Hipertensión ocular en los pacientes con catarata

Glaucoma

El cristalino es la lente natural del ojo ubicado en el espacio retroiridiano llamado cámara posterior. Su función consiste en que las imágenes que llegan del exterior hagan foco en la mácula, lo que permite la visión.

La opacificación de esta lente recibe el nombre de catarata que lleva a la disminución de la visión.

La hipertensión ocular ocurre cuando la presión intraocular supera el valor normal (media de 21 mmHg) sin signos de pérdida de visión o daño al nervio óptico. Si su aumento se mantiene en el tiempo, ocasiona daños en el nervio óptico y lleva al desarrollo del glaucoma.

Las alteraciones en la morfología, posición o cambios metabólicos del cristalino causan alteraciones de la dinámica del humor acuoso y dan lugar a alteraciones de tipo mecánico u obstructivo de la malla trabecular.

La relación entre hipertensión ocular y la catarata es fundamental para avanzar en la comprensión de estas condiciones oftalmológicas, crear las estrategias de tratamiento y proporcionar una atención más efectiva y personalizada a los pacientes, además se deben optimizar los procedimientos quirúrgicos para mejorar los resultados visuales.

Se realizó una revisión de las publicaciones más relevantes relacionadas con hipertensión ocular en los pacientes con catarata, con el objetivo de actualizar los conocimientos acerca del tema.

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Hantavirus en alta mar: qué sabemos del brote mortal

Hantavirus

Un brote de presunto hantavirus a bordo del crucero MV Hondius, operado por Oceanwide Expeditions, ha dejado al menos tres muertos y varios enfermos. La embarcación, con unos 150 pasajeros, llevaba cerca de tres semanas de travesía desde Argentina –con escalas en la Antártida– cuando se encontraba en el Atlántico frente a Cabo Verde. La compañía calificó la situación como una «grave emergencia médica».

Qué es el hantavirus y cómo se transmite

Los hantavirus, presentes desde hace siglos con brotes documentados en Asia y Europa, se han asociado históricamente en el hemisferio oriental con fiebre hemorrágica e insuficiencia renal. No fue hasta principios de los años noventa cuando una variante emergente en el suