
Con profundo pesar hemos conocido del fallecimiento, en la mañana del sábado 17 de octubre, de la profesora Dr. C. Carolina Luz de la Torre Molina, una de las más destacadas y valientes psicólogas cubanas, cuya vida y obra dejaron una huella profunda en la ciencia psicológica, la cultura y la sociedad cubanas.
Carolina fue una docente e investigadora de alto nivel, una intelectual comprometida con su tiempo y una mujer de pensamiento crítico, cuya obra defendió siempre el sentido social de la Psicología. Fue, además, presidenta de nuestra Sociedad y actualmente Miembro de Honor, distinciones que hablan de su importante contribución a la comunidad psicológica cubana y de los profundos vínculos que la unieron a nuestra Sociedad.
Egresada de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana en 1971, obtuvo en 1982 el Doctorado en Ciencias Psicológicas en la Universidad Estatal Lomonósov, de Moscú. Durante más de cuatro décadas, ejerció la docencia universitaria y desarrolló una obra científica de extraordinario valor, dedicada, entre otros campos, a la historia de la Psicología, el pensamiento psicológico latinoamericano, la identidad de los cubanos, la clínica y el trabajo grupal.
Sus libros Psicología latinoamericana: entre la dependencia y la identidad y Las identidades: una mirada desde la psicología constituyen aportes fundamentales para comprender nuestra disciplina y nuestra cultura. Su obra fue reconocida con importantes distinciones, entre ellas el Premio de la Academia de Ciencias de Cuba y el Premio Nacional de la Crítica Científica. Pero su legado trasciende los reconocimientos: permanece en las ideas que nos invitó a cuestionar, en las preguntas que nos enseñó a formular y en las generaciones de estudiantes y profesionales a quienes inspiró con su inteligencia, su rigor y su valentía.
Quienes tuvieron el privilegio de conocerla y compartir con ella saben que, junto a la intelectual brillante y la profesora querida por sus estudiantes, habitaba una mujer de hondos sentimientos y una madre dedicada, que dedicó lo mejor de su vida a la educación y al bienestar de sus hijos. Esa dimensión íntima, tan esencial como su trayectoria pública, forma parte inseparable de la huella que deja entre quienes la amaron.
Hoy sentimos su partida como una pérdida profunda, de esas que calan hondo en nuestros sentimientos. Nos duele su ausencia y nos enorgullece su legado.
Desde la Sociedad Cubana de Psicología, hacemos llegar nuestras más sentidas condolencias a sus familiares, amistades, colegas, estudiantes y a todas las personas que encontraron en ella una referencia intelectual, profesional y humana.
Le agradecemos su magisterio, su obra y por haber contribuido, con tanta lucidez y compromiso, a la historia de la Psicología cubana.



