Trabajo periodístico

Marzo de 2010: la misión del Contingente “Henry Reeve” en Rancagua, un ejemplo de ciencia, organización y solidaridad ante el desastre

Mientras Chile intentaba levantarse tras uno de los terremotos más devastadores de su historia —8.8 grados en la escala de Richter, ocurrido el 27 de febrero— un grupo de profesionales cubanos de la salud ya estaba en camino.

La ayuda fue ofrecida de inmediato por Cuba y aceptada oficialmente el 1ro de marzo. Al amanecer del día siguiente, un destacamento del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve” partía hacia territorio chileno con un hospital de campaña y 12 toneladas de medicamentos e insumos.

El equipo arribó a las 2:00 de la madrugada del 3 de marzo a Rancagua, capital de la provincia de Cachapoal, en la Región del Libertador General Bernardo O’Higgins, situada a unos 90 kilómetros al sur de Santiago. Hablamos de un importante centro agrícola y minero del país, con una población cercana a los 250 000 habitantes, ahora golpeado por el sismo y sus réplicas.

El sitio escogido fue el Complejo Deportivo “Patricio Mekis”. Allí, donde antes se celebraban eventos deportivos, se erigirían tiendas médicas, áreas de consulta y quirófanos. A las 17:00 horas de ese mismo día —apenas 19 horas después de su llegada
al país— ya estaban funcionando los servicios de medicina general y pediatría.

En una región donde los hospitales trabajaban al límite —con quirófanos al 40 % de capacidad y salas de trauma al 35 %— cada hora contaba. Montar un hospital de campaña implica instalar equipos pesados, garantizar electricidad, agua, esterilización y seguridad. Los soldados chilenos asumieron las tareas más arduas, protegiendo al personal médico de riesgos innecesarios. Fue una alianza concreta, sin protagonismos, marcada por el objetivo común de salvar vidas.

Al frente de la brigada estaba el doctor Carlos Ricardo Pérez Díaz, entonces jefe del destacamento y director del hospital en Rancagua, quien hoy dirige el Centro Nacional de Urgencia Médica del Ministerio de Salud Pública en La Habana.

«Cuando llegamos, todavía se sentían las réplicas. Pero lo que más se percibía era la angustia de la gente. Nuestra responsabilidad era trabajar con rigor, con organización y con serenidad. No solo íbamos a operar o a pasar consulta; íbamos a transmitir confianza. En una emergencia, tan importante como el bisturí es la palabra que tranquiliza», recuerda el doctor Pérez Díaz.

Su liderazgo fue determinante en la organización de turnos de 24 horas de trabajo por 24 de descanso, en la estructuración de servicios y en la rápida adaptación logística del hospital. Cada decisión estaba guiada no solo por la ciencia médica, sino por la comprensión de que detrás de cada paciente había miedo, incertidumbre y familias enteras necesitadas de apoyo.

Los primeros días estuvieron marcados por traumatismos musculoesqueléticos y emergencias cardiovasculares. Más tarde llegaron las infecciones respiratorias y, silenciosamente, las secuelas emocionales del desastre. La inclusión de un psicólogo en el equipo permitió atender también esas heridas invisibles.

«No bastaba con curar el cuerpo; también había que calmar la mente y dar seguridad a quienes habían perdido todo», añade el doctor Pérez Díaz.

Cuando se aproximaba el invierno austral y las lluvias amenazaban con dificultar la atención, se decidió trasladar toda la instalación al gimnasio techado del complejo, estructura que había resistido el terremoto y sus réplicas. En apenas 48 horas, el hospital quedó completamente reubicado y operativo, con consultorios, laboratorio, farmacia, radiología, salas hospitalarias,
unidad de cuidados intensivos y salón de operaciones.

Durante 254 días de trabajo ininterrumpido, el hospital atendió a 50 048 pacientes y realizó 1 778 cirugías, de las cuales más del 80 % fueron mayores. Cada cifra representa una historia: un niño con fiebre en brazos de su madre, un trabajador que necesitaba regresar a su empleo, un anciano que no podía quedar sin tratamiento. Detrás de los números hubo abrazos, palabras de aliento y manos que sostuvieron otras manos.

A lo largo de los años, brigadas médicas cubanas han acudido a terremotos, huracanes, epidemias y otras emergencias en distintas regiones del mundo. La experiencia en Chile reafirmó una convicción: la respuesta médica ante desastres no es solo técnica, es profundamente humana.

