Colaboración

Voces del Henry Reeve (X). Dr. Ronald Hernández Torres: Médico y narrador de la lucha cubana contra el ébola

La noche de octubre de 2014 en la que una brigada “Henry Reeve” partió hacia Liberia, desde el Aeropuerto Internacional “José Martí” de La Habana, quedará marcada para siempre en la memoria de esta periodista. Cuba respondía al llamado de Ban Ki-Moon, Secretario General de la ONU en aquel entonces, y de Margaret Chan, directora en ese momento de la Organización Mundial de la Salud (OMS), ante la amenaza incontrolable del ébola. A la izquierda de la escalerilla, el General de Ejército Raúl Castro y otros altos dirigentes ofrecían palabras de aliento a aquellos hombres que se embarcaban hacia lo desconocido.

Ronald Hernández Torres era uno de los ‘fortachones’ serenos y cálidos que ascendían. Sin detenerse, me lanzó una promesa que se quedó flotando en el aire de su derecha: «¡Nos vemos al regreso!». Y así fue. Cruzó mares, cielos y continentes. Y de vuelta trajo una historia auténtica que merece ser contada:

– Enfrentar una enfermedad tan letal, ¿qué desafíos entrañaba?

«El ébola era un enemigo brutal y silencioso. Su mortalidad era un fantasma imparable que devoraba vidas. El sistema de salud de Liberia estaba colapsado. El hospital en la capital Monrovia, la última esperanza de tantos, había sido cerrado, pues casi todo su personal había sucumbido al virus. Tuvimos que resucitarlo, reconstruirlo, convertirlo en un refugio de vida en medio del miedo. Cuba nos preparó bien. Estuvimos semanas en la Unidad Central de Cooperación Médica, en el Instituto de Medicina “Pedro Kourí”, y en otras instituciones. Frente a nosotros, estuvieron los mejores especialistas, apoyados por la OMS.

Pero la incertidumbre que vivíamos era indescriptible. No la exteriorizábamos, pero la sentíamos. Por eso nos cuidábamos hasta en el más mínimo detalle. Nos vestíamos frente al espejo, bajo la mirada atenta de otros compañeros. Cada movimiento y cada gesto estaban marcados por la muerte que acechaba. El protocolo de desvestirse al salir de la unidad era también, más que una obligación: un acto de supervivencia. El riesgo de contagiarnos estaba latente, pero nunca vacilamos. La vida de los pacientes
estaba en nuestras manos. Cada segundo contaba.

Los pacientes en estado terminal sangraban por todos los orificios posibles, recuerdo que en una ocasión ingresamos a una musulmana, alta, muy elegante, con los ojos verdes como único signo de su identidad. Al día siguiente, la muerte nos la arrebató y fue terrible la forma en que lo hizo.»

– Todos le reconocen como médico, pero en Liberia también se convirtió en narrador de la lucha contra el ébola. ¿Cómo surgió esa doble misión?

– «Como a los diez días de estar en Liberia, una periodista italiana me preguntó si era cierto que había cubanos enfrentando el ébola en África. Fue entonces cuando entendí que nuestra historia debía salir del silencio. Nadie, en ninguna parte del mundo, podía imaginar lo que vivíamos nosotros y las brigadas que permanecían en Sierra Leona y Guinea Conakry. Comencé a escribir en mis redes sociales mis relatos, que fueron publicados en Cubadebate y otros medios. Después de mi jornada con los enfermos, echaba a un lado el cansancio y me dedicaba a reportar el acontecer de la brigada, y compartía fotos para que sus familias en Cuba pudieran ver lo que estábamos viviendo.»

– El 7 de enero del 2015, por ejemplo, compartió en su página de Facebook: «Esto es tan emocionante que no importan las malas noches, ni el peligro al contagio. Hoy más que nunca nos sentimos orgullosos de ser profesionales de la salud y estar aquí ayudando a este pueblo. Con mirar la alegría de esos rostros y saber por qué, es suficiente».

«Ese fue un mensaje en el que daba a conocer que ocho pacientes aquejados con el virus del ébola, ingresados en la Unidad de Tratamiento, habían sido dados de alta. Era una recompensa al trabajo que realizábamos los 53 profesionales cubanos de la salud que laborábamos en esa unidad, y también para los galenos de otros países que luchaban contra esta epidemia junto a nosotros. Era una alegría compartida por todos en la unidad, en un día en el que como es habitual, desde muy temprano, los enfermeros preparaban el medicamento para cada paciente y todos nos disponíamos a salvar vidas.»

