Científica Informativa

Las lecciones de la pandemia de COVID-19 deben aprovecharse para enfrentar el cambio climático, dice la OPS

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Washington, D.C. 27 de octubre de 2021 (OPS) – Mientras los líderes se dirigen a Glasgow para la cumbre climática COP26 esta semana, el Director Adjunto de la Organización Panamericana de la Salud, Jarbas Barbosa, advirtió que los países deben aprovechar las lecciones aprendidas durante la pandemia de COVID-19 para prepararse para el impacto del cambio climático y prevenir futuras crisis.

Con 800.000 nuevas infecciones por COVID y 18.000 muertes relacionadas con el COVID en las Américas la semana pasada, «la pandemia ha ofrecido una impresión de lo poco preparados que estamos para un evento tan turbulento», dijo el Dr. Barbosa en una sesión informativa sobre el COVID-19.

Muchos de los sistemas de salud de la región han sufrido el impacto de COVID-19. Ahora los países deben tomar medidas urgentes para prepararse para las consecuencias sanitarias de una crisis climática potencialmente más prolongada, dijo.

Las altas temperaturas, los fenómenos meteorológicos extremos y la contaminación han provocado un aumento de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como un incremento de las enfermedades transmitidas por vectores como el Zika y el Chagas. La temporada de dengue también ha aumentado debido al clima más cálido y húmedo, agregó.

El aumento de la escala y la frecuencia de los incendios forestales y las sequías en la región también está amenazando los medios de vida y conduciendo a una mayor inseguridad alimentaria.

Los científicos llevan mucho tiempo advirtiéndonos de que, si no se aborda, el cambio climático transformará nuestro medio ambiente, nuestros sistemas alimentarios y nuestras condiciones de vida, todo lo cual tiene consecuencias potencialmente devastadoras para nuestra salud», dijo el Dr. Barbosa.

«Hoy tenemos la oportunidad de aprovechar las lecciones de la pandemia del COVID para prevenir futuras crisis y reforzar nuestra capacidad de responder a ellas cuando lleguen», añadió, celebrando la atención prestada a la salud en la 26ª Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de este año, conocida como COP26.

En vísperas de la cumbre, la OPS ha lanzado una Agenda para las Américas sobre Salud, Medio Ambiente y Cambio Climático, con el fin de proporcionar a los países un plan de acción para hacer frente a los riesgos que plantea el cambio climático para la salud de las Américas.

El plan perfila tres líneas de acción, todas ellas basadas en las lecciones aprendidas de la respuesta a la pandemia en la región:

  • Los sectores sanitario, sociopolítico y económico deben trabajar juntos para elaborar planes de preparación integrados que aborden los impactos sanitarios de las emergencias climáticas.
  • Los países deben invertir en sus sistemas de salud para asegurarse de que cuentan con el personal, la formación y los recursos necesarios para hacer frente a futuros riesgos climáticos.
  • El propio sector sanitario debe formar parte de la solución, abordando su propia contribución a las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto puede lograrse construyendo instalaciones más ecológicas y reduciendo las emisiones en las instalaciones de producción, el transporte y los propios centros sanitarios.

En la última semana, las infecciones y muertes por COVID disminuyeron en gran parte de América del Norte, Central y del Sur, con la excepción de Paraguay, que registró un aumento de los casos de COVID, y Belice, que informó de un fuerte aumento de las muertes.

También se observaron tendencias a la baja en las islas más grandes del Caribe, incluida Cuba, pero las islas más pequeñas, como San Cristóbal y Nieves, Barbados, Anguila y San Vicente y las Grenadinas, notificaron aumentos de las infecciones y muertes.

Aunque el 44% de la población de América Latina y el Caribe está totalmente vacunada, el Dr. Barbosa destacó la persistencia de la desigualdad, ya que en algunos países las tasas de vacunación siguen siendo inferiores al 20%.

«Si bien nuestra región ha hecho un gran trabajo en acelerar la cobertura de inmunización en pocos meses, más de la mitad de las personas en América Latina y el Caribe siguen sin protección», dijo, celebrando la próxima entrega de tres millones de dosis a través de COVAX esta semana.

Mientras tanto, instó a los países a seguir aplicando medidas de salud pública para controlar los brotes.