Cuando la tierra tembló en Chile, allí estuvo Cuba. Y estuvo no solo para asistir, sino para acompañar, organizar, sostener y permanecer. Porque en los momentos más difíciles, la solidaridad también puede levantarse como un hospital.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Dra. Inalvis Suárez: Una optometrista con pasión por la ciencia

Hay momentos que marcan para siempre la vida de un profesional de la salud. Para Inalvis Suárez Cuza, ese momento llegó a los 13 años, en el Centro de Retinosis Pigmentaria de Santiago de Cuba, durante su primer chequeo oftalmológico.

Aquella consulta despertó en ella la pasión por cuidar la visión de los demás. Lo que la vida no le dijo entonces es que la profesora que la atendió, la profe Reyna, años después se convertiría en su compañera de trabajo, compartiendo cada día la labor en el servicio de Glaucoma del Instituto Cubano de Oftalmología “Ramón Pando Ferrer”.

Esa coincidencia, tan simbólica, muestra cómo el cuidado, la dedicación y el ejemplo pueden transformar vidas.

—»Después de graduarme como Licenciada en Optometría y Óptica en 2009, comencé la Maestría de Diagnóstico y Terapéutica en Optometría y Óptica en 2020, un proceso que me impulsó junto a colegas y a muchas personas que me apoyaron, en especial la Licenciada Ana Valle, la profesora Dr.C Letisia Lis Muñoz Alonso y la Licenciada Bisnuvia Vargas, a crecer profesionalmente y asumir nuevos retos».

—Y luego llegó al Doctorado…

—»En la Facultad de Tecnología de la Salud: FATESA, con un tema sobre la superación profesional del licenciado en Optometría y Óptica en la atención del glaucoma. Gracias a Dios y al apoyo de mis tutoras, la Dr.C. Susana Solis Solis y la Dr.C. Taimí Cárdenas Díaz, culminé el Doctorado en julio del año pasado. Fue un proceso complejo, pero muy gratificante, porque me hizo crecer tanto profesional como personalmente».

—Hoy es la primera Doctora en Ciencias y Profesora Titular en Optometría y Óptica en el instituto. ¿Cómo se siente eso?

—Es un honor enorme. Lo debo a Dios, a mis seres queridos, al Instituto, a mi país y a tantas personas dentro y fuera de la institución que me acompañaron. Mis compañeros de trabajo también, aunque no puedo nombrarlos a todos, los llevo en un lugar muy especial de mi corazón.

—Para los colegas de oficio, ¿qué mensaje quiere dejar?

—Que la ilusión de ser mejores nunca debe desaparecer, aunque los tiempos sean difíciles. Cada consulta, cada consejo, cada lente ajustado es un acto de amor, compromiso y humanidad. Mantenernos actualizados y seguir creciendo profesional y humanamente es la esencia de nuestra labor.

La historia de Inalvis nos recuerda que la visión es mucho más que un sentido: es un compromiso con la vida y la esperanza, y que la ilusión de mejorar, de aprender y de servir nunca debe apagarse.

Dra.C. Inalvis Suárez

Dra. Inalvis Suárez

Optometría y Öptica

Por: Mylenys Torres Labrada

1 de marzo: Día de los Optometristas y Ópticos de Cuba

Cada 1.º de marzo se celebra en Cuba el Día de los Optometristas y Ópticos, en conmemoración de la aprobación, en 1930, de la ley que creó la Escuela de Optometristas y Ópticos en la Universidad de La Habana, anexa a la entonces Escuela de Medicina.

Esta legislación definió y reguló el ejercicio de la profesión, particularmente en la comprobación de los vicios de refracción y en la comercialización de espejuelos y materiales ópticos.

Aun en un contexto en el que no se dispone de los recursos necesarios, los optometristas y ópticos cubanos mantienen su compromiso con la salud visual del pueblo, ofreciendo atención responsable y profesional.

Por ello, en esta fecha, merecen el reconocimiento y el respeto por la labor que realizan cada día al servicio del sistema nacional de salud.

Optometrista

Más información

Optometría y Óptica. Especialidad. Infomed

Por Mylenys Torres Labrada

Cuba refuerza la vigilancia y prevención de la sífilis en embarazadas y recién nacidos

Aunque Cuba mantiene eliminada la sífilis congénita como problema de salud pública, la enfermedad no ha desaparecido. La incidencia en 2025 disminuyó respecto al año anterior, lo que confirma la efectividad de las acciones desarrolladas; sin embargo, persisten desafíos, por lo que la vigilancia y prevención deben mantenerse de manera constante.