– ¿Qué repercusión tuvo su voz a nivel internacional?

«Recibí mensajes de todo el mundo. Muchos me dijeron que nuestras historias les habían abierto los ojos. Cuba no solo enviaba médicos; enviaba un ejemplo de valentía, ante el horror de aquel mal. Contar nuestra verdad rompió prejuicios y mostró la preparación de nuestra brigada. Al regresar, me nombraron Miembro de Honor de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).»

– ¿Cómo reaccionaron las autoridades de Liberia ante el desempeño de ustedes?

«El 16 de marzo del 2015 las autoridades liberianas, junto con representantes de la ONU y la OMS, rindieron homenaje a la Brigada Médica Cubana “Henry Reeve”. Liberia llevaba ya 18 días sin nuevos casos de ébola, un indicio de esperanza en medio del terror. La brigada cubana había salvado más de 50 vidas y realizado más de 6,000 procedimientos médicos en la Unidad No. 1 de Tratamiento del ébola en Monrovia. La ministra de Salud de Liberia, con lágrimas en los ojos, expresó: Ustedes demostraron que son verdaderos amigos. Fue un homenaje no solo a nosotros, sino a la esperanza misma.»

– ¿Qué significa para Ud. ser parte de esa brigada y haber contado su historia?

«Pertenecer a la Brigada “Henry Reeve” es un honor que permanece en el alma. El combate al ébola cambió no solo la vida de los liberianos, sino también la visión del mundo sobre Cuba. Incluso figuras como el exsecretario de Estado de EE. UU. John Kerry, reconocieron la magnitud de nuestra misión, al decir que Cuba “pegaba muy por encima de su propio peso”. El que sabe un poquito de boxeo sabe qué significa eso.»

– Ha cumplido otras misiones. ¿Cómo le ha afectado estar lejos de su familia tanto tiempo?

«He cumplido cinco misiones internacionalistas: en Honduras, Venezuela, Liberia y Brasil. Estar lejos de la familia tiene un precio altísimo. Perdí los mejores años con mis hijos, y dejé de estar con mis padres y hermanos. No me arrepiento porque me entendieron siempre, y fue y es un motivo de orgullo para ellos. Cada generación tiene un momento histórico que vivir. Nosotros no luchamos en la Sierra Maestra ni en Girón pero las misiones internacionalistas son la máxima expresión de humanismo y de solidaridad. Hoy soy director de la Empresa Unidad Estatal Básica Mayorista de Medicamentos (EMCOMED) en Las Tunas.»

La imagen de Ronald despidiéndose en la escalerilla del avión sigue viva en mi memoria. Ese adiós no solo marcaba su partida, sino un pacto con lo mejor del ser humano. Ronald salvó vidas en África; y se convirtió en una voz que llevó al mundo el pulso de Cuba. Su historia es un recordatorio eterno de que la verdadera grandeza no se mide en poder ni riquezas, sino en el compromiso desinteresado con los demás, incluso, en las circunstancias más oscuras.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Voces del Henry Reeve (IX). Dra. Yaquelin Piñeiro González: volver a la vida para salvarla otra vez

Yaquelin Piñeiro González nació en Manzanillo, pero vive en Bayamo, en la provincia oriental de Granma donde ejerce como ginecobstetra. Su vida parecía transcurrir entre consultas y bebés, hasta que un día la urgencia del mundo la llevó mucho más lejos: a Sudáfrica, con el Contingente Internacional “Henry Reeve”, en plena pandemia de la COVID-19. Fue allí donde el destino le esperó con la más dura de las batallas.

Pasó de estar del lado de quienes curan al de quienes luchan por sobrevivir: se contagió, estuvo en terapia intensiva, se debatió entre la vida y la muerte. Pero volvió. Y cuando recuperó el aire y la fuerza, decidió otra vez vestirse de médica, no para cuidarse a sí misma, sino para cuidar a los demás.

– Cuando escuchaste el llamado del Contingente “Henry Reeve” en plena pandemia, ¿qué pasó por tu mente y tu corazón?

«No lo pensé dos veces. Había estudiado inglés para ir a una misión en un país con ese idioma y, aunque el escenario cambió con la llegada de la COVID, el compromiso era el mismo: estar donde más me necesitaran».

