Trabajo periodístico

Hemofilia en Cuba: avances y desafíos en la atención integral

Cada 17 de abril se celebra el Día Mundial de la Hemofilia, una fecha dedicada a sensibilizar sobre los trastornos de la coagulación y a promover el acceso equitativo al diagnóstico y tratamiento. En Cuba, el manejo de esta enfermedad forma parte de un programa nacional que ha permitido avances sostenidos en la atención integral a los pacientes, aunque persisten desafíos asociados a la disponibilidad de recursos y condiciones logísticas.

La hemofilia es una enfermedad hereditaria que afecta la capacidad de la sangre para coagular, lo que puede provocar sangrados prolongados y complicaciones graves si no se trata adecuadamente. Su atención requiere seguimiento especializado, tratamiento oportuno y una activa participación de la familia y la comunidad.

En este contexto, la Dra. Claudia Cabrera Morales, especialista de Primer y Segundo Grado en Hematología y responsable del Programa de Atención Integral al Paciente con Coagulopatías Hereditarias, comparte su experiencia desde el Instituto de Hematología e Inmunología “Dr. José Manuel Ballester Santovenia”.

—¿Cuáles son los principales retos que enfrentan hoy las personas con hemofilia en Cuba?

—Los pacientes con hemofilia en Cuba enfrentan retos vinculados, sobre todo, a la disponibilidad estable de concentrados de factores de coagulación y hemocomponentes. Aunque el país cuenta con un programa nacional y protocolos de atención, persisten dificultades en el acceso oportuno a tratamientos en situaciones de urgencia, a veces por problemas en la transportación hacia los centros de salud. Estos medicamentos son importados y costosos. El Ministerio de Salud Pública realiza importantes esfuerzos para garantizarlos y ha sostenido el desarrollo del programa durante años. Otro desafío relevante es que requieren una cadena de frío estable, y los cortes eléctricos pueden limitar en muchos hogares su adecuada conservación.

—Desde su experiencia en el Instituto, ¿cómo ha evolucionado el diagnóstico y tratamiento de la hemofilia en el país en los últimos años?

—En los últimos años hemos avanzado en la creación de un registro nacional de pacientes, lo que permite un mejor control epidemiológico y un seguimiento clínico más preciso. También se han implementado protocolos de diagnóstico precoz que facilitan identificar los casos desde etapas muy tempranas, incluso de forma prenatal. Se ha fortalecido el acceso a terapias sustitutivas y se han introducido esquemas profilácticos en niños y jóvenes, que incluyen anticuerpos monoclonales y concentrados de factor. Todo esto ha contribuido a mejorar la calidad de vida y a reducir complicaciones graves.

—¿Qué importancia tiene la educación familiar y comunitaria en el manejo de la hemofilia?

—La educación es vital. Las familias necesitan saber cómo actuar ante un sangrado, cómo prevenir lesiones y la importancia de cumplir con el tratamiento. En niños y jóvenes, la educación comunitaria favorece su inclusión en la escuela y en la vida social, evitando estigmas. La capacitación de maestros, familiares y personal de salud permite crear un entorno más seguro y solidario.

—¿Qué mensaje le gustaría transmitir en este Día Mundial de la Hemofilia?

—El mensaje es de esperanza y compromiso. La hemofilia no debe verse como una limitación insuperable, sino como un reto que podemos enfrentar juntos, con conocimiento, solidaridad y acceso a la atención adecuada. A los pacientes y sus familias les decimos que no están solos: existe una red nacional de especialistas y programas que trabajan por su bienestar. Y a la población en general, los invitamos a informarse y a apoyar, porque la sensibilización social es clave para mejorar la calidad de vida de quienes viven con esta condición.

Una vocación que se construye acompañando

Detrás de ese sistema de atención también hay historias personales. La de la Dra. Claudia Cabrera Morales comenzó en su natal Pinar del Río, cuando desde el segundo año de la carrera se vinculó como ayudante de hematología, una experiencia que marcó su camino profesional.

