Archivos Anuales 2024

La promesa de los cromosomas humanos artificiales

Los cromosomas humanos artificiales representan una de las últimas fronteras de la biología sintética y tienen el potencial de revolucionar la medicina y la investigación genética. No se trata de una fantasía de novela de ciencia ficción, sino de una realidad emergente en el campo de la genómica.

Un cromosoma es, en esencia, una gran cantidad de ADN que almacena información genética en genes que actúan como manuales de instrucciones.

En los seres humanos, cada célula tiene, típicamente, 46 cromosomas organizados en 23 pares. Esto es lo que nos define como especie y nos diferencia de chimpancés y orangutanes, que poseen cariotipos con 24 pares de cromosomas.

Funcionalmente, un cromosoma requiere varios componentes: necesita un centrómero para su correcta separación durante la división celular. También necesita proteger sus extremos con telómeros a fin de prevenir la degradación del ADN.

Además, debe tener varios orígenes de replicación. Estos elementos aseguran que un cromosoma se propague de manera estable en cada nueva generación de células.

Los telómeros protegen los extremos de los cromosomas para evitar que se desgasten o enreden. Nationa Human Genome Research Project.

Así, la creación de un cromosoma humano “a la carta” implica diseñar y ensamblar por ingeniería genética estos elementos para formar una estructura funcional y estable. Junto con genes específicos y sus elementos reguladores, podría introducirse en células humanas y cumplir las mismas funciones que un cromosoma “natural”.

De vectores de clonación a cromosomas artificiales

Para el Proyecto Genoma Humano se crearon vectores de clonación que permitían aislar y amplificar nuestro ADN, introducidos en bacterias o levaduras para que pudieran replicarse. Estos vectores podrían considerarse como cromosomas humanos artificiales primitivos.

Desde entonces, han evolucionado y permitido grandes avances en biología molecular e ingeniería genética. Hace ya un cuarto de siglo, se crearon microcromosomas artificiales con un verdadero centrómero, telómeros y pequeños fragmentos de ADN de interés.

Este año, un reciente estudio en Science ha anunciado un nuevo hito: un nuevo cromosoma artificial mucho más largo que vectores previos, que simula la complejidad de un cromosoma humano.

Aplicaciones en medicina

Cuando los genes en un cromosoma artificial humano se expresan dentro de una célula, pueden servir para el estudio de enfermedades genéticas. A diferencia de los organismos transgénicos, donde la expresión depende de su punto de integración, los cromosomas artificiales ofrecen un control preciso sobre la dosis génica.

Intuitivamente, si introducimos tres copias de un gen, las proteínas resultantes serán el triple. Con este enfoque, por ejemplo, se han generado ratones con un cromosoma humano artificial para simular trisomías del cromosoma 21 y estudiar el síndrome de Down.

Estos cromosomas también podrían tratar enfermedades hereditarias, al garantizar una expresión génica controlada y prolongada.

Sin ir más lejos, hace unos años, se desarrolló una terapia para la esclerosis lateral amiotrófica usando este método. En el estudio, se inoculó a ratones enfermos con células madre portadoras de este cromosoma, lo que mejoró significativamente su esperanza de vida.

Por otro lado, los cromosomas artificiales de nueva generación tienen la ventaja de poder llevar muchos genes a la vez, a diferencia de los vectores tradicionales que solo dan cabida a uno o dos genes. Esto les permite funcionar como complejas fábricas biotecnológicas, produciendo proteínas esenciales para varias aplicaciones.

Por ejemplo, podrían servir como terapias personalizadas contra enfermedades como el cáncer, donde se requieren múltiples proteínas de manera coordinada.

A diferencia de otros vectores propuestos para terapia génica, como adenovirus o retrovirus, los cromosomas artificiales no se integran en nuestro cariotipo, evitando así inestabilidad génica.

Además, podrían ser más seguros que la edición genética con CRISPR-Cas9, que, aunque revolucionaria, puede ocasionar efectos secundarios no deseados.

¿Qué nos hace humanos?