Alud de publicaciones sobre COVID-19 causó caos en las revistas científicas

Revistas científicas abrumadas por la explosión de información, miles de investigaciones que se sumaban día a día y un número récord de artículos presentados a los comités editoriales sin pasar por un proceso exhaustivo de revisión por pares son algunas de las consecuencias que la pandemia de COVID-19 imprimió sobre las publicaciones científicas, coincidieron panelistas de una mesa redonda sobre el tema en el 47° Congreso Argentino de Cardiología (SAC) 2021, celebrado de manera virtual del 13 al 16 de octubre en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.

«No podemos dejar de lado la sensación de que el mundo se acababa. Lo que quedó demostrado es que médicos, responsables de las revistas e investigadores, son seres humanos que también se asustan y renuncian a los criterios que consideraban inamovibles cuando se sienten realmente amenazados», comentó el Dr. Jorge Thierer, jefe de la Unidad de Insuficiencia Cardiaca del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC) de Buenos Aires.

El Dr. Thierer fue uno de los coordinadores de la actividad ¿Cómo influyó el Covid-19 en las publicaciones científicas? en el Aula SAC del Área de la Revista Argentina de Cardiología, de la que es director adjunto.[1]

«Fueron tantas las publicaciones que PubMed generó un hub especial donde los primeros seis meses se registraron 165.000 mil papers, con un promedio de 2.000 por semana. En Journal of the American Medical Association (JAMA), por ejemplo, del 1 de enero al 1 de junio de 2019 se recibieron 4.000 artículos, en tanto en el mismo periodo, pero de 2020, fueron 11.000», destacó el Dr. Gastón Rodríguez-Granillo, cardiólogo especialista en imágenes cardiovasculares del Instituto Médico ENERI de Buenos Aires y de la Clínica La Sagrada Familia, también de esta ciudad.

De un momento a otro la COVID-19 lo cubrió todo. «Ocupó 80% de las publicaciones de British Medical Journal (BMJ), 60% en The Lancet y un tercio de la información de The New England Journal of Medicine (NEJM) o JAMA, añadió el Dr. Walter Masson Juárez, jefe de la Sección Prevención Cardiovascular del Servicio de Cardiología del Hospital Italiano de Buenos Aires. NEJM llegó a publicar más de 40 artículos por día sobre el tema. En JAMA hubo un récord de 235 manuscritos en un día y en la Revista Argentina de Cardiología, en el último semestre 25% de la información tenía que ver con el tema».

El Dr. Rodríguez-Granillo señaló que un aspecto negativo fue que se incrementó la brecha entre artículos publicados por hombres y mujeres, añadiendo que otro punto crítico fue que mientras se aceleró la publicación de trabajos vinculados con COVID-19 se relegaron y retrasaron los de otras áreas.

En materia de récords, el Dr. Masson señaló un artículo publicado en NEJM,Transmission of 2019 Cov-infection from an Asimptomatic contact en Germany, «que fue escrito, examinado y editado en 48 horas».[2]

«La tentación de subir inmediatamente todo hizo que se entrara en esta vorágine de publicación y en algunos momentos las revistas médicas parecían revistas de chismes», comentó con un dejo de ironía el Dr. Thierer.

El Dr. Mariano Trevisan, jefe del servicio de Cardiología del Sanatorio San Carlos, de Bariloche, añadió: «No estábamos acostumbrados. La pandemia funcionó como un experimento sobre cómo pueden ser las cosas cuando los procesos habituales de evaluación de las revistas se soslayan o saltean. La información surgida era muy necesaria, pero llevaba más a la confusión que a tener claro lo que debíamos hacer».

«Muchos fallecimientos vinculados con la COVID-19 se relacionaron con mala praxis involuntaria basada más en la desinformación que en el virus en sí», admitió el Dr. Rodríguez-Granillo.

Preprint, bots y retractaciones

El Dr. Rodríguez-Granillo manifestó su preocupación por los preprints, que a nivel global representaron 10% de las producciones y finalmente 25% de ellos alcanzó publicación. «Constituyen un arma de doble filo. Por un lado difundieron rápidamente información, pero debido a la falta de revisión por pares también información incorrecta, por ejemplo, la difusión de tratamientos poco efectivos o aun perjudiciales, como el dióxido de cloro».

