Científica Informativa

Variantes genéticas aumentan la severidad de la COVID-19

La Doctora en Ciencias María Guadalupe Guzmán Tirado, jefa del Centro de Investigación, Diagnóstico y Referencia del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), señaló que la variante Delta del SARS-CoV-2 se encuentra en Cuba y se está imponiendo en el país.

Esta mutación notificada por primera vez en la India se ha detectado en Artemisa (una viajera), La Habana, Villa Clara, Holguín, Ciego de Ávila y Matanzas, donde más está presente, pero en todos los territorios hay variantes circulando, aseveró la investigadora durante su comparecencia en el programa radio-televisivo Mesa Redonda.

La también presidenta de la Sociedad Cubana de Microbiología y Parasitología expresó que en relación a los casos graves y críticos de los 51 estudiados en La Habana, Matanzas y Camagüey entre abril y junio se identificó que la variante Beta (notificada en Sudáfrica) estuvo en el 74,5 por ciento de los pacientes, mientras que en junio se detectó que en Matanzas la Delta se asociaba al ciento por ciento de esos pacientes.

A través de la vigilancia genómica desde enero a la fecha se secuenciaron mil 064 muestras de todas las provincias, incluyendo casos graves y críticos, fallecidos, viajeros y en brotes de la enfermedad, donde se detectó la circulación de la cepa original de Wuhan, además de 11 variantes y cinco patrones mutacionales.

Entre ellas se encuentran las cuatro consideradas por la OMS como de preocupación: Alfa (notificada en Reino Unido), Beta, Gamma (notificada en Brasil) y Delta, y dos de las variantes de interés: Epsilon (notificada en California) y P2 Brasil.

A partir de estos estudios se evidenció que prevalece en mayor proporción la Beta, la D614G –que llegó a Cuba y circuló desde el inicio de la pandemia– y a partir del mes de junio incrementó la presencia de la Delta, a la vez que se redujo significativamente la D614G, aunque con el paso de los días estos números pueden cambiar.

La investigadora enfatizó que la variante Delta se aisló por primera vez en octubre de 2020 en la India, hoy se encuentra en más de 110 países de varias regiones geográficas y se espera que se imponga en el mundo en las próximas semanas.

De igual forma, se asocia a más de un 90 por ciento de los casos de Reino Unido y Rusia, más del 20 en Francia y del 30 en Estados Unidos, de ahí que en junio de 2021 se declarara por la OMS como de preocupación, acotó Guzmán Tirado.

Con respecto a la transmisibilidad, apuntó, se considera la más contagiosa de todas, siendo un 64 por ciento más transmisible en relación a la Alfa que es entre un 40 y un 50 por ciento.

Por su parte, Narciso Argelio Jiménez Pérez, profesor auxiliar del IPK, detalló que en medio de este contexto epidemiológico se evidencia un aumento de la severidad de la COVID-19 en los pacientes infectados.

Durante su intervención en la Mesa Redonda también recalcó el elevado nivel de propagación de la variante Delta, cuya presencia se hace cada vez más notables en toda la nación.

Según explicó el también especialista en Segundo Grado en Medicina Interna e Intensiva, la repercusión clínica de estas mutaciones está relacionada con la alta incidencia del virus en el orbe y, al contagiarse más personas, los números de severidad y mortalidad aumentan.

Jiménez Pérez expuso que la población es el “incubador”, por lo que ningún país estará seguro hasta lograse coberturas de vacunación a nivel global.

En poco tiempo la variante Delta ha logrado imponerse sobre la Alfa por sus elevados mecanismos de generación y altos niveles de replicación.

El experto señaló igualmente que se transmite con mayor facilidad debido a las mutaciones que ayudan a su acoplamiento con las células del organismo humano y, por tanto, escapa a la respuesta innata del Interferón clase 1.

Sobre las manifestaciones clínicas, comentó que estas se pueden prolongar después de las cuatro semanas en los pacientes, y alertó que si los síntomas como la fiebre se prolongan en el tiempo es necesario actuar para evitar las complicaciones graves.

Ante el complejo escenario epidemiológico que azota a todo el mundo, los investigadores insistieron en el cumplimiento de las medidas de prevención advertidas por las autoridades sanitarias para evitar el contagio a medida que se avanza con la vacunación en el país.

Cuba actualiza su protocolo para el diagnóstico y el manejo clínico de confirmados, sospechosos y contactos

Teniendo en cuenta el comportamiento de la epidemia provocada por la COVID-19 en Cuba, y como parte de las acciones que se realizan para hacer frente a ella, este sábado el Grupo Temporal de Trabajo para la prevención y control del nuevo coronavirus aprobó una actualización del protocolo para el diagnóstico y el manejo clínico de pacientes confirmados, sospechosos y contactos de quienes han resultado positivos a la enfermedad.

Los nuevos elementos diseñados —aseguró el ministro de Salud Pública, José Angel Portal Miranda— están en concordancia con la transmisión del virus en el país; la actual situación epidemiológica de todas las provincias; la necesidad de seguir optimizando el uso de los recursos, sobre todo de las camas; y el avance de la vacunación en Cuba.

Según detalló durante el intercambio —encabezado por el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y en el cual rindieron cuenta las autoridades gubernamentales de todo el país— con la actualización se modifica la manera en que se han asumido hasta el momento algunas cuestiones asociadas no solo al diagnóstico y el manejo clínico, sino también a la clasificación de las personas, de acuerdo con el riesgo y la sintomatología que presentan, así como de los síntomas, según su severidad, y del tipo de instituciones destinadas al ingreso de los pacientes.

El Titular de Salud Pública refirió, entre otros elementos, que de resultar positivo el test de antígeno en una persona que presenta síntomas de la enfermedad, de inmediato se le realiza un PCR y, sin esperar su confirmación, se inicia la conducta terapéutica correspondiente, la intención es iniciar cuanto antes el tratamiento.

Sobre el aislamiento de los contactos de casos confirmados —un aspecto que varía sustancialmente según la manera en que se había asumido hasta el momento—, dijo que, a partir del nuevo protocolo, estas personas cumplirán con un aislamiento de 14 días en el domicilio y bajo una vigilancia clínico-epidemiológica que permita detectar la aparición de síntomas.

En este sentido, llamó la atención  acerca de la importancia de garantizar que se cumpla con el aislamiento domiciliario de todos los contactos, para lo cual resulta esencial la labor conjunta del médico y la enfermera de la familia, con los factores de la comunidad.

Justamente al personal de la salud, unido a las familias y los factores de la comunidad, corresponde en estos momentos cada vez un papel más protagónico, reflexionó Portal Miranda. Asociado a ello comentó la decisión de reducir los grandes estudios poblacionales que se realizaban en el país, pues la elevada cantidad de muestras PCR que es necesario procesar en la actualidad en todas las provincias, impide respaldar estos estudios de la forma en que se llevaban a cabo en otros momentos de la epidemia.

De ahí su insistencia en la prioridad con que se debe trabajar para identificar en los barrios personas sospechosas de portar la enfermedad. Esa es la batalla principal ahora —subrayó— y cobra una mayor importancia el tema de las pesquisas, para poder detectar todos los casos sintomáticos y trabajar inmediatamente en su diagnóstico y la conducta a seguir, acorde con el riesgo que evidencien.

El miembro del Buró Político y Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, comentó que esta nueva manera de hacer puede considerarse como otra forma de concretar estudios poblacionales. No dejamos de buscar a las personas con síntomas y seguimos estudiando a la población —dijo— aunque de otra manera.

Por otra parte, el Ministro de Salud Pública detalló que, para el diagnóstico de los viajeros a su entrada al país, y como parte del chequeo que se efectúa en frontera, se aplicará un test de antígeno, que de resultar positivo se confirmará mediante un PCR. Previo a concluir la cuarentena —precisó— todos los viajeros serán estudiados con muestras PCR.

