Alerta Epidemiológica por Oropouche en la Región de las Américas

Considerando que en el último mes se han detectado casos de fiebre de Oropouche en áreas que no hacen parte de la región amazónica en Brasil, además de la intensa circulación de dengue reportada por varios países y territoritos de la Región de las Américas, la Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) insta a los Estados Miembros a implementar las recomendaciones para el diagnóstico diferencial del virus Oropouche (OROV) y reforzar las medidas de vigilancia entomológica, control vectorial y de protección personal de la población a mayor riesgo.

Antecedentes

En la Región de las Américas, los brotes por el virus Oropouche (OROV) registrados en los últimos diez años han tenido lugar principalmente en la región amazónica. Históricamente, se han descrito numerosos brotes de enfermedad por OROV en comunidades rurales y urbanas de Brasil, Colombia, Ecuador, Guayana Francesa, Panamá, Perú y Trinidad y Tabago.

OROV se transmite al ser humano principalmente a través de la picadura del jején Culicoides paraensis que está presente en la Región de las Américas, pero también puede ser transmitido por el mosquito Culex quinquefasciatus.

Resumen de la situación

En lo que va del 2024, se han notificado 5.193 casos confirmados de Oropouche en cuatro países de la Región de las Américas: el Estado Plurinacional de Bolivia, Brasil, Colombia y Perú. Desde la última actualización epidemiológica de Oropouche de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Brasil y Bolivia han notificado casos en lugares donde no se habían registrado casos autóctonos previamente.

En Bolivia, durante el 2024, hasta la semana epidemiológica (SE) 18, se han notificado 1.856 casos sospechosos de Oropouche, de los cuales 313 han sido confirmados, por prueba de laboratorio RT-PCR en tiempo real. Se ha registrado la transmisión en tres departamentos y la confirmación por laboratorio en 16 municipios, siendo cuatro los nuevos municipios donde se han registrado casos confirmados desde la última actualización. El 66 % (n=235) de los casos se registra en el departamento de La Paz, seguido por Beni con el 21 % (n=68) y Pando con el 3 % (n=10). En cuanto a la distribución de los casos por sexo y grupo de edad, el 51% (n=157) corresponde a casos de sexo femenino y la mayor proporción en el grupo de edad de 30 a 39 años con el 21 % (n=66) de los casos.

En Brasil, entre la SE 1 y la SE 18 del 2024, se detectaron 4.583 casos confirmados de OROV. La mayoría de los casos han tenido como lugar probable de infección municipios de los estados del norte. La región amazónica, considerada endémica, concentra el 93 % de los casos registrados en el país: Amazonas (n=2.910), Rondônia (n=1.113), Acre (n=163), Pará (n=52), Roraima (n=7) y Amapá (n=1). Adicionalmente, se ha identificado la transmisión autóctona en tres estados no amazónicos donde no se habían registrado casos autóctonos previamente: Bahía (n=273), Espírito Santo (n=33) y Piauí (n=10). Así mismo, casos registrados en los estados de Rio de Janeiro (n=10), Santa Catarina (n=7) y Paraná (n=1), están siendo investigados para establecer el lugar probable de infección. En cuanto a la distribución de los casos por sexo y grupo de edad, el 52 % (n=2.396) corresponden a casos de sexo masculino y la mayor proporción de casos se registra en el grupo de edad de 20 a 29 años con el 21 % (n=977) de los casos (5, 10).

En Colombia, entre la SE 1 y la SE 18 del 2024, se detectaron 38 casos confirmados de Oropouche en tres departamentos del país: Amazonas (n=35), Caquetá (n=1), y Meta (n=1), adicionalmente se identificó un caso procedente de Tabatinga, Brasil. Los casos fueron identificados mediante una estrategia retrospectiva de búsqueda de casos por laboratorio implementada por el Instituto Nacional de Salud de Colombia (INS) a partir de la vigilancia de dengue. En cuanto a la distribución de los casos por sexo y grupo de edad, el 61 % (n=23) corresponden a casos de sexo masculino y la mayor proporción de casos se registra en el grupo de edad de 10 a 19 años con el 44 % (n=17) de los casos (11).

En Perú, entre la SE 1 y la SE 18 del 2024, se han registrado 259 casos confirmados de Oropouche en cuatro departamentos, siendo el mayor número de casos reportados a la fecha en este país. Los departamentos en donde se notificaron los casos confirmados son: Loreto (n=182), Madre de Dios (n=43), Ucayali (n=26) y Huánuco (n=8). En cuanto a la distribución de los casos por sexo y grupo de edad, el 51 % (n=131) corresponde al sexo masculino, la mayor proporción de casos se registra en el grupo de edad de 30 a 39 años con el 40 % (n=104) de los casos (12).