Las mejoras en esta tecnología plantean desafíos éticos complejos. Entre ellos, los posibles efectos secundarios, el riesgo de alterar irreversiblemente el patrimonio genético humano, la falta de equidad en el acceso a las terapias y posibles usos indebidos.

En la memoria colectiva, persisten casos como el de Jesse Gelsinger, quien falleció por una respuesta inmune severa a una terapia génica. Más recientemente, otro paciente murió durante una terapia genética experimental contra la distrofia muscular de Duchenne. Estos incidentes han generado un gran estigma social contra estas terapias. Superarlo será difícil.

Al mismo tiempo, el uso de terapias para la mejora genética humana, incluyendo cromosomas artificiales, es un tema cada vez más pujante debido a los continuos avances en ingeniería genética.

Voces detractoras, como Michael Sandel, cuestionan estas prácticas por consideraciones éticas, alertando sobre posibles riesgos para la naturaleza y la dignidad humanas.

Por otro lado, partidarios de la eugenesia liberal humana, como Nicholas Agar, defienden que estas intervenciones deben ser voluntarias, respetando la libertad reproductiva de los padres para modificar genéticamente a sus hijos.

Encontrar un equilibrio entre estas posturas y definir lo que es éticamente aceptable sigue siendo un desafío considerable. Esto es especialmente relevante frente a puntos de vista polémicos, como los expresados por el biólogo molecular James Watson, quien aboga por el uso libre de técnicas eugenésicas para resolver “problemas” como la estupidez o la homosexualidad.

Salvar estos obstáculos será fundamental para aprovechar el potencial terapéutico de los cromosomas artificiales, mientras se protege la integridad y dignidad humanas. El debate requiere un enfoque equilibrado que fomente la innovación responsable y el acceso equitativo a esta tecnología.

Leer texto completo del artículo:

Craig W. Gambogi et al. Efficient formation of single-copy human artificial chromosomes. Science: 383, 1344-1349 (2024).

UMELISA® TIR NEONATAL: ultramicroensayo para la pesquisa neonatal de la fibrosis quística

La fibrosis quística es la enfermedad autosómica recesiva más común en la población caucásica y afecta aproximadamente 1:3000 recién nacidos. El objetivo de este estudio es estandarizar y validar un ultramicroELISA (UMELISA) para la pesquisa neonatal de la fibrosis quística y analizar los resultados de la generalización de esta prueba en la red de laboratorios SUMA de Cuba.

Se realizó un ensayo inmunoenzimático heterogéneo para cuantificar tripsina inmunorreactiva en muestras de sangre seca sobre papel de filtro. Se evaluaron parámetros de desempeño y se realizó un estudio piloto en 6 provincias de Cuba.

El tiempo de ejecución fue de 20 h, el rango útil de la curva de (0-500) ng/mL y la concentración mínima detectable de 1,5 ng/mL. Se obtuvo una buena correlación con el kit comercial AutoDELFIA Neonatal IRT (n = 3958; r = 0,88; p<0,01, κ = 0,976). Durante el estudio piloto se evaluaron 6 470 muestras, obteniéndose un valor medio de TIR de 12,1 ng/mL.

Un bebé fue confirmado mediante prueba de sudor, constituyendo el primer recién nacido con fibrosis quística pesquisado y diagnosticado precozmente en Cuba.

Se obtuvo el registro sanitario en 2018 y se han producido 32 lotes del ensayo. Hasta diciembre de 2021 se pesquisaron 281 717 bebés de los cuales 686 resultaron repetidamente elevados para un 0,24 % de positividad. Hasta este resultado 21 bebés han sido diagnosticados con fibrosis quística.

El UMELISA® TIR Neonatal es un ensayo preciso y exacto que constituye una herramienta novedosa y eficaz para ser empleada satisfactoriamente en la pesquisa neonatal de fibrosis quística en Cuba y en otros países de nuestro continente.

Leer texto completo del artículo en:

Castells-Martínez E, Sánchez-Gutiérrez A, Frómeta-Suárez A, González-Reyes E, Moksde-Beltrán Y, Silva-Cabrera E, et al UMELISA® TIR NEONATAL: ultramicroensayo para la pesquisa neonatal de la fibrosis quística. Anales de la Academia de Ciencias de Cuba [Internet]. 2024; 14 (2).