Otro aspecto modificado a partir del nuevo protocolo es el de los criterios a seguir para conceder el alta a un paciente. Al respecto, Portal Miranda expuso que, quienes continúen siendo positivos a la COVID-19 por 14 días o más, si están bien clínicamente, serán dados de alta con seguimiento en el hogar. Tras 14 días de haber sido confirmados —acotó– es muy bajo el riesgo de transmisión de la enfermedad.

De manera particular sobre la atención a los pacientes confirmados, especificó que aquellos definidos como de bajo riesgo, tanto asintomáticos como sintomáticos leves, serán ingresados en su domicilio, donde recibirán el correspondiente.

Al ingreso en instituciones irán los positivos de bajo riesgo que presentan síntomas moderados, así como los de mediano y alto riesgo que manifiesten síntomas leves o moderados. En ambos casos se les aplica el protocolo aprobado para estos pacientes.

Según puntualizó en el encuentro, bajo ningún concepto podrán ser ingresados en el hogar pacientes cuya vivienda no reúna condiciones para el cumplimiento de las medidas de aislamiento y tratamiento; a quienes la distancia y el acceso al consultorio no permita darles un seguimiento diario a su evolución médica; y quienes formen parte de familias disfuncionales.

Tampoco podrán quedar en ingreso domiciliario menores de 12 años, embarazadas y puérperas; niños de 12 a 18 años con patologías crónicas asociadas; y pacientes con enfermedades crónicas descompensadas o en condiciones clínicas que pudieran llevarlos a la gravedad.

Con la aplicación de los nuevos elementos que distinguen la actualización del protocolo, aseguró el Ministro de Salud Pública, será posible prestar una mejor atención a los pacientes que requieran ser ingresados en nuestras instituciones, tanto en las hospitalarias como en otras que se han acondicionado con ese fin.

Asociado a ello el Primer Ministro enfatizó en la importancia de que el nuevo documento llegue por escrito a cada médico, enfermera o estudiante que tenga la responsabilidad de aplicarlo.

Aquí no hay espacio para equivocarse, lo que se debe hacer está bien definido, valoró en el encuentro, al cual también asistió el miembro del Buró Político y secretario de Organización y Política de Cuadros, Roberto Morales Ojeda.

Así, en medio del peor escenario epidemiológico que se ha vivido en Cuba desde el inicio de la epidemia en marzo de 2020, el enfrentamiento a la COVID-19 continúa siendo un reto del día a día. Asumirlo con inteligencia y acorde con el comportamiento que manifieste la enfermedad, es también garantía para el éxito, en momentos en que avanza la inmunización de la población cubana y en la Mayor de las Antillas se ha aplicado la tercera dosis de alguno de sus candidatos vacunales a más de dos millones de personas.

Tomado de Cubadebate

La COVID-19 de larga duración lleva un largo camino hacia la recuperación

Paul Garner, médico de salud pública que se especializa en enfermedades infecciosas, comparte con Medscape su experiencia como paciente de la COVID-19.

Los pensamientos de enfermarse fueron lo más alejado de la mente del Dr. Garner cuando los síntomas del COVID-19 cambiaron su vida. Garner asumió que probablemente se sentiría enfermo durante unas semanas y luego se recuperaría. Pero ocho semanas después, todavía se sentía como si lo hubieran golpeado con un bate, con dolores y molestias, contracciones musculares, un corazón acelerado y diarrea. “Fue como estar en el infierno”, dijo.

Comenzó a relatar su dolorosa enfermedad de COVID-19 en una serie de publicaciones de blog para British Medical Journal. En una de sus publicaciones, compartió lo mortificado que estaba de haber infectado al personal en su lugar de trabajo durante más de 20 años. “Me imaginaba a sus parientes vulnerables muriendo y nunca perdonándome a mí mismo. Mi mente era un desastre”, escribió.

