Salud mental en Cuba: escuchar, acompañar y cuidar la dignidad de las personas

Responsable: Tania Izquierdo Pamias

Dpto. Servicios Especiales de Información

Cada 10 de octubre, el Día Mundial de la Salud Mental constituye una oportunidad para reflexionar sobre la importancia del bienestar psicológico, promover la eliminación de prejuicios y reafirmar que cuidar la salud mental es parte inseparable del cuidado de la vida. En el contexto cubano actual, este propósito adquiere especial relevancia ante la necesidad de fortalecer las redes de apoyo, reconocer las distintas formas de sufrimiento emocional y garantizar una atención oportuna, integral y humanizada.

De acuerdo con la información compartida por la Dirección Nacional de Posgrado del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), la salud mental no se limita a la ausencia de trastornos. Es un estado dinámico de bienestar que permite desarrollar capacidades, afrontar las tensiones cotidianas, establecer relaciones satisfactorias, aprender, trabajar y participar activamente en la comunidad.

La salud mental también implica reconocer que no es necesario sentirse feliz en todo momento. La tristeza, la incertidumbre, el miedo y la frustración forman parte de la experiencia humana. Sin embargo, cuando el malestar persiste, se intensifica o interfiere de manera significativa con la vida cotidiana, resulta importante buscar orientación y valoración profesional.

Escuchar a las personas, transformar la atención

La campaña de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para 2026 destaca la participación de las personas con experiencia vivida de problemas de salud mental. Sus testimonios, necesidades y propuestas deben contribuir a las políticas públicas, la organización de los servicios y las decisiones que inciden en sus vidas.

Este enfoque invita a superar las prácticas que reducen a las personas a un diagnóstico y a reconocerlas como protagonistas de sus procesos de recuperación. Escuchar significa respetar sus decisiones, proteger su dignidad, favorecer su autonomía y ofrecer oportunidades reales para recuperar capacidades, fortalecer vínculos y desarrollar proyectos de vida.

En Cuba, avanzar en esa dirección supone continuar fortaleciendo la integración de los servicios de salud mental con la atención primaria, la coordinación entre medicina familiar, psicología, psiquiatría, enfermería y trabajo social, así como el acompañamiento a las familias y los cuidadores. También requiere prestar atención a las diferencias territoriales, las necesidades de los grupos vulnerables y las condiciones sociales que pueden incrementar el sufrimiento psicológico.

Comprender para prevenir y atender a tiempo

Los problemas de salud mental tienen causas diversas y, por lo general, resultan de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales. Las experiencias adversas, las enfermedades físicas, las condiciones de vida, las dificultades en las relaciones interpersonales y la exposición prolongada al estrés pueden influir en el bienestar emocional.

Entre los problemas más frecuentes se encuentran los trastornos de ansiedad, la depresión y las alteraciones del sueño. También requieren atención los trastornos relacionados con el consumo de sustancias, el estrés postraumático, el trastorno obsesivo-compulsivo, el trastorno bipolar, los trastornos psicóticos y los de la conducta alimentaria.

Cada condición presenta características específicas y necesita una evaluación adecuada. La depresión no es una debilidad de carácter; la ansiedad no siempre se supera con fuerza de voluntad, y un diagnóstico de trastorno mental no define la identidad ni anula las capacidades de una persona.

Asimismo, el estrés, la tristeza y el duelo no constituyen por sí mismos enfermedades mentales. Su comprensión exige tener en cuenta el contexto, la intensidad, la duración y las consecuencias del malestar, sin minimizar el sufrimiento ni convertir automáticamente las reacciones humanas ante las dificultades en trastornos clínicos.

La detección temprana, el acceso a tratamientos basados en la evidencia y la continuidad de los cuidados favorecen mejores resultados. La psicoterapia, los medicamentos cuando están indicados, el apoyo familiar y las intervenciones comunitarias pueden contribuir a la recuperación, según las necesidades de cada persona.