El Dr. Javier Guetta, jefe de Cardiología del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas de Buenos Aires, Argentina, declaró: «Las revistas científicas se vieron abrumadas. Se permitió la publicación acelerada asumiendo que eso salvaría vidas. Sin embargo, en junio de 2020 dos de las revistas médicas más importantes se retractaron de la publicación de estudios de pacientes con COVID-19. Los dos artículos fueron publicados en The Lancet y NEJM«.

Para el Dr. Guetta, la dificultad generada a partir de estas retractaciones fue que «el proceso de publicación esta vez sí llegó al público en general, que se enfrentó a información no procesada, que no podía asimilar y generó desconfianza». Importantes medios como The New York Times, Los Angeles Times o The Wall Street Journal lanzaron duros títulos contra la credibilidad de estas revistas científicas.

«Las retractaciones son poco frecuentes; menos de 1%, habla del proceso de corrección o autocorrección de la ciencia y hay que verlas como un impacto positivo. No solo detectan el artículo con errores, sino cómo esos errores pueden contaminar a otras publicaciones científicas», agregó el Dr. Guetta.

El especialista señaló que el blog Retraction Watch, creado en 2010, aumenta la transparencia en la retractación. Sin embargo, no deja en claro el método de retractación de los preprints.

«Los preprints se retiran únicamente a solicitud de los autores porque el servidor no ha revisado por pares el conocimiento científico y, por tanto, no los retira aunque existan errores significativos», alertó el Dr. Guetta.

Calidad frente a cantidad

El Dr. Rodríguez-Granillo especificó que desde el inicio de la pandemia el sitio clinicaltrials.gov registró más de 3.000 ensayos vinculados a la COVID-19. «Aunque la mayoría tuvo un N de 100 y difícilmente lleguemos a conclusiones robustas con N tan pequeños. Además cantidad no es calidad. Se incrementaron problemas pre-COVID-19, como el sesgo de publicación (los estudios positivos se publican más y más rápido), la exageración inicial del beneficio y la influencia de la industria, vinculada en muchos casos a intereses».

El Dr. Masson indicó que fue el Dr. Valentin Fuster quien admitió en un editorial de la revista del American College of Cardiology que entre marzo de 2019 y marzo de 2020 había crecido 70% la publicación de artículos, pero que eso había dado lugar a que algunos autores fueran oportunistas «y con tal de publicar, enviaran trabajos de dudosa calidad».[3]

Sin embargo, los estudios clínicos controlados y aleatorizados fueron pocos: 257 de más de 90.000 registrados durante 2020 en PubMed, dijo el Dr. Masson. «Si hacemos un ejercicio con otra patología viral, como la influenza, en 2019 aparecen más de 6.000 resultados, pero cuando buscamos estudios clínicos aleatorizados y controlados hay 145, es decir, lo publicado sobre COVID-19 en ensayos clínicos de buena calidad representó 0,27%, en comparación con 2,4% relacionado con la influenza: 9 veces más».

El Dr. Rodríguez-Granillo agregó: «De todo lo publicado en 2020 sobre COVID-19, hubo abundancia de artículos de opinión y escasez de originales. Fueron los estudios observacionales y los anatomopatológicos los que más contribuyeron a explicar la fisiopatología. Lo que pasó fue un problema humano y serio que nos desnudó como especie y excede los comités editoriales».

«Un aspecto beneficioso es que algunas publicaciones, que eran pagas, permitieron el libre acceso a los artículos, por ejemplo, NEJM», destacó el Dr. Masson.

«La COVID-19 incrementó la colaboración entre instituciones, el data sharing, la proliferación de los códigos abiertos para enriquecer las bases de datos de inteligencia artificial. Se visibilizó la importancia de los procesos de revisión, las retractaciones motivaron mayor transparencia y prolijidad y la importancia de entender un trabajo desde la investigación, la concepción, el diseño, el desarrollo y la lectura crítica. Ahora, a cada paper se le pone una especie de GPS y se lo sigue en todo su recorrido», concluyó el Dr. Rodríguez-Granillo.

Consenso sobre el tratamiento de la infección por Helicobacter pylori

Helicobacter pylori es una bacteria que infecta alrededor de 50% de la población mundial, cuya presencia se relaciona con cuadros gastrointestinales como úlcera péptica, gastritis crónica y cáncer gástrico.

Este es un resumen breve de las recomendaciones para el tratamiento del H. pylori a raíz de las conclusiones obtenidas de la IV Conferencia Española de Consenso sobre el tratamiento de la infección por Helicobacter pylori.

Actualmente considera que un tratamiento erradicador es efectivo cuando es capaz de curar la infección por H. pylori en un porcentaje próximo o preferiblemente superior a 90% de los pacientes.

Tratamientos de primera línea

Como tratamiento de primera línea de la infección por H. pylori se recomienda una pauta cuádruple concomitante sin bismuto, compuesta de un inhibidor de la bomba de protones, claritromicina, amoxicilina y metronidazol, cuya eficiencia dependerá de la tasa de cepas de H. pylori resistentes a la vez a claritromicina y a metronidazol (resistencia dual o doble). Y se recomienda que la duración del tratamiento sea de 10 o 14 días.

Probióticos

Los probióticos están actualmente indicados en el tratamiento de la gastroenteritis aguda y la diarrea por antibióticos y sus potenciales efectos beneficiosos incluyen la regulación de la microbiota intestinal, la estimulación de la respuesta del sistema inmune y la potencial actividad inhibitoria frente a H. pylori demostrada in vivo e in vitro. Sin embargo, por ahora no se recomienda asociar probióticos al tratamiento erradicador de manera generalizada.

En caso de fracaso al tratamiento de primera línea

En caso fracaso de un primer tratamiento que incluya claritromicina (triple o cuádruple) se recomienda una pauta con levofloxacino, preferiblemente cuádruple (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina, levofloxacino y bismuto). Otra alternativa es la terapia cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol).

Tras el fracaso de un primer tratamiento con una terapia cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol) se recomienda una pauta triple o cuádruple con levofloxacino (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina, levofloxacino ± bismuto).

En caso de fracaso de los tratamientos de segunda línea

Tras el fracaso de un primer tratamiento con claritromicina y una segunda línea con levofloxacino se recomienda un tratamiento cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol).

Tras el fracaso de un primer tratamiento con claritromicina y una segunda línea cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol) se recomienda un tratamiento con levofloxacino.

Tras el fracaso de un primer tratamiento cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol) y una segunda línea con levofloxacino se sugiere un tratamiento cuádruple concomitante (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina, claritromicina y metronidazol).

Tras el fracaso de un tercer tratamiento se sugiere reevaluar cuidadosamente la necesidad de erradicar la infección y, de ser necesario, indicar una cuarta línea con rifabutina (inhibidor de la bomba de protones, amoxicilina y rifabutina).

Pacientes alérgicos a penicilina

En pacientes alérgicos a la penicilina se recomienda de primera línea una pauta cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol).

Tras el fracaso de un primer tratamiento triple (inhibidor de la bomba de protones, claritromicina y metronidazol) se sugiere emplear una terapia cuádruple con bismuto (inhibidor de la bomba de protones, bismuto, tetraciclina y metronidazol). Tras el fracaso del anterior como primer tratamiento se sugiere una terapia triple con inhibidor de la bomba de protones, levofloxacino y claritromicina.

Recomendaciones para pacientes con úlceras

En los pacientes con úlcera duodenal no complicada que no requieren antiinflamatorios no esteroideos (AINE) o ácido acetilsalicílico no se recomienda mantener el tratamiento antisecretor tras haber finalizado el tratamiento erradicador de H. pylori.

En los pacientes con úlcera gástrica que no requieren antiinflamatorios no esteroideos o ácido acetilsalicílico se recomienda mantener el tratamiento antisecretor durante 4 a 8 semanas tras haber finalizado el tratamiento erradicador de H. pylori.

En los pacientes con hemorragia digestiva por úlcera péptica, la erradicación de H. pylori elimina la probabilidad de recidivas; por tanto, una vez confirmada la erradicación y en ausencia de toma de antiinflamatorios no esteroideos o ácido acetilsalicílico, se recomienda no administrar tratamiento de mantenimiento con antisecretores.

