Científica Informativa

Cuando los médicos están atentos, el cáncer de ovario da señales

cáncer de ovarioTodos los profesionales de la salud han oído que el cáncer de ovario es un «asesino silencioso». Pero no lo es, demuestra un nuevo estudio.

«Nuestros datos refutan la popular frase de que el cáncer de ovario es un ‘asesino silencioso'», comentó el autor principal, Dr. John K. Chan, ginecólogo oncólogo del California Pacific Medical Center, en San Francisco, Estados Unidos.

El especialista y sus colaboradores revisaron las historias clínicas de 419 mujeres que fueron tratadas por cáncer de ovario de alto riesgo en etapa temprana. Antes de su diagnóstico, 72 % había informado al menos un síntoma revelador de la enfermedad y 32 % había reportado múltiples síntomas.

Los síntomas informados con mayor frecuencia fueron distensión abdominal, dolor abdominal o pélvico y aumento del tamaño abdominal. Las pacientes también informaron sangrado vaginal anormal, así como problemas urinarios y gastrointestinales.

«Uno quiere encontrar estos síntomas desde el principio, cuando estos cánceres son más tratables. Para cuando se propaga, ya es demasiado tarde», manifestó el Dr. Chan a Reuters Health.

El estudio, publicado en Obstetrics & Gynecology, es el último de un cuerpo de investigaciones de décadas que demuestra que las mujeres con cáncer de ovario, incluyendo a la mayoría que tiene enfermedad en etapa temprana, informan los síntomas a sus proveedores de atención médica, escribió la ginecóloga oncóloga, Dra. Barbara Goff en un editorial adjunto.[2]

«Todos necesitamos tener un alto índice de sospecha en pacientes sintomáticas para evitar retrasos en el diagnóstico», dice el editorial.

«Las mujeres con enfermedad en etapa temprana tienen tasas de sobrevida que son más del doble que las de mujeres con enfermedad en etapa avanzada, por tanto, reconocer los síntomas y realizar las pruebas de diagnóstico adecuadas sigue siendo muy importante en nuestros esfuerzos por mejorar los resultados», escribió la Dra. Goff, profesora y catedrática de obstetricia y ginecología de University of Washington, en Seattle, Estados Unidos.

Investigaciones anteriores han demostrado que 89 % de las mujeres con cáncer de ovario en etapa temprana reporta síntomas antes del diagnóstico, dice el editorial. La Dra. Goff señaló que sospecha que 72 % de las mujeres que informaron síntomas en el estudio de la Dra. Chan podría ser una subestimación, porque algunos proveedores de atención médica podrían haber olvidado registrar los síntomas informados.

El cáncer de ovario es el segundo cáncer ginecológico más frecuente en Estados Unidos y mata a más mujeres que cualquier otro cáncer reproductivo femenino. Este año el cáncer de ovario será el causante de la muerte de aproximadamente 13.000 mujeres en Estados Unidos, según la American Cancer Society.

Las tasas de sobrevida para la enfermedad en etapa temprana pueden llegar a 90%, en comparación con tasas tan bajas como 10% para la enfermedad en etapa avanzada, dice el editorial. La mayoría de los cánceres de ovario se diagnostica en etapas avanzadas.

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Actuar con prudencia y responsabilidad: las vacunas por sí solas no son capaces de poner fin a la epidemia

Los contagios por COVID-19 baten récord insospechados en el mundo, asociado principalmente a la prevalencia de la variante ómicron. En medio de ese contexto se aprecia también la circulación de otros virus respiratorios como Influenza A, Coronavirus endémico 229E, OC43 y otros, lo cual ha traído consigo un incremento abrupto de personas con infecciones respiratorias.

Cuba tampoco está ajena a esa realidad. Teniendo en cuenta esas razones y el nuevo momento de la epidemia que se vive en todo el territorio nacional, nuestros protocolos están encaminados a hacer un uso más racional de las pruebas diagnósticas.

