Trabajo periodístico

Epilepsia farmacorresistente: cuando la ciencia insiste y la vocación no se rinde

En Cuba, la atención a la epilepsia farmacorresistente no es el resultado de una moda terapéutica ni de un esfuerzo aislado, sino la continuidad de una escuela médica que ha sabido combinar rigor científico, sensibilidad clínica y compromiso social.

En el centro de ese camino se encuentra el trabajo de profesionales como la Dra. C. Aisel Santos Santos, neuróloga dedicada desde hace años al diagnóstico y tratamiento de una de las formas más complejas de la enfermedad: aquella que no responde a los esquemas farmacológicos convencionales y continúa expresándose en crisis que afectan profundamente la calidad de vida de los pacientes.

Desde el Instituto de Neurología y Neurocirugía, centro al que se remiten casos de epilepsia farmacorresistente de todo el país, la Dra. Aisel y su equipo asumen un desafío mayor: buscar alternativas terapéuticas allí donde los medicamentos no bastan. Esto implica una evaluación exhaustiva y multidisciplinaria que integra estudios como video electroencefalograma prolongado, técnicas de neuroimagen estructurales y funcionales, de psiquiatría y discusión en colectivo.

La cirugía de la epilepsia forma parte de la historia de la Neurología y Neurocirugía cubanas desde la década de los 70.

Hoy, esa experiencia se mantiene y se renueva, aunque sigue siendo un proceder altamente costoso y complejo, que exige criterios de selección muy precisos. No es casual que la tesis doctoral de la Dra. Aisel se haya centrado en el desarrollo de un modelo pronóstico antes y después de la cirugía, orientado a mejorar la toma de decisiones clínicas y los resultados terapéuticos.

Pero el abordaje no termina en el quirófano. La práctica clínica actual incorpora también otras opciones como la estimulación magnética transcraneal, el estimulador del nervio vago transcutáneo y nuevas alternativas en proceso de implementación, siempre con un enfoque personalizado. Esta mirada integral se extiende, además, a poblaciones específicas: la epilepsia en la mujer —en la infancia, durante el embarazo, en la adultez y la vejez— y en pacientes con comorbilidades complejas como enfermedades renales, hepáticas, lupus u otros trastornos sistémicos.

La Dra. Aisel Santos, especialista de II Grado en Neurología, es también jefa del capítulo cubano de la International League Against Epilepsy (ILAE) y miembro activo de la Sociedad Cubana de Neurología. Su trayectoria resume una idea esencial para el sistema de salud cubano: la epilepsia no se trata solo controlando crisis, sino comprendiendo a la persona que las padece, su contexto, sus miedos y sus proyectos de vida.

Agradecer la existencia de médicas como ella es, en realidad, reconocer una forma de ejercer la medicina donde la ciencia no se separa de la ética y donde cada avance —por complejo o costoso que sea— se pone al servicio de quienes más lo necesitan. En tiempos de desafíos tecnológicos y económicos, ese compromiso sigue siendo una de las mayores fortalezas de la neurología cubana.

Dra. Isael Santos

Colectivo del Instituto de Neurología y Neurocirugía

Por: Mylenys Torres Labrada

Seis horas devolviéndole la vida a un niño

A veces la medicina parece un sueño. No por ingenuidad, sino por asombro. Asombro ante la precisión, la coordinación y la ética que se activan cuando una vida —sobre todo la de un niño— no puede esperar.

Hace unas horas, en La Habana, ese asombro tuvo nombre propio: un niño de 11 años, llegado desde Las Tunas, con diagnóstico de un tumor de la región selar, invasivo, extendido a la base del cráneo, con compromiso del seno esfenoidal y el clivus. Un tumor complejo.

El escenario estuvo perfectamente engranado: el salón de operaciones del Instituto de Neurología y Neurocirugía (INN), con profesionales de esta institución y del Hospital Pediátrico “Juan Manuel Márquez”.

La decisión fue clara: abordaje endonasal endoscópico extendido a la base del cráneo, mínimamente invasivo, con neuronavegación, neuromonitoreo y anatomía patológica transoperatoria. En el quirófano, el tiempo se volvió denso.