Garner no podía hacer la mayoría de las cosas que solía disfrutar y redujo sus horas de trabajo en la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool en el Reino Unido. En los primeros 6 meses de su enfermedad, luchó con ciclos de sentirse mejor, hacer demasiado y luego volver a desmoronarse.

Encontró la enfermedad difícil de manejar. Lo intentó todo: usar su reloj inteligente para rastrear sus actividades, medir el tiempo que durmió, verificar si los alimentos que comió afectaron el empeoramiento repentino de los síntomas, pero nada funcionó.

La enfermedad cíclica se transformó en semanas de agotamiento cuando Garner ni siquiera podía leer y tenía dificultades para hablar. A los 7 meses, se preguntó si alguna vez se recuperaría. “Pensé que el virus había causado un cambio biomédico en mi cuerpo y paralizó mi metabolismo de alguna manera”, dice. “Me sentí inseguro y temeroso del futuro”.

El cambio se produjo cuando alguien de su red profesional que se había recuperado del síndrome de fatiga crónica le ofreció ayuda. “Aprendí cómo la respuesta al estrés del cerebro y del cuerpo a la infección a veces puede desordenarse”, explica, “y los síntomas que estaba experimentando eran en realidad falsas alarmas de fatiga.

Se dio cuenta de que probablemente no había daños físicos en sus tejidos, por lo que necesitaba dejar de monitorear constantemente sus síntomas, buscar distracciones cuando se sintiera mal y esperar su recuperación y recuperar su vida.

Garner no está solo en su experiencia. Al menos 33 millones de estadounidenses se han infectado con COVID-19 y algunos todavía tienen síntomas más de 4 semanas después, según los CDC.

Un estudio aún en revisión, de medio millón de personas en el Reino Unido donde vive Garner, informa que 1 de cada 20 personas con COVID-19 están lidiando con síntomas persistentes. Aproximadamente el 6% de las personas en el estudio dijo que su recuperación se retrasó por al menos un síntoma que persistió durante 12 semanas o más.

La falta de aire y la fatiga se encuentran entre los problemas más comunes informados después del COVID-19. Incluso las personas que no presentan ningún síntoma cuando se infectan por primera vez pueden sentirse mal después de la enfermedad.

“Estas explicaciones que tenían sentido, junto con un entrenamiento sensible para cambiar mis creencias sobre mi enfermedad, realmente ayudaron”.

En los centros médicos de los Estados Unidos se están abriendo clínicas de rehabilitación para pacientes de COVID-19. Pero, ¿se verán obstaculizados los esfuerzos en este sentido por la falta de una explicación clara de los síntomas que no desaparecen? ¿Y las personas se sentirán ignoradas por un sistema de salud que no está listo para abordar algo que realmente no puede medir?

Experiencias recientes sugieren que este es el caso, según Greg Vanichkachorn, MD, médico de familia y fundador del Programa de rehabilitación de actividades COVID-19 en la Clínica Mayo en Rochester, MN.

“Si hay una verdad universal entre todos los pacientes que he entrevistado, es que a menudo se los deja de lado, se los encasilla o, francamente, se los abandona”, dice.

Algunos expertos creen que los médicos deben evaluar a los pacientes para detectar síntomas de salud mental después de la fase inicial de COVID y ofrecer atención temprana y continua.

“Es importante que reconozcamos que los síntomas son reales, imaginarios o resultado del estrés”, dice Garner. “Y pensar demasiado en la enfermedad y la búsqueda constante de una causa biomédica puede ser perjudicial”.

“El miedo a no recuperarme fue una gran barrera para lidiar con los síntomas. Las conversaciones con otras personas sobre sus síntomas también te recuerdan y pueden reforzar una identidad como una persona enferma, y no ayuda. Simplemente, hay que dejarlo ir. Encuentra cosas buenas en la vida, enfócate en lo positivo. Los pensamientos realmente me ayudaron, pero lleva tiempo y puede haber contratiempos. No es fácil”.