Diagnóstico clínico y manejo

Posterior a un periodo de incubación de 5 a 7 días los pacientes experimentan fiebre alta, cefalea con fotofobia, mialgias, artralgias y, en algunos casos, exantemas. En ciertos pacientes, los síntomas pueden incluir vómitos y hemorragias, manifestándose en forma de petequias, epistaxis y sangrado gingival. Generalmente, la infección se resuelve en un lapso de 2 a 3 semanas.

En situaciones excepcionales, el OROV puede provocar meningitis o encefalitis. En estos casos, los pacientes muestran síntomas y signos neurológicos como vértigo, letargia, nistagmos y rigidez de nuca. El virus puede ser detectado en el líquido cefalorraquídeo (LCR).

Durante la primera semana de la enfermedad, el principal diagnóstico diferencial es la infección por dengue. En la segunda semana de la enfermedad, el diagnóstico clínico diferencial debería considerar la posibilidad de meningitis y encefalitis.

Actualmente, no se disponen de vacunas ni medicamentos antivirales específicos para prevenir o tratar la infección por OROV. El enfoque del tratamiento es paliativo, centrado en aliviar el dolor, rehidratar al paciente y controlar cualquier vómito que pueda presentarse. En situaciones donde la enfermedad se manifieste de forma neuroinvasiva, será necesario el ingreso del paciente en unidades especializadas que permitan un monitoreo constante.

Diagnóstico y vigilancia por laboratorio

Las orientaciones sobre el diagnóstico y vigilancia por laboratorio de arbovirus emergentes, incluyendo OROV, se detallan en las “Directrices para la Detección y Vigilancia de Arbovirus Emergentes en el Contexto de la Circulación de Otros Arbovirus”.

Se sospecha que la circulación del virus incluye ciclos tanto epidémicos como selváticos. En el ciclo selvático, los primates, los perezosos y quizás las aves son los huéspedes vertebrados, aunque no se ha identificado un artrópodo vector definitivo. En el ciclo epidémico, el ser humano es el huésped amplificador y el OROV se transmite principalmente a través de la picadura del mosquito Culicoides paraensis. No se ha documentado la transmisión directa del virus de persona a persona.

El virus OROV es un virus de ARN monocatenario que forma parte de la familia Peribunyaviridae; tiene un genoma segmentado con tres segmentos conocidos como S (del inglés small), M (del inglés medium) y L (del inglés large). Durante la fase aguda de la enfermedad, que dura habitualmente entre 2 y 7 días, es posible detectar el material genético del virus (ARN) por métodos moleculares (RT-PCR) en muestras de suero.

También es posible detectar el ARN en líquido cefalorraquídeo (LCR) en aquellos casos que se presentan con meningitis aséptica (complicación poco frecuente de la fiebre de Oropouche). La muestra de LCR solo debe ser tomada por indicación médica. La mayoría de los métodos moleculares se basan en la detección del segmento genético conservado S (15-17).

Prevención y control vectorial

La proximidad de criaderos de los vectores a los lugares de habitación humana es un factor de riesgo importante para la infección por OROV. Las medidas de control vectorial se enfocan en la reducción de las poblaciones de los vectores mediante la identificación y eliminación de los lugares de desarrollo y reposo de ellos.

Amplíe la información en:

La retirada del soporte vital podría ser beneficiosa en ciertos pacientes con lesiones cerebrales

Soporte vital. Fuente: Europa press

Predecir los resultados después de una lesión cerebral puede ser un desafío, pero a las familias se les pide que tomen decisiones sobre continuar o retirar el tratamiento de soporte vital a los pocos días de la lesión. En un nuevo estudio publicado en Journal of Neurotrauma, los investigadores de Mass General Brigham (EE.UU.) analizaron los resultados clínicos de los pacientes con TBI inscritos en el estudio Transforming Research and Clinical Knowledge in TBI (TRACK-TBI) a quienes se les retiró el soporte vital.

Los investigadores encontraron que algunos pacientes a quienes se les retiró el soporte vital pueden haber sobrevivido y recuperado cierto nivel de independencia unos meses después de la lesión. Estos hallazgos sugieren que retrasar las decisiones sobre retirar el soporte vital podría ser beneficioso para algunos pacientes. Así, y utilizando datos recopilados durante un período de 7,5 años sobre 1.392 pacientes con TBI en unidades de cuidados intensivos en 18 centros de traumatología de EE.UU., los investigadores crearon un modelo matemático para calcular la probabilidad de retirada del tratamiento de soporte vital, basándose en propiedades como la demografía y los factores socioeconómicos y características de la lesión.

Luego, emparejaron a individuos a quienes no se les retiró el tratamiento de soporte vital (WLST-) con individuos con puntuaciones de modelo similares, pero a quienes se les retiró el tratamiento de soporte vital (WLST+). Según el seguimiento de sus homólogos emparejados con WLST, los resultados estimados a los seis meses para una proporción sustancial del grupo WLST+ fueron la muerte o la recuperación de al menos algo de independencia en las actividades diarias. De los supervivientes, más del 40 por ciento del grupo WLST recuperaron al menos algo de independencia.