Pasar tiempo al aire libre protege a los niños de la miopía

Si tiene la suerte de viajar a Pekín, Hong Kong o Singapur este verano probablemente le sorprenda comprobar que la gran mayoría de los escolares (el 86 %) utilizan gafas. En España, aunque están aún lejos de esa cifra (el 19 % de los niños de 5 y 7 años son miopes), se sigue la tendencia mundial de aumento de la miopía.

La miopía de los padres influye en la probabilidad de que un niño sea miope. Sin embargo, el aumento de su prevalencia en todo el mundo sugiere que los factores ambientales y el estilo de vida son determinantes. Si no se hace nada al respecto, se prevé que la actual epidemia de miopía afectará al 50 % de la población mundial en 2050, convirtiéndose en la principal causa de ceguera irreversible por desprendimientos de retina, glaucomas o cataratas.

¿En qué consiste la miopía?

Durante el crecimiento, el ojo normal se adapta y ajusta para mantener una visión nítida por un proceso llamado emetropización. Durante la emetropización, la longitud del ojo y la curvatura de la córnea y el cristalino deben ajustarse para lograr un enfoque correcto de la luz sobre la retina (la parte del ojo que recoge la luz y envía “las imágenes” al cerebro).

La miopía ocurre cuando no hay un ajuste correcto, generando un ojo demasiado largo (miopía axial) o una córnea y cristalino demasiado curvados (miopía refractiva). Esto hace que la luz se enfoque delante de la retina, generando una visión borrosa o desenfocada.

Papel protector del tiempo al aire libre

Un estudio realizado en Australia entre 2003 y 2005, con más de 4 000 niños, permitió asociar por primera vez un mayor tiempo al aire libre con una menor prevalencia de la miopía. Otros estudios de intervención, en los que se aumentaba el tiempo que pasaban de los niños al aire libre, demostraron una reducción en el inicio de la miopía y, aunque pasar tiempo en espacios abiertos no parece frenarla una vez que ya se ha iniciado, sí ralentiza su progresión.

Por el contrario, el aumento de tiempo en interiores, como durante la pandemia de covid-19, se relacionó con el aumento en la incidencia de la miopía.

Pero ¿por qué? Es por la actividad física. No. Este efecto beneficioso sobre la visión no tiene que ver con la realización de actividades, sino simplemente con el hecho de estar en el exterior. Todo hace sospechar que el efecto protector del tiempo al aire libre tiene que ver con las características únicas de la luz solar (intensidad, distribución espectral, etc.) de las que carece la iluminación artificial. Pero también con el aumento de la frecuencia espacial (mayor cantidad de detalles) asociado a ambientes con vegetación y las mayores distancias de visualización en el exterior respecto a actividades de interior (leer, escribir, utilizar dispositivos digitales).

¿Qué efecto tiene la luz sobre el desarrollo del ojo?

Respecto a la luz, hay que tener en cuenta dos características: la intensidad y el tipo de luz o longitudes de onda.

La intensidad es obviamente mayor en el exterior, con el sol como única fuente de luz. Incluso en un día nublado, la intensidad de la luz es al menos 10 veces superior a la de una iluminación interior.

Si en las grandes ciudades de Asia existe una prevalencia tan elevada de la miopía en comparación con urbes de Europa o Australia de nivel educativo comparable es debido, con toda probabilidad, al impacto negativo de los grandes edificios sobre los niveles de luz.

Ya lo decía Bob Marley en su canción Concrete Jungle: “Darkness has covered my light” (“La oscuridad ha cubierto mi luz”). Es cierto que en los edificios modernos con grandes ventanas la intensidad podría ser similar a la exterior. Sin embargo, en ese caso los cristales filtran el espectro de luz haciendo que tampoco sea comparable a la luz exterior. Las ventanas reducen gran parte de la luz UVA y la infrarroja cercana.

