Directores y editores de las revistas de ciencias médicas cubanas se reunieron en un taller para actualizarse sobre metodologías modernas de evaluación científica y buenas prácticas de gestión editorial. El objetivo: fortalecer capacidades, compartir experiencias y avanzar hacia una ciencia más rigurosa, ética y accesible.
Auspiciado por la OPS/OMS, el encuentro puso el foco en la casa editora Ecimed, parte del Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas (CNICM) – Infomed, centro colaborador. Su director, el Ing. Carlos Manuel Reyes, resaltó la importancia de la actualización tecnológica para garantizar la publicación y sostenibilidad de las revistas médicas.
El jefe del departamento del nodo nacional, Jorge Yasser Pérez, y la experta en programación Haddid Vega, abordaron los desafíos actuales de la gestión editorial, desde la insuficiencia de personal hasta la protección frente a ciberataques.
El director de Ecimed, el Dr. Roberto Zayas Mujica, y el jefe del departamento de revistas científicas, Lic. José Enrique Alonso Manzanet, enfatizaron la relevancia de mantener la calidad editorial, la integridad de la investigación y la evaluación científica rigurosa.
Los participantes coincidieron en la necesidad de celebrar reuniones más frecuentes, valorar determinados cobros, reconocer y prestigiar el trabajo de los árbitros, y actualizar constantemente los procesos editoriales para garantizar la excelencia y sostenibilidad de las publicaciones médicas cubanas.
Abel Tobías Suárez Olivares parece haber puesto en práctica, desde siempre, el poder que encierran las páginas de El Alquimista, especialmente esa idea de que: «Las dudas y los obstáculos llegarán… pero siempre confía en la sabiduría de tu corazón».
Lo percibo cuando nos narra pasajes de su vida: «Mi madre murió cuando tenía 20 años, en pleno segundo año de carrera. Un infarto agudo del miocardio se la llevó. El apoyo de la Facultad y de mis compañeros me sostuvo. Mi hijo —que hoy tiene 13 años— nació mientras yo cumplía misión en Mozambique. Apenas pesó 1090 gramos, vino al mundo con 32 semanas, luchando por cada latido. Hoy está sano, estudiando, y es una razón más para seguir entregándome sin reservas».
Marcado por estos recuerdos personales llegó este especialista de 2do Grado en Medicina Interna y en Administración de Salud, vestido con las galas del Contingente Internacional “Henry Reeve” en tiempos de pandemia, a Italia, a México y luego a la provincia cubana de Ciego de Ávila.
Su mirada revela la historia de un santiaguero humilde, con una inteligencia vivaz y un corazón gigante. Cuando habla, su voz se quiebra, las emociones afloran, y es imposible no sentir el peso de cada palabra.
«Aprendí a leer con la revista El militante comunista. Mis padres me pusieron Abel por el mártir Abel Santamaría. Le debo tanto a esta Revolución… como tantos que hoy se benefician y ni siquiera lo recuerdan.”
– Háblanos de su experiencia en Italia en 2020, ¿cómo fue?
– «La brigada se sentía preparada para el desafío, pero este era grande por lo que representaba llegar a un país de primer mundo, y en pleno pico de la pandemia. Trabajamos intensamente, pero de forma organizada. Escuchar, a las dos semanas de trabajo, a alguien decir que va a llevar tu nombre grabado de por vida porque lo salvaste, significó un impacto para mí.
La solidaridad de los médicos italianos, los jóvenes que nos ayudaron con el idioma, el reconocimiento de los pacientes y de las autoridades fueron actos de fraternidad que jamás olvidaré. Tuve el honor de participar en el libro Cubanos en Turín, junto a colegas cubanos e italianos. También colaboré en un libro sobre las lecciones de Cuba y Vietnam frente a la COVID-19, y publiqué un artículo científico sobre la misión en México, donde también desplegamos un esfuerzo estimable».