Este contenido fue originalmente publicado en Univadis, parte de la Red Profesional de Medscape.

Informe preliminar de la Organización Panamericana de la Salud: «es posible evitar una proporción considerable de las muertes prematuras»

Ya antes de la pandemia de COVID-19 una de cada tres (35 %) muertes que ocurría en el continente americano era prematura y potencialmente evitable. Esta es la principal conclusión del informe preliminar Salud en las Américas, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que tiene como tema central el análisis de las muertes tempranas, prevenibles mediante una atención adecuada en los servicios de salud. A pesar de las mejoras que se venían dando con el tiempo, la región perdió así más de 2,5 millones de personas en un único año (2019).

La COVID-19 se convirtió en una de las principales causas de muerte en el mundo y según este informe provocó una regresión de 20 años en los avances que se habían logrado para reducir las muertes prematuras evitables. «La COVID-19 nos llevó donde estábamos 20 años atrás, pero probablemente en cuanto se resuelva la etapa aguda, crítica, de la pandemia, volveremos a niveles similares a los que estábamos recientemente», señala el estudio.

Es decir, a un tiempo en el que podrían haberse evitado una de cada tres muertes si todos los niveles de atención (prevención primaria, secundaria y terciaria) funcionaran correctamente, explicó a Medscape en español el Dr. Sebastián García Saisó, médico mexicano que se desempeña como director del Departamento de Evidencia e Inteligencia para la Acción en Salud de la Organización Panamericana de la Salud.

En los últimos años los países de la región de las Américas habían registrado mejoras considerables, aun con profundas desigualdades que se traducen en un exceso de alrededor de 189 muertes evitables por 100.000 habitantes en los países más desfavorecidos socialmente.

El Dr. García aclaró que en el futuro, con menor disrupción en los servicios de salud, habrá de nuevo oportunidades de prevención que no hay que desaprovechar. «Este reporte también busca mostrar la necesidad de proteger las ganancias que se habían hecho, reforzar los elementos que nos llevaron a tener a lo largo del tiempo una reducción en mortalidad prematura potencialmente evitable y no perderla. Como ejemplo, no se puede perder el énfasis en la vacunación de sarampión, aunque estemos en medio de una pandemia».

Prematuras, evitables, prevenibles, tratables

El informe define muertes prematuras como aquellas que ocurren antes de los 75 años. Es posible visualizar gráficos dinámicos que muestran las tasas de mortalidad a nivel regional, subregional o de país, desglosadas por sexo. La proporción de hombres que murieron de forma prematura por causas evitables representó 41 % de las muertes totales, mientras en mujeres fue menor (29 %). Se puede seleccionar individualmente un país para ver los cambios de 2000 a 2019. La plataforma presenta una primera aproximación al análisis de los datos disponibles; el informe completo se espera antes de fin de año.

Vea el texto completo en:

Informe preliminar de la Organización Panamericana de la Salud: «es posible evitar una proporción considerable de las muertes prematuras» – Medscape – 20 de oct de 2021.

Revisión de artículos: Ejercicio, ecocardiograma y revascularización

Como parte de la alianza editorial entre Medscape en español y la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), en esta ocasión el Dr. Guillermo Liniado presenta 3 artículos recientes publicados en las principales revistas científicas de cardiología. El Dr. Guillermo Liniado es médico, coordinador del Área de Insuficiencia Cardiaca en el Hospital General de Agudos Dr. Cosme Argerich. Asimismo, funge como vocal del Consejo de Insuficiencia Cardiaca de la Sociedad Argentina de Cardiología y es miembro del Comité Científico de la alianza editorial.

Ejercicio y corazón: ¿cuánto más mejor?

El beneficio del ejercicio físico regular es indiscutido. Es mediado en parte, pero no exclusivamente, por su impacto sobre los factores de riesgo coronario, en especial sobre la presión arterial, el perfil lipídico, el índice de masa corporal y la resistencia a la insulina. También actúa a nivel vascular mejorando la capacidad de vasodilatación (aumenta la producción de óxido nítrico), la homeostasis vascular y la liberación de radicales libres, entre otros mecanismos.

