Cuba ante las arbovirosis: la prevención temprana y el control de vectores salvan vidas

Detectar a tiempo los síntomas y eliminar los criaderos de mosquitos en las viviendas marcan la diferencia para cortar la transmisión de arbovirosis en el país. Sobre este escenario epidemiológico conversó la Dra. Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública, en un intercambio con Infomed.

La especialista alertó sobre la importancia de no minimizar los primeros signos clínicos y acudir de inmediato a los centros médicos. «La fiebre inespecífica no debe ser ignorada; acudir al médico es vital porque esta enfermedad puede tener un nivel de gravedad y causar la muerte», enfatizó.

Síntomas de alerta y territorios más afectados

Al referirse al chikungunya, Peña García recordó que esta enfermedad dejó secuelas articulares en epidemias anteriores y que hoy existe un alto porcentaje de población vulnerable.

Cuadro sospechoso: Fiebre persistente, inflamación y dolor articular severo.
Zonas con mayor transmisión: Pinar del Río, Sancti Spíritus, Villa Clara y varios municipios de La Habana.

Grupos que requieren máxima protección

La viceministra pidió extremar la vigilancia sanitaria sobre tres segmentos de la población especialmente vulnerables:

Embarazadas en el último trimestre: «La probabilidad de transmisión al recién nacido es muy alta si la madre enferma en el momento del parto», advirtió.
Niños menores de dos años.
Personas con enfermedades crónicas: Pacientes con cardiopatías o diabetes.

La batalla contra el mosquito empieza en la vivienda

Frenar la reproducción del vector exige acciones concretas en el entorno familiar. La eliminación de depósitos desprotegidos de agua sigue siendo la medida más efectiva. Sin criaderos no hay mosquito: «Mientras exista un depósito con agua dentro de la casa, el mosquito no necesita salir al exterior. Quitarle la fuente de cría es la manera de protegernos», señaló la Dra. Peña García.

Preservación del abate: La viceministra insistió en conservar el producto en los depósitos de agua para cortar el ciclo de reproducción.
Fumigación: Pidió a las familias colaborar con los operarios durante las acciones de fumigación en los barrios seleccionados por ser los de mayor riesgo.

Prevención y responsabilidad de todos

Tras reconocer el esfuerzo del personal de salud en la red asistencial, la directiva recalcó que la educación sanitaria constituye la herramienta más potente para proteger a la comunidad. «La vigilancia salva vidas, pero la prevención depende del actuar responsable de cada cubano», concluyó.

Por: Mylenys Torres Labrada

Uso de oveporexton en la narcolepsia tipo 1

La narcolepsia tipo 1 es un trastorno neurológico crónico cuyos síntomas principales son somnolencia diurna excesiva, cataplejía, sueño nocturno fragmentado, alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas y parálisis del sueño; estos síntomas pueden provocar una reducción marcada de la calidad de vida.

El trastorno se asocia a la pérdida de neuronas productoras de orexina en el hipotálamo, considerándose como valor diagnóstico un nivel de concentración de orexina en el líquido cefalorraquídeo (LCR) igual o inferior a 110 pg por mililitro.

En condiciones normales, las neuronas orexinérgicas se proyectan ampliamente a través del neuroeje, estimulando los receptores de orexina 1 y 2 (OX2R). La pérdida de la señalización por orexina provoca somnolencia diurna, sueño nocturno fragmentado, cataplejía, alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas y parálisis del sueño. Aunque los tratamientos actuales alivian los síntomas, ninguno aborda la deficiencia subyacente de orexina ni cubre todo el espectro de síntomas. Incluso con polifarmacoterapia, muchas personas con narcolepsia tipo 1 presentan una afectación residual considerable y no logran alcanzar su pleno potencial.

El oveporexton (TAK-861) es un agonista oral altamente potente y selectivo del receptor OX2R que aborda la deficiencia de orexina en la narcolepsia tipo 1 mediante la estimulación del OX2R, el receptor predominante en la regulación del ciclo sueño-vigilia.

Este artículo muestra los resultados de dos ensayos clínicos de fase 3 para evaluar la eficacia y la seguridad del oveporexton por un periodo de tratamiento de 12 semanas. En ambos estudios se lograron reducciones significativas y clínicamente relevantes de los síntomas de la narcolepsia tipo 1 con el uso de oveporexton durante este intervalo de tiempo.

