Científica Informativa

La COVID-19 de larga duración lleva un largo camino hacia la recuperación

Paul Garner, médico de salud pública que se especializa en enfermedades infecciosas, comparte con Medscape su experiencia como paciente de la COVID-19.

Los pensamientos de enfermarse fueron lo más alejado de la mente del Dr. Garner cuando los síntomas del COVID-19 cambiaron su vida. Garner asumió que probablemente se sentiría enfermo durante unas semanas y luego se recuperaría. Pero ocho semanas después, todavía se sentía como si lo hubieran golpeado con un bate, con dolores y molestias, contracciones musculares, un corazón acelerado y diarrea. “Fue como estar en el infierno”, dijo.

Comenzó a relatar su dolorosa enfermedad de COVID-19 en una serie de publicaciones de blog para British Medical Journal. En una de sus publicaciones, compartió lo mortificado que estaba de haber infectado al personal en su lugar de trabajo durante más de 20 años. “Me imaginaba a sus parientes vulnerables muriendo y nunca perdonándome a mí mismo. Mi mente era un desastre”, escribió.

Garner no podía hacer la mayoría de las cosas que solía disfrutar y redujo sus horas de trabajo en la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool en el Reino Unido. En los primeros 6 meses de su enfermedad, luchó con ciclos de sentirse mejor, hacer demasiado y luego volver a desmoronarse.

Encontró la enfermedad difícil de manejar. Lo intentó todo: usar su reloj inteligente para rastrear sus actividades, medir el tiempo que durmió, verificar si los alimentos que comió afectaron el empeoramiento repentino de los síntomas, pero nada funcionó.

La enfermedad cíclica se transformó en semanas de agotamiento cuando Garner ni siquiera podía leer y tenía dificultades para hablar. A los 7 meses, se preguntó si alguna vez se recuperaría. “Pensé que el virus había causado un cambio biomédico en mi cuerpo y paralizó mi metabolismo de alguna manera”, dice. “Me sentí inseguro y temeroso del futuro”.

El cambio se produjo cuando alguien de su red profesional que se había recuperado del síndrome de fatiga crónica le ofreció ayuda. “Aprendí cómo la respuesta al estrés del cerebro y del cuerpo a la infección a veces puede desordenarse”, explica, “y los síntomas que estaba experimentando eran en realidad falsas alarmas de fatiga.

Se dio cuenta de que probablemente no había daños físicos en sus tejidos, por lo que necesitaba dejar de monitorear constantemente sus síntomas, buscar distracciones cuando se sintiera mal y esperar su recuperación y recuperar su vida.

Garner no está solo en su experiencia. Al menos 33 millones de estadounidenses se han infectado con COVID-19 y algunos todavía tienen síntomas más de 4 semanas después, según los CDC.

Un estudio aún en revisión, de medio millón de personas en el Reino Unido donde vive Garner, informa que 1 de cada 20 personas con COVID-19 están lidiando con síntomas persistentes. Aproximadamente el 6% de las personas en el estudio dijo que su recuperación se retrasó por al menos un síntoma que persistió durante 12 semanas o más.

La falta de aire y la fatiga se encuentran entre los problemas más comunes informados después del COVID-19. Incluso las personas que no presentan ningún síntoma cuando se infectan por primera vez pueden sentirse mal después de la enfermedad.

“Estas explicaciones que tenían sentido, junto con un entrenamiento sensible para cambiar mis creencias sobre mi enfermedad, realmente ayudaron”.

En los centros médicos de los Estados Unidos se están abriendo clínicas de rehabilitación para pacientes de COVID-19. Pero, ¿se verán obstaculizados los esfuerzos en este sentido por la falta de una explicación clara de los síntomas que no desaparecen? ¿Y las personas se sentirán ignoradas por un sistema de salud que no está listo para abordar algo que realmente no puede medir?

Experiencias recientes sugieren que este es el caso, según Greg Vanichkachorn, MD, médico de familia y fundador del Programa de rehabilitación de actividades COVID-19 en la Clínica Mayo en Rochester, MN.

“Si hay una verdad universal entre todos los pacientes que he entrevistado, es que a menudo se los deja de lado, se los encasilla o, francamente, se los abandona”, dice.