Para enfrentar esta “epidemia silenciosa” de la sífilis y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) en mujeres embarazadas y recién nacidos, se impulsa un proyecto interinstitucional en colaboración con el Ministerio de Salud Pública de Cuba, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la OPS/OMS, con apoyo financiero de la Unión Europea.

El proyecto se centra en el primer nivel de atención, clave para garantizar la detección temprana, tratamiento oportuno y seguimiento adecuado de las gestantes. Sus principales líneas de acción incluyen fortalecer la prevención de la sífilis y otras Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), desarrollar capacidades técnicas del personal de salud en diagnóstico y tratamiento, actualizar y aplicar protocolos clínicos con enfoque en detección precoz y atención integral y mejorar el acceso a medicamentos, pruebas rápidas y medios diagnósticos.

Para 2026, la iniciativa beneficiará directamente a 11 municipios de 5 provincias, seleccionados por presentar las mayores tasas de sífilis gestacional y congénita, permitiendo una intervención focalizada y más eficaz.

Este esfuerzo contribuye a proteger la salud materna e infantil, mantener los logros alcanzados por el sistema de salud cubano y asegurar la sostenibilidad de la eliminación de la transmisión materno infantil de la sífilis, mediante vigilancia continua, cooperación interinstitucional y acción preventiva sostenida.

ITS y embarazo

ITS y embarazo

 

Epilepsia farmacorresistente: cuando la ciencia insiste y la vocación no se rinde

En Cuba, la atención a la epilepsia farmacorresistente no es el resultado de una moda terapéutica ni de un esfuerzo aislado, sino la continuidad de una escuela médica que ha sabido combinar rigor científico, sensibilidad clínica y compromiso social.

En el centro de ese camino se encuentra el trabajo de profesionales como la Dra. C. Aisel Santos Santos, neuróloga dedicada desde hace años al diagnóstico y tratamiento de una de las formas más complejas de la enfermedad: aquella que no responde a los esquemas farmacológicos convencionales y continúa expresándose en crisis que afectan profundamente la calidad de vida de los pacientes.

Desde el Instituto de Neurología y Neurocirugía, centro al que se remiten casos de epilepsia farmacorresistente de todo el país, la Dra. Aisel y su equipo asumen un desafío mayor: buscar alternativas terapéuticas allí donde los medicamentos no bastan. Esto implica una evaluación exhaustiva y multidisciplinaria que integra estudios como video electroencefalograma prolongado, técnicas de neuroimagen estructurales y funcionales, de psiquiatría y discusión en colectivo.

La cirugía de la epilepsia forma parte de la historia de la Neurología y Neurocirugía cubanas desde la década de los 70.

Hoy, esa experiencia se mantiene y se renueva, aunque sigue siendo un proceder altamente costoso y complejo, que exige criterios de selección muy precisos. No es casual que la tesis doctoral de la Dra. Aisel se haya centrado en el desarrollo de un modelo pronóstico antes y después de la cirugía, orientado a mejorar la toma de decisiones clínicas y los resultados terapéuticos.

Pero el abordaje no termina en el quirófano. La práctica clínica actual incorpora también otras opciones como la estimulación magnética transcraneal, el estimulador del nervio vago transcutáneo y nuevas alternativas en proceso de implementación, siempre con un enfoque personalizado. Esta mirada integral se extiende, además, a poblaciones específicas: la epilepsia en la mujer —en la infancia, durante el embarazo, en la adultez y la vejez— y en pacientes con comorbilidades complejas como enfermedades renales, hepáticas, lupus u otros trastornos sistémicos.

La Dra. Aisel Santos, especialista de II Grado en Neurología, es también jefa del capítulo cubano de la International League Against Epilepsy (ILAE) y miembro activo de la Sociedad Cubana de Neurología. Su trayectoria resume una idea esencial para el sistema de salud cubano: la epilepsia no se trata solo controlando crisis, sino comprendiendo a la persona que las padece, su contexto, sus miedos y sus proyectos de vida.

Agradecer la existencia de médicas como ella es, en realidad, reconocer una forma de ejercer la medicina donde la ciencia no se separa de la ética y donde cada avance —por complejo o costoso que sea— se pone al servicio de quienes más lo necesitan. En tiempos de desafíos tecnológicos y económicos, ese compromiso sigue siendo una de las mayores fortalezas de la neurología cubana.

Dra. Isael Santos

Colectivo del Instituto de Neurología y Neurocirugía

Por: Mylenys Torres Labrada

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