Acceda al artículo completo:

Dauvilliers Y, Mignot E, Antczak J, et al. Oveporexton for narcolepsy type 1 — results from two phase 3 trials. N Engl J Med 2026. DOI:10.1056/NEJMoa2601598

Se publica libro que explica, a quien pregunta, los habitus y prácticas de la edición científica

Cada especialista  en  información  tiene  la  responsabilidad  de promover la verdad en las comunidades donde trabajan, tanto en lo individual como en lo colectivo. Individualmente, esto debe hacerse según la moda Socrática, para retar la ignorancia de los que buscan información y patrones para cultivar sus propias competencias. En el plano colectivo debe hacerse por medio de programas que promuevan la alfabetización informacional, encontrar respuestas sencillas a preguntas complejas y emplear recursos que inspiren perspicacia en los que buscan información, en nosotros mismos y en el mundo.1

Bajo el sello Ecimed se acaba de publicar 100 preguntas y respuestas sobre revistas científicas, obra con la autoría de José Enrique Alfonso Manzanet y Juan Daniel Machin-Mastromatteo, una deuda del Sistema Nacional de Información Científica y Técnica en Ciencias de la Salud (SNICS)², que, al decir de su prologuista, el profesor titular de la Universidad de Granada, Dr. C. Rafael Repiso Caballero, «este libro tiene la virtud de devolvernos el asombro por el camino más humilde posible: el de las preguntas sencillas, ….. no es un libro para admirar, sino para usar; no está escrito para ser citado, sino para ser consultado, que es un destino mucho más digno.»

Sus autores facilitan, con una explicación amplia, clara y práctica, el funcionamiento de las revistas científicas. Se busca ofrecer una base común para comprender el proceso de publicación, las responsabilidades de quienes participan en él y las decisiones que deben tomarse en sus distintas etapas, para así tributar a la misión del SNICS de «consolidar la red de personas e instituciones capaces de producir, adquirir, organizar, diseminar y usar la información necesaria para la mejora continua de la salud del pueblo cubano y otros pueblos».

Referencias:

  1. Ponjuán Dante G, Torres Ponjuán D. Gestionar la ignorancia para gestionar el conocimiento: una necesidad organizacional. Rev. cuba. inf. cienc. salud [Internet]. 19 de marzo de 2021; 32(1). Disponible en: https://acimed.sld.cu/index.php/acimed/article/view/1799
  2. Urra González P. Programa para el fortalecimiento del Sistema de Información Científico-Técnica de la Salud en Cuba: una respuesta a los nuevos escenarios. ACIMED [Internet]. 2005 Jun; 13(3): 1-1. Disponible en: http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1024-94352005000300002&lng=en

CARICOM adopta nuevo Plan de Acción sobre Salud y Cambio Climático desarrollado con el apoyo de la OPS/OMS

Los ministros de Salud de los Estados Miembros y Miembros Asociados de la Comunidad del Caribe (CARICOM) adoptaron el Plan de Acción del Caribe sobre Salud y Cambio Climático (2026-2031), un marco regional desarrollado con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) para ayudar a los países a fortalecer sistemas de salud resilientes y sostenibles y proteger a las comunidades frente a los crecientes impactos del cambio climático en la salud.

La adopción tuvo lugar durante la 53.ª Reunión del Consejo de Desarrollo Humano y Social (COHSOD-Salud), celebrada en la sede de la OPS en Washington, D.C., antes del 63.º Consejo Directivo de la OPS.

En todo el Caribe, el cambio climático y otros peligros ambientales están afectando cada vez más la salud a través de huracanes, olas de calor, inundaciones, sequías y cambios en los patrones de transmisión de enfermedades transmitidas por vectores. Los huracanes han dañado hospitales, centros y puestos de salud, interrumpiendo servicios esenciales, mientras que las condiciones ambientales cambiantes siguen influyendo en la propagación de enfermedades como el dengue.

Los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo (PEID) del Caribe enfrentan vulnerabilidades particulares debido a su geografía, sus estructuras económicas y su exposición a amenazas naturales. Proteger los sistemas de salud frente a estos riesgos es fundamental para mantener el acceso a los servicios de salud y preservar los avances sanitarios alcanzados en la región.