– ¿Qué sentiste al poner un pie en Sudáfrica, después de aquel vuelo largo y de tantas incertidumbres?

«Fueron más de 16 horas de viaje. La llegada respondía a una solicitud hecha por el Excmo. Presidente Cyril Ramaphosa al Excmo. Presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel Bermúdez. Y fue el mismo mandatario quien nos dió la bienvenida aquel lunes 27 de abril de 2020 en la capital Pretoria. Éramos 217 especialistas y trabajadores cubanos de la salud que ayudaríamos a contener la propagación de la pandemia de COVID-19 en las diferentes provincias de Sudáfrica. En la brigada había expertos en los campos de
epidemiología, bioestadística y salud pública; médicos de familia para guiar las intervenciones a través de pruebas puerta a puerta y ayudar a los trabajadores locales en la promoción y la vigilancia de enfermedades a nivel comunitario; ingenieros de tecnología de la salud para ayudar a mantener el inventario, despliegue y reparación de equipos médicos viejos; y expertos para proporcionar asistencia técnica, trabajando con expertos nativos».

– Cuidando enfermos, te contagiaste. ¿Cómo recuerdas ese momento?

«Me tocó vivir la parte más dura de la misión: pasar de ser quien cura, a ser la paciente. Estuve en terapia intensiva, luego vino la
rehabilitación para poder volver a respirar sin dificultad. Fue como volver a aprender la vida».

– Y aún así regresaste a salvar… ¿de dónde sacaste esa fuerza?

«Del amor por mi profesión, de mi familia que siempre me apoya, de mis vecinos que me despiden y me reciben como si fuera una hija de todos. Y del compromiso con Cuba y con la humanidad».

– Después de esa experiencia, ¿cómo ves hoy tu trabajo diario en el policlínico?

«Sigo como ginecobstetra en el Policlínico “Jimmy Hirzel”, en Bayamo. El programa materno infantil es vital para la salud del país: de nuestras gestantes depende el futuro. Es un trabajo fuerte, detallado, pero hermoso. Cada consulta es también un acto de amor».

– ¿Qué le dirías a quien cree que no vale la pena tanto sacrificio?

«Les diría que nada se compara con salvar una vida, con ver a un niño nacer sano, con acompañar a una madre en sus miedos y alegrías, con sentir que tu esfuerzo es parte de algo más grande. Ahí está el sentido de todo».

Por: Mylenys Torres Labrada.

Voces del Henry Reeve (VIII). Dra. Yoandra Muro: la brújula de la entrega

Hay mujeres cuyo estado natural es inspirar. En ellas, la fuerza no se anuncia: se ejerce. Así ocurre con Yoandra Muro Valle, quien, siendo muy joven, ya marcaba caminos. Fue dirigente de la FEU y, a los 27 años, asumió la conducción de la brigada médica cubana en Guatemala. Más tarde también dirigió la de Bolivia, y ocupó, entre otras responsabilidades, la de rectora durante cinco años de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAN).

De esa muchacha que hablaba en nombre de sus compañeros universitarios a la mujer que hoy dirige la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana (UCMH), media un mismo espíritu: la certeza de que servir y guiar son actos inseparables.

Con esa convicción, y una dulzura sempiterna, acepta el reto de volver sobre su historia. Hablar del Contingente “Henry Reeve” y hablar de Fidel Castro la levantan por dentro, como si la pasión la encendiera de golpe.

Su mente guarda con especial cariño un fragmento de 2005, en Guatemala: la tormenta Stan había dejado miles de muertos.

«Cuando comunicamos a Cuba la situación, Fidel nos llamó y nos dijo que fuéramos al Ministerio de Salud de ese país a ofrecer ayuda cubana. En menos de 48 horas llegaron los primeros cien médicos. Era complicado, porque el país no estaba preparado para algo así, pero él insistió: ‘Vamos a ayudar, sin ser una carga’. Un tiempo después, el jefe de la brigada tuvo que partir a Pakistán, y el propio Comandante me dio la tarea de asumir también la dirección de la brigada enviada del “Henry Reeve”.»

– ¿Qué hizo que aquella misión fuera inolvidable para usted?