Además, el equipo de investigación descubrió que permanecer en estado vegetativo era un resultado poco probable seis meses después de la lesión. Es importante destacar que ninguno de los pacientes que murieron en este estudio fue declarado con muerte cerebral y, por lo tanto, los resultados no son aplicables a la muerte cerebral.

Según los autores, los hallazgos sugieren que se está produciendo una profecía cíclica y autocumplida: los médicos suponen que a los pacientes les irá mal según los datos de resultados. Esta suposición da como resultado la retirada del soporte vital, lo que a su vez aumenta la tasa de malos resultados y conduce a más decisiones de retirar el soporte vital.

Ver el artículo a texto completo en:

Sanders William R, Barber Jason K, Temkin Nancy R, Foreman Brandon, Giacino Joseph T, Williamson Theresa, Edlow Brian L, Manley Geoffrey T, Bodien Yelena G. Recovery Potential in Patients Who Died After Withdrawal of Life-Sustaining Treatment: A TRACK-TBI Propensity Score Analysis. J Neurotrauma. 2024 May 13. doi: 10.1089/neu.2024.0014.

Papel de los macrófagos en la progresión del cáncer pulmonar inducido por tuberculosis

Desde MedNet Connect se comenta sobre la asociación entre la tuberculosis (TB) y el desarrollo del cáncer a partir de un artículo publicado en Respiratory Research.

Esta asociación ha sido reportada en varios estudios epidemiológicos, pero los mecanismos subyacentes aún no se comprenden completamente.

La función metabólica y las propiedades inmunes de los macrófagos (MФ) en respuesta a la infección por M. tuberculosis están asociadas con la patogenicidad y los resultados. En la fase de adaptación/resolución tardía, ocurre un cambio metabólico y el aumento del nivel de PGC-1 beta promueve la polarización M2 e inhibe las respuestas proinflamatorias y antimicrobianas.

Los MФ M2 predominan en los tejidos pulmonares granulomatosos en comparación con los MФ M1. Los exosomas de M2 promueven la progresión de la fibrosis pulmonar.

Los macrófagos asociados a tumores (TAM) desempeñan un papel protumoral al aumentar la invasión, extravasación y crecimiento de las células tumorales. Los TAM inmunosupresores (M2) pueden inhibir las células asesinas naturales y las células T durante la progresión tumoral.

Los autores del estudio sugieren que los MФ asociados a tumores M2 Arg-1+ pueden ser un nuevo objetivo terapéutico para la progresión del cáncer de pulmón inducido por la fibrosis tuberculosa.

Vea el artículo completo en:

Woo, S.J., Kim, Y., Kang, HJ. et al. Tuberculous pleural effusion-induced Arg-1+ macrophage polarization contributes to lung cancer progression via autophagy signaling. Respir Res 25, 198 (2024).

Pacientes con lesión renal aguda: asociación entre la trayectoria del sodio sérico y la mortalidad

Desde MedNet Connect se comenta sobre lesión renal aguda (AKI, por sus siglas en inglés). Esta afección es frecuente en la unidad de cuidados intensivos (UCI), caracterizada por un deterioro abrupto de la función renal y una disminución en la producción de orina, lo que puede alterar los electrolitos y el equilibrio ácido-base, causar sobrecarga de líquidos e impactar la función de otros sistemas orgánicos.

La AKI ocurre en aproximadamente el 30-50 % de los pacientes en UCI y está asociada de forma independiente con resultados adversos intrahospitalarios y a largo plazo, lo que genera una carga socioeconómica significativa.

Entre los trastornos electrolíticos, las alteraciones del sodio sérico (sNa) como la hiponatremia (sNa < 135 mEq/L) y la hipernatremia (sNa > 145 mEq/L) son comunes en pacientes con AKI.

La disnatremia, término utilizado para describir tanto la hiponatremia como la hipernatremia, ocurre en aproximadamente el 25 % de los pacientes en UCI y se ha demostrado que está asociada con una mortalidad elevada en pacientes hospitalizados.

Sin embargo, la mayoría de los estudios se centran en el efecto del sNa en la admisión o el alta en el pronóstico del paciente. Dado que las condiciones de los pacientes en UCI pueden cambiar rápidamente, la trayectoria de fluctuación del sNa en los pacientes después de la admisión, en lugar del valor absoluto del sNa en un momento específico, puede ser más valiosa clínicamente para monitorear el pronóstico.

Los autores concluyen que en pacientes con AKI, las trayectorias del sodio sérico estuvieron independientemente asociadas con la mortalidad a los 30 días y 1 año. La asociación entre las trayectorias de los niveles de sodio sérico y el pronóstico en pacientes con AKI merece un estudio adicional.