– ¿En qué momentos ha sentido con mayor fuerza que ha librado auténticas batallas entre la vida y la muerte?
– «Lo he sentido cada vez que recuerdo que pertenezco a un Contingente que no existiría sin la visión de Fidel. En medio de una emergencia, cuando sabes que cada decisión puede significar salvar o perder una vida… También cuando compartimos experiencias con jóvenes, para que comprendan el papel que juega Cuba en el mundo. Momentos como esos hacen mucha falta, pues de ahí surgen lecciones que deben multiplicarse, por lo que significa ser parte del “Henry Reeve” que es, sobre todo, la oportunidad de poner las cuatro letras de tu país al servicio de la humanidad».
– ¿Qué le motiva a seguir entregándose en cada misión?
– «Ser útil. Agradezco cada día la oportunidad de luchar por la vida, por mis pacientes (ahora en el Hospital Materno Sur “Mariana Grajales Cuello” de Santiago de Cuba), por mi familia, por mi país y por la humanidad. Y por esa fuerza me emociono hasta las lágrimas».
Este 19 de septiembre de 2025, el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve”, creado por nuestro comandante en jefe Fidel Castro Ruz, cumple 20 años.
Dándole continuidad a la serie de entrevistas a integrantes del Contingente, en reconocimiento a su labor solidaria y compromiso con la salud global, nos acercamos hoy a la experiencia del doctor Julio Guerra Izquierdo, nefrólogo de formación.
Mirándole de cerca, en la complicidad de una entrevista, percibes que no le teme a nada. Apenas gesticula ni levanta la voz: la serenidad con que responde revela a un hombre que ha enfrentado, sin titubeos, pruebas contundentes de la medicina internacionalista.
Con apenas 26 años ya conocía lo que significa salvar vidas lejos de casa: Guatemala, Venezuela, Djibuti… y, cuando el mundo se estremecía bajo la sombra de la COVID-19, asumió una de las responsabilidades más desafiantes: fue jefe de la brigada médica cubana del Contingente Internacional “Henry Reeve” en Turín, Italia, y más tarde, de la segunda brigada enviada a México.
Nefrólogo y Especialista de segundo grado en administración de salud, formado en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas, (CIMEQ), trabajó en Cienfuegos, fue Director de Salud en Santiago de Cuba, Director nacional de hospitales y hoy dirige el área de estadísticas del MINSAP. Pero ninguna hoja de vida —por brillante que sea— alcanza a contener la hondura de lo que vivió con el “Henry Reeve”. Así piensa el Julio Guerra Izquierdo que tenemos frente:
– «Éramos 38 colaboradores cubanos, que llegábamos a Turín, en aquel inolvidable 2020 respondiendo a una solicitud del gobierno italiano para escribir una página inédita. Por primera vez, la solidaridad médica de Cuba se hacía presente en Europa. Allí, donde los noticieros mostraban columnas de carros trasladando ataúdes en Lombardía, ante una COVID 19 implacable, desgarradora… Ha sido, quizás, una de las misiones más difíciles que hayamos tenido que enfrentar».
– ¿Cuáles eran los más grandes retos?
– «Llegábamos a un primer mundo, dotado de la más moderna tecnología. Nosotros, más acostumbrados a usar el método clínico, pero poco a poco fuimos demostrando nuestras capacidades y los médicos italianos empezaron a reconocer la solidez de nuestros conocimientos. Es bueno decir que en las discusiones de casos siempre había un especialista cubano y en las decisiones que se adoptaban, pesaba en un 70 u 80 por ciento su criterio.
De ese intercambio nacieron amistades entrañables, investigaciones conjuntas y tres libros que recogen experiencias y protocolos científicos que luego se aplicaron en Cuba.
En la responsabilidad de cuidarnos tuvieron que ver mucho los epidemiólogos de la brigada, y la experiencia con que ya contaban en el enfrentamiento al ébola, en África en 2014. En cuanto al idioma fueron estudiantes voluntarios los que nos ayudaron a vencer la barrera».