«Cada detalle, cada preparación. Fidel pensaba en todo: nos sugirió preparar mochilas con lo imprescindible para resistir quince días o un mes en comunidades incomunicadas, calculaba calorías, sacos de dormir, alimentos resistentes… incluso nos decía qué comprar y cómo organizarlo. Recuerdo haber sentido esa sensación de que, a miles de kilómetros, alguien como él, con tantos deberes y tantas preocupaciones, se ocupaba de nosotros con un cuidado extraordinario.»

– Hay muchas anécdotas de cómo se mantenía la cercanía con él que son verdaderas lecciones de grandeza humana…

«Así es, nos seguía por los mapas, nos orientaba sobre carreteras interrumpidas, se aseguró de que tuviéramos teléfonos satelitales para comunicarnos con nuestras familias… En la transmisión en vivo de una Mesa Redonda que condujo junto a Randy Alonso, percibió que no respondí al instante una de sus muchas interrogantes, y cambió de tema, como para no presionarme demasiado, como para seguir siendo ese líder cercano y caballeroso que escuchaba con respeto, como si cada palabra nuestra
importara.»

– Y al ser convocada para viajar a Bolivia en 2017, en lo que sería su segunda misión, vivió momentos muy distintos, donde la experiencia acumulada resultó clave…

«Sí, Bolivia fue otro escenario, con sus propias complejidades en medio de las cuales me aportó mucho lo vivido en tiempos de la “Henry Reeve” en Guatemala. Allí ya existía una colaboración médica consolidada desde hacía más de una década, con colegas distribuidos en decenas de hospitales y centros de salud. Proyectos como la Operación Milagro habían devuelto la visión a miles de personas, incluso de países vecinos.

Pero el contexto político comenzó a tensarse. A diferencia de otras misiones, esta vez sentimos una hostilidad que no venía del pueblo —que siempre nos brindó afecto y respeto—, sino de ciertos sectores empeñados en desacreditar nuestro trabajo. Se vivía un clima difícil. En el último año, ante huelgas del personal médico local, asumimos responsabilidades  adicionales, cubriendo servicios en medio de una creciente campaña de difamación.

Fue duro. Hay cosas que duelen todavía: pasar de ser médicos a ser vistos como sospechosos, señalados por causas que nada tenían que ver con nuestra vocación. Acostarte con la tranquilidad del deber cumplido y despertarte bajo una acusación infame, eso no se olvida.

Y sin embargo, también allí vivimos lo más hermoso de la solidaridad cubana. Nos cuidamos unos a otros, resistimos juntos. El acompañamiento de nuestro gobierno fue constante, no nos faltó la voz ni la mano de Cuba. Lo que quedó en Bolivia fue la historia de una brigada firme, unida, que salvó vidas, que llevó luz a los ojos de tantos, y que se mantuvo con dignidad en medio de la tormenta.»

– Después de tantas historias vividas, ¿qué representa para usted el “Henry Reeve»?

«Es una experiencia imprescindible en mi memoria. Son relatos y enseñanzas que le contaré siempre a mi hija Camila, y a cada joven que ayude a formar, para que sepan que servir también significa cuidar los pequeños detalles.»

Por: Mylenys Torres Labrada.

Voces del Henry Reeve (VII). El primer médico cubano que curó en La Higuera

El destino suele escribir con tinta inesperada: a veces con lodo de huracán, otras con polvo de montaña. Así se trazó el camino del Dr. Lázaro Casimiro Izquierdo Machín, hasta convertirlo en el primer médico cubano en La Higuera, el caserío donde la historia quedó detenida con la muerte del Che Guevara.

En 2005 había estado en Guatemala, enfrentando el desastre del huracán Stan. Allí, entre derrumbes y aguas embravecidas, una brigada del recién fundado Contingente Henry Reeve se estrenaba salvando vidas, y Lázaro era parte de ella. Ya eso constituía un orgullo inmenso para aquel joven médico habanero, moreno y humilde, que se abrió paso entre sacrificios hasta alcanzar su título. Pero la vida le tenía reservada una honra mayor.

Solo unos meses después, tras la toma de posesión del presidente Evo Morales, Bolivia sufrió lluvias torrenciales, desbordamientos de ríos y derrumbes. El país pidió ayuda a Cuba, y junto a más de un centenar de médicos, Lázaro se adentró por aquellos caminos serpenteantes tan estrechos… que parecían colgar del aire, desafiando al abismo. Fue así como llegó a los Valles Cruceños, al municipio de Pucará, en la provincia de Vallegrande.