En consecuencia, los estudios se destinan esencialmente a personas que presenten síntomas de la enfermedad o infección respiratoria aguda sugestiva de COVID-19, siguiendo el criterio médico en las consultas de respiratorio de las instituciones de Salud. Para los estudios tendrán prioridad los menores de dos años de edad, las gestantes y las puérperas, así como los pacientes de grupos de riesgo con comorbilidades y otros que por su vulnerabilidad tengan más posibilidades de transitar hacia formas graves de la enfermedad.

Consideramos oportuno recordar a nuestra población que ya no se realizan pruebas diagnósticas a quienes resulten ser contactos de casos positivos y no presenten ningún síntoma que pueda asociarse a la COVID-19. Esa práctica se ajusta a las recomendaciones realizadas por la Organización Mundial de la Salud para este nuevo momento de la pandemia.

Si bien es cierto que con este protocolo de actuación pudieran no diagnosticarse todos los enfermos y se modificarían las estadísticas del país en cuanto a índices de mortalidad, incidencia del virus y otros, las recomendaciones mundiales y el comportamiento actual de la epidemia no justifican realizar estudios en la población de forma general.

La evaluación sistemática del comportamiento del virus irá guiando el camino de las acciones a implementar. Así ha sido en el trascurso de toda la epidemia en Cuba y así lo seguiremos haciendo.

Si hacemos un simple análisis al cierre de la última semana, cuando solo habíamos vivido los primero 29 días del año, es evidente el ascenso de los contagios: 76 198 nuevos pacientes se confirmaron en ese período.

No obstante, ese incremento —superior a los 70 157 pacientes detectados en el pasado mes de octubre—, esta vez no ha traído consigo un ascenso proporcional de las personas hospitalizadas, en estados grave y crítico, o fallecidas.

Con la prevalencia de la circulación de la variante delta, entre los meses de julio a septiembre de 2021, la situación en ese sentido fue mucho más compleja en todo el territorio nacional.

Favorablemente, aun cuando la variante ómicron —detectada por primera vez en el país a finales de noviembre de 2021—, ha demostrado ser mucho más transmisible, las formas graves de la enfermedad son menos frecuentes.

A lo anterior también se unen los elevados niveles de inmunidad alcanzados entre nuestro pueblo con el avance de la vacunación: este 31 de enero tenían completo su esquema de vacunación 9 831 581 personas —el 87,9 % de la población cubana— y de ellas 5 358 553 habían recibido su dosis de refuerzo.

Son números que alientan, pero que no pueden llevarnos a la confianza. Ómicron ha demostrado ser todo un desafío para la Ciencia y Cuba asume ante ella las acciones necesarias.

Las constantes mutaciones que se han manifestado en el SARS-CoV-2, al igual que sucede con todos los virus, han originado la aparición de nuevas variantes, algunas de ellas con mayor relevancia a nivel mundial por sus implicaciones en la diseminación de la epidemia, el riesgo de hospitalizaciones, o la reducción de la respuesta de anticuerpos frente a las vacunas. A estas variantes se les ha llamado variantes de preocupación (VOC, del inglés Variants of Concern).

¿Cómo se detectan estas variantes, podrían preguntarse muchos? Sin pretender complicarnos con términos científicos, consideramos importante que nuestro pueblo conozca que ello se realiza a través de la técnica de secuenciación genómica.

Este es un proceder altamente complejo y costoso, que necesita de un equipamiento específico (secuenciador automático de ácidos nucleicos) y requiere de varios días para el procesamiento y posterior análisis de las muestras.

Muy pocos laboratorios en el mundo están equipados para llevar a cabo este tipo de estudios, que no se aplican a la totalidad de las muestras diagnosticadas con el SARS CoV-2, solo se hace a una representación de las mismas. Para seleccionar dichas muestras se siguen criterios de interés como que procedan de diferentes territorios; se correspondan a casos graves, fallecidos, con síntomas leves o asintomáticos, diferentes rangos de edades, inmunizados con diferentes vacunas y dosis, entre otros.