El nuevo Plan de Acción, elaborado mediante un proceso de consulta liderado por la OPS/OMS que involucró a países y socios de toda la región del Caribe, establece prioridades regionales para fortalecer la preparación, resiliencia y sostenibilidad del sector salud, al tiempo que apoya a los países en la respuesta a los desafíos sanitarios actuales y futuros asociados a riesgos ambientales y climáticos.

«Este nuevo Plan de Acción regional refleja un compromiso compartido para fortalecer los sistemas de salud y proteger a las comunidades del Caribe frente a los riesgos para la salud asociados a las amenazas climáticas y ambientales», afirmó el doctor Jarbas Barbosa, Director de la Organización Panamericana de la Salud. «Los países del Caribe están demostrando liderazgo ante un desafío que requiere una acción coordinada entre múltiples sectores. A medida que avance la implementación del Plan, la OPS seguirá apoyando a los Estados Miembros mediante cooperación técnica y fortalecimiento de capacidades para impulsar sistemas de salud más resilientes y sostenibles».

«Este Plan actualizado refleja tanto los avances logrados en el Caribe como los desafíos que aún persisten», señaló el doctor Daniel Buss, Jefe de la Unidad de Cambio Climático y Determinantes Ambientales de la Salud de la OPS. «Además, otorga mayor énfasis al fortalecimiento de la resiliencia de los sistemas de salud, la mejora del acceso al financiamiento y la provisión de herramientas que permitan proteger a las poblaciones más expuestas a los riesgos sanitarios asociados al cambio climático».

El Plan se organiza en torno a cuatro líneas estratégicas de acción:

  • Gobernanza y liderazgo. Incorporar la salud en la toma de decisiones climáticas a nivel nacional y regional, con un compromiso político sostenido a través de CARICOM.
  • Sistemas de salud resilientes al clima. Fortalecer la vigilancia epidemiológica informada por consideraciones climáticas, los sistemas de alerta temprana, la infraestructura resiliente y la preparación del personal sanitario.
  • Sistemas de salud bajos en carbono. Reducir la huella de carbono del sector salud mediante energías renovables, operaciones eficientes, compras sostenibles y una gestión de residuos adaptada al clima.
  • Recursos y financiamiento. Movilizar financiamiento climático nacional e internacional, incluido el acceso al Fondo Verde para el Clima, el Fondo de Adaptación y otros mecanismos que permitan sostener la implementación a largo plazo.

El Plan de Acción también ha sido reconocido como un bien público regional de salud en el marco de la Estrategia Conjunta de Cooperación Subregional OPS-CARICOM 2025-2029, reforzando el compromiso compartido de CARICOM y la OPS/OMS con el fortalecimiento de la resiliencia del sector salud en el Caribe.

El Plan actualizado se basa en logros concretos alcanzados bajo su predecesor (2019-2023). Los países del Caribe desarrollaron Planes Nacionales de Adaptación en Salud, capacitaron a más de 2.500 profesionales de la salud en cambio climático y salud en 15 países, ampliaron los sistemas multiamenaza de alerta temprana a siete países y adecuaron establecimientos de salud en siete países conforme a los estándares SMART (seguros y verdes) de la OPS. Estos avances sentaron las bases para la siguiente fase de acción regional.

El marco actualizado fue definido mediante consultas regionales con los Estados Miembros realizadas entre 2025 y 2026, que incluyeron consultas virtuales, una reunión presencial en Bridgetown, Barbados, y sucesivas rondas de revisión técnica.

Asimismo, se fundamenta en el Plan de Acción Mundial de la OMS sobre Cambio Climático y Salud, el Marco Operativo de la OMS para Sistemas de Salud Resilientes al Clima y la Política de la OPS para Fortalecer la Acción del Sector Salud Orientada a la Equidad frente al Cambio Climático y la Salud.

La implementación estará liderada por los países, con el acompañamiento de la OPS/OMS a lo largo del proceso.

«La OPS/OMS continuará brindando cooperación técnica directamente a los ministerios de Salud y trabajará mediante alianzas con CARICOM, CARPHA, la academia, la sociedad civil y el sector privado para ampliar el alcance de nuestro apoyo, al tiempo que acompañará a los Estados Miembros en la movilización de los recursos necesarios para implementar este Plan», afirmó Leah-Mari Richards, Jefa del Programa Subregional de la OPS/OMS para el Caribe.