Como rito y responsabilidad, al comenzar la cirugía se activó el código de paciente seguro. El inicio lo marcó la voz del Dr. Orestes, director del Instituto de Neurología y Neurocirugía:

—«Vamos a comenzar. ¿Qué hora es? Díganme el nombre del paciente y cuál es el diagnóstico».

Allí se operan los casos más complejos del país: adultos y niños con patologías complejas del sistema nervioso central, con buena evolución hasta el momento, no solo de la base del cráneo, sino también de la cirugía más difícil y compleja que realiza un neurocirujano: los tumores de la región pineal. Todo ello es posible gracias a la tecnología instalada.

En esta intervención participaron los anestesiólogos Dr. Misiel, jefe de la Unidad Quirúrgica, la Dra. Lisbeth y el Dr. Meiver; las neurocirujanas Dra. Lismary, jefa del servicio en el INN, y Dra. Miriela, jefa del servicio de Neurocirugía del “Juan Manuel Márquez”; junto al Dr. Carlos Urbina, neurocirujano nicaragüense que realiza un fellowship en cirugía mínimamente invasiva.

Y enfermeras, técnicos, personal de apoyo: una cadena humana que rara vez sale en las fotos, pero sin la cual nada ocurre. Fue el resultado del esfuerzo de mucha gente haciendo lo que sabe hacer, aunque en circunstancias cada día más difíciles, como la falta de transporte, por ejemplo, que les obliga a madrugar mucho para ir a salvar una vida.

Al concluir, ocurrió lo esencial: el niño salió del salón extubado. Lo esperaba el intensivista pediátrico en el propio quirófano. La ambulancia del SIUM Nacional llegó según la planificación. Traslado inmediato a la terapia intensiva del “Juan Manuel Márquez”. Todo funcionó.

El niño, además, presentaba trastornos visuales, y ayer refería que veía mejor.

La medicina cubana no niega la escasez: la enfrenta, prioriza y decide. Por eso, cuando parecía un sueño, no era evasión. Era contraste. Frente a quienes reducen a Cuba a la carencia, una familia vio salir a su hijo tras seis horas reales, densas, exhaustas, de cirugía de base de cráneo.

No fue una épica de quirófano. Fue trabajo. Fue rigor.

No para “devolverle la vida”, sino para defenderla desde la ciencia.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Dr. León: medicina, arte y la huella de Fidel

En el noroeste de Guatemala, en el municipio de Barillas, departamento de Huehuetenango, donde las montañas parecen abrazar el cielo y los ríos murmuran secretos antiguos, el Dr. Leopoldo Jesús León Leal despierta cada día antes del alba. La frontera con México no está lejos, pero parece un mundo aparte; más de 350 kilómetros separan su hospital de la capital, Ciudad de Guatemala. Es allí donde sus gestos tocan vidas.

Los días en Barillas transcurren entre pacientes y diagnósticos, pero también entre lápices y hojas de papel. Sus dibujos, en blanco y negro, con técnicas de sombreado y estilo grafiti, son ventanas a emociones que no caben en palabras. Los comparte con familiares, amigos, compañeros de trabajo y nuevas generaciones; además, ha llevado algunas de sus obras a exposiciones a la Casa de Cultura Samuel Feijóo, el cine de su pueblo, su policlínico y las actividades por el 27 aniversario de la cooperación médica cubana en Guatemala.

¿Cuántas obras le ha dedicado a Fidel?

Un total de 24, aproximadamente. La primera nació durante su misión en Mali, y a partir de ahí siguieron otras, todas en blanco y negro, con título y sinopsis. «Fidel y Martí me han inspirado muchos trazos, pero también me permito explorar otras emociones y temáticas», dice León. Cada dibujo busca transmitir algo más que la imagen: un mensaje, una historia.

Su trayectoria profesional comenzó en el Policlínico Docente-Asistencial de San Juan de los Yeras, en Ranchuelo, Villa Clara, donde ocupó cargos diversos. Especialista en Medicina Interna, profesor del Grupo Básico de Trabajo, interconsultante y docente, ha recibido medallas y condecoraciones en múltiples ocasiones.