Vea más sobre la experiencia del Dr. Paul Garner en: Long-Haul COVID Brings Long Road to Recovery – Medscape – Jun 30, 2021 (debe registrarse en el sitio web)

La pandemia de COVID-19 causa un importante retroceso en la vacunación infantil, según se desprende de los nuevos datos publicados por la OMS y el UNICEF

Ginebra/Nueva York, 15 de julio de 2021 (OMS/UNICEF)- 23 millones de niños se quedaron sin las vacunas básicas administradas a través de los servicios de inmunización sistemática en 2020 – 3,7 millones más que en 2019 – según se desprende de los datos oficiales publicados hoy por la OMS y el UNICEF. Esta última serie de datos globales sobre la vacunación infantil en todo el mundo, las primeras cifras oficiales que reflejan las interrupciones de los servicios a nivel mundial debido a la COVID-19, muestra que la mayoría de los países registraron el año pasado descensos en las tasas de vacunación infantil.

Resulta preocupante que la mayoría de estos niños – hasta 17 millones – probablemente no recibieron ni una sola vacuna durante ese año, lo que agrava las enormes desigualdades ya existentes en el acceso a las vacunas. La mayoría de estos niños viven en comunidades afectadas por conflictos, en lugares apartados donde la atención es deficiente, o en entornos informales o barrios marginales, donde sufren múltiples privaciones, como el acceso limitado a los servicios básicos de salud y a los servicios sociales fundamentales.

“Mientras los países claman por conseguir las vacunas contra la COVID-19, hemos retrocedido en otras vacunaciones, dejando que los niños estén expuestos al riesgo de contraer enfermedades devastadoras pero prevenibles, como el sarampión, la poliomielitis o la meningitis,” dijo el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. “La aparición de múltiples brotes de enfermedades sería catastrófica para las comunidades y los sistemas de salud, que ya están luchando contra la COVID-19, por lo que es más urgente que nunca invertir en la vacunación infantil y garantizar que se atienda a todos los niños.”

En todas las regiones, aumentó el número de niños que no recibieron las primeras dosis vitales de vacunas en 2020, y más millones de niños se quedaron sin las vacunas posteriores

Las interrupciones en los servicios de vacunación fueron generalizadas en 2020, y las Regiones de Asia Sudoriental y el Mediterráneo Oriental de la OMS fueron las más afectadas.  Al reducirse el acceso a los servicios de salud y el alcance de la vacunación, el número de niños que no recibieron ni siquiera sus primeras vacunas aumentó en todas las regiones. En comparación con 2019, 3,5 millones más de niños no recibieron su primera dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP-1), mientras que 3 millones más de niños se quedaron sin su primera dosis de la vacuna contra el sarampión.

“Estos datos deberían ser una clara advertencia – la pandemia de COVID-19 y las perturbaciones relacionadas con ella nos han hecho perder un terreno valioso, algo que no podemos permitirnos – y las consecuencias tendrán un costo en términos de vidas y del bienestar de los más vulnerables,” declaró Henrietta Fore, Directora Ejecutiva del UNICEF. “Ya antes de la pandemia había indicios preocupantes de que estábamos empezando a perder terreno en la lucha por la inmunización de los niños contra las enfermedades infantiles prevenibles, incluidos los brotes generalizados de sarampión que se produjeron hace dos años. La pandemia no ha hecho más que agravar una situación ya de por sí crítica. Todos tenemos en mente la distribución equitativa de las vacunas contra la COVID-19, pero hemos de recordar que la distribución de las vacunas siempre ha sido desigual, aunque no tiene por qué serlo.”

Los datos muestran que en los países de ingreso mediano aumenta la proporción de niños no protegidos, es decir, de niños que no recibieron al menos alguna dosis de la vacuna. La India registra un descenso especialmente importante, ya que la cobertura de las tres dosis de la vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina (DTP-3) disminuyó del 91% al 85%.

