar responder esta inquietud, el primer paso es tener claridad sobre qué significa realmente estar vacunado, y en segundo lugar comprender cuál es hasta el momento la función de las vacunas anticovid existentes.

Pero, a qué nos referimos cuando decimos que un individuo está vacunado. Para empezar, valdría la pena dejar claro que el hecho de recibir una única dosis de vacuna no hace que estemos inmunizados, por lo que la idea de sentirnos protegidos sin haber completado el esquema de inmunización diseñado para cada vacuna está lejos de ayudarnos a la tan necesaria percepción de riesgo.

Por ejemplo, tanto para la vacuna Abdala, como para el candidato vacunal Soberana 02 en su esquema heterólogo junto a Soberana Plus, un sujeto estará inmunizado cuando reciba las tres dosis de la vacuna. En el caso de Abdala, es un esquema de aplicaciones separadas por 14 días (0, 14, 28 días), mientras que para Soberana 02, se aplican dos dosis de este candidato más una de refuerzo del candidato vacunal Soberana Plus, a intervalo de 28 días. (0, 28, 56 días).

 

 

Ahora bien, el quid del asunto es que solo después de aplicada la tercera dosis es que comienza a producirse un incremento de la respuesta inmune, que puede evaluarse 14 o 28 días después de la aplicación de esa última dosis. En otras palabras, para que una persona esté en mejores condiciones frente a la exposición al virus SARS-CoV-2, necesita que esa respuesta inmune ocurra y se desarrolle, y para ello se necesitan dos condiciones mínimo: que el individuo haya completado el esquema de inmunización y que haya transcurrido un tiempo  no menor a los 14 días después de hacerlo. A partir de ese momento es que se comienza a evaluar la tan mencionada “eficacia vacunal”.

De hecho, lo que podemos esperar de las vacunas está estrechamente relacionado con este último aspecto, y es que la eficacia vacunal está dada por la proporción en que el inmunógeno reduce la probabilidad de que la persona enferme de covid-19, es decir, desarrolle síntomas clínicos de covid. Puede estar cursando la enfermedad de manera asintomática o incluso resultar ser PCR positivo. La eficacia entonces,  se expresa en la manera en que la inmunización evita que una persona infectada enferme y transite a formas graves o críticas de la enfermedad, o incluso a la muerte.

Tanto para Abdala como para Soberana 02, la variable principal del estudio en sus ensayos fase III, es la eficacia contra la enfermedad sintomática, que resultó ser de 92.28% y 91.2%, respectivamente. Asimismo, ambos productos en su fase III de ensayos clínicos encontraron que la eficacia en la prevención de la muerte y la enfermedad sistémica severa fue significativamente mayor; alcanzándose un 100% de prevención para los dos inmunógenos. No se reportó ningún fallecimiento en el grupo estudio vacunado.

En días recientes, expertos anunciaban que ya está en curso un estudio de efectividad de la vacuna Abdala en la población cubana que abarcará más de 300 000 personas, es decir que se evalúa  lo que ocurre en la práctica médica cotidiana, sin que esté asociada a un ensayo clínico. Es decir, cómo se comporta la vacuna luego de que son inmunizados un gran número de individuos, donde no hay grupos controles sino que se refiere a los no vacunados por determinadas causas.

Volviendo a la idea inicial de este texto, no es ocioso remarcar que una vacuna es más efectiva, o está más cerca de la eficacia alcanzada en un ensayo clínico, mientras mejor sea el proceso y el programa de inmunización, y ello implica en primer lugar autocuidado y adherencia al esquema de aplicación del producto.

En otro orden, qué otros factores pueden incidir en que aún luego de la vacunación, un número de personas pueda contagiarse con el coronavirus. Cubadebate conversó con la doctora María Eugenia Toledo Romaní, investigadora principal del ensayo clínico fase III del candidato vacunal Soberana 02, quien insistió en cuatro aspectos fundamentales:

 

  • La respuesta individual de las personas a la vacuna es diferente y no depende solamente de que esta sea buena en términos generales, ni de que genere un estímulo del sistema inmune, porque la respuesta inmune de cada individuo depende de su edad, de sus comorbilidades y del nivel de exposición al riesgo, entre otros elementos; subrayó la experta.