En Guatemala, su vocación se transforma en un desafío cotidiano. Trabajó 17 meses en emergencias durante la epidemia de COVID-19, y hoy atiende a pacientes con múltiples patologías crónicas. Más de 220 000 habitantes dependen del Hospital Nacional Santa Cruz de Barillas, muchos de ellos viajando largas horas por caminos difíciles. León mantiene altos estándares de calidad en la atención que ofrece, junto con la docencia de nuevas generaciones de médicos y estudiantes.

Pintar, dibujar, escribir: estas prácticas son su equilibrio espiritual, la manera de curar el alma mientras cura cuerpos. Se define como pintor naif, siempre buscando interpretación, significado y fundamentación. Sus seres queridos —esposa, hijos, hermanos y primos— son su sostén; sin ellos, confiesa, no podría cumplir con su vocación internacionalista.

Ha aprendido de la cultura maya q’anjob’al: vestimenta, humildad, gratitud. Son personas trabajadoras, respetuosas y llenas de valores, resaltó el doctor. La población de Barillas le ha abierto los brazos; dondequiera que va, lo saludan cordialmente, y él guarda esos gestos en el corazón.

Tras su misión en Guatemala, regresará al policlínico en San Juan de los Yeras, en su natal Ranchuelo. A los jóvenes les dice: «Esta profesión debe vivirse con sensibilidad, solidaridad, altruismo y superación constante. El verdadero médico sirve a la humanidad y hace que cada paciente salga satisfecho. La medicina es ciencia, pero también amor. Solo quien la lleve en el corazón podrá ejercerla con dignidad».

Mientras tanto, entre montañas y ríos, el Dr. León sigue dibujando, enseñando y curando, llevando en cada jornada la inspiración de sus misiones y la certeza de que la medicina y el arte son caminos que se cruzan en la misma entrega: devolver vida y esperanza.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Videoconferencias a través de Infomed: ciencia sin fronteras

La organización de eventos científicos en el contexto actual exige algo más que conectividad. Requiere confiabilidad tecnológica, acompañamiento profesional y una gestión experta que garantice el intercambio académico, la visibilidad institucional y la continuidad del conocimiento.

En un escenario marcado por la transformación digital y la necesidad de sostener el diálogo científico más allá de las distancias físicas, las plataformas virtuales se convierten en espacios clave para la colaboración, la formación continua y la socialización del saber en salud.

Es así como el servicio de videoconferencia para eventos científicos que ofrece Infomed, a través del Centro Virtual de Convenciones Médicas (Cencomed), se consolida como una herramienta estratégica del Sistema Nacional de Salud, con una solicitud que ha ido aumentando de manera sostenida por parte de universidades, hospitales, sociedades científicas y programas de investigación.

¿Qué es?

Es un servicio de comunicación en tiempo real que permite realizar reuniones virtuales mediante audio, video y chat, diseñado para facilitar el desarrollo de actividades científicas, docentes y de gestión en entornos virtuales o híbridos, con altos estándares de calidad técnica y organizativa.

¿A quién va dirigido?

A las instituciones del Sistema Nacional de Salud que requieren soluciones tecnológicas seguras y confiables para la realización de eventos científicos y académicos, tanto a nivel nacional como internacional.

¿Cuándo y dónde solicitarlo?

Las instituciones interesadas deben inscribirse en el sitio de Solicitudes Cencomed e insertar el Modelo de Autorización Institucional en el formulario de inscripción correspondiente.

El crecimiento sostenido de este servicio responde a la profesionalidad, experiencia y compromiso del equipo que lo gestiona. En particular, esta actividad es desarrollada por el equipo que dirige la MSc. Ana Gloria Díaz, e integrado además por las másters Ivette Cristina Muñiz Rodríguez y Nancy Pérez Morera, quienes aseguran el acompañamiento técnico y organizativo necesario para la realización exitosa de reuniones, talleres, conferencias, defensas académicas y eventos virtuales o híbridos, incluso en escenarios de alta complejidad organizativa.


Directivos de capítulos provinciales de sociedades científicas, consultados por esta reportera, coinciden en destacar el impacto positivo del servicio. Según refieren, las videoconferencias realizadas a través de Infomed han permitido organizar eventos exitosos, con elevada participación, estabilidad técnica y acompañamiento permanente, garantizando la calidad académica de cada encuentro.