Algunos expertos creen que los médicos deben evaluar a los pacientes para detectar síntomas de salud mental después de la fase inicial de COVID y ofrecer atención temprana y continua.

“Es importante que reconozcamos que los síntomas son reales, imaginarios o resultado del estrés”, dice Garner. “Y pensar demasiado en la enfermedad y la búsqueda constante de una causa biomédica puede ser perjudicial”.

“El miedo a no recuperarme fue una gran barrera para lidiar con los síntomas. Las conversaciones con otras personas sobre sus síntomas también te recuerdan y pueden reforzar una identidad como una persona enferma, y no ayuda. Simplemente, hay que dejarlo ir. Encuentra cosas buenas en la vida, enfócate en lo positivo. Los pensamientos realmente me ayudaron, pero lleva tiempo y puede haber contratiempos. No es fácil”.

Vea más sobre la experiencia del Dr. Paul Garner en: Long-Haul COVID Brings Long Road to Recovery – Medscape – Jun 30, 2021 (debe registrarse en el sitio web)

La pandemia de COVID-19 causa un importante retroceso en la vacunación infantil, según se desprende de los nuevos datos publicados por la OMS y el UNICEF

Ginebra/Nueva York, 15 de julio de 2021 (OMS/UNICEF)- 23 millones de niños se quedaron sin las vacunas básicas administradas a través de los servicios de inmunización sistemática en 2020 – 3,7 millones más que en 2019 – según se desprende de los datos oficiales publicados hoy por la OMS y el UNICEF. Esta última serie de datos globales sobre la vacunación infantil en todo el mundo, las primeras cifras oficiales que reflejan las interrupciones de los servicios a nivel mundial debido a la COVID-19, muestra que la mayoría de los países registraron el año pasado descensos en las tasas de vacunación infantil.

Resulta preocupante que la mayoría de estos niños – hasta 17 millones – probablemente no recibieron ni una sola vacuna durante ese año, lo que agrava las enormes desigualdades ya existentes en el acceso a las vacunas. La mayoría de estos niños viven en comunidades afectadas por conflictos, en lugares apartados donde la atención es deficiente, o en entornos informales o barrios marginales, donde sufren múltiples privaciones, como el acceso limitado a los servicios básicos de salud y a los servicios sociales fundamentales.

“Mientras los países claman por conseguir las vacunas contra la COVID-19, hemos retrocedido en otras vacunaciones, dejando que los niños estén expuestos al riesgo de contraer enfermedades devastadoras pero prevenibles, como el sarampión, la poliomielitis o la meningitis,” dijo el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. “La aparición de múltiples brotes de enfermedades sería catastrófica para las comunidades y los sistemas de salud, que ya están luchando contra la COVID-19, por lo que es más urgente que nunca invertir en la vacunación infantil y garantizar que se atienda a todos los niños.”

En todas las regiones, aumentó el número de niños que no recibieron las primeras dosis vitales de vacunas en 2020, y más millones de niños se quedaron sin las vacunas posteriores

Las interrupciones en los servicios de vacunación fueron generalizadas en 2020, y las Regiones de Asia Sudoriental y el Mediterráneo Oriental de la OMS fueron las más afectadas.  Al reducirse el acceso a los servicios de salud y el alcance de la vacunación, el número de niños que no recibieron ni siquiera sus primeras vacunas aumentó en todas las regiones. En comparación con 2019, 3,5 millones más de niños no recibieron su primera dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP-1), mientras que 3 millones más de niños se quedaron sin su primera dosis de la vacuna contra el sarampión.

“Estos datos deberían ser una clara advertencia – la pandemia de COVID-19 y las perturbaciones relacionadas con ella nos han hecho perder un terreno valioso, algo que no podemos permitirnos – y las consecuencias tendrán un costo en términos de vidas y del bienestar de los más vulnerables,” declaró Henrietta Fore, Directora Ejecutiva del UNICEF. “Ya antes de la pandemia había indicios preocupantes de que estábamos empezando a perder terreno en la lucha por la inmunización de los niños contra las enfermedades infantiles prevenibles, incluidos los brotes generalizados de sarampión que se produjeron hace dos años. La pandemia no ha hecho más que agravar una situación ya de por sí crítica. Todos tenemos en mente la distribución equitativa de las vacunas contra la COVID-19, pero hemos de recordar que la distribución de las vacunas siempre ha sido desigual, aunque no tiene por qué serlo.”