La noticia inesperada

Una vez en Vallegrande, la dirección de la misión le comunicó que, por orientación del propio presidente Evo Morales, se abriría un puesto médico en La Higuera. Y el designado para inaugurarlo sería él.

Había crecido bajo el lema de “Seremos como el Che”, lo practicaba en cada gesto de entrega al paciente. Pero, ¿cómo asimilar que sería el primero en llevar bata blanca al lugar donde la historia aún susurraba el nombre del guerrillero? Fue un privilegio que al inicio parecía irreal, pero pronto se convirtió en un compromiso inmenso. Aceptó la misión esa misma tarde, sin vacilar.

El viaje no fue sencillo, pero todo valía la pena. Al día siguiente, junto a otros compañeros de la brigada y pobladores de La Higuera,  comenzó la habilitación del lugar donde funcionaría la consulta.

El 14 de junio de 2006, día del natalicio del Che, y con la presencia de Evo Morales, Álvaro García Linera y la jefatura de la misión, se inauguró oficialmente el primer puesto médico cubano en La Higuera. Y con ello, comenzaba una historia que merece ser contada:

– Doctor, ¿cómo fue aquel primer día en La Higuera?

«Fue algo indescriptible. La Higuera tenía apenas 150 habitantes y desde ese pequeño consultorio atendíamos a diez comunidades rurales, las mismas por las que había transitado el Che en su travesía. Sentí que estaba uniendo dos símbolos: la memoria de lucha y sacrificio del Che, y la vida y la salud que Cuba podía ofrecer a ese pueblo.»

– ¿Cómo era el trabajo con la comunidad?

«Muy humano. Era un pueblo de gente pobre y generosa, que me miraba asombrada: nunca habían tenido un médico, mucho menos un cubano. Yo hacía mucha labor en el terreno. Me integré a las escuelitas, donde los maestros me brindaban facilidades, me cedían espacio para consultas y charlas de educación sanitaria. Algo que recuerdo con especial cariño es que cuando terminaba mi labor en una comunidad y debía ir a otra, los maestros les encargaban a los  propios niños que fueran mis guías. Ellos conocían cada vereda, cada obstáculo del camino, y me llevaban con alegría. Jamás sucedió algún problema. Eso fue profundamente conmovedor.»

«Las familias no hallaban cómo agradecerles a Cuba haber colocado allí a uno de sus hijos, a veces se  desprendían de lo poco que tenían. Hubo noches que comíamos sentados en el piso, compartiendo su pan y su afecto. Lo hacían con la ternura más sincera. Así se creó una relación entrañable entre médicos, maestros y niños.»

– ¿Compartió ese trabajo con otros médicos cubanos?

«Sí. Cuando un colega se destacaba en otra zona, lo enviaban a trabajar conmigo en dúo. Así compartíamos experiencias, recorríamos juntos las comunidades y reforzábamos la atención médica. La gente siempre nos recibió con gratitud y cariño.»

– ¿Recuerda alguna experiencia fuera de las consultas, relacionada con su misión en Bolivia?

«Sí, una muy especial. Estando en La Higuera fui invitado al Congreso de la Organización de Pioneros José Martí, celebrado en el Palacio de Convenciones en La Habana. Viajé desde Bolivia con el deseo inmenso de contarles a los niños cubanos lo que estaba viviendo en aquel lugar donde el Che pasó a ser mito, leyenda. Sentí que era como cerrar un círculo: podía transmitirle a los pioneros la emoción de estar donde él entregó su vida.»

– ¿Cuánto tiempo permaneció en Bolivia y cómo continuó su camino internacionalista?

«Me quedé hasta abril de 2008. Luego regresé a Cuba y trabajé en el Policlínico Boyeros. En 2014 fui a Sudáfrica, donde permanecí tres años en la provincia del Cabo Oriental. Más tarde cumplí misión en Surinam, entre 2019 y 2021.»

– ¿Y hoy dónde ejerce?

«Desde hace tres años soy coordinador municipal del Programa de Pie Diabético en Boyeros. Es un trabajo que me satisface mucho. Y sigo dispuesto a partir a cualquier misión que mi país necesite.»