Estudios epidemiológicos y experimentos con animales han demostrado que la exposición diaria a alta iluminancia, y en concreto la luz UVA y la luz azul de longitud de onda corta (460 nm), reducen específicamente el alargamiento axial del ojo causante de la miopía. Y en ese efecto de la luz sobre el desarrollo ocular tiene mucho que ver la dopamina, el neurotransmisor cerebral que aumenta con los likes de Instagram o la palmadita en el hombro de nuestra jefa y nos hace sentir tan bien.

La luz estimula la liberación de dopamina por parte de unas células específicas de la retina, las células amacrinas. Ahí la dopamina modula el crecimiento refractivo del ojo (compensatorio o emetropización) inhibiendo el crecimiento axial, engrosando la coroides (capa interior del ojo posterior a la retina) y mejorando el flujo sanguíneo al ojo.

Otras células implicadas en el desarrollo refractivo son un tipo de fotorreceptores (sensores de luz) de la retina, las células ganglionares ipRGC, implicadas en el reloj circadiano biológico y en la liberación de la melatonina que controla los ciclos de sueño-vigilia.

¿Y la lectura o las pantallas no afectan a la miopía?

Sí, el tiempo que pasen los niños realizando “trabajos cercanos” se ha relacionado con un mayor riesgo de miopía y alargamiento del ojo. ¿A quién no le han dicho alguna vez “no te acerques tanto a la tele que acabarás con gafas…”? No creo que nuestros padres tuviesen evidencias científicas de ese hecho, pero hay múltiples estudios epidemiológicos que lo avalan.

Ante este panorama hay dos opciones posibles para poner freno a la miopía. Una es desarrollar un tratamiento farmacológico con dopamina o análogos. La otra, crear las condiciones adecuadas para que los niños pasen al menos 2 horas al aire libre.

Lo primero requiere aún muchas investigaciones que aseguren la ausencia de efectos secundarios relacionados con las múltiples funciones de la dopamina sobre el cuerpo, el comportamiento o las emociones. Lo segundo pasa por adaptar la iluminación de las escuelas y lugares de ocio, y aumentar el tiempo que pasan los niños en el exterior, a poder ser en zonas abiertas con vegetación.

Leer artículo a texto completo en:

Biswas, S., El Kareh, A., Qureshi, M. et al. The influence of the environment and lifestyle on myopia. J Physiol Anthropol 43, 7 (2024).

Corticosteroides tópicos para el tratamiento de la fimosis en los niños

La Base de datos Cochrane de Revisiones Sistemáticas ha publicado una actualización de 2024 acerca del uso de corticoesteroides tópicos para el tratamiento de la fimosis en los niños. Publicada por primera vez en 2014, esta revisión ahora actualizada con nueva evidencia pertenece a un conjunto de autores chilenos encabezados por Gladys Moreno, y su texto en español se puede encontrar en este enlace.

A continuación, ofrecemos el resumen que se encuentra disponible en el sitio web de la Biblioteca Cochrane:

Pregunta de la revisión

¿Los corticosteroides tópicos ofrecen una opción eficaz para el tratamiento de la fimosis en los niños?

¿Qué es la fimosis?

La fimosis es un trastorno en el que la piel que protege la cabeza del pene (llamada prepucio) no puede retraerse completamente. La fimosis es normal al nacer y a menudo se corrige de forma espontánea sin tratamiento. Dicho trastorno se conoce como fimosis congénita o fisiológica. La fimosis también podría estar causada por la cicatrización del prepucio, un trastorno llamado fimosis patológica. Puede ser difícil distinguir entre los dos tipos. Uno de cada diez niños de tres años y uno de cada 100 niños de 16 años tienen fimosis.

¿Cómo se trata la fimosis?

El uso de cirugía para eliminar o ensanchar el prepucio (circuncisión y prepucioplastia) está muy extendido para el tratamiento de la fimosis. Sin embargo, las cremas y las pomadas que contienen corticosteroides (medicamentos que reducen la inflamación y limitan o interrumpen la actividad del sistema inmunitario) han mostrado resultados prometedores. Ofrecen una forma de tratamiento menos invasiva y podrían limitar la necesidad de cirugía en algunos niños.

