¿Es el «envejecimiento activo» que propone la Organización Mundial de la Salud el único saludable?

El «envejecimiento activo» implica que los adultos mayores realicen actividad física y sean dinámicos, independientes y participativos, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), que así manifiesta un concepto bien intencionado, pero poco realista, que podría impactar en el ánimo de individuos con limitaciones psicofísicas propias de la edad avanzada y que no considera las diversidades individuales y culturales. Así quedó de manifiesto en la exposición del Capítulo de Psicogeriatría de la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA) en el XXXVI Congreso Argentino de Psiquiatría (APSA 2023), celebrado en esta ciudad del 26 al 29 de abril.

«El planteo del envejecimiento activo de la OMS es un discurso normativo, estandarizado, que parece proponer una única manera de envejecer saludablemente, siendo activo. Pero eso es una visión parcial y sesgada que no considera el amplio abanico de procesos de envejecimiento, con múltiples matices», señaló Mariana Pedace, psicóloga del servicio de Terapia Intensiva de Adultos del Hospital Italiano de Buenos Aires y referente del área Adultos Mayores de la asociación civil Proyecto Suma, en Buenos Aires.

«El interrogante consiste en saber si la propuesta de envejecer activamente es una manera más de establecer mandatos o imposiciones a una generación tan heterogénea y versátil como la de los adultos mayores», señaló la Dra. Ana Laura Vega, psiquiatra asociada al Servicio de Salud Mental del Hospital Italiano de Buenos Aires.

¿Sería mejor hablar de un envejecimiento «esperable», de un envejecimiento «pleno» o de un «buen envejecer»? Los expositores de la mesa no llegaron a un consenso sobre la mejor palabra para reemplazar el adjetivo «activo».

«En realidad no veo por qué tiene que haber un término adicional cuando para otras etapas de la vida se habla solo de ‘infancia’, ‘adolescencia’ o ‘mediana edad'», puntualizó la Dra. Vega.

Aristas problemáticas

Desde fines de la década de 1990, la OMS definió el envejecimiento activo de la siguiente manera: «Proceso en que se optimizan las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen». Este concepto permite que los adultos mayores «tomen conciencia de su potencial de desarrollo físico, social y mental a lo largo de la vida y que puedan participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, proporcionándoles adecuada protección, seguridad y cuidado cuando requieren asistencia».

El organismo aclara que la palabra «activo» se refiere a la participación continua en las actividades sociales, económicas, culturales, espirituales y asuntos cívicos, no solo a la capacidad de ser físicamente activo o participar de la fuerza laboral. «Sin embargo, en la práctica los programas de envejecimiento activo invariablemente promueven la actividad física y el ejercicio por sus beneficios sociales y de salud, a pesar de la falta de evidencia para sustentar esa afirmación», señaló la socióloga Elizabeth Pike, directora de la Unidad de Investigación en Deporte, Actividad Física y Envejecimiento de la University of Hertfordshire, en Hertfordshire, Reino Unido.

«El concepto de envejecimiento activo, como está planteado, presenta aristas que pueden resultar quizás un poco problemáticas», señaló Pedace. Además de establecer una única forma normativa de envejecer con salud, lo cual se contrapone al envejecimiento pasivo «anómalo», tampoco da cuenta de las diferencias demográficas, etnográficas y culturales.

«Cada cultura tiene distintos valores. La propuesta de buen envejecimiento en términos de actividad, autonomía y actitud alegre y jovial tiene que ver claramente con valores occidentales capitalistas. En culturas orientales, las personas mayores ocupan un lugar que tiene que ver con la experiencia y la sabiduría, pero además exhiben una actitud contemplativa, que está bien vista. Están insertos en el seno de la familia, con el papel de orientar y aconsejar a las personas más jóvenes», destacó Pedace.

La especialista añadió que hay programas inspirados en el envejecimiento activo que priorizan las actividades lúdicas, dinámicas y observables, en desmedro de las que se desarrollan en el fuero íntimo, por ejemplo, reflexión, análisis y contemplación. «Siguiendo esta lógica, una persona mayor que se dedique a la actividad contemplativa tendría una vejez medio fallida y esto genera un problema, porque a medida que pasan los años y se acerca la muerte, la vida espiritual empieza a tener un lugar mucho más preponderante. Y no es una actividad que es valorada o recomendada en términos de este programa», destacó.

Pedace añadió que otra dificultad del programa de envejecimiento activo es que parece invisibilizar algunas características propias de la vejez, como cambios físicos, cognitivos y emocionales que pueden dar lugar a una reducción de la actividad y que en esa etapa vital no es algo patológico, sino idiosincrático.

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