– Y poco después de regresar al patria con la misión cumplida, ocurre otro llamado del “Henry Reeve”…
– «México fue otra historia intensa. Llegamos cuando el país vivía también un pico de la epidemia de COVID. Nuestra estancia allí estuvo marcada por cartas, flores y lágrimas de gratitud de un pueblo que no podía creer cuántas horas pasabamos junto a los pacientes».
Cada misión dejó huellas profundas y mil historias por contar, pero también la certeza de que donde otros retroceden, los médicos del “Henry Reeve” avanzan. Y en ese camino, el nombre del Dr. Julio Guerra Izquierdo ya ha quedado escrito.
Unidad del Declinar cognitivo y las demencias (UDI) adjunta a la Facultad de Medicina «Victoria de Girón».
Cuba se suma al Mes Mundial del Alzheimer, con actividades destinadas a concienciar sobre la demencia, promover la detección temprana y apoyar a quienes viven con la enfermedad y a sus familias. Este año, el lema “Pregunta sobre la demencia, pregunta sobre el Alzheimer” invita a hablar abiertamente, buscar diagnóstico médico oportuno y conocer la realidad de esta condición.
En Cuba, se estima que 160 000 personas viven con demencia en 2025, cifra que podría superar los 260 000 en 2050. La Máster en Síndromes Demenciales Tania Zayas, profesora e investigadora auxiliar, coordinadora de la Maestría en Síndromes Demenciales y jefa del proyecto “Demencia, Fragilidad y Dependencia: 20 años de seguimiento de personas mayores cubanas”, subraya que un diagnóstico temprano y el apoyo posterior pueden mejorar la calidad de vida y la independencia de quienes viven con demencia.
A propósito, en el Centro de Investigaciones sobre Longevidad, Envejecimiento y Salud (CITED) de la capital cubana, se organizaron las siguientes actividades:
Martes 16: Pesquisa activa de deterioro cognitivo en personas de 60 años y más.
Miércoles 17: Taller “Pregunta sobre demencia, pregunta sobre el Alzheimer” dirigido a adultos mayores, pacientes, familiares y estudiantes de pregrado en medicina y psicología.
Jueves 18: Taller “Factores de riesgo: ¿modificables?”
Viernes 19: Actividad cultural para pacientes y familiares con mensajes de concientización.
Estas acciones buscan fomentar la detección temprana, mejorar la calidad de vida y apoyar a quienes cuidan a las personas con demencia. Cada conversación, cada atención y cada gesto cuenta.
De esta manera, Cuba responde al llamado internacional que destaca la necesidad urgente de concienciar sobre la demencia y combatir el estigma que aún rodea a quienes viven con esta condición, previo al 21 de septiembre que es la fecha exacta en la que se celebra el Día Mundial del Alzheimer.
Mundialmente, más de 57 millones de personas viven con demencia, cifra que se estima alcanzará los 78 millones en cinco años y 139 millones para 2050. La carga económica anual asciende a 1,3 billones de dólares, duplicándose para 2030.
La enfermedad de Alzheimer es un trastorno degenerativo del cerebro, causa más común de demencia, que se desarrolla durante años y afecta la memoria, funciones ejecutivas, lenguaje y otras áreas cognitivas. Existen aproximadamente 300 causas de demencia, siendo las principales:
– Enfermedad de Alzheimer (50–60 % de los casos)
– Demencias vasculares
– Demencia por cuerpos de Lewy
– Degeneración fronto-temporal
Las demencias no solo afectan a la persona, sino también a familiares y cuidadores, generando sobrecarga económica y estrés psicológico.
Según la M.Sc. Tania, del total de casos previstos para 2050, hasta un 40 % podrían retrasarse o evitarse si se abordan 14 factores de riesgo a lo largo de la vida: educación temprana, hábitos saludables, actividad física, evitar tabaquismo y alcohol en exceso, control de enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, colesterol alto, prevención de traumas craneales y protección auditiva, reducción de aislamiento social y contaminación ambiental.
