Científica Informativa

Reporte del Grupo Experto creado por la Academia de Ciencias de Cuba para examinar los incidentes de salud no explicados que afectaron a empleados de EEUU en la Habana.

Este es un informe técnico realizado por un equipo multidisciplinario de investigación creado por la Academia de Ciencias de Cuba (ACC) sobre los «incidentes de salud no identificados» reportados en La Habana. Algunos empleados de los Estados Unidos se quejaron de varios síntomas cuando estuvieron ubicados en La Habana. Al parecer, aparecieron síntomas similares en algunos ciudadanos canadienses y, posteriormente, en empleados estadounidenses en otros países.

Una narrativa que llamamos «síndrome misterioso» asume que la causa de estos incidente son ataques con algún arma de energía no identificada. Esta narrativa se basa en las siguientes afirmaciones -no verificadas-:

1) Un síndrome novedoso con síntomas y signos centrales compartidos está presente en los empleados afectados;

2) Es posible detectar en estos empleados daños cerebrales originados durante su estancia en La Habana;

3) Existe una fuente de energía dirigida que podría afectar a los cerebros de las personas desde grandes distancias tras traspasar las barreras físicas de los hogares o las habitaciones de hotel;

4) Es realizable y está identificada un arma capaz de generar dicho agente físico; 5) Se descubrieron pruebas de que se produjo un ataque;

6): Las pruebas disponibles descartan explicaciones médicas alternativas.

En este informe examinamos críticamente la plausibilidad de estas afirmaciones y las pruebas en las que se basan. Concluimos que la narrativa del «síndrome misterioso» no es científicamente aceptable en ninguno de sus componentes y que solo ha sobrevivido debido a un uso sesgado de la ciencia.

Aunque carecemos de información crítica, podemos ofrecer interpretaciones plausibles que se ajustan a los hechos disponibles mejor que el relato del «síndrome del misterio» , basándonos en los informes publicados en Estados Unidos y Canadá y en los estudios de campo realizados en La Habana.

En este informe detallamos los argumentos de estas interpretaciones, que se enumeran a continuación.

Posiblemente algunos empleados estadounidenses mientras estaban ubicados en La Habana se sintieron enfermos debido a una colección heterogénea de condiciones médicas, algunas preexistentes antes de ir a Cuba y otras adquiridas debido a causas sencillas o bien conocidas.

Muchas enfermedades prevalentes en la población general pueden explicar la mayoría de los síntomas. Por lo tanto, no existe un síndrome novedoso (algo evidente en los informes oficiales de Estados Unidos). Sólo una minoría de personas presenta una disfunción cerebral detectable, la mayoría debido a experiencias anteriores a su estancia en La Habana y otras debido a condiciones médicas bien conocidas.

Ninguna forma de energía conocida puede causar selectivamente daños cerebrales (con una precisión espacial similar a un haz de láser) en las condiciones descritas para los supuestos incidentes de La Habana.

Las leyes de la física que rigen el sonido, los ultrasonidos, los infrasonidos o las ondas de radiofrecuencia (incluidas las microondas) no lo permiten. Estas formas de energía no podrían haber dañado los cerebros sin ser sentidas u oídas por otros, sin perturbar los dispositivos electrónicos en el caso de las microondas, o sin producir otras lesiones (como la rotura de los tímpanos o las quemaduras en la piel).

En ningún momento se informó de nada de eso. Aunque hay armas que utilizan sonido o microondas son de gran tamaño y no hay posibilidad de que este tipo de arma no pase desapercibida (o deje rastro) si se hubiese desplegado en La Habana. Ni la Policía Cubana, ni el F.B.I., ni la Real Policía Montada de Canadá, han descubierto pruebas de «ataques» a diplomáticos en La Habana a pesar de las intensas investigaciones.

Por último, las explicaciones psicogénicas y tóxicas para muchos síntomas en algunos casos fueron rechazadas investigación adecuada. Específicamente, todas las condiciones para la propagación psicógena del malestar estaban presentes en este episodio, incluyendo probablemente una respuesta médica inicial inadecuada, el temprano respaldo oficial del gobierno estadounidense a una teoría de «ataque» y la cobertura sensacionalista de los medios de comunicación, entre otros.