¿Qué se quiso averiguar?

Se quería averiguar si las cremas o pomadas de corticosteroides (corticoides tópicos) eran mejores que el tratamiento simulado (placebo) o ningún tratamiento para mejorar los siguientes desenlaces:

• Retracción completa del prepucio
• Retracción parcial del prepucio
• Cambio en la puntuación de retractabilidad
• Resolución completa a largo plazo de la fimosis
• Efectos no deseados en el área tratada o en otras partes del cuerpo

¿Qué se hizo?

Se buscaron estudios que analizaran corticoides tópicos en comparación con placebo o ningún tratamiento en niños (desde el nacimiento hasta los 18 años de edad) con fimosis. Solo se incluyeron ensayos controlados con asignación aleatoria, donde los niños son asignados al azar a corticosteroides o placebo/ningún tratamiento. Se compararon y resumieron los resultados de los estudios y la confianza en la evidencia se evaluó sobre la base de factores como la metodología y el tamaño de los estudios.

¿Qué se encontró?

Se encontraron 14 ensayos aleatorizados con 1 459 niños. Los estudios incluyeron a niños de distintas edades (18 días a 17 años), con distintos grados y tipos de fimosis. Estos estudios emplearon diferentes tipos de corticosteroides, y la duración del tratamiento varió de cuatro a ocho semanas.

Resultados principales

Se observó que los corticoides tópicos, en comparación con el placebo o la ausencia de tratamiento, podrían aumentar la frecuencia de la retracción completa y parcial del prepucio tras cuatro a ocho semanas de tratamiento. Los corticoides tópicos también podrían aumentar la probabilidad de retracción completa del prepucio medida seis meses después del tratamiento. No se conoce el efecto de los corticoides sobre la retractabilidad del prepucio en comparación con el placebo. Solo dos estudios informaron acerca de efectos no deseados en el lugar del tratamiento (de los 11 estudios que midieron los efectos no deseados). Podría haber poca o ninguna diferencia entre los corticoides y el placebo o ningún tratamiento en la aparición de efectos no deseados.

¿Cuáles son las limitaciones de la evidencia?

Se tiene poca o muy poca confianza en la evidencia debido a que la mayoría de las publicaciones proporcionaron una descripción insuficiente de la metodología de los estudios, a que hubo importantes diferencias entre los niños incluidos en los estudios (edad, gravedad de la fimosis) y entre los tratamientos empleados (tipo de corticoide, duración del tratamiento) y a que algunos resultados fueron muy imprecisos.

¿Cuál es el grado de actualización de esta evidencia?

Esta revisión actualiza la anterior (publicada en 2014). La evidencia está actualizada hasta octubre de 2023.

Conclusiones de los autores: 

Los corticosteroides tópicos, en comparación con placebo o ningún tratamiento, podrían aumentar la resolución completa y parcial de la fimosis cuando se evalúan tras cuatro a ocho semanas de tratamiento, y podrían aumentar la resolución completa a largo plazo de la fimosis evaluada seis o más meses después del tratamiento. Los corticosteroides tópicos podrían tener poco o ningún efecto adverso, y no se conoce su efecto sobre las puntuaciones de retractabilidad.

El conjunto de evidencia está limitado por la poca información proporcionada sobre la metodología utilizada en los estudios, la importante heterogeneidad clínica y la gran imprecisión de los resultados. Ensayos futuros de mayor calidad con seguimiento a largo plazo probablemente mejorarían la comprensión de los efectos de los corticoides tópicos sobre la fimosis en los niños.

El cromosoma Y evoluciona más rápido que el X, según estudio

Un equipo de investigadores ha generado las primeras secuencias completas de los cromosomas sexuales de seis primates no humanos, revelando que el cromosoma Y evoluciona mucho más rápidamente que el X en estas especies, incluidos los humanos.

Este hallazgo permitirá avanzar en la comprensión de las enfermedades genéticas tanto en los simios como en las personas, al tratarse de nuestros parientes vivos más cercanos.