En 2017 obtuvo la especialidad por vía directa y poco después se incorporó al Instituto de Hematología e Inmunología, acompañada por referentes como la Dra. Consuelo y la Dra. Dunia. Desde 2021 trabaja en el laboratorio de Hemostasia, donde atiende a personas con trastornos de la coagulación.

«Es un área muy bonita, con mucho desarrollo, de la que me siento enamorada», afirma. «Son pacientes a los que acompañamos toda la vida. Si se tratan a tiempo, muchas complicaciones no tienen por qué ser fatales. Verlos crecer, recuperarse, aliviar su dolor… es una oportunidad de sentirse útil».

Aunque en algún momento pensó en la pediatría, hoy asume su camino como un privilegio. «El programa cubano contra la hemofilia es de los más sólidos de la región. Formar parte de él y crecer dentro de este equipo es lo que me ha hecho quedarme y no pensar en otro rumbo».

Por: Mylenys Torres Labrada

El médico que la selva adoptó: Yunior Proenza González

El día que el alcalde le entregó la medalla de la ciudad de San Pedro Carchá al joven doctor cubano Yunior Proenza González, en todo el departamento guatemalteco de Alta Verapaz el cielo amaneció oscuro, como si la selva estuviera preparando una ceremonia antigua que los hombres no podían entender.

La lluvia había comenzado a caer desde temprano, con la obstinación de quien desea bendecir la tierra antes de un acontecimiento importante.

El alcalde Erwin Catún Maquín pronunció palabras hermosas en español y en q’eqchí, la lengua maya que se habla en la región. Después de los aplausos, el muchacho delgado, de barba breve y mirada verde llevaba en el cuello una cinta roja con un metal pequeño, incapaz de contener la historia que representaba. Estaba entre los ciudadanos y líderes locales que habían contribuido al desarrollo comunitario durante los últimos tres años. A todos les asombraba que alguien tan joven cargara sobre sus hombros una responsabilidad tan grande.

Ocurrió entonces algo que nadie pudo explicar.

El doctor Yunior salió de la municipalidad, la lluvia seguía cayendo con la misma terquedad, empapando los caminos, los techos, los árboles y las montañas. Pero cuando las gotas descendían sobre él, se desviaban suavemente, como si unas manos invisibles las apartaran de su cuerpo.

Una anciana q’eqchí dijo en voz baja:
—La selva lo adoptó.

Nadie se atrevió a contradecirla.

Desde ese día, al caminar entre veredas, la lluvia lo acompaña como una madre paciente. Apenas lo roza, como si lo protegiera. Porque mientras los hombres le entregaron una medalla de metal, la selva le concedió algo más antiguo: el derecho silencioso de ser uno de los suyos.

Claro que el doctor Yunior siguió trabajando como si nada de aquello fuera extraordinario.

Había llegado desde su lejana Chaparra, en la oriental provincia de Las Tunas, como parte de la brigada médica cubana en Guatemala. Era su primera vez lejos de casa, de la facultad de medicina donde fue alumno ayudante de cirugía, de los consultorios donde se estrenó como médico general integral, incluso lejos de aquel donde trabajó su padre —ahora en Venezuela— y donde lo acompañó la misma enfermera que durante años curó pacientes junto a “su papi” en su amada Chaparra.

Los primeros días en la jungla guatemalteca caminó en silencio, como hacen los viajeros que no quieren molestar la tierra que pisan. Comprendió que estaba entrando en un territorio donde la naturaleza no era paisaje, sino destino.

Ha subido a lanchas rústicas y se ha dejado llevar por la corriente. A veces el río crece de pronto, como si quisiera ponerlo a prueba, pero siempre termina dejándolo pasar, como si reconociera en él a un hombre necesario.

Los lancheros comenzaron a decir que el río lo respetaba. Y en Cobán, Corozal, Chicojl o Paquísil, cuando la naturaleza respeta a alguien, la selva empieza a escucharlo.