La ACC está dispuesta a revisar sus conclusiones si surgen nuevas evidencias. Invita a que se hagan los esfuerzos para refutar sus interpretaciones en un clima de colaboración científica abierta. Sin embargo, rechaza firmemente  como «verdad establecida» una narrativa construida sobre bases endebles y una práctica científica defectuosa. Un ejemplo es la idea de que se produjo un «atentado, que se acepta sin pensamiento crítico».

Algunos artículos científicos – y la mayoría de las noticias que hemos leído- aceptan como un axioma que se produjeron atentados en La Habana, por lo que lo toman como una idea sobre la que construir teorías. Sin embargo, después de cuatro años, no ha aparecido ninguna evidencia de atentados. Es hora de replantearse la narrativa.

La ACC reitera su disposición a colaborar con cualquier otra contraparte estadounidense o internacional, con el objetivo de comprender mejor los incidentes de salud que afectaron a los diplomáticos estadounidenses y sus familias en La Habana (o en cualquier otro lugar).

En última instancia, esperamos que esto ayude a aliviar el sufrimiento de las personas afectadas y contribuya a restablecer lazos más estrechos entre las dos comunidades científicas y, eventualmente, entre los dos países.

  • Una Evaluación de los Incidentes de Salud Ocurridos Durante Estancias en La Habana de empleados de Gobiernos Extranjeros y sus Familias. Informe Técnico de un Grupo de Expertos de la Academia de Ciencias de Cuba (PDF 549 KB)
  • An Assessment of the Health Complaints during Sojourns in Havana of Foreign Government Employees and their Families (PDF 4,5 Mb)

Nuevos síntomas gastrointestinales relacionados con COVID-19 frecuentes en pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria

En un estudio publicado en Inflammatory Bowel Diseases, los investigadores identificaron a 2 917 adultos con enfermedad intestinal inflamatoria que desarrollaron COVID-19 utilizando la base de datos Surveillance Epidemiology of Coronavirus Under Research Exclusion in Inflammatory Bowel Disease (SECURE-IBD), un registro global creado para comprender los desenlaces de la enfermedad por COVID-19 en pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria.

Los investigadores registraron todos los nuevos síntomas gastrointestinales experimentados por los pacientes mientras estaban infectados con COVID-19. En general, 764 (26,2 %) presentaron nuevos síntomas gastrointestinales y 2 153 no. El síntoma más común fue la diarrea, reportada por 80 % de los pacientes, seguida de dolor abdominal en 34 %; 24 % y 12 % de todos los pacientes, respectivamente, informaron náusea y vómito.

La edad promedio de los pacientes fue de 43 años para los que no presentaban nuevos síntomas gastrointestinales y de 40 para los que sí; aproximadamente la mitad la constituían mujeres y tres cuartas partes eran de raza blanca. En general, 50 % de los que tenían nuevos síntomas gastrointestinales estaba en remisión frente a 58,4 % de los que no los tuvieron.

Los pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria que desarrollaron nuevos síntomas gastrointestinales tendían a ser de raza asiática, de sexo femenino, de mayor edad o con al menos una comorbilidad.

Los investigadores no encontraron diferencias en los nuevos síntomas gastrointestinales en pacientes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa.

Aunque los pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria con nuevos síntomas gastrointestinales tenían significativamente más probabilidades que aquellos sin nuevos síntomas de ser hospitalizados por COVID-19 en análisis bivariados (31,4 % frente a 19,2 %; p < 0,001), no era más probable que necesitaran un ventilador o manejo de cuidados intensivos (5,8 % frente a 4,6 %; p < 0,18). En un análisis multivariado los pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria con nuevos síntomas gastrointestinales no tenían mayor riesgo de fallecimiento por COVID-19 que aquellos sin nuevos síntomas gastrointestinales (odds ratio ajustado [ORa]: 0,72; intervalo de confianza de 95 % [IC 95%]: 0,38 a 1,36).

Los síntomas gastrointestinales de nueva aparición que son frecuentes en los pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria con COVID-19 probablemente no sean causados por la actividad de la enfermedad subyacente, dada la cantidad de pacientes en remisión que informaron nuevos síntomas gastrointestinales, escribieron los investigadores.

Los hallazgos del estudio se vieron limitados por varios factores, incluido el diseño retrospectivo, el posible sesgo de notificación y depender de la valoración global del médico para la evaluación de la enfermedad, anotaron los investigadores. Sin embargo, los resultados se vieron reforzados por el gran tamaño de la muestra, por la capacidad de evaluar los síntomas gastrointestinales antes y después de la enfermedad por COVID-19 y por la evaluación de los síntomas gastrointestinales y los desenlaces de COVID-19.