Los datos muestran que en los países de ingreso mediano aumenta la proporción de niños no protegidos, es decir, de niños que no recibieron al menos alguna dosis de la vacuna. La India registra un descenso especialmente importante, ya que la cobertura de las tres dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP-3) disminuyó del 91% al 85%.

Situación en las Américas

Debido a la falta de fondos, a la desinformación sobre las vacunas, a la inestabilidad y a otros factores, también se está perfilando un panorama preocupante en la Región de las Américas de la OMS, donde sigue disminuyendo la cobertura vacunal. Tan solo el 82% de los niños están totalmente vacunados contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, en comparación con el 91% en 2016.

Las restricciones a la circulación por la pandemia contribuyeron a un menor número de vacunaciones. Además, muchas personas se mostraron reticentes a acudir a los centros de salud para solicitar las vacunas por miedo a infectarse con COVID-19.

«Es imperativo que cerremos la brecha que separa a los niños de las vacunas que pueden protegerlos de enfermedades peligrosas. Las Américas han sido víctimas de su propio éxito en inmunizaciones, pero debemos redoblar nuestros esfuerzos para garantizar que ningún niño se quede atrás en lo que respecta al calendario de vacunación. Lo hemos hecho antes y podemos volver a hacerlo ahora», dijo la Dra. Carissa F. Etienne, Directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional de la OMS para las Américas.

Los países corren el riesgo de que resurjan el sarampión y otras enfermedades prevenibles mediante vacunación

Incluso antes de la pandemia de COVID-19, las tasas mundiales de vacunación infantil contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, el sarampión y la poliomielitis se habían mantenido durante varios años en torno al 86%. Esta tasa se sitúa muy por debajo del 95% recomendado por la OMS para proteger contra el sarampión – que suele ser la primera enfermedad en resurgir cuando no se vacuna a los niños – y es insuficiente para acabar con otras enfermedades prevenibles mediante vacunación.

Al reasignarse numerosos recursos y una gran parte del personal para apoyar la respuesta a la COVID-19, se han producido importantes interrupciones en la prestación de servicios de inmunización en muchas partes del mundo. En algunos países, se han cerrado los dispensarios o se ha reducido su horario, mientras que las personas pueden mostrarse reacias a acudir a los servicios de atención de salud por miedo al contagio o tener dificultades para acceder a dichos servicios debido a las medidas de confinamiento y a las interrupciones en el transporte.

“Estas cifras son alarmantes, e indican que la pandemia está echando por tierra años de progreso en la inmunización sistemática y exponiendo a millones de niños a enfermedades mortales y prevenibles,” declaró el Dr. Seth Berkley, Director Ejecutivo de Gavi, la Alianza para las Vacunas. “Se trata de una advertencia – no podemos dejar que un legado de la COVID-19 sea el resurgimiento del sarampión, la poliomielitis y otras enfermedades mortales. Debemos trabajar todos juntos para ayudar a los países a vencer a la COVID-19, garantizando el acceso equitativo a las vacunas en todo el mundo, y a volver a poner en marcha los programas de inmunización sistemática. La salud y el bienestar futuros de millones de niños y sus comunidades en todo el mundo dependen de ello.”

Y nuestra preocupación no se limita a las enfermedades propensas a provocar brotes. Las tasas de vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) – que protege a las niñas contra  el cáncer cervicouterino más adelante en la vida – ya de por sí bajas, se han visto muy afectadas por el cierre de las escuelas. Como consecuencia de ello, en todos los países que han introducido la vacuna contra el VPH hasta la fecha, aproximadamente 1,6 millones más de niñas se quedaron sin vacunar en 2020. A nivel mundial, solamente el 13% de las niñas fueron vacunadas contra el VPH, en comparación con el 15% en 2019.