En esas aldeas intrincadas de Alta Verapaz casi nunca hay camas ni colchones. Allí el doctor Yunior ha dormido sobre tablas duras, se ha bañado en el agua del río y se ha levantado antes que el sol para escuchar los latidos de la vida en los niños enfermos y en las madres que esperan con los ojos llenos de miedo.

A veces ha tenido que caminar cuatro horas para llegar a una consulta, y en ese tiempo les ha contado a los árboles que lo que más le impacta de aquellas tierras es que muchas mujeres no tienen límites para parir, que dependen de la decisión del esposo y que los hijos llegan sin descanso. Él ha logrado introducir la planificación familiar, convencer a las madres de la importancia de las vacunas y de los implantes de cinco años, y así mejorar la calidad de vida de esas mujeres y de sus hijos.

En sus sesiones como docente enseña a los enfermeros a mirar con paciencia. Les habla de vacunación, prevención, cuidados, hábitos e higiene como quien siembra semillas invisibles en una tierra que ha aprendido a resistir sin quejarse.

Fue por eso que un día los niños comenzaron a esperarlo como se espera a un familiar que regresa, las madres aprendieron a confiar en sus manos y los ancianos a saludarlo con respeto.
Ahora, cuando cae la tarde, los ríos han empezado a preocuparse por el momento en que el doctor Yunior se marche de estas tierras.

¿Seguirán las montañas guardando su historia?

Dicen que el día de la partida lloverá durante tres días seguidos.

Dicen que el río llevará su nombre hasta el mar.

Y dicen también que, cuando vuelva a caminar bajo la lluvia por cualquier parte del mundo, ella lo reconocerá y se apartará suavemente de su rostro, como si todavía lo estuviera protegiendo.

Porque hay hombres a los que la naturaleza no les entrega una medalla, sino una familia invisible.
Y el doctor Yunior Proenza González, sin saberlo, ya pertenece para siempre a la selva de Alta Verapaz.

Por: Mylenys Torres Labrada

Yunior Proenza González

Yunior Proenza González

Yunior Proenza González

Yunior Proenza González

 

Yunior Proenza González

Yunior Proenza González

 

Yunior Proenza González

¿Cómo un médico encuentra respuestas en la BVS?

Aquella mañana, la consulta estaba llena. El doctor Luis se detuvo ante un caso que no encajaba con los diagnósticos habituales. Los síntomas eran confusos y el tratamiento debía ser preciso. Antes de decidir, necesitaba confirmar: ¿cuál era la mejor opción para su paciente?

«En medicina, la evidencia confiable es nuestra guía», dice mientras abre la historia clínica en su computadora. En segundos, accede a la Biblioteca Virtual de Salud (BVS) en Infomed. Lo que encuentra es justo lo que necesitaba: artículos recientes, revisiones sistemáticas que resumen cientos de investigaciones, y guías clínicas elaboradas por especialistas. Información que permite comparar tratamientos, evaluar riesgos y tomar decisiones más seguras.

«La BVS me acompaña en cada duda, en cada diagnóstico difícil», explica. «Es como tener a un equipo de expertos a tu lado, disponible al instante».

La Biblioteca Virtual de Salud (BVS) no es solo una colección de documentos: es un apoyo silencioso que transforma la práctica médica. Desde artículos y tesis hasta libros y guías, ofrece la evidencia que respalda cada decisión y, al final, protege al paciente. Cuando un médico necesita respuestas rápidas y confiables, la BVS está ahí: organizada, accesible y lista para conectar el conocimiento con la acción.

Si es nueva para usted, esta plataforma cuenta también con una sección de Ayuda al usuario que se acerca por primera vez a sus recursos. Para comenzar, recomendamos: Preguntas frecuentes.

Por: Mylenys Torres Labrada.

Día Mundial de la Salud 2026: ciencia y cooperación desde el enfoque de Una Sola Salud en Cuba

Cada 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, una jornada que este 2026 convoca a trabajar bajo el lema “Juntos por la salud. Defendamos la ciencia”, promovido por la Organización Mundial de la Salud.