«En resumen, presentar nuevos síntomas gastrointestinales es frecuente en los pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria con COVID-19 y no están asociados con un mayor riesgo de fallecimiento debido a COVID-19. Nuestros hallazgos sugieren que un aumento de los síntomas gastrointestinales en pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria debería impulsar la consideración de un diagnóstico de COVID-19», concluyeron.

Vea el artículo original en:

Ungaro RC, Agrawal M, Brener EJ, Zhang X, y cols. New Gastrointestinal Symptoms Are Common in Inflammatory Bowel Disease Patients With COVID-19: Data From an International Registry. Inflamm Bowel Dis. 28 Jul 2021;izab184. doi: 10.1093/ibd/izab184. PMID: 34320194

Respirar aire contaminado puede afectar a los espermatozoides y provocar alteraciones en su genética

Cada vez existe más evidencia de que la crisis climática es también sanitaria. Los estragos más evidentes se están dando en las zonas afectadas por los incendios forestales, donde hay desarrollos urbanos que padecen las consecuencias. Un estudio reciente llevado a cabo en el oeste de Estados Unidos —la región más severamente afectada por los fuegos incontrolables— reveló que, además de la pérdida aplastante de la diversidad biológica, el aire contaminado por humo está afectando la genética de las personas.

Además de ser un peligro para las personas con enfermedades respiratorias, los gases tóxicos están afectando la constitución genética de los espermatozoides humanos. Más aún cuando están en contacto por días y semanas enteras con estas sustancias. Aunque la gente pretende seguir con sus actividades normales —algunos, incluso, saliendo a correr con cubrebocas especializados—, los estragos ya se están manifestando. Estos son algunos de ellos.

Más allá de los pulmones

Como investigadores de química biomolecular y salud ambiental, Luke Montrose y Adam Schuller saben que el aire contaminado está cobrando facturas altas en el bienestar a largo plazo de las personas. Con respecto a los incendios forestales específicamente, realizaron un estudio por parte de Bois State University, en Idaho.

Los resultados evidenciaron lo que ya sabíamos: las partículas diminutas logran colarse y actuar directamente en los pulmones. Sin embargo, el daño no se queda ahí. Por el contrario, se extiende a nivel genético y ataca a los espermatozoides y al sistema nervioso, según escriben en su artículo para The Conversation.

Los científicos se percataron de que el aire contaminado por el humo de incendios es diferente al del smog en las ciudades. En ambos casos, sin embargo, actúa de la misma manera: ralentiza la potencia de los espermatozoides para nadar. Así también, modifican el ADN que transportan dentro de sí. Por esta razón, estos desastres naturales ya están incidiendo a nivel genético en la población afectada.

¿Crisis ecológica y reproductiva?

A Montrose y Schuller les preocupa que, a la larga, el aire contaminado genere una crisis reproductiva en los Estados Unidos. Como los incendios forestales serán cada vez más recurrentes y violentos, lo más probable es que un número cada vez más alto de personas estén expuestas a estas sustancias tóxicas en la atmósfera. Al respirarlas, hay poco que se pueda hacer:

“El impacto potencial de respirar el humo de los incendios forestales solo en los pulmones debería ser lo suficientemente preocupante como para que la gente piense dos veces sobre su nivel de exposición”, escriben en el estudio. “Ahora, estamos viendo el potencial de riesgos adicionales, incluidos los espermatozoides y el cerebro. Otra investigación sugiere conexiones entre el humo de los incendios forestales y la inflamación del corazón y el riesgo de partos prematuros”

Los autores saben que cada vez más personas estarán expuestas a estos daños, ya que el planeta se calienta rápidamente. Como consecuencia del cambio climático antropogénico, las sequías se vuelven más severas. En efecto dominó, los incendios forestales se hacen cada vez más incontenibles. Para ello, los filtros sanitarios de aire ya no serán barrera suficiente si la emergencia climática empeora.

Más aún, el problema se transmitirá de los padres a las generaciones venideras a nivel genético. Ya no sólo tendrán que lidiar con la crisis climática global y los retos que ésta acarreará, sino con condiciones médicas de las que todavía no tenemos nombre. Aunque todavía no existe evidencia concluyente al respecto, es una posibilidad considerable en el futuro cercano.