La esencia está en mantener esos estudios periódicamente, para así detectar la aparición de cualquier nueva variante, identificar su predominio en la circulación, y estar alertas ante la emergencia que pueda significar.

El Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí” (IPK) de Cuba cuenta con la tecnología para llevar a cabo la secuenciación genómica, lo cual ha hecho desde el inicio de la epidemia. Ello nos ha permitido identificar oportunamente la introducción de las diferentes variantes: hasta el momento se ha demostrado la circulación de las cinco VOC (Alpha, Beta, Gamma, Delta y Omicron), la variante D614G, además de otras 12.

Que conozcamos más sobre el virus, y en algunos escenarios tengamos mejores herramientas para combatirlo que dos años atrás, no puede ser motivo para confiarnos, sino todo lo contrario.

El conocimiento que tenemos sobre la COVID-19, y los daños que provoca en la salud, solo ratifican la necesidad de cuidarnos todos. Cualquiera de nosotros puede contagiarse y evolucionar a estadios graves de la enfermedad.

Pedimos a nuestro pueblo actuar con prudencia y responsabilidad. Las vacunas por sí solas no son capaces de poner fin a la epidemia.

La OPS lanza campaña sobre la importancia del cuidado de los recién nacidos durante los primeros 28 días de vida

Campaña de los 28 días

La Organización Panamericana de la salud (OPS), a través de su Centro Latinoamericano de Perinatología (CLAP), lanzó este martes una campaña para generar conciencia y promover el cuidado de calidad del recién nacido durante los primeros 28 días de vida, tiempo en el que corren mayor riesgo de morir.

La campaña 28 días, tiempo para cuidar y amar busca incrementar el conocimiento, las habilidades y la autoconfianza de las madres, padres, familias y cuidadores de recién nacidos, y también concientizar a profesionales de la salud sobre la importancia de las buenas prácticas de cuidado para reducir la mortalidad neonatal.

Estas prácticas incluyen el contacto piel con piel, la lactancia materna exclusiva, mantener el cordón umbilical limpio y seco, y la administración de vitamina K al nacer, entre otras.

En América Latina y el Caribe, 7 de cada 1.000 niños no llegan a celebrar su primer mes de vida, una tasa que va de 1,7 en Aruba y 2,3 en Cuba, a 18 en República Dominicana y 32 en Haití. Además, estos fallecimientos representan casi la mitad de todos los que se registran en el primer año de la vida de un bebé, y la mayoría son por causas que se pueden prevenir.

“El acceso universal de las madres y los recién nacidos a una atención oportuna y de calidad, así como la participación de las familias en el cuidado de los bebés son fundamentales para su supervivencia y prosperidad”, afirmó el doctor Pablo Durán, asesor regional en salud perinatal de la OPS.

Como parte de la campaña, la OPS compartirá cada día de febrero, 28 mensajes clave y testimonios vinculados con el cuidado de los recién nacidos.

La OPS también lanzará una aplicación con información dirigida a padres, familias, cuidadores y trabajadores de salud con consejos sobre la atención de los bebés. La organización también pondrá a disposición de los países un documento con diez lineamientos técnicos dirigidos a tomadores de decisión para implementar políticas que mejoren la salud de los recién nacidos en la región de las Américas.

 

COVID-19: cuando una enfermedad en niños se vuelve grave

Afortunadamente los casos graves con COVID-19 y los fallecimientos son muy poco frecuentes en los niños: solo entre 0,3 % y 1,3 % de todas los infectadas en este grupo tienen que ser hospitalizadas. Según el estudio global PERN-COVID-19, los posibles factores de riesgo de un curso grave son edad avanzada, enfermedades crónicas previas y antecedentes de neumonía.

El estudio evaluó 3.222 casos de niños con infección por SARS-CoV-2 que acudieron a 41 servicios de urgencias en 10 países. En esta cohorte preseleccionada se decidió la hospitalización inmediata de 685 casos y 50 niños fueron hospitalizados posteriormente (23% en total).

