
A José Ángel Zayas Power el destino le habló desde la cuna con la voz firme y amorosa de su madre, quien soñaba con verlo vestido de médico militar. Así llegó al Instituto Superior de Medicina Militar “Dr. Juan Díaz Soto”, donde se graduó como médico en el primer grupo de las Fuerzas Armadas formado en Medicina General Integral.
La medicina, sin embargo, le tenía reservado otro camino. En el policlínico de Punta Brava conoció a tres ortopédicos que despertaron en él la vocación por una especialidad que no solo recompone huesos, sino que devuelve movimiento, autonomía y esperanza. Con los años, esa vocación lo llevó a integrar el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve”.
En 2015 partió hacia Nepal, tras el devastador terremoto. Allí vivió una de las historias que conserva con mayor nitidez: la de una niña que llegó casi un mes después de la tragedia, con una fractura de fémur y la vida pendiendo de un hilo. Fue operada y recibió una transfusión. Para Zayas Power, aquella pequeña paciente fue una victoria contra la muerte.
También estuvo en Ecuador, tras el terremoto que afectó a ese país, y en Dominica, luego del huracán María. En cada escenario encontró dolor, urgencia y, al mismo tiempo, la oportunidad de poner la medicina al servicio de quienes más la necesitaban. En Ecuador recuerda especialmente la visita nocturna del entonces presidente Rafael Correa al hospital de campaña, donde decidió quedarse a dormir junto a los médicos cubanos.

En Dominica, el reencuentro con un médico formado en Cuba bajo su guía le hizo sentir que el tiempo había cerrado un círculo.
Las misiones lo cambiaron. O quizá, más exactamente, revelaron una cualidad que siempre estuvo en él: una sensibilidad capaz de conservar los rostros y las historias detrás de cada paciente. Hoy, como especialista del Hospital Ortopédico “Fructuoso Rodríguez”, de La Habana, continúa dedicado a reparar huesos y devolver movimiento. Pero su medicina va más allá de la operación: escucha, explica, acompaña y recuerda.
Porque en José Ángel Zayas Power la ciencia y la sensibilidad han aprendido a caminar juntas. Y después de tantos años, esa sensibilidad permanece intacta.
Por: Mylenys Torres Labrada.