Tomado de National Geographic en Español

Nueva guía de la European Society of Cardiology sobre la prevención de enfermedades cardiovasculares

Calcular el riesgo de enfermedades cardiovasculares de un individuo sigue siendo el pilar de la guía de 2021 de la European Society of Cardiology (ESC) sobre prevención y práctica clínica en las enfermedades cardiovasculares.[1]

La nueva guía fue publicada en versión electrónica el 30 de agosto en European Heart Journal para coincidir con su presentación en el Congreso de la European Society of Cardiology (ESC) de 2021.[2]

Fue preparada por una comisión de la European Society of Cardiology en colaboración con 12 sociedades médicas y con una  contribución especial de la European Association of Preventive Cardiology (EAPC).

«Un objetivo principal de la comisión fue crear una sola guía para la prevención de las enfermedades cardiovasculares inclusiva (atención primaria, atención hospitalaria, para orientar la práctica clínica), por lo que es una guía para todos», comentó el Dr. Frank Visseren, Ph. D., del University Medical Center Utrecht, en Utrecht, Países Bajos, quien copresidió el comité para la preparación de la guía.

«También queríamos elaborar una guía de prevención de enfermedades cardiovasculares más personalizada, en vez de una uniforme. En la práctica clínica las personas son muy diferentes y queremos tener una guía de prevención más individualizada y también proporcionar más espacio para la toma de decisiones compartida», destacó el Dr. Visseren.

Prevención en los niveles individual y de la población

La nueva guía también proporciona más atención para la prevención de enfermedades cardiovasculares en personas mayores. «Muchos de nuestros pacientes son mayores de 70 años y queremos tener una guía más detallada, con más orientación sobre las personas mayores», indicó el Dr. Visseren.

La guía se divide en dos secciones. Una sección cubre la prevención de las enfermedades cardiovasculares a nivel individual en personas aparentemente sanas, en pacientes con enfermedad cardiovascular establecida y en individuos con diabetes, hipercolesterolemia familiar o nefropatía crónica.

La otra sección abarca la prevención de las enfermedades cardiovasculares a nivel de la población, que incluye políticas de salud pública, intervenciones y el entorno, lo que comprende implantar medidas para reducir la contaminación del aire, el uso de combustibles fósiles y limitar las emisiones de dióxido de carbono.

Los objetivos para lípidos sanguíneos, presión arterial y control de la glucemia en personas con diabetes siguen siendo congruentes con las guías recientes de la European Society of Cardiology sobre dislipidemias, hipertensión o diabetes.

Sin embargo, la guía introduce una nueva estrategia para la intensificación gradual del tratamiento a fin de lograr estos objetivos, teniendo en cuenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, el beneficio del tratamiento en lo que respecta a factores de riesgo, modificadores de riesgo, trastornos concomitantes y preferencias del paciente.

La guía para la prevención de las enfermedades cardiovasculares de 2021 también abarca los algoritmos para estimar el riesgo recientemente publicados SCORE2 (Systemic Coronary Risk Estimation 2) y SCORE2-OP (Systemic Coronary Risk Estimation 2-Older Persons).[3,4]

«Los algoritmos que estamos utilizando son un poco antiguos y queremos tener una predicción de riesgo más actualizada, pues este es el punto de partida para la prevención de las enfermedades cardiovasculares», añadió el Dr. Visseren.

Las guías también introducen umbrales de riesgo específicos de edad para los tratamientos de los factores de riesgo en personas aparentemente sanas y proporcionan estimación del riesgo de enfermedades cardiovasculares en el curso de la vida y el beneficio del tratamiento. Esto permitirá a los médicos tener «una charla informada con pacientes sobre el riesgo de por vida y los posibles beneficios del tratamiento», agregó.

Por primera vez la guía recomienda el cese del tabaquismo, independientemente de que dé lugar a aumento de peso, pues este no mitiga las ventajas de suspender dicho hábito.

En relación con el ejercicio, los adultos de todas las edades deben tratar de realizar al menos de 150 a 300 minutos a la semana una actividad física aeróbica moderada o de 75 a 150 minutos a la semana una actividad física aeróbica vigorosa. La guía recomienda reducir el tiempo sedentario y realizar por lo menos una actividad leve durante el día.