En este contexto, el enfoque One Health (Una Sola Salud) adquiere una relevancia especial al integrar la salud humana, animal y ambiental. Sobre este tema, Infomed conversa con la Dra. Odalis Bravo Téllez, representante en Cuba de Una Sola Salud.

¿Qué significado tiene para Cuba el Día Mundial de la Salud 2026, dedicado al lema “Juntos por la salud. Defendamos la ciencia”?
Es una oportunidad para reafirmar el compromiso de Cuba con la ciencia, la prevención y la cooperación intersectorial como pilares del sistema sanitario. El lema de este año nos convoca a fortalecer la confianza en la evidencia científica y a trabajar de manera integrada para enfrentar los desafíos actuales de la salud pública.

¿Cómo se integra el enfoque Una Sola Salud en el sistema sanitario cubano?
En Cuba este enfoque se expresa en la articulación entre la salud pública, la medicina veterinaria, la protección ambiental y la academia, con un fuerte protagonismo de la atención primaria de salud. La vigilancia epidemiológica, la prevención de enfermedades y el trabajo comunitario son ejemplos concretos de esta integración.

¿Cuáles son los principales avances del país en esta línea de trabajo?
Cuba ha desarrollado experiencias en la prevención de enfermedades transmisibles, el control sanitario, la investigación científica y la colaboración entre instituciones, lo que permite avanzar en una visión integral de la salud que incluye el entorno y el bienestar social.

Existe voluntad política y se ha aprobado un mecanismo intersectorial que fortalece la gobernanza del enfoque. Entre los avances destacan la creación de la Secretaría técnica, la elaboración del Plan nacional de Una Sola Salud, la armonización de algoritmos para enfermedades priorizadas, la actualización del Plan nacional de Enfrentamiento a la Resistencia a los Antimicrobianos (RAM) y la conclusión del I Diplomado de Una Sola Salud impartido por el Centro Nacional de Sanidad Agropecuaria (CENSA), institución científica cubana que lidera investigaciones y procesos de formación en sanidad agropecuaria, inocuidad de los alimentos y cooperación intersectorial desde el enfoque One Health.

¿Qué retos enfrenta hoy el país para fortalecer este enfoque?
Entre los principales retos están consolidar la coordinación intersectorial, ampliar la educación sanitaria, fortalecer la investigación científica y seguir sensibilizando a la población sobre la importancia de la relación entre salud, medio ambiente y desarrollo sostenible.

¿Qué papel deben desempeñar los profesionales de la salud en la defensa de la ciencia?
Los profesionales de la salud son actores clave, porque desde su práctica cotidiana promueven la prevención, la educación sanitaria y el uso responsable de la evidencia científica para la toma de decisiones en beneficio de la población.

¿Qué mensaje compartiría en el Día Mundial de la Salud 2026?
El llamado es a trabajar juntos, desde la ciencia y la cooperación, para proteger la salud de las personas, los animales y el medio ambiente. Defender la ciencia es defender la vida y el bienestar de las actuales y futuras generaciones.

Dra. Odalys Bravo

 

La Dra. Odalis Bravo Téllez subraya que el Día Mundial de la Salud 2026 es una invitación a fortalecer la cooperación, la investigación y la acción conjunta desde el enfoque de Una Sola Salud, como camino imprescindible para garantizar sistemas sanitarios más resilientes, equitativos y sostenibles en Cuba y en el mundo.

 

Por Mylenys Torres Labrada

La felicidad de quedarse donde más duele el mundo

Cerca del 4 de abril, Infomed comparte entrevistas a jóvenes médicos cubanos en Guatemala, quienes desde su labor diaria reflejan la vocación, el compromiso y la solidaridad de la juventud cubana en la cooperación médica internacional.

La doctora Nereida Durán Matos ha dicho que es feliz allí donde está.