Situación en las Américas

Debido a la falta de fondos, a la desinformación sobre las vacunas, a la inestabilidad y a otros factores, también se está perfilando un panorama preocupante en la Región de las Américas de la OMS, donde sigue disminuyendo la cobertura vacunal. Tan solo el 82% de los niños están totalmente vacunados contra la difteria, el tétanos y la tos ferina, en comparación con el 91% en 2016.

Las restricciones a la circulación por la pandemia contribuyeron a un menor número de vacunaciones. Además, muchas personas se mostraron reticentes a acudir a los centros de salud para solicitar las vacunas por miedo a infectarse con COVID-19.

«Es imperativo que cerremos la brecha que separa a los niños de las vacunas que pueden protegerlos de enfermedades peligrosas. Las Américas han sido víctimas de su propio éxito en inmunizaciones, pero debemos redoblar nuestros esfuerzos para garantizar que ningún niño se quede atrás en lo que respecta al calendario de vacunación. Lo hemos hecho antes y podemos volver a hacerlo ahora», dijo la Dra. Carissa F. Etienne, Directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), oficina regional de la OMS para las Américas.

Los países corren el riesgo de que resurjan el sarampión y otras enfermedades prevenibles mediante vacunación

Incluso antes de la pandemia de COVID-19, las tasas mundiales de vacunación infantil contra la difteria, el tétanos, la tos ferina, el sarampión y la poliomielitis se habían mantenido durante varios años en torno al 86%. Esta tasa se sitúa muy por debajo del 95% recomendado por la OMS para proteger contra el sarampión – que suele ser la primera enfermedad en resurgir cuando no se vacuna a los niños – y es insuficiente para acabar con otras enfermedades prevenibles mediante vacunación.

Al reasignarse numerosos recursos y una gran parte del personal para apoyar la respuesta a la COVID-19, se han producido importantes interrupciones en la prestación de servicios de inmunización en muchas partes del mundo. En algunos países, se han cerrado los dispensarios o se ha reducido su horario, mientras que las personas pueden mostrarse reacias a acudir a los servicios de atención de salud por miedo al contagio o tener dificultades para acceder a dichos servicios debido a las medidas de confinamiento y a las interrupciones en el transporte.

“Estas cifras son alarmantes, e indican que la pandemia está echando por tierra años de progreso en la inmunización sistemática y exponiendo a millones de niños a enfermedades mortales y prevenibles,” declaró el Dr. Seth Berkley, Director Ejecutivo de Gavi, la Alianza para las Vacunas. “Se trata de una advertencia – no podemos dejar que un legado de la COVID-19 sea el resurgimiento del sarampión, la poliomielitis y otras enfermedades mortales. Debemos trabajar todos juntos para ayudar a los países a vencer a la COVID-19, garantizando el acceso equitativo a las vacunas en todo el mundo, y a volver a poner en marcha los programas de inmunización sistemática. La salud y el bienestar futuros de millones de niños y sus comunidades en todo el mundo dependen de ello.”

Y nuestra preocupación no se limita a las enfermedades propensas a provocar brotes. Las tasas de vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) – que protege a las niñas contra  el cáncer cervicouterino más adelante en la vida – ya de por sí bajas, se han visto muy afectadas por el cierre de las escuelas. Como consecuencia de ello, en todos los países que han introducido la vacuna contra el VPH hasta la fecha, aproximadamente 1,6 millones más de niñas se quedaron sin vacunar en 2020. A nivel mundial, solamente el 13% de las niñas fueron vacunadas contra el VPH, en comparación con el 15% en 2019.

Los organismos piden que se recupere urgentemente la inmunización sistemática y se invierta en ella

Mientras los países trabajan para recuperar el terreno perdido debido a las interrupciones relacionadas con la COVID-19, UNICEF, la OMS y otros asociados como Gavi, la Alianza para las Vacunas, respaldan las iniciativas encaminadas a reforzar los sistemas de inmunización:

  • Restableciendo los servicios y las campañas de vacunación para que los países puedan llevar a cabo con seguridad los programas de inmunización sistemática durante la pandemia de COVID-19;
  • Ayudando a los trabajadores de la salud y a los líderes de la comunidad a comunicarse activamente con los cuidadores para explicarles la importancia de la vacunación;
  • Rectificando las lagunas en la cobertura de inmunización, en particular mediante la identificación de las comunidades y las personas que no han recibido atención durante la pandemia;
  • Velando por que la administración de vacunas contra la COVID-19 se planifique y financie de manera independiente, y se lleve a cabo paralelamente a los servicios de vacunación infantil, y no a expensas de estos;
  • Aplicando los planes de los países para prevenir los brotes de enfermedades (en inglés) prevenibles mediante vacunación y darles respuesta, y reforzar los sistemas de inmunización en el marco de los esfuerzos de recuperación tras la COVID-19.

Los organismos trabajan en colaboración con los países y los asociados para alcanzar las ambiciosas metas de la Agenda de Inmunización 2030, de alcance mundial, y que tiene por objetivo lograr que las vacunas esenciales administradas en la infancia alcancen una cobertura del 90%; reducir a la mitad el número de niños no vacunados en absoluto, o niños de ‘dosis cero’, y aumentar la aceptación de las nuevas vacunas que salvan vidas, como las vacunas contra el rotavirus o el neumococo, en los países de ingreso bajo y mediano.

¿Antibióticos asociados con aumento en el cáncer de colon de inicio temprano?

La exposición a antibióticos parece estar asociada con el desarrollo de cáncer de colon, particularmente en personas más jóvenes, y podría estar contribuyendo al aumento del cáncer colorrectal de aparición temprana, según investigadores de Reino Unido.[1]

El equipo llevó a cabo un estudio de casos y controles anidado utilizando datos de la atención primaria en Escocia, que incluyó aproximadamente 8.000 casos de cáncer colorrectal y más de 30.000 controles sanos.

El análisis sugiere que un historial de uso de antibióticos entre personas menores de 50 años pareció aumentar el riesgo de desarrollar cáncer de colon (pero no rectal) en 49 %.

«Hasta donde sabemos, este es el primer estudio que relaciona el uso de antibióticos con el riesgo creciente de cáncer de colon de aparición temprana, enfermedad que ha aumentado a una tasa de al menos 3% por año durante las últimas dos décadas», señaló la presentadora del estudio, Sarah Perrott, estudiante de medicina de la University of Aberdeen, en Aberdeen, Reino Unido.

«Es probable que la comida chatarra, las bebidas azucaradas, la obesidad y el alcohol hayan jugado un papel en ese aumento, pero nuestros datos enfatizan la importancia de evitar los antibióticos innecesarios, especialmente en niños y adultos jóvenes», indicó Perrott.

«Ahora queremos averiguar si existe asociación entre el uso de antibióticos y los cambios en el microbioma que pueden hacer que el colon sea más susceptible al cáncer, especialmente en personas más jóvenes», agregó la autora principal, Dra. Leslie Samuel, oncóloga en el Aberdeen Royal Infirmary.

«Es una situación compleja, ya que sabemos que el microbioma puede volver rápidamente a su estado anterior incluso cuando el intestino se ha limpiado para un procedimiento de diagnóstico», continuó la Dra. Samuel.

La investigación se presentó el 2 de julio en World Congress on Gastrointestinal Cancers de 2021 (WCGC 2021) de la European Society for Medical Oncology (ESMO).

Al comentar para ESMO, el Dr. Alberto Sobrero, Ph. D., de la Unidad de Oncología Médica en el Ospedale San Martino, en Génova, Italia, dijo que los pacientes más jóvenes con cáncer de colon generalmente tienen peor pronóstico que las personas mayores porque con frecuencia se diagnostican más tarde.

«Es menos probable que los médicos investiguen a un paciente con malestar abdominal por cáncer de colon si tiene 30 años que si tiene 70 y los pacientes más jóvenes no son elegibles para el cribado del cáncer colorrectal», explicó.