En cuanto a la nutrición, la guía recomienda adoptar una dieta mediterránea o similar; restringir la ingesta de alcohol a un máximo de 100 g por semana (una bebida estándar contiene de 8 a 14 g), comer pescado, de preferencia pescado graso, al menos una vez a la semana y restringir el consumo de carne, en particular la carne procesada.

También por primera vez la guía afirma que la cirugía bariátrica se ha de valorar en individuos con obesidad con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares cuando una dieta sana y el ejercicio no consiguen una reducción de peso que se mantenga.

Señala que los individuos con trastornos mentales necesitan atención personal y respaldan mejorar el cumplimiento de los cambios en el estilo de vida y el tratamiento farmacológico.

Recomiendan valorar la derivación de los pacientes con cardiopatía y estrés y ansiedad importantes para que reciban tratamiento psicoterapéutico del estrés, con el fin de reducir los síntomas de estrés y mejorar los desenlaces cardiovasculares.

También se revisaron los posibles problemas de costo que podrían considerarse al implementar las recomendaciones.

El Dr. Visseren reconoció y agradeció a los miembros de la comisión por continuar su trabajo en las guías durante los 2 años «difíciles».

¿Establecer un estándar más bajo?

El comentarista de la presentación de la guía, Dr. Diederick Grobbee, de la University Medical Center Utrecht, quien no intervino en la preparación de la guía, dijo que tienen un conflicto de intereses, que es una «pasión por la prevención».

Desde esta perspectiva, «se ha de elogiar al panel de la guía. La emisión de la guía de prevención una vez cada 5 años es un evento importante», indicó.

El Dr. Grobbee señaló que el grupo de trabajo «realmente trató de seguir sus ambiciones y objetivos, de una forma que simplificó la guía, o tal vez estableciendo al principio un estándar no muy ambicioso como solíamos hacerlo, lo cual, de hecho, a veces puede asustar tanto a médicos como a pacientes».

«Hace tiempo que contamos con guías de prevención, pero es aleccionador analizar lo que se logra en la práctica. Introducir una estrategia gradual realmente es atractivo», concluyó.

Referencias
  1. Visseren FLJ, Mach F, Smulders YM, Carballo D, y cols. 2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice. Eur Heart J. 30 Ago 2021;ehab484. doi: 10.1093/eurheartj/ehab484. PMID: 34458905. Fuente
  2. Visseren F. 2021 ESC Guidelines on cardiovascular disease prevention in clinical practice. Congreso de la European Society of Cardiology (ESC) 2021. Presentado el 30 de agosto de 2021.
  3. SCORE2 working group and ESC Cardiovascular risk collaboration. SCORE2 risk prediction algorithms: new models to estimate 10-year risk of cardiovascular disease in Europe. Eur Heart J. 1 Jul 2021;42(25):2439-2454. doi: 10.1093/eurheartj/ehab309. PMID: 34120177. Fuente
  4. SCORE2-OP working group and ESC Cardiovascular risk collaboration. SCORE2-OP risk prediction algorithms: estimating incident cardiovascular event risk in older persons in four geographical risk regions. Eur Heart J. 1 Jul 2021;42(25):2455-2467. doi: 10.1093/eurheartj/ehab312. PMID: 34120185. Fuente

 

Azitromicina y COVID-19: ¿Prevención o cura mágica? ¿Qué dice la ciencia?

Lo mismo en grupos de Whatsapp o Telegram, que en los perfiles de amigos en Facebook o en la solicitud de un vecino. La búsqueda de un antibiótico ampliamente conocido en la población cubana como la Azitromicina es en los últimos meses más habitual de lo que se quisiera, y ello está vinculado al incremento sostenido de contagios con el virus SARS-CoV-2.

La alta demanda del fármaco, unida a la poca disponibilidad existente en la red de farmacias del país, son factores que han propiciado, además, una tendencia a la venta ilegal de las conocidas “tres tabletas” a precios exorbitantes.

Muchas personas una vez que se saben positivas al virus acuden de inmediato a su búsqueda, incluso sin que un facultativo las indique. Otras “dudan” del tratamiento si el médico no las aconseja, y en no pocos casos se recetan a los pacientes de modo innecesario.