Los genomas de referencia completos de extremo a extremo de los cromosomas sexuales de los simios han revelado también la diversidad existente entre las especies y permitirán entender mejor la evolución.

Este nuevo estudio, recogido en la revista Nature y financiado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, se centra en la secuenciación de los cromosomas ‘X’ e ‘Y’, que determinan el sexo e influyen en el desarrollo sexual y en la fertilidad.

Tanto los seres humanos como la mayoría del resto de los mamíferos tienen esos dos cromosomas sexuales (‘X’ e ‘Y’) que, en combinación, determinan el sexo de una persona: las mujeres (o hembras) poseen dos cromosomas ‘X’ en sus células, mientras que los hombres (o machos) tienen uno ‘X’ y uno ‘Y’.

«El cromosoma ‘Y’ es importante para la fertilidad humana, y el cromosoma ‘X’ alberga genes fundamentales para la reproducción, la cognición y la inmunidad», ha señalado una de las autoras, Kateryna Makova, bióloga de la universidad Estatal de Pensilvania en un comunicado. 

Los ejemplares secuenciados proceden de cinco especies de grandes simios que comprenden la mayoría de las existentes en este momento (chimpancé, bonobo, gorila, y orangutanes de Borneo y Sumatra), todas ellas en peligro de extinción, y una especie de primate emparentada de forma más lejana con los humanos, el gibón Siamang.

Las anteriores secuencias del cromosoma sexual de estas especies eran incompletas o, en el caso del orangután de Borneo y el Siamang, no existían.

Gran variabilidad del cromosoma ‘Y’

Entre sus hallazgos, los investigadores han descubierto que el cromosoma ‘Y’ es mucho más variable que el ‘X’ entre las especies de simios, sobre todo en longitud, y alberga muchas secuencias específicas de cada especie, lo que indicaría un proceso de evolución bastante rápido.

Entre los simios estudiados, el tamaño del cromosoma ‘X’ oscila entre 154 millones de letras del alfabeto ACTG (que representa los nucleótidos que componen el ADN) en el chimpancé y el ser humano, y 178 millones de letras en el gorila.

En cambio, el cromosoma ‘Y’ varia desde los 30 millones de letras de ADN del Siamang al los 68 millones del orangután de Sumatra.

Comparación con humanos

Los investigadores han comparado las secuencias de los citados cromosomas en simios y en humanos, y han usado un método computacional de alineamiento que indica las regiones del cromosoma que han permanecido más o menos inalterables lo largo de la evolución.

Al igual que ocurre con los humanos, los cromosomas ‘Y’ de los grandes simios tienen bastantes menos genes que los cromosomas ‘X’.

En cuanto a similitudes, casi el 98 % de las secuencias del cromosoma ‘X’ de los simios se alineaban con el cromosoma ‘X’ humano, lo que demuestra que apenas han variado a lo largo de millones de años de evolución.

Sin embargo, solo entre un 14 % y un 27 % de las secuencias del cromosoma ‘Y’ de los simios coincidían con las del ‘Y’ humano.

Cromosoma ‘Y’, sometido a una especie de selección natural

Los investigadores han atribuido esta diferenciación a que es más probable que el cromosoma ‘Y’ se reordene o tenga partes de su material genético duplicadas.

Y esto sería así porque «el cromosoma ‘Y’ está sometido a una especie de selección natural purificadora, una especie de fuerza evolutiva que protege su información genética (fundamental para generar espermatozoides) eliminando las mutaciones perjudiciales», subrayan los científicos.

«Los genomas de referencia que hemos producido serán fundamentales para futuros estudios sobre la evolución de los primates y las enfermedades humanas», ha apuntado otro de los autores, Christian Huber, biólogo de la universidad Estatal de Pensilvania.

Además de esta universidad, en el estudio han participado investigadores del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano de Estados Unidos y de la Universidad de Washington.

Leer el texto completo del artículo en:

Makova, K.D., Pickett, B.D., Harris, R.S. et al. The complete sequence and comparative analysis of ape sex chromosomes. Nature 630, 401–411 (2024).

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