El ejercicio regular y moderado tiene un efecto antiinflamatorio, pero el ejercicio intenso produce, en forma aguda, una acción proinflamatoria que potencialmente aumenta el riesgo de inflamación coronaria, rotura y desestabilización de la placa aterosclerótica, aunque esto suele ser de corta duración y se resuelve en unas pocas horas.

Las guías recomiendan 150 minutos de ejercicio físico moderado o 75 minutos de ejercicio físico vigoroso por semana. Sin embargo, los deportistas de resistencia multiplican varias veces esas recomendaciones y en la última década se ha reportado una curva en forma de J de dosis-respuesta en la relación entre la cantidad de ejercicio realizado en la vida y la morbilidad cardiovascular, sugiriendo que existe un límite en el beneficio, por encima del cual podría ser perjudicial.

El ejercicio vigoroso de resistencia se asocia a un aumento transitorio de los biomarcadores de daño miocárdico, incluyendo las troponinas y los péptidos natriuréticos, así como a un trastorno temporario de la función sistólica del ventrículo derecho y en menor medida del ventrículo izquierdo y de la relajación.

El aumento de la troponina estaría vinculado a mínimos grados de inflamación o microinfartos, que en forma repetida podrían conducir a remodelado ventricular y arritmias. El aumento de los péptidos natriuréticos parece estar asociado a la disfunción sistólica del ventrículo derecho y posiblemente represente la consecuencia de un estrés parietal elevado generado por un volumen/minuto aumentado. Una proporción, aunque menor, de atletas mayores de 35 años, desarrolla fibrilación auricular, calcificación coronaria y fibrosis miocárdica y se ha especulado que a través de estos mecanismos el ejercicio vigoroso de resistencia en el largo plazo puede ser dañino. Los atletas de resistencia de mediana edad quintuplican el riesgo de fibrilación auricular respecto de sus pares sedentarios.

El puntaje de calcio medido por tomografía computarizada fue mayor en atletas masculinos mayores de 35 años que en sus pares sedentarios con perfil similar de riesgo cardiovascular, aunque la morfología de la placa podría sugerir mayor estabilidad clínica. Los mecanismos involucrados en estos hallazgos podrían vincularse a un mayor estrés que produciría una intensa contracción miocárdica sobre arterias epicárdicas sometidas durante el ejercicio a mayor flexuosidad, a una presión arterial elevada en forma persistente, aumento de la hormona paratiroidea y el mencionado efecto proinflamatorio transitorio.

Aparentemente el significado de este aumento en el puntaje de calcio en atletas de alto rendimiento no tendría el mismo significado que en el paciente sedentario. La aptitud cardiorrespiratoria le conferiría cierto grado de protección mediado por una mejor reserva coronaria, mayor precondicionamiento isquémico, colateralización y mayor capacidad vasodilatadora. Las mujeres atletas fueron menos estudiadas, pero los hallazgos en pequeñas poblaciones no muestran las mismas diferencias en el puntaje de calcio que se observan en los hombres, mediados presumiblemente por un efecto hormonal protector.

Lo más importante
Resulta imperativo considerar dentro de nuestro accionar médico la indicación de ejercicio y su refortalecimiento periódico, dado que prácticamente en toda área de la cardiología (y por supuesto, mucho más allá) traerá beneficios indiscutibles. Que los hallazgos referidos no soslayen dicha indicación, ya que a pesar de la especulación de que estas anomalías confieren un mayor riesgo de futuros eventos adversos, los atletas de resistencia de élite tienen una mayor esperanza de vida, en comparación con la población general.


Referencia:

Parry-Williams G, Gati S, Sharma S. The heart of the ageing endurance athlete: the role of chronic coronary stress. Eur Heart J. 21 Jul 2021;42(28):2737-2744. doi: 10.1093/eurheartj/ehab095. PMID: 33748860.

 

¿Debemos hacer sistemáticamente un ecocardiograma transesofágico antes de una cardioversión o una ablación de una fibrilación auricular?

La prevalencia de trombo en la aurícula izquierda en pacientes con fibrilación auricular o aleteo auricular anticoagulados es un tema relativamente incierto y, por tanto, indica la necesidad de tener un ecocardiograma transesofágico previo a un procedimiento de cardioversión o de ablación. Las guías recomiendan 3 semanas de anticoagulación completa previo a la cardioversión o la ablación de fibrilación auricular sin la necesidad de realizar un ecocardiograma transesofágico.