Los Ministerios de Salud tendrán un papel central en la implementación del Plan, trabajando en coordinación con los sectores responsables de cambio climático, medio ambiente, finanzas, gestión del riesgo de desastres, energía, agua y saneamiento, y agricultura. Asimismo, los países podrán adaptar y alinear sus estrategias y planes de acción nacionales con las prioridades establecidas a nivel regional.

La violencia contra el personal de salud sigue siendo un desafío para los sistemas sanitarios de las Américas, advierte la OPS

La violencia contra el personal de salud continúa afectando el bienestar de quienes trabajan en los servicios sanitarios y el funcionamiento de los sistemas de salud en las Américas, con consecuencias para los trabajadores, así como para la calidad y continuidad de la atención que reciben los pacientes, advirtió la Organización Panamericana de la Salud (OPS) durante un seminario regional  sobre el tema.

El encuentro, realizado el 24 de septiembre, reunió a alrededor de 400 participantes de 34 países, entre autoridades sanitarias, especialistas y representantes de asociaciones profesionales, quienes coincidieron en que el problema sigue estando subregistrado y, en muchos casos, normalizado en los lugares de trabajo.

Como parte de sus acciones para visibilizar esta situación y promover respuestas integrales, la OPS presentó la nueva hoja informativa Cómo prevenir la violencia contra el personal de salud en la Región de las Américas, dirigida a responsables de políticas públicas, gestores de salud, profesionales sanitarios y otros actores clave.

Según una revisión sistemática internacional recogida en la publicación, alrededor del 62 % del personal de salud a nivel mundial ha experimentado algún tipo de violencia laboral. Las agresiones verbales, notificadas por el 58 %, constituyen la forma más común de violencia no física, seguidas por las amenazas, con un 33 %, y el acoso sexual, con un 12 %.

Un estudio realizado en 22 países, incluidos 20 de América Latina, encontró que el 66,7 % del personal encuestado había sufrido alguna agresión durante el año anterior; entre estas agresiones, la violencia física estuvo presente en aproximadamente uno de cada diez casos.

«La violencia contra el personal de salud no debe considerarse una parte inevitable del trabajo. Es un problema de salud pública, de derechos humanos y de funcionamiento de los sistemas de salud», señaló Silvana Luciani, jefa de la Unidad de Enfermedades No Transmisibles y Prevención de la Violencia y los Traumatismos de la OPS.

Los participantes destacaron que la violencia adopta múltiples formas, desde insultos, amenazas y agresiones físicas por parte de pacientes o familiares, hasta acoso laboral, discriminación, violencia sexual y amenazas vinculadas con contextos de inseguridad y crimen organizado.

Un problema que va más allá de los servicios de salud

La violencia tiene consecuencias directas sobre el bienestar físico y mental del personal sanitario. También puede contribuir al agotamiento profesional, el ausentismo, la rotación laboral y dificultar la retención de trabajadores capacitados.

Entre los factores que pueden aumentar el riesgo se encuentran la sobrecarga de trabajo, los largos tiempos de espera, la escasez de personal y recursos, las dificultades de comunicación con pacientes y familiares y las condiciones de trabajo. El estudio regional también señaló las demoras en la atención y la falta de recursos para resolver problemas médicos entre los desencadenantes más frecuentes de las agresiones.

Otros factores, como la inseguridad en las comunidades, la violencia armada, el crimen organizado y determinados contextos de emergencia o conflicto, pueden agravar el problema. También existe violencia entre trabajadores, incluido el acoso laboral, el bullying, la discriminación y la violencia sexual, que puede verse favorecida por estructuras jerárquicas rígidas y culturas institucionales que normalizan estas prácticas.

El personal de enfermería y otros profesionales que trabajan en primera línea se encuentran entre los grupos más expuestos, debido a su contacto directo y continuo con pacientes y comunidades.

En el Caribe, por ejemplo, expertos señalaron que la violencia verbal constituye la forma más frecuente de agresión contra el personal de enfermería. También advirtieron sobre el impacto del acoso sexual y la necesidad de contar con mecanismos seguros y confidenciales de denuncia.

«Cuando una enfermera se ve afectada, el sistema de salud se ve afectado», señaló Javon Gray, presidente del Capítulo Omega Kappa de la Sociedad Internacional de Honor de Enfermería Sigma Theta Tau, en representación de la Escuela de Enfermería de Mona de la Universidad de las Indias Occidentales (UWI). «La violencia contra las enfermeras y los trabajadores de salud no debe normalizarse», subrayó.