Estos comportamientos han desencadenado preocupaciones en la comunidad médica. ¿Es eficaz la azitromicina para prevenir o curar la COVID-19? En busca de la evidencia científica sobre el tema, Cubadebate conversó con el doctor en Ciencias Daniel González Rubio, especialista de medicina interna del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK) y la doctora Lissette del Rosario López González, jefa del Grupo Nacional de Pediatría. Ambos son miembros del Grupo de Expertos de la COVID-19 del  Ministerio de Salud Pública.

De acuerdo con González Rubio, en la actualidad no existe en el mundo un medicamento verdaderamente eficaz contra el SARS-CoV- 2. “Entonces, no es correcto asumir que la azitromicina es la cura para la COVID-19. Enfatizamos que este fármaco ni siquiera está en el grupo de los medicamentos antivirales, aunque es cierto que en teoría se le han conferido ciertos efectos antiinflamatorios y antivirales”, explicó el especialista.

La azitromicina—precisó— es un antibiótico cuya presentación más habitual es en tabletas de 500 mg. “Pertenece al grupo de los macrólidos, donde también se encuentra la eritromicina, que fue hace varios años un medicamento muy popular en nuestro país. La azitromicina resulta útil en el tratamiento de algunas infecciones respiratorias leves a moderadas, de etiología bacteriana”, dijo.

Algunos pacientes nos han comentado que tomaron la azitromicina para “prevenir” una neumonía bacteriana, relató González Rubio.

“Esto también es un error. Los antibióticos de forma general y específicamente la azitromicina, no están libres de efectos adversos. Uno de los más comunes es la diarrea, que se produce como consecuencia de un desbalance de la microbiota intestinal que provoca el medicamento. Este cuadro diarreico, por una parte puede llevar a alteraciones como la deshidratación y los trastornos del equilibrio de los electrolitos del paciente. Y por otro lado,  trae confusión en la evaluación clínica, pues es conocido que las diarreas pueden ser parte del cuadro clínico de la COVID- 19”, apuntó el experto.

Agregó que el uso de este fármaco también puede provocar náuseas o vómitos, que lógicamente dificultarán la ingestión de alimentos y de otros medicamentos. “Incluso hay efectos atribuibles al uso de la azitromicina, como son algunas alteraciones electrocardiográficas, que aunque raros, resulta importante señalarlos por su importancia clínica”, insistió.

Pero, ¿qué dice la actualidad de la literatura científica mundial sobre el tema?

Refirió el doctor González Rubio que en un estudio publicado el pasado 16 de julio en la prestigiosa revista de la Asociación Médica Americana (JAMA), se incluyeron 263 pacientes con infección confirmada por SARS- CoV-2.

“De ellos 171 recibieron azitromicina por vía oral y 92 recibieron un placebo. Al día 14 de evolución el 50 % de ambos grupos estaban libres de síntomas. Los autores concluyeron que los resultados no sustentan el uso rutinario de azitromicina en pacientes ambulatorios con COVID-19”, señaló.

El especialista en medicina interna del IPK, subrayó además que la Guía de Sanford de terapéutica antimicrobiana—una de las principales referencias clínicas para el tratamiento de las enfermedades infecciosas y la medicación contra estas—, en su versión de agosto de 2021 no recomienda el uso rutinario de antibióticos para la COVID-19.

Por su parte, las recomendaciones de la Organización Mundial/Panamericana de la Salud (OMS/OPS) plantean que no se ha comprobado disminución de las hospitalizaciones ni mortalidad por el uso de azitromicina, ni tampoco que este medicamento reduzca la duración de los síntomas.

El experto señaló que en el caso de Cuba, la azitromicina tiene indicaciones muy precisas. “Desde las primeras versiones del protocolo de actuación nacional, este medicamento fue indicado para casos sospechosos, teniendo en cuenta que en los primeros meses de nuestra epidemia la trasmisión era baja y predominaban las infecciones respiratorias de otras etiologías. En la actualidad, el diagnóstico principal a tener en cuenta frente a un paciente con manifestaciones respiratorias es la COVID- 19. Por tanto, la recomendación es adherirse a las recomendaciones de los profesionales de la salud, que incluyen el no uso de antibióticos de manera indiscriminada y sin indicación clínica, por las consecuencias ya explicadas”, enfatizó González Rubio.

No obstante, está bien definido en nuestro protocolo que cada caso debe ser evaluado de forma individualizada y puede haber excepciones donde está justificado el uso profiláctico de antibióticos, dijo.