Recientemente en Journal of the American College of Cardiology se publicó un metanálisis sobre la prevalencia de trombo en la aurícula izquierda en 14.653 participantes sobre un total de 35 estudios con pacientes con fibrilación auricular o aleteo auricular en quienes se realizó un ecocardiograma transesofágico luego de al menos 3 semanas de anticoagulación oral, ya sea con antagonistas de la vitamina K o anticoagulantes orales directos previo a un procedimiento de cardioversión o ablación.

Se analizó la prevalencia general de trombo en la aurícula izquierda y los factores asociados a mayor riesgo del aumento de dicha prevalencia. Se observó trombo en la aurícula izquierda en 2,73% en toda la población (IC 95%: 1,95% a 3,80%) que no difirió significativamente entre aquellos tratados con antagonistas de la vitamina K respecto de los que recibían anticoagulantes orales directos : 2,80% (IC 95%: 1,86% a 4,21%) frente a 3,12% (IC 95%: 1,92% a 5,03%); p = 0,67.

Los pacientes con fibrilación auricular no paroxística cuadruplicaron la probabilidad de tener trombo (4,81%; IC 95%: 3,35% a 6,86% frente a 1,03%; IC 95%: 0,52% a 2,03%; p < 0,001). Los que iban a cardioversión triplicaron la probabilidad de aquellos que iban a ablación (5,55% frente a 1,65%; p < 0,001) y los pacientes con puntaje de CHA2DS2-VASc ≥ 3 tenían 6 veces más probabilidades que aquellos con CHA2DS2-VASc ≤ 2 (6,31%; IC 95%: 3,72% a 10,49% frente a 1,06%; IC 95%: 0,45% a 2,49%; p < 0,001).

Los autores concluyen que la prevalencia de trombo en la aurícula izquierda es alta en determinados subgrupos de pacientes que reciben anticoagulación oral y este subgrupo podría beneficiarse de un ecocardiograma transesofágico previo a la cardioversión o la ablación.

Esta información excede simplemente el dato crudo de la prevalencia en la población de pacientes con fibrilación auricular anticoagulados y en los subgrupos de mayor riesgo. En nuestra práctica cotidiana la cantidad de pacientes que están fuera de rango de anticoagulación probablemente excede con creces ese 3% y en pacientes que no reciben tratamiento anticoagulante la prevalencia de trombo en la aurícula izquierda llega casi a 10%.

Como bien se observa en el comentario editorial del artículo, la tasa de eventos tromboembólicos en pacientes con anticoagulación plena es muchísimo menor, rondando entre 0,1% y 0,5% y la implementación de un ecocardiograma transesofágico preprocedimiento no cambió significativamente esa incidencia.[1]

Es relevante observar que 51% de los miembros del consenso de fibrilación auricular de 2017 refiere hacer un ETE a todos los pacientes que van a ablación o cardioversión y hasta 71% lo hace en pacientes que han recibido tratamiento anticoagulante durante las 3 semanas previas al procedimiento.[2]

Lo más importante
Podemos concluir que el estudio arroja alguna luz en el conocimiento de la prevalencia de trombo en la aurícula izquierda en pacientes con fibrilación auricular. Dicha prevalencia difiere entre los procedimientos a realizar, el tipo de fibrilación auricular (paroxística o no) y el riesgo embolígeno que se calcula a través del puntaje de CHA2DS2-VASc. Es probable que uno se incline a tener la información del ecocardiograma transesofágico en quienes reúnen criterios de mayor riesgo aun cuando hubieran cumplido tratamiento anticoagulante por 3 o más semanas.


Referencia:

 

¿Hay que revascularizar a los pacientes con insuficiencia cardiaca y fracción de eyección reducida de origen isquémico-necrótico? ¿Con qué procedimiento?

La enfermedad coronaria es la causa más frecuente de insuficiencia cardiaca y es responsable de hasta dos tercios de los casos.

La revascularización miocárdica confiere mayor beneficio, en términos de mortalidad, respecto del tratamiento médico óptimo y es la recomendación de las guías europeas en pacientes con enfermedad de múltiples vasos y fracción de eyección reducida.