Vea el texto completo en:

Huang, S., Li, X., Chen, B. et al. Association between serum sodium trajectory and mortality in patients with acute kidney injury: a retrospective cohort study. BMC Nephrol 25, 152 (2024).

La integración de la biodiversidad en Una Salud

Cada 22 de mayo, se celebra el Día Internacional de la Diversidad Biológica, o Biodiversidad. Este año el tema es “Sé parte del plan”, con el que se busca instar a los gobiernos, pueblos indígenas, comunidades locales, organizaciones no gubernamentales, legisladores, empresas y ciudadanos a colaborar activamente en la implementación del Plan de Biodiversidad, compartiendo sus contribuciones y comprometiéndose con la causa. Todos tenemos un papel vital que desempeñar y podemos contribuir significativamente al éxito de este plan.

Una mejor comprensión de los vínculos entre biodiversidad, salud y enfermedad ofrece importantes oportunidades para el desarrollo de políticas sanitarias acertadas. Puede también, mejorar nuestra visión de cómo las medidas centradas en la salud afectan la biodiversidad, y las medidas de conservación afectan la salud.

Ante la amplitud y complejidad de estas relaciones y los factores socioeconómicos que las influyen, en el contexto de unas tendencias globales que cambian rápidamente, reafirmamos la necesidad de una estrategia integradora, un enfoque multidisciplinario y sistémico de la salud de las personas, la ganadería y la vida silvestre dentro del contexto del ecosistema.

La pérdida de biodiversidad, la fragmentación del hábitat y la pérdida de entornos naturales amenazan toda la gama de sistemas que sustentan la vida y los servicios proporcionados por los ecosistemas en todos los niveles de la biodiversidad, incluidas las especies, la diversidad genética y ecosistémica.

La alteración de los servicios ecosistémicos ha tenido implicaciones directas e indirectas para la salud pública, que probablemente exacerbarán las inequidades en salud ya existentes, ya sea por exposición a peligros ambientales o mediante la pérdida de medios de vida.

El enfoque Una Salud proporciona un marco valioso para el desarrollo de políticas e intervenciones mutuamente beneficiosas en el nexo entre salud y biodiversidad, y es fundamental que este concepto integre la biodiversidad en su agenda estratégica.

La biodiversidad puede considerarse como la base de la salud humana. Según lo definido por el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), la biodiversidad es “la variabilidad entre los organismos vivos de todas las fuentes, ya sean terrestres, marinas y otros ecosistemas acuáticos, y los complejos ecológicos de los que forman parte; esto incluye la diversidad dentro de las especies, entre especies y de los ecosistemas”.

Es la fuente de nuestros cultivos para la alimentación y la mayoría de nuestras medicinas (tanto tradicionales como medicamentos y productos farmacéuticos). Los ecosistemas en los que dependemos del agua dulce y para regular el clima, las inundaciones y las enfermedades, no funcionarían sin la biodiversidad.

Ella también apoya nuestro bienestar físico y mental, ofrece enriquecimiento cultural y espiritual, y proporciona medios de vida, particularmente para quienes viven en las zonas rurales.

Los vínculos entre biodiversidad y salud son intrincados, multifacéticos y complejos, y se manifiestan en diversas escalas espaciales y temporales. Algunos de los más pequeños organismos del mundo microbiano impulsan algunos de los fenómenos de mayor escala en el planeta, incluyendo la fotosíntesis y el ciclo del nitrógeno, esenciales para la vida en la Tierra.

Nuestros sistemas de producción de alimentos dependen de una gran cantidad de organismos: productores primarios (fotosintetizadores), herbívoros, carnívoros, descomponedores, polinizadores, patógenos, enemigos naturales de plagas.

A un nivel más íntimo, la microbiota humana – comunidades microbianas comensales presentes en nuestro intestino, en nuestro tracto respiratorio, orofaríngeo y urogenital y en nuestra piel – contribuye a nuestra nutrición, ayuda a regular nuestro sistema inmunológico y previene infecciones.

Al mismo tiempo, la biodiversidad es el origen de la mayoría de las enfermedades infecciosas, especies exóticas invasoras y plagas agrícolas, así como cepas de bacterias resistentes.

Comprender estos vínculos entre biodiversidad y salud es más importante que nunca a medida que intentamos gestionar la biodiversidad y los ecosistemas para alimentar a una población que se prevé superará los 9 600 millones para 2050, satisfacer las demandas de una rápida urbanización, adaptación y mitigación del cambio climático, y reducir la carga de enfermedad.

Vea el artículo completo en:

Romanelli C, Cooper HD, de Souza Dias BF. The integration of biodiversity into One Health. Rev Sci Tech. 2014 Aug;33(2):487-96. doi: 10.20506/rst.33.2.2291.

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