“Algunos ejemplos incluyen a los pacientes encamados o los pacientes que tienen una condición asociada a  inmunodepresión severa. También está sustentado el uso de antibióticos en pacientes ingresados en el hogar, en los cuales el médico de atención primaria decide indicarlos por algún evento clínico en la evolución de la enfermedad. En estos casos es una indicación terapéutica y no profiláctica”, refirió.

Los protocolos nacionales del manejo de la COVID-19  están dirigidos a lograr un efecto antiviral con el uso de los interferones en los primeros días de la enfermedad.

En ese sentido, el especialista consideró importante señalar que si el paciente está asintomático o tiene una forma clínica leve y además, está vacunado contra el SARS- CoV-2, puede incluso no requerir dicho tratamiento, y en estos casos solo se indica tratamiento sintomático.

Los otros componentes del protocolo nacional están destinados a la prevención y manejo de las complicaciones de la enfermedad, que cuando aparecen, se tratan con el paciente hospitalizado en un centro de salud.

Por su parte, la doctora Lissette del Rosario López González, jefa del Grupo Nacional de Pediatría, enfatizó en que el protocolo cubano pediátrico de atención a la COVID-19 es dialéctico y no se ha mantenido estático a lo largo de la evolución de la epidemia. “Al contrario, aboga por adelantar los tiempos”, dijo.

Respecto a la azitromicina, señaló que en un principio se indicaba en pacientes sospechosos, “pero posteriormente la evidencia clínica en el escenario cubano nos llevó a múltiples debates científico asistenciales, en los cuales abogamos por el uso personalizado de este antibiótico, cuando exista evidencia de infección bacteriana asociada”, comentó López González.

“Resulta una gran preocupación el hecho de que este medicamento es realmente muy eficaz para el tratamiento de algunos agentes patógenos (Clamydia, Mycoplasma y otros) que causan infecciones respiratorias o genitourinarias. Por tanto, su uso indiscriminado puede llevar en el futuro a la aparición de resistencia a este antimicrobiano”, alertó el doctor González Rubio.

Para López González, el uso indiscriminado de antibióticos “predispone o  conduce a una pandemia de muy difícil control, la temida resistencia bacteriana. Esta problemática nos hace muy vulnerables a las infecciones oportunistas”, puntualizó.

En el caso de los niños —agregó— la situación es aún más grave pues no solo puede ocasionar resistencia bacteriana, sino que los pone en riesgo no solo de abuso sino de uso inapropiado por indicación de un fármaco sin sustento clínico. También puede provocar reacciones adversas, pues es válido recordar que la dosificación en pediatría se realiza por kilos de peso.

“La automedicación en el caso de adolescentes o medicación sin prescripción médica puede conllevar a sobredosis, ya que pediatría tiene un diapasón muy amplio en cuanto a edades y peso corporal”, insistió.

La comunidad científica lleva años alertando que la prescripción innecesaria de antibióticos para infecciones virales, contra las que no tienen ningún efecto, así como la prescripción demasiado frecuente de antibióticos de amplio espectro en lugar de otros específicos, seleccionados mediante un diagnóstico más preciso, son algunas de las causas del origen de la resistencia. Del mismo modo, el uso inadecuado por parte de las personas de estos fármacos, al no respetar las dosis o duración de los tratamientos, permitiendo así que algunas bacterias sobrevivan y se vuelvan resistentes.

Usarlos cuando resulte estrictamente necesario y como sean prescritos, es esencial, pues son un recurso vital para la salud de la población; que ahora mismo se agota, pues el mundo, según ha alertado la OMS, se encuentra “ante una grave falta de nuevos antibióticos en fase de desarrollo para combatir la creciente amenaza de la resistencia a los antimicrobianos”.

González Rubio, puntualizó que la azitromicina no es “la cura mágica” de la COVID- 19, y que incluso, su uso sin prescripción médica puede causar un daño clínico adicional. “En realidad, el éxito del tratamiento para la COVID- 19, descansa en un manejo clínico integral día a día del paciente y no en un fármaco determinado”, señaló.

“Reiteramos a la población que deben guiarse siempre por las recomendaciones del Ministerio de Salud Pública de Cuba y por las indicaciones de nuestros médicos facultados para tratar la COVID- 19, y no dar seriedad a hechos anecdóticos o artículos sin soporte científico que pueden aparecer en internet”, concluyó.

 

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