En La Higuera, donde la muerte del Che marcó para siempre la memoria de un pueblo, un médico cubano inauguró un nuevo capítulo de vida. Con bata blanca en lugar de uniforme verde olivo, donde un día se apagó una historia de lucha Lázaro Casimiro Izquierdo Machín encendió una llama de esperanza, bajo el espíritu del Contingente “Henry Reeve”.

Por: Mylenys Torres Labrada

Cooperación para la producción local, la innovación tecnológica y el acceso a medicamentos en Cuba y la región

El pasado 11 de septiembre se celebró un conversatorio virtual entre BioCubaFarma, el Departamento de Innovación y Acceso a Medicamentos y Tecnologías Sanitarias de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), y los Fondos Rotatorios Regionales (FRR) de ese mismo organismo. El encuentro tuvo como objetivo explorar oportunidades de colaboración para fortalecer la producción local de medicamentos, insumos y dispositivos médicos; promover la innovación tecnológica; y mejorar el acceso a estos productos en Cuba y en las Américas, con miras a alcanzar mayor soberanía regional en estos ámbitos.

Entre otros profesionales, participaron por BioCubafarma David Curbelo, Director Comercial y de Negocios, y Ernesto Chico, Experto en Biotecnología, quienes tuvieron a su cargo las presentaciones relacionadas con esa entidad. Asimismo, asistieron al encuentro Pedro Campo Llopis, jefe de Cooperación de la Delegación de la Unión Europea en Cuba y Amaya Olivares Zapiain, jefa adjunta.

Por parte de la OPS, estuvieron presentes Santiago Cornejo, Gerente Ejecutivo de los FRR; Tomas Pippo, Asesor de Innovación y Producción de Medicinas y Tecnologías Sanitarias; María Luz Pombo, jefa interina del Departamento de Innovación, Acceso a Medicamentos y Tecnologías Sanitarias (IMT); y los doctores Mario Cruz y Duniesky Cintra, Representante y consultor en Cuba, respectivamente.

Durante la reunión, BioCubaFarma presentó productos elegibles para los FRR, con aplicaciones en diversas enfermedades y condiciones asociadas, que pueden contribuir a iniciativas prioritarias de la OPS, como Mejor atención para las Enfermedades No Transmisibles, Cero muertes maternas evitables, Eliminación de enfermedades y CureAll Américas. También se destacaron sus capacidades industriales y tecnológicas, señalando que cuentan con 165 líneas de producción, 12 de estas ubicadas en el exterior, que en conjunto permiten la fabricación de más de 1 000 productos.

Por parte de la OPS, se explicó el funcionamiento de los FRR, la gama de productos que abarcan, los criterios de calidad que aplican y las ventajas que ofrecen a los países. Se enfatizó que se trata de un mecanismo de cooperación técnica, no solo de compras, ya que acompaña a los países en todo el proceso de adquisición: desde la generación de evidencia y apoyo en la toma de decisiones, hasta la selección de productos y el monitoreo de los envíos. Además, se han desarrollado protocolos, guías y herramientas para orientar el proceso y facilitar la identificación de la demanda.

También se comentó sobre la Plataforma Regional para la Innovación y Producción de Medicamentos y Tecnologías Sanitarias, creada en 2023 a partir de la experiencia de la pandemia, con el propósito de incentivar la producción y fomentar ecosistemas regionales que respalden esta actividad. Se recomendó, además, contemplar el fortalecimiento de la Agencia Regulatoria Nacional: Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED). Actualmente, las producciones cubanas son potencialmente elegibles para los FRR, dado que cuentan con la supervisión directa del CECMED, agencia de referencia, por lo que se sugirió trabajar para mantener esa condición.

En otro momento del intercambio, se presentaron proyectos estratégicos en Cuba que pudieran ser respaldados por la iniciativa Global Gateway de la Unión Europea, orientados al desarrollo de vacunas, hemoderivados y la expansión de productos biotecnológicos. Esta iniciativa, que busca responder a desafíos globales como el cambio climático y el fortalecimiento de los sistemas sanitarios, ya está brindando apoyo a industrias del país, como el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB).

Finalmente, se identificaron áreas de interés común y se propuso avanzar en la identificación de productos específicos con demanda regional. Para ello, se planteó la posibilidad de realizar un estudio mediante la contratación de una consultoría especializada. Próximos intercambios se organizarán con vistas a dar seguimiento a estos puntos y concretar acciones que favorezcan la salud del pueblo cubano y de otros pueblos de la región.

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