Los organismos piden que se recupere urgentemente la inmunización sistemática y se invierta en ella

Mientras los países trabajan para recuperar el terreno perdido debido a las interrupciones relacionadas con la COVID-19, UNICEF, la OMS y otros asociados como Gavi, la Alianza para las Vacunas, respaldan las iniciativas encaminadas a reforzar los sistemas de inmunización:

  • Restableciendo los servicios y las campañas de vacunación para que los países puedan llevar a cabo con seguridad los programas de inmunización sistemática durante la pandemia de COVID-19;
  • Ayudando a los trabajadores de la salud y a los líderes de la comunidad a comunicarse activamente con los cuidadores para explicarles la importancia de la vacunación;
  • Rectificando las lagunas en la cobertura de inmunización, en particular mediante la identificación de las comunidades y las personas que no han recibido atención durante la pandemia;
  • Velando por que la administración de vacunas contra la COVID-19 se planifique y financie de manera independiente, y se lleve a cabo paralelamente a los servicios de vacunación infantil, y no a expensas de estos;
  • Aplicando los planes de los países para prevenir los brotes de enfermedades (en inglés) prevenibles mediante vacunación y darles respuesta, y reforzar los sistemas de inmunización en el marco de los esfuerzos de recuperación tras la COVID-19.

Los organismos trabajan en colaboración con los países y los asociados para alcanzar las ambiciosas metas de la Agenda de Inmunización 2030, de alcance mundial, y que tiene por objetivo lograr que las vacunas esenciales administradas en la infancia alcancen una cobertura del 90%; reducir a la mitad el número de niños no vacunados en absoluto, o niños de ‘dosis cero’, y aumentar la aceptación de las nuevas vacunas que salvan vidas, como las vacunas contra el rotavirus o el neumococo, en los países de ingreso bajo y mediano.

¿Antibióticos asociados con aumento en el cáncer de colon de inicio temprano?

La exposición a antibióticos parece estar asociada con el desarrollo de cáncer de colon, particularmente en personas más jóvenes, y podría estar contribuyendo al aumento del cáncer colorrectal de aparición temprana, según investigadores de Reino Unido.[1]

El equipo llevó a cabo un estudio de casos y controles anidado utilizando datos de la atención primaria en Escocia, que incluyó aproximadamente 8.000 casos de cáncer colorrectal y más de 30.000 controles sanos.

El análisis sugiere que un historial de uso de antibióticos entre personas menores de 50 años pareció aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de colon (pero no rectal) en 49 %.

«Hasta donde sabemos, este es el primer estudio que relaciona el uso de antibióticos con el riesgo creciente de cáncer de colon de aparición temprana, enfermedad que ha aumentado a una tasa de al menos 3% por año durante las últimas dos décadas», señaló la presentadora del estudio, Sarah Perrott, estudiante de medicina de la University of Aberdeen, en Aberdeen, Reino Unido.

«Es probable que la comida chatarra, las bebidas azucaradas, la obesidad y el alcohol hayan jugado un papel en ese aumento, pero nuestros datos enfatizan la importancia de evitar los antibióticos innecesarios, especialmente en niños y adultos jóvenes», indicó Perrott.

«Ahora queremos averiguar si existe asociación entre el uso de antibióticos y los cambios en el microbioma que pueden hacer que el colon sea más susceptible al cáncer, especialmente en personas más jóvenes», agregó la autora principal, Dra. Leslie Samuel, oncóloga en el Aberdeen Royal Infirmary.

«Es una situación compleja, ya que sabemos que el microbioma puede volver rápidamente a su estado anterior incluso cuando el intestino se ha limpiado para un procedimiento de diagnóstico», continuó la Dra. Samuel.

La investigación se presentó el 2 de julio en World Congress on Gastrointestinal Cancers de 2021 (WCGC 2021) de la European Society for Medical Oncology (ESMO).

Al comentar para ESMO, el Dr. Alberto Sobrero, Ph. D., de la Unidad de Oncología Médica en el Ospedale San Martino, en Génova, Italia, dijo que los pacientes más jóvenes con cáncer de colon generalmente tienen peor pronóstico que las personas mayores porque con frecuencia se diagnostican más tarde.