De los niños hospitalizados, 107 tuvieron una evolución grave, 73 de ellos tuvieron que ser ventilados y 34 recibieron fármacos inotrópicos para favorecer su circulación. En comparación con los niños muy pequeños, menores de 5 años, los mayores tenían un riesgo significativamente mayor de sufrir un curso grave (odds ratio [OR]: 1,6 en los niños de 5 a 10 años y OR: 2,39 en los mayores de 10 años).

Otros factores de riesgo identificados por el grupo de investigación dirigido por Anna L. Funk, Ph. D., de la University of Calgary, en Canadá, fueron afecciones crónicas preexistentes (OR: 2,34), antecedentes de neumonía (OR: 3,15) y un deterioro clínico entre el cuarto y el séptimo días tras la presentación en el servicio de urgencias (OR: 2,22). El asma no parece aumentar el riesgo de un curso grave, sino que es incluso un cierto factor de protección (OR: 0,66).

Tasa de complicaciones superior a la de la influenza

En otro estudio de España se evaluaron los casos de 9.769 niños hospitalizados con COVID-19 y se compararon con los niños con influenza (en la temporada de 2017 a 2018).[2] Aquí también las afecciones preexistentes, como trastornos del neurodesarrollo, enfermedades cardiacas y cáncer, fueron factores de riesgo para la hospitalización con COVID-19.

En general, las complicaciones como hospitalización, hipoxemia y neumonía fueron significativamente más frecuentes en la COVID-19 que en los niños y adolescentes con influenza. Además los niños con COVID-19 padecían con más frecuencia anosmia, disnea y trastornos gastrointestinales, lo que también podría servir para distinguirlos de la influenza.

La Organización Panamericana de la Salud admite que COVID-19 podría seguir un patrón estacional

Las infecciones por SARS-CoV-2 podrían seguir un patrón estacional, con más contagios durante los meses de frío en aquellas regiones de clima templado, reconoció por primera vez la Organización Panamericana de la Salud (OPS), aunque otros expertos manifestaron sus reservas.

«En áreas con climas templados, en Norteamérica y en Sudamérica, el clima invernal parece estar asociado con incremento en la incidencia de COVID-19, aunque necesitamos varias temporadas de observación para establecer si este patrón se establecerá claramente como una estacionalidad», señaló este miércoles 26 el Dr. Sylvain Aldighieri, comandante de incidente para COVID-19 de la OPS.

El Dr. Aldighieiri añadió que, si se confirmara esta estacionalidad de COVID-19, habría que ver si está en sintonía con otras enfermedades respiratorias agudas, como la gripe, lo que plantea como reto principal «la carga conjunta que podríamos observar en el periodo de invierno en los servicios de salud, tanto ambulatorios como cuidados intensivos».

Aunque la cuestión de la estacionalidad en la transmisión de SARS-CoV-2 ha sido discutida, cuestionada y matizada desde el comienzo de la pandemia, nunca hubo datos concluyentes para establecerla. Sin embargo, cuando se analizan las curvas desde 2020 en Europa, Norteamérica y países del Cono Sur de Sudamérica (antes de la presente explosión de contagios por ómicron), asoma una tendencia al recrudecimiento de casos durante los meses fríos.

«El hecho de si SARS-CoV-2 se comportaba de un modo parecido a otros virus respiratorios era una pregunta controvertida que creemos honestamente que se ha ido resolviendo a lo largo del tiempo. Cada vez más resultados y dinámicas que vamos viendo en el mundo indican que el virus encuentra condiciones óptimas de propagación a temperaturas y humedades relativas bajas, aunque hay que entender que esta facilitación climática se monta sobre la dinámica humana de transmisión, que es prioritaria en este tipo de virus», dijo a Medscape en español el ecólogo y climatólogo Xavier Rodó, Ph.D,. director del programa de Clima y Salud del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), en Barcelona, España.

Según Rodó, quien lideró un trabajo reciente sobre el rol del clima en la modulación de la transmisión de SARS-CoV-2 durante las olas pandémicas en ambos hemisferios, la disparada de contagios por ómicron en pleno verano austral puede explicarse por la alta transmisibilidad de esa variante y la aglomeración de personas, pero no contradice la tendencia global que muestra una «coherencia estadística» entre la mayor propagación viral y situaciones de disminución de la temperatura y la humedad.

Más reservas

Pero otros expertos muestran sus reservas sobre la cuestión. «Todavía no se puede dar una respuesta por sí o por no» respecto de la estacionalidad de COVID-19, señaló a Medscape en español Pablo Murcia, Ph.D., un virólogo argentino que trabaja en University of Glasgow Centre for Virus Research, en Glasgow, Escocia, Reino Unido.

«No creo que haya datos concluyentes para afirmar que SARS-CoV-2 es o será un virus de invierno. Por ejemplo, si tomamos como referencia el aumento de número de casos en Argentina, donde están en pleno verano, la evidencia indica que este virus aún no ha alcanzado esa estacionalidad. Por otro lado, los otros coronavirus respiratorios que circulan en humanos son claramente estacionales, y si uno se guía por ese hecho podría esperar que SARS-CoV-2 se convierta con el tiempo en un virus estacional» , puntualizó Murcia.

Murcia agregó que la cobertura de vacunación y las medidas no farmacológicas para controlar la pandemia tendrán un papel importante con respecto a la epidemiologia futura del virus.

Mauro Infantino, ingeniero en sistemas, analista de los datos de la pandemia y creador del sitio COVID STATS para facilitar el acceso a las estadísticas oficiales sobre COVID-19 de Argentina, Colombia, México y Perú, cree que todavía no existe un patrón de la enfermedad como ocurre con otras porque hay cambios constantes en distintos factores, como las intervenciones no farmacéuticas, la cobertura de vacunación y la aparición de variantes.

«La OPS lo pone todo muy en potencial porque la evidencia tampoco es contundente. Falta un poco de equilibrio en todo este lío. Lo que no termina de sorprenderme, por ejemplo, es la similitud de las curvas de Argentina con las de Colombia y ahí los climas son bien distintos» , dijo Infantino a Medscape en español.

El Dr. Aldighieri aclaró que, en áreas tropicales y subtropicales, es más difícil establecer patrones estacionales de transmisión de los virus respiratorios y los rebrotes son posibles a lo largo del año.

Y otros especialistas avizoran la estacionalidad de COVID-19 más en el futuro cercano que en el presente.

«Todo puede ocurrir, pero lo más probable es que el virus se quede de forma estacional como ocurre con la influenza. Si las predicciones son correctas, varias regiones del mundo pasarán a la fase endémica en pocos meses», tuiteó este martes 25 el Dr. Alejandro Macías Hernández, infectólogo y catedrático encargado del Área de Microbiología y Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Guanajuato, en León, México.

Por el momento el virus SARS-CoV-2 no ha mostrado una tendencia estacional invernal y las olas se han presentado en cualquier momento del año, en ambos hemisferios, dijo a Medscape en español la Dra. Leda Guzzi, infectóloga del Hospital y Maternidad Santa Rosa, en Florida, Gran Buenos Aires, y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

«Sin embargo, es probable que, como todo virus respiratorio, tienda con el correr del tiempo a una cierta estacionalidad en épocas invernales en donde las condiciones climáticas se vuelven favorables para la transmisión en tanto y en cuanto las actividades humanas se llevan a cabo predominantemente en espacios cerrados y las personas tienden estar más próximas y en espacios menos ventilados» , precisó la Dra. Guzzi.

Y añadió: «Sin embargo, para que esto suceda, la dinámica viral debe evolucionar de la actual pandemia a una endemia con casos previsibles en cada temporada. Y por el momento creo que estamos lejos de eso».

Tomado de Medscape.

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