Sin embargo, los efectos de la angioplastia transluminal coronaria en este grupo de pacientes no ha sido evaluada en estudios aleatorizados y no todas las guías de práctica se expresan de igual forma en las recomendaciones. Mientras la guía de la European Society of Cardiology (ESC) lo recomienda, la guía de American College of Cardiology (ACC) y American Heart Association (AHA) considera que las pruebas son aún insuficientes. La comparación entre cirugía y angioplastia está limitada a estudios observacionales y la óptima forma de revascularizar aún es tema de debate.

Recientemente se ha publicado una evaluación comparativa entre ambos tipos de procedimiento que surge del registro de angiografía y angioplastia coronaria sueco (Swedish Coronary Angiography and Angioplasty Registry, SCAAR) que evaluó una cohorte de pacientes con insuficiencia cardiaca y fracción de eyección reducida de etiología coronaria con enfermedad de múltiples vasos (definida como estenosis > 50% en 2 o más arterias o enfermedad de tronco de la coronaria izquierda).

El periodo analizado comprendió de enero de 2000 a marzo de 2018. Se incluyó un total de 2.509 pacientes (83%: hombres; 36%: diabetes y 35%: infarto previo) con una edad media de 68,1 ± 9,4 años; 56,2% fue a angioplastia y 43,8% a cirugía de revascularización, con un seguimiento medio de 3,9 años (rango: 1 día a 10 años). Los pacientes de grupo angioplastia fueron, en promedio, 2 años mayores y presentaban mayor tasa de hipertensión arterial, dislipidemia, infarto previo, angioplastia o cirugía previas. Los pacientes del grupo cirugía tenían más enfermedad de tronco de coronaria izquierda.

Fallecieron 1.010 pacientes (40,5%). El riesgo de muerte fue menor en el grupo cirugía respecto al de angioplastia (OR: 0,62; IC 95%: 0,41 a 0,96; p = 0,031). Las diferencias empezaron a observarse a partir del cuarto año posterior a la cirugía.

Hubo una tendencia a indicar más cantidad de angioplastia respecto de revascularización quirúrgica con el correr de los años en el registro, siendo la cirugía la indicación prevalente hasta el año 2008 y sobrepasada por la angioplastia a partir de 2009, al punto que en 2018 el empleo de angioplastia fue 3,4 veces mayor que el de cirugía. Se observó una fuerte tendencia a indicar uno u otro procedimiento en los distintos hospitales que participaron del registro, con un rango de 27% a 86% para angioplastia y de 14% a 73% para cirugía, respectivamente.

Sin embargo, esta tendencia no se apoya en datos objetivos de mayor beneficio de la cirugía sobre la angioplastia en esta población.

Lo más importante
Los resultados de este estudio apoyan los hallazgos de estudio STICH (Surgical Treatment for Ischaemic Heart Failure), que comparó cirugía de revascularización frente a tratamiento médico óptimo en forma aleatorizada y demostró superioridad del tratamiento quirúrgico en el largo plazo.[3] Esta información debería ser considerada en la toma de decisiones sobre la elección del procedimiento. Si bien los mecanismos subyacentes a los beneficios no pueden ser establecidos debido a la naturaleza observacional de este estudio, es probable que se asocie a una revascularización más completa y a un menor riesgo de nuevos infartos en parte porque la cirugía actúa sobre las lesiones obstructivas y las no obstructivas que se consideran responsables de una alta tasa de eventos.
Como conclusión, este y otros estudios han demostrado el beneficio de la cirugía de revascularización sobre la angioplastia o el tratamiento médico. Sin embargo, a la hora de decidir sobre el paciente individual, serán varios los factores que inclinen la decisión del médico tratante, en especial los resultados obtenidos por uno u otro procedimiento en el centro asistencial en el que trabaja. Por supuesto también influirán el tipo de anatomía coronaria y la disponibilidad del centro para uno otro procedimiento.
Cabe preguntarse si lo que se consideró tratamiento médico óptimo en el correr de estos registros y estudios equivale al actual con el advenimiento de sacubitril/valsartán y gliflozinas. Respuestas que tendremos en el correr de los años.
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