«Es menos probable que los médicos investiguen a un paciente con malestar abdominal por cáncer de colon si tiene 30 años que si tiene 70 y los pacientes más jóvenes no son elegibles para el cribado del cáncer colorrectal», explicó.

Sin embargo, el Dr. Sobrero cree que es «demasiado pronto para decir si el uso excesivo de antibióticos podría ser un factor causal y debemos comprender más sobre el posible papel del microbioma en el cáncer de intestino antes de considerar el impacto de los antibióticos en la flora intestinal».

No obstante, los resultados «nos recuerdan que no se deben administrar antibióticos a menos que sean realmente necesarios, y no podemos excluir la posibilidad de que el uso innecesario de antibióticos puede estar exponiendo a las personas a mayor riesgo de cáncer», concluyó.

El Dr. Thomas Seufferlein, del Departmento de Medicina Interna en la Ulm University, en Ulm, Alemania, hizo comentarios similares y discutió los hallazgos.

Estuvo de acuerdo con los autores en «que el uso cuidadoso de antibióticos es sensato y primordial», pero agregó que se necesitan más estudios sobre este posible vínculo entre el uso de antibióticos y el aumento observado en el cáncer colorrectal temprano.

Detalles del estudio

Estudios previos han demostrado que en adultos mayores alteraciones significativas en la estructura y diversidad del microbioma intestinal inducidas por la terapia con antibióticos influyen en el desarrollo del cáncer colorrectal. Sin embargo, Perrott señaló que no se ha investigado el impacto del uso de antibióticos en el cáncer colorrectal de aparición temprana.

Por tanto, los investigadores realizaron un estudio de casos y controles anidado revisando los expedientes de atención primaria para identificar los casos de cáncer colorrectal diagnosticados en Escocia entre 1999 y 2011. Se dividió a los pacientes en quienes fueron diagnosticados antes de los 50 años y los diagnosticados a los 50 años o más, y se equipararon con hasta cinco controles sanos.

El estudio incluyó 7.903 casos de cáncer colorrectal, de los cuales 5.281 eran cáncer de colon y 2.622 cáncer de recto, junto con 30.418 controles.

Entre los pacientes con cáncer colorrectal 445 (5,6%) tenían menos de 50 años en el momento del diagnóstico.

El equipo también analizó el historial de uso de antibióticos. Se extrajeron las prescripciones de antibióticos orales, estratificadas por clase de fármaco y por efecto anaeróbico/no anaeróbico, y se calculó el periodo total de exposición al antibiótico y se categorizó como 0, 1 a 15, 16 a 60 y más de 60 días.

En general, a 45% de los pacientes se le prescribió antibióticos. Cualquier uso de antibióticos se asoció con riesgo significativamente mayor de cáncer de colon, pero esto fue más pronunciado en pacientes menores de 50 años en el momento del diagnóstico.

Específicamente, cualquier uso de antibióticos se asoció con odds ratio ajustado de cáncer de colon de 1,49 (p = 0,018) en pacientes menores de 50 años frente a 1,09 (p = 0,029) en los de 50 años o más.

En pacientes más jóvenes la asociación más grande entre el uso de antibióticos y el cáncer de colon se observó en pacientes con exposición total a antibióticos de 1 a 15 días (OR ajustado: 1,55), que cayó a 1,46 con 16 a 60 días de exposición, y sin asociación para > 60 días de exposición.

No se observó tal relación en pacientes con cáncer de colon de 50 años o más en el momento del diagnóstico.

Tampoco hubo relación significativa entre el uso de antibióticos y la aparición de cáncer de recto, con odds ratio ajustado de 1,17 (p = 0,493) en los menores de 50 años en el momento del diagnóstico y 1,07 (p = 0,698) en los pacientes mayores.

El estudio fue apoyado por Cancer Research UK. El Dr. Seufferlien ha informado tener relación con Amgen, Bayer, Merck, Sanofi, Celgene, Shire, Roche, Falk Foundation, AstraZeneca, Lilly, Merck-Serono, Servier, Pierre Fabre, Cantargia y Boehringer Ingelheim.

Referencias

1. Perrott S. Global rise in early-onset colorectal cancer: An association with antibiotic consumption? Abstract SO-25. ESMO World Congress on Gastrointestinal Cancer 2021. Presented July 2, 2021.