Más que una plataforma tecnológica, este servicio ofrece:

  • Estabilidad y seguridad en la transmisión
  • Acompañamiento técnico antes, durante y después del evento
  • Adaptación a las necesidades académicas de cada institución
  • Facilitación del intercambio científico nacional e internacional

Gracias a esta labor sostenida, el servicio de videoconferencias de Infomed se reafirma como un aliado clave para la socialización del conocimiento en salud y un puente efectivo para una ciencia que dialoga, comparte y crece sin fronteras.

Por: Mylenys Torres Labrada

Oncología pediátrica en Cuba: ciencia que resiste, humanidad que no se rinde

El Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR) enfrenta hoy uno de los escenarios más complejos de su historia reciente. Las sanciones económicas, comerciales y financieras impuestas por Estados Unidos contra Cuba impactan de manera directa la atención a pacientes con cáncer, al limitar el acceso a medicamentos, insumos y tecnologías indispensables para los tratamientos, informó el diario Granma.

En el Servicio de Oncopediatría, donde se atienden algunos de los pacientes más vulnerables, esas limitaciones se traducen en desafíos cotidianos que obligan a la creatividad clínica y al máximo rigor profesional. La doctora Mariuska Forteza Sáez, jefa del servicio, explica que la escasez de quimioterapia ha obligado a modificar protocolos y reajustar dosis, con impactos inevitables en la organización de la atención.

“Tenemos que reinventarnos cada día”, afirma. Y en sus palabras no hay resignación. Hay determinación. Aun en condiciones adversas, el servicio mantiene tasas de supervivencia comparables con las de países desarrollados, resultado del conocimiento acumulado, la disciplina clínica y la entrega de un colectivo que ha hecho de la excelencia una práctica cotidiana.

La resistencia no se limita a la asistencia médica. El director del INOR, el doctor Luis Martínez Rodríguez, subraya que la institución sostiene sus tres misiones fundamentales —asistencia, docencia e investigación—, aunque los niveles de actividad se han visto afectados por la falta de insumos, reactivos y piezas de repuesto. “Ningún niño ha dejado de recibir tratamiento por falta de combustible”, asegura, como expresión de una prioridad ética innegociable.

El contexto demográfico del país añade complejidad al panorama. Más del 25 por ciento de la población cubana está envejecida, lo que incrementa la incidencia del cáncer y la presión sobre los servicios oncológicos. En ese escenario, la prevención adquiere un valor estratégico. Martínez Rodríguez recuerda que cuatro de cada diez casos pueden prevenirse mediante cambios en los estilos de vida, razón por la cual se refuerzan de manera sostenida las campañas educativas.

Desde una mirada histórica y científica, el doctor Elías Gracia Medina, jefe del Grupo Nacional de Oncología, destaca que Cuba inició investigaciones clínicas en cáncer desde la década de 1970 y desarrolló su primer anticuerpo monoclonal en los años 80. Hoy, alrededor del 40 por ciento de los medicamentos oncológicos utilizados en el país son de fabricación nacional.

Sin embargo, las medidas coercitivas limitan el acceso a materias primas, recursos y tecnologías, afectan la producción de fármacos y reducen el número de ensayos clínicos. A ello se suma el impacto de la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, que complica las transacciones financieras internacionales y repercute directamente en los pacientes.

El doctor Carlos Alberto Martínez Blanco, jefe de la Sección para el Control del Cáncer del Ministerio de Salud Pública, califica el impacto de estas medidas como “integral y devastador” y afirma que atentan contra el derecho a la vida. No obstante, subraya que el país mantiene un Programa Nacional contra el Cáncer estructurado en todos los niveles de atención.

Frente a las limitaciones, la respuesta ha sido la resiliencia. Los especialistas coinciden en que el esfuerzo colectivo, el uso de la telemedicina y el fortalecimiento de vínculos internacionales con centros de referencia han permitido sostener la atención y el intercambio científico.

La oncología cubana —y en particular la oncopediatría— continúa en pie gracias al compromiso de sus profesionales. En salas donde la ciencia convive con el dolor y la esperanza, médicos, enfermeras y técnicos garantizan que ningún paciente quede sin atención, aun en condiciones extremas. Allí, cada tratamiento es también un acto de resistencia, y cada niño atendido, una razón para no rendirse.

Oncopediatría

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Por: Mylenys Torres Labrada

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