El bienestar se construye también en la vida cotidiana

La protección de la salud mental requiere acciones individuales y colectivas. Dormir adecuadamente, mantener una alimentación suficiente y variada, realizar actividad física de acuerdo con las posibilidades personales, cultivar relaciones de confianza y reservar tiempo para el descanso y las actividades significativas son prácticas que favorecen el bienestar.

También resulta importante reconocer las emociones, aprender a resolver problemas, establecer límites ante la sobrecarga y pedir ayuda antes de llegar a situaciones de desbordamiento. Evitar el consumo de alcohol y otras sustancias como forma de afrontar el malestar contribuye a reducir riesgos.

En los centros de trabajo y estudio, promover ambientes respetuosos, prevenir el acoso y la violencia, distribuir las responsabilidades de manera justa y favorecer pausas de recuperación constituye una parte esencial de la prevención. En particular, el agotamiento profesional merece atención en sectores sometidos a demandas sostenidas, como la salud y la educación, donde el cuidado de quienes cuidan también debe ser una prioridad.

Las familias, las escuelas, las comunidades y las instituciones pueden contribuir mediante la escucha, el acompañamiento y la creación de espacios seguros e inclusivos. Acompañar a alguien que atraviesa una situación difícil no significa juzgarlo ni exigirle optimismo, sino reconocer su sufrimiento y ofrecer apoyo concreto.

Atención comunitaria, derechos y oportunidades de recuperación

Entre los desafíos contemporáneos figuran las barreras para acceder a los servicios, el estigma, la discontinuidad de los tratamientos y las desigualdades en las posibilidades de atención. A ello se suman situaciones de vulnerabilidad social, violencia, aislamiento y sobrecarga emocional que pueden afectar el bienestar de las personas.

Por eso, la promoción de la salud mental debe ir más allá de las recomendaciones individuales. Necesita servicios accesibles, profesionales preparados, coordinación entre los diferentes niveles de atención y acciones preventivas desde la infancia. También requiere proteger los derechos humanos, facilitar la participación social y crear oportunidades educativas, laborales y comunitarias para las personas con problemas de salud mental.

La rehabilitación psicosocial y el acompañamiento continuado permiten trabajar no solo en la reducción de los síntomas, sino también en la recuperación de la autonomía, los vínculos y la calidad de vida. El objetivo es que cada persona pueda participar en la sociedad sin discriminación y desarrollar sus capacidades en condiciones de respeto y dignidad.

Cuando la tristeza, la ansiedad, el insomnio o los cambios de conducta persisten, empeoran o afectan el funcionamiento cotidiano, es recomendable solicitar una valoración profesional. Ante expresiones de intención suicida, un plan para hacerse daño o una situación de peligro inmediato, se debe procurar acompañamiento seguro y atención urgente.

Una responsabilidad compartida

El Día Mundial de la Salud Mental deviene tener en cuenta que el bienestar psicológico no depende exclusivamente de la voluntad individual. Se construye mediante el cuidado personal, los vínculos protectores, la atención sanitaria oportuna y las condiciones sociales que permiten vivir con seguridad, participar y desarrollar proyectos de vida.

En Cuba, fortalecer una cultura de cuidado implica escuchar sin prejuicios, acompañar sin culpabilizar y promover servicios cada vez más integrales, accesibles y centrados en las personas. También significa reconocer que la recuperación es un proceso individual, que puede avanzar incluso cuando persisten algunos síntomas, y que contar con apoyo puede marcar una diferencia decisiva.

Enaltecer la salud mental es reconocer el valor de cada persona, aliviar el sufrimiento con conocimiento y humanidad y convertir el respeto en una práctica cotidiana. En este 10 de octubre, el llamado es a escuchar las voces de quienes viven estas experiencias, fortalecer las redes de apoyo y asumir, desde cada espacio de la sociedad, el compromiso de cuidar la vida y la dignidad humana.

Por: Mylenys Torres Labrada

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