Esquema de Soberana 02 + Soberana Plus alcanza 91,2 % de eficacia

La eficacia del candidato vacunal Soberana 02 en su esquema de tres dosis junto a Soberana Plus es del 91,2%, con lo cual supera los requisitos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para que un candidato vacunal contra la COVID-19 se convierta en vacuna, que es del 50 %.

Este resultado fue establecido por un Comité Independiente, y aunque el logro científico ya cumple con la condición de vacuna, su uso de emergencia será autorizado en su momento por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED).

Este mismo esquema de vacunación se prueba hoy en niños y adolescentes cubanos, mediante el ensayo clínico de Soberana-Pediatría, cuyo objetivo es evaluar la seguridad, la reactogenicidad y la inmunogenicidad de los candidatos vacunales profilácticos anti SARS-CoV-2.

El pasado 21 de junio, se informó que el candidato vacunal Abdala presenta una eficacia del 92,28 % en su esquema de tres dosis.

El expediente del candidato vacunal Abdala, con una eficacia del 92,28 %, ya fue presentado por su desarrollador (el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología) a la entidad reguladora cubana, el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED), para obtener el autorizo de uso de emergencia.

Ambos resultados se obtienen en un escenario de circulación de las nuevas cepas en el país.

Vea también: La vacuna conjugada de SARS-CoV-2 RBD-toxoide tetánico induce una fuerte inmunidad neutralizante en estudios preclínicos

La OMS publica el primer informe mundial sobre inteligencia artificial (IA) aplicada a la salud y seis principios rectores relativos a su concepción y utilización

Según las nuevas orientaciones de la OMS, publicadas el pasado 28 de junio, la inteligencia artificial (IA) ofrece grandes expectativas para mejorar la prestación de atención de salud y la medicina en todo el mundo, siempre y cuando la ética y los derechos humanos ocupen un lugar central en su concepción, despliegue y utilización. 

El informe, titulado Ethics and governance of artificial intelligence for health (ética y gobernanza de la inteligencia artificial en el ámbito de la salud), es el resultado de dos años de consultas celebradas por un grupo de expertos internacionales nombrados por la OMS.

«Como toda nueva tecnología, la inteligencia artificial ofrece grandes posibilidades para mejorar la salud de millones de personas en todo el mundo; ahora bien, como toda tecnología, también puede utilizarse indebidamente y causar daño», dijo el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. «Este nuevo e importante informe proporciona a los países una valiosa guía sobre la manera de aumentar al máximo los beneficios de la IA, al tiempo que se minimizan sus riesgos y se evitan sus trampas».

La inteligencia artificial puede utilizarse, lo que ya se está haciendo en algunos países ricos, para mejorar la velocidad y la precisión del diagnóstico y la detección de enfermedades; facilitar la atención clínica; reforzar la investigación en el ámbito de la salud y el desarrollo de medicamentos, y apoyar diversas intervenciones de salud pública, como la vigilancia de la morbilidad, la respuesta a los brotes y la gestión de los sistemas de salud.

La IA también podría permitir que los pacientes tuvieran un mayor control de su propia atención de salud y comprendieran mejor la evolución de sus necesidades. Además, podría facilitar el acceso a los servicios de salud en los países con escasos recursos y las comunidades rurales, donde los pacientes a menudo tienen dificultades para acceder a los agentes de salud o al personal médico.

Sin embargo, en el nuevo informe de la OMS se advierte del peligro de sobreestimar las ventajas de la IA en el ámbito de la salud, sobre todo cuando esto se hace en detrimento de inversiones y estrategias básicas que son necesarias para lograr la cobertura sanitaria universal.

Además, en él también se señala que las oportunidades conllevan desafíos y riesgos, como la recopilación y utilización poco éticas de los datos sobre salud; los sesgos codificados en los algoritmos, y los riesgos que presenta la IA para la seguridad del paciente, la ciberseguridad y el medio ambiente.