Por ejemplo, dijo, no están expuestos al mismo riesgo los trabajadores de la Salud que laboran diariamente con personas enfermas —que incluso pueden estar infectadas con más de una variante del virus—, a quienes están en sus casas, recibiendo solo la influencia de sus familiares.

En las epidemias, para evitar las grandes crisis sanitarias, es muy importante evitar los eventos de superdispersión, o sea, aquellos que se producen en lugares donde pueden contagiarse gran cantidad de personas, señaló Toledo Romaní

“Por eso no solo en Cuba, sino en varios países del mundo, al inicio de la pandemia se vio un incremento de los casos entre los trabajadores sanitarios, de ahí que fueran considerados como la primera línea de protección. Cuando las personas se exponen en sitios de gran concentración de población, el riesgo de contagiarse es mayor, sobre todo en un ambiente de cocirculación de varias variantes del virus”, insistió la entrevistada.

  • Para lograr un real impacto sobre la infección hay que incrementar significativamente las coberturas vacunales; es decir, se necesita un porcentaje grande de población protegida que permita reducir la circulación viral y evitar la infección.

“Por eso no es extraño que personas vacunadas puedan infectarse. En este minuto, lo importante con las vacunas es evitar que transiten a formas graves o severas de la enfermedad”, dijo la investigadora.

Datos del Ministerio de Salud Pública dan cuenta que al cierre del 20 de julio se acumulaban en el país 8 388 988 dosis administradas con los candidatos vacunales cubanos.

Hasta la fecha, 3 409 164 personas han recibido al menos una dosis de uno de los candidatos vacunales cubanos. De ellas ya tienen segunda dosis 2 859 850 personas y tercera dosis 2 119 974 personas. Alrededor del 20 % de la población cubana ha completado el esquema de inmunización.

  • Existen nuevas variantes del virus que pueden escapar al efecto de las vacunas, como la cepa Beta (notificada por primera vez en Sudáfrica), según reportan estudios internacionales, ejemplificó la experta.

Explicó que si el organismo no tiene elevados títulos de anticuerpos neutralizantes —que pueden estar mediados por su respuesta individual— entonces puede la persona infectarse. “En este minuto, la apuesta todavía no está 100% al efecto producido por las vacunas, ya que el efecto no es igual para todos. Por ejemplo, hay una reducción de la respuesta inmune en los más viejos o en aquellos que tienen algunas comorbilidades, y esto no solo ocurre con las vacunas contra la covid, sino en todas, porque siempre hay personas que son “no respondedores” y siempre hay variantes de infecciones bacterianas que escapan al efecto de la vacuna. En estos momentos, la vacuna contra la covid añade valor al efecto de las medidas sanitarias que se ejecutan, por eso la población debe entender la necesidad de protegerse hasta tanto se haya vacunado un nivel significativo de población que posibilite impactar sobre la circulación del virus”.

  • Hay que intentar no exponerse a esos espacios de alta concentración de personas que contribuyen a los eventos de superdispersión, afirmó Toledo Romaní.

Según la entrevistada, al vacunar al personal médico de la mayoría de los centros hospitalarios, hoy se han reducido los eventos institucionales, pero crecen los intradomiciliarios. “Son los propios familiares quienes llevan el virus a la casa, enfermando a las personas adultas. Hay quienes no comprenden que todavía no hay una protección poblacional que genere un efecto de rebaño en los niños y ancianos, cuyo sistema inmune no es lo suficientemente fuerte ni respondendor como para neutralizar al virus. De ahí que al llegar a los hospitales se compliquen con enfermedades asociadas a la infección intrahospitalaria o a sus propias comorbilidades”, dijo.

En resumen, la cuestión fundamental es que si usted es de las personas que ya se ha vacunado, no se confíe y ayude a su sistema inmune cumpliendo con las medidas establecidas. En términos sencillos dele —nasobuco, distanciamiento e higiene mediante— tiempo para responder.

Piense además que siempre hay riesgo de contagiarse y cursar de manera asintomática la enfermedad; pero ello no evita que transmita el virus. Evite entonces dentro de lo posible exponerse a espacios de riesgo que propicien un contagio, porque en este tema de las vacunas hay una máxima clara: vacunarse es asumir también la responsabilidad de cuidar a quien todavía no pone el hombro.  

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