Me lo confiesa sin solemnidad, como si hablara de algo sencillo, mientras amanece en Cobán y el día todavía no decide si será de sol o de lluvia. Lo dice antes de subirse al primer autobús, antes de caminar veinte minutos entre veredas húmedas, y transitar en el segundo transporte que la acerca a Chaimál, esa aldea guatemalteca de San Pedro Carchá donde el tiempo parece tener otra forma de avanzar.

Para llegar cada mañana atraviesa distancias que no siempre se pueden medir en kilómetros: a veces una hora y media, otras dos, dependiendo del tráfico o del ánimo del camino. Luego están las aldeas: Tzunutz, Tipulcán, Zacanihá, Chiquic, Chailpec, Sequib… Allí, donde la mayoría habla q’eqchi’ y muchas personas firman con la huella porque no saben escribir su nombre, ella es la única médica.

Organiza sus días como quien reparte el pan: consultas prenatales, niños con fiebre, mujeres que llegan en silencio para un «papanicolau porque tienen molestias del interior», ancianos que arrastran años de hipertensión sin saberlo. La acompaña una certeza: si ella no llega, nadie llega.

Al principio no se entendían. Las palabras se quedaban a medias entre su español y el idioma de ellos, pero con el tiempo aprendió lo esencial: cómo preguntar, cómo consolar, cómo explicar que el cuerpo también necesita equilibrio en un lugar donde se come como se puede y no como se debe. Aprendió que la gastritis tiene sabor a picante, que la anemia crece en la escasez y que la medicina, muchas veces, tiene que dialogar con la fe.

En Cahabón —donde pasó su primer año de misión— la vida era aún más difícil. Se levantaba a las tres de la mañana todos los lunes para viajar cuatro horas y llegar a una aldea donde pasaba la semana entera. Regresaba al pueblito los viernes, al caer la tarde para repetir el ciclo. Allí empezó a ganarse algo más importante que el respeto: la confianza.

Porque quedarse, en esos lugares, es una forma de amor.

Pero antes de Guatemala, hubo otros mapas.

Brasil, en 2018, en el estado de Piauí, donde trabajó hasta que le dijeron que debía irse. Aunque le ofrecieron quedarse, eligió regresar a Cuba el 9 de diciembre, con la serenidad de quien cumple su deber.

Y antes, Venezuela.

Llegó en 2011 al estado de Aragua, con un diplomado en endoscopías, trabajando en CDI como Bella Vista, Tamborito y La Carpiera, moviéndose en autobuses públicos y atendiendo a un pueblo que también hizo suyo el dolor. El día que murió Hugo Chávez, recuerda que muchos lloraron como si perdieran a alguien de la familia, y ella sintió ese duelo como propio.

Pero ninguna partida la marcó tanto como una ausencia: su madre.

A las diez de la noche le avisaron del infarto. A las once ya no estaba. Llegó tres días después, cuando ya la tierra había hecho su trabajo definitivo. No pudo despedirse. Solo pudo aprender que hay dolores que no se curan, solo se cargan.

Antes de todo eso estuvo Baracoa.

Se graduó en 2009 en la Universidad de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba y comenzó en el policlínico Hermanos Martínez Tamayo, entre Yara, Palmarejo y Paso de Cuba, en consultorios donde la vocación era imprescindible. Desde allí salió hacia su primera misión.

Hoy, cuando regresa al final del día después de desandar buses y caminos, cuando el cansancio se le acumula en los hombros y el silencio le recuerda que su hijo la espera lejos pero bien cuidado, la doctora Nereida repite sin dudar que es feliz.

Y no es una frase.

Es una forma de entender la vida.

Porque hay quienes buscan la felicidad en lo que tienen, y hay quienes, como ella, la encuentran en el lugar exacto donde hacen falta.

Por Mylenys Torres Labrada

Doctora Nereida Durán Matos

Doctora Nereida Durán Matos

Doctora Nereida Durán Matos

Doctora Nereida Durán Matos

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