Las mujeres, que representan cerca del 70 % de la fuerza laboral en salud, están particularmente expuestas a determinadas formas de violencia, entre ellas el acoso sexual. La OPS destaca la importancia de incorporar una perspectiva de género en las estrategias de prevención y respuesta.

La importancia de prevenir y reportar

«La violencia se puede prevenir, y prevenirla requiere respuestas integrales y sostenidas», afirmó Britta Monika Baer, asesora regional en Prevención y Respuesta a la Violencia de la OPS durante el seminario.

A pesar de la magnitud del problema, una proporción importante de los incidentes no se notifica, lo que dificulta conocer su verdadero alcance y diseñar respuestas adecuadas. Entre las principales barreras identificadas se encuentran el temor a represalias, la desconfianza en los mecanismos institucionales y la percepción de que la violencia forma parte del trabajo cotidiano.

Por ello, los participantes subrayaron la necesidad de fortalecer los sistemas de registro y notificación, establecer mecanismos seguros, confidenciales y accesibles para denunciar incidentes y desarrollar protocolos claros de prevención, respuesta e investigación.

«Lo que no se reporta permanece invisible», explicó Leidy Villanueva, de la Oficina de Gestión Territorial, Emergencias y Desastres del Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia. «La protección comienza antes del incidente», agregó.

La experiencia colombiana mostró la importancia de anticiparse a los hechos mediante la capacitación, el análisis de riesgos, la coordinación territorial y la adopción de mecanismos específicos para proteger al personal, los establecimientos y los servicios de salud.

Los participantes también destacaron que la prevención requiere mejorar las condiciones y la organización del trabajo, capacitar al personal en prevención de la violencia, manejo de situaciones de crisis y técnicas de desescalamiento, ofrecer apoyo médico y psicosocial a las personas afectadas y dar seguimiento a los incidentes.

Proteger a quienes cuidan

La prevención de la violencia requiere la participación coordinada de gobiernos, instituciones de salud, asociaciones profesionales, organizaciones de trabajadores, instituciones académicas, comunidades y otros sectores.

La responsabilidad principal de prevenir y responder a la violencia recae en los Estados, los empleadores y las instituciones de salud, mientras que las acciones individuales del personal son complementarias y no sustituyen la obligación de garantizar entornos de trabajo seguros.

La nueva hoja informativa de la OPS reúne evidencia sobre las distintas manifestaciones del problema, sus consecuencias y los factores que aumentan el riesgo. También presenta medidas que pueden adoptar las autoridades y las instituciones sanitarias, entre ellas establecer marcos normativos y protocolos de prevención y respuesta; crear sistemas de denuncia seguros, confidenciales y accesibles; mejorar la seguridad de los establecimientos; capacitar al personal; ofrecer atención médica y apoyo psicosocial; y recopilar datos sobre los incidentes y las acciones adoptadas.

A nivel de políticas públicas, la OPS destaca además la importancia de la coordinación entre los sectores de salud, seguridad, justicia, educación y trabajo, así como de asignar recursos suficientes, monitorear las tendencias de la violencia y trabajar con las comunidades para reducir los riesgos, especialmente en contextos de crisis y desinformación.

«La violencia hacia quienes trabajan en el sector salud no es un problema aislado. Es un obstáculo directo para el bienestar del personal sanitario y para la capacidad de los sistemas de salud de cumplir su misión», señaló Yoana Díaz, asesora regional de Formación Profesional en Recursos Humanos para la Salud de la OPS. «Cuidar a quienes nos cuidan no es solamente una consigna, es un compromiso de acción.»

La nueva hoja informativa también destaca que solo 26 de los 195 Estados Miembros de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuentan con políticas o programas nacionales de salud y seguridad ocupacional dirigidos al personal de salud, lo que pone de relieve la necesidad de seguir fortaleciendo las políticas y medidas de protección.

El mensaje final del encuentro fue claro: la violencia contra el personal de salud no es inevitable y puede prevenirse. Proteger a quienes brindan atención sanitaria es fundamental para el bienestar del personal, la calidad de los servicios y la capacidad de los sistemas de salud para responder a las necesidades de la población.

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