Zabyly Hernández Blanco nació en la provincia cubana de Sancti Spíritus y ahora trabaja en el Hospital “Comandante Manuel Piti Fajardo” de la capital, pero ha salvado vidas más allá de sus fronteras y por eso también le pertenece al mundo.
Cuando terminó con notas sobresalientes sus estudios de medicina optó por un diplomado en terapia intensiva que la puso un día frente a frente a una decisión crucial: integrar el Contingente Internacional para Situaciones de Desastres y grandes epidemias “Henry Reeve”.
Fue así como llegó aquel 19 de septiembre a estar en el palacio de convenciones de La Habana, en una sala que se rendía ante la voz de Fidel Castro, como si cada frase suya encontrara un silencio reverente y denso, de esos que no pesan, sino que abrazan lo que se dice.
– ¿Qué recuerda de ese día de constitución del contingente?
– Todos estábamos con nuestras batas blancas y nuestras mochilas cargadas con agua, medicamentos y todo lo indispensable para afrontar las primeras horas en campaña de una misión. La idea de ver por vez primera al comandante nos sobrecogía, habíamos dado nuestra disposición de asistir a los afectados por el huracán Katrina en los Estados Unidos. Estábamos conscientes de la alta responsabilidad que habíamos asumido, y mucho más al escuchar a Fidel dándonos la tarea personalmente.
– ¿Qué pasó después?
– Como se sabe el presidente de los Estados Unidos se negó a recibir la ayuda cubana, pero ya estábamos organizados (se nos había impartido incluso un curso de enfrentamiento a desastres) y con la voluntad de ir a cualquier parte. Y por eso, en octubre de ese propio 2005, partí a Pakistán tras el terremoto que azotó a ese país, y a Indonesia por un desastre similar en 2006.
– Por obra y gracia de la dinámica del Contingente, se encontró un día en el grupo de logística que organizaba los hospitales de campaña de las brigadas que partían. ¿Cómo era?
– Era complejo, porque no sólo era garantizar que cada Brigada “Henry Reeve” contara con las casas de campaña, sino también con los equipos, los insumos médicos y todo lo necesario. Fidel estaba al tanto, y eso elevaba aún más el rigor de nuestro trabajo. Yo participé en la logística para el montaje y funcionamiento de los hospitales de campaña en Pakistán e Indonesia, y en la de las brigadas que luego fueron a Nicaragua y Perú. Eso me preparó para cuando me desempeñé como Logística de la misión médica cubana en Argelia, durante 3 años y medio.
– ¿De lo más difícil que recuerde?
– Una gran nevada en Pakistán que nos sorprendió en la madrugada y tumbó muchos mástiles y tiendas de campaña. Hubo que enseguida preparar lo necesario para reponer lo que habíamos perdido en el terreno. Los hombres fueron los que más trabajaron y se arriesgaron para poder llevar todo desde nuestros almacenes que radicaban en la capital Islamabad, por esas carreteras con curvas enormes, deslaves y resbaladizas por el hielo, para poder arreglar lo que había sufrido daños.
– ¿Les cuenta a sus niños de esta parte de su vida?
– Bryan y Jennifer disfrutan mucho cuando les hago mis historias, a lo mejor les atrae el enfoque “aventurero” que supone haber tenido el valor de ir a lugares desconocidos y difíciles y de dejar atrás la seguridad de la familia y la casa, pero cuando sus edades se lo permitan estoy segura de que entenderán que, en cada una de nuestras misiones asumimos los riesgos con un propósito digno, y sacarán de ellas muchas lecciones de humildad y de entrega. Yo les cuento mis recuerdos con la ilusión de que me vean como una de las médicas cubanas que es parte de un contingente que ha salvado vidas en diferentes partes del mundo.