Así, por ejemplo, si bien la inversión de los sectores público y privado en el desarrollo y despliegue de la IA es fundamental, el uso no regulado de la IA podría subordinar los derechos e intereses de los pacientes y las comunidades a los poderosos intereses comerciales de las empresas tecnológicas o a los intereses de los gobiernos en materia de vigilancia y control social.

El informe también pone de relieve que los sistemas entrenados principalmente a partir de datos recopilados de personas que viven en países de alto ingreso pueden no funcionar bien en el caso de las poblaciones de entornos de ingreso bajo o mediano.

Por lo tanto, los sistemas de IA deberían diseñarse cuidadosamente a fin de reflejar la diversidad de los entornos socioeconómicos y de atención de salud. Estos deberían acompañarse de formación en aptitudes digitales, de implicación comunitaria y de sensibilización, en particular para los millones de agentes de salud cuya alfabetización digital o readaptación profesional serán necesarias en caso de que se automaticen sus cometidos y funciones, y que deberán lidiar con máquinas que podrían poner en entredicho las facultades decisorias y la autonomía de los prestadores y los pacientes.

En última instancia y, guiándose por las leyes existentes y las obligaciones en materia de derechos humanos, así como por las nuevas leyes y políticas que incorporan principios éticos, los gobiernos, los proveedores y los diseñadores deben trabajar conjuntamente para abordar las preocupaciones éticas y de derechos humanos en cada etapa de la concepción, desarrollo y despliegue de una tecnología basada en la IA.

Seis principios para garantizar que la IA se utilice en aras del interés público en todos los países 

A fin de limitar los riesgos y aumentar al máximo las oportunidades que conlleva la utilización de la IA en el ámbito de la salud, la OMS propone que la reglamentación y gobernanza de la IA se basen en los principios siguientes:

» Preservar la autonomía del ser humano: En el contexto de la atención de salud, ello significa que los seres humanos deberían seguir siendo dueños de los sistemas de atención de salud y las decisiones médicas; se debería preservar la privacidad y la confidencialidad, y los pacientes deben dar su consentimiento informado y válido por medio de marcos jurídicos adecuados para la protección de datos.

» Promover el bienestar y la seguridad de las personas y el interés público. Los diseñadores de tecnologías de IA deberían cumplir los requisitos normativos en materia de seguridad, precisión y eficacia para indicaciones o usos bien definidos. Se deben instaurar medidas de control de la calidad en la práctica y de mejora de la calidad en la utilización de la IA.

» Garantizar la transparencia, la claridad y la inteligibilidad. La transparencia exige que se publique o documente información suficiente antes de la concepción o el despliegue de una tecnología de IA. Esa información debe ser fácilmente accesible y facilitar consultas y debates provechosos sobre la concepción de la tecnología y sobre el uso que se debería hacer o no de esta.

» Promover la responsabilidad y la rendición de cuentas. Las tecnologías de IA permiten realizar tareas específicas; ahora bien, incumbe a las partes interesadas velar por que estas sean utilizadas en condiciones apropiadas y por personas debidamente formadas. Se deberían instaurar mecanismos eficaces para que las personas y los grupos que se vean perjudicados por decisiones basadas en algoritmos puedan cuestionarlas y obtener reparación.

» Garantizar la inclusividad y la equidad. La inclusividad requiere que la IA aplicada a la salud sea concebida de manera que aliente la utilización y el acceso equitativos en la mayor medida de lo posible, con independencia de la edad, el  sexo, el género, el ingreso, la raza, el origen étnico, la orientación sexual, la capacidad  u otras características amparadas por los códigos de derechos humanos.

» Promover una IA con capacidad de respuesta y sostenible. Los diseñadores, desarrolladores y usuarios deberían evaluar de forma continua y transparente las aplicaciones de la IA en situación real a fin de determinar si esta responde de manera adecuada y apropiada a las expectativas y las necesidades. Los sistemas de IA también se deberían concebir de modo que se reduzcan al mínimo sus efectos medioambientales y se aumente la eficiencia energética. Los gobiernos y las empresas deberían anticipar las perturbaciones ocasionadas en el lugar de trabajo, en particular la formación que se deberá impartir a los agentes de salud para que se familiaricen con el uso de los sistemas de IA, y las posibles pérdidas de empleos debidas a la utilización de sistemas automatizados.

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