Sin embargo, el Dr. Sobrero cree que es «demasiado pronto para decir si el uso excesivo de antibióticos podría ser un factor causal y debemos comprender más sobre el posible papel del microbioma en el cáncer de intestino antes de considerar el impacto de los antibióticos en la flora intestinal».

No obstante, los resultados «nos recuerdan que no se deben administrar antibióticos a menos que sean realmente necesarios, y no podemos excluir la posibilidad de que el uso innecesario de antibióticos puede estar exponiendo a las personas a mayor riesgo de cáncer», concluyó.

El Dr. Thomas Seufferlein, del Departmento de Medicina Interna en la Ulm University, en Ulm, Alemania, hizo comentarios similares y discutió los hallazgos.

Estuvo de acuerdo con los autores en «que el uso cuidadoso de antibióticos es sensato y primordial», pero agregó que se necesitan más estudios sobre este posible vínculo entre el uso de antibióticos y el aumento observado en el cáncer colorrectal temprano.

Detalles del estudio

Estudios previos han demostrado que en adultos mayores alteraciones significativas en la estructura y diversidad del microbioma intestinal inducidas por la terapia con antibióticos influyen en el desarrollo del cáncer colorrectal. Sin embargo, Perrott señaló que no se ha investigado el impacto del uso de antibióticos en el cáncer colorrectal de aparición temprana.

Por tanto, los investigadores realizaron un estudio de casos y controles anidado revisando los expedientes de atención primaria para identificar los casos de cáncer colorrectal diagnosticados en Escocia entre 1999 y 2011. Se dividió a los pacientes en quienes fueron diagnosticados antes de los 50 años y los diagnosticados a los 50 años o más, y se equipararon con hasta cinco controles sanos.

El estudio incluyó 7.903 casos de cáncer colorrectal, de los cuales 5.281 eran cáncer de colon y 2.622 cáncer de recto, junto con 30.418 controles.

Entre los pacientes con cáncer colorrectal 445 (5,6%) tenían menos de 50 años en el momento del diagnóstico.

El equipo también analizó el historial de uso de antibióticos. Se extrajeron las prescripciones de antibióticos orales, estratificadas por clase de fármaco y por efecto anaeróbico/no anaeróbico, y se calculó el periodo total de exposición al antibiótico y se categorizó como 0, 1 a 15, 16 a 60 y más de 60 días.

En general, a 45% de los pacientes se le prescribió antibióticos. Cualquier uso de antibióticos se asoció con riesgo significativamente mayor de cáncer de colon, pero esto fue más pronunciado en pacientes menores de 50 años en el momento del diagnóstico.

Específicamente, cualquier uso de antibióticos se asoció con odds ratio ajustado de cáncer de colon de 1,49 (p = 0,018) en pacientes menores de 50 años frente a 1,09 (p = 0,029) en los de 50 años o más.

En pacientes más jóvenes la asociación más grande entre el uso de antibióticos y el cáncer de colon se observó en pacientes con exposición total a antibióticos de 1 a 15 días (OR ajustado: 1,55), que cayó a 1,46 con 16 a 60 días de exposición, y sin asociación para > 60 días de exposición.

No se observó tal relación en pacientes con cáncer de colon de 50 años o más en el momento del diagnóstico.

Tampoco hubo relación significativa entre el uso de antibióticos y la aparición de cáncer de recto, con odds ratio ajustado de 1,17 (p = 0,493) en los menores de 50 años en el momento del diagnóstico y 1,07 (p = 0,698) en los pacientes mayores.

El estudio fue apoyado por Cancer Research UK. El Dr. Seufferlien ha informado tener relación con Amgen, Bayer, Merck, Sanofi, Celgene, Shire, Roche, Falk Foundation, AstraZeneca, Lilly, Merck-Serono, Servier, Pierre Fabre, Cantargia y Boehringer Ingelheim.

Referencias

1. Perrott S. Global rise in early-onset colorectal cancer: An association with antibiotic consumption? Abstract SO-25. ESMO World Congress on Gastrointestinal Cancer 2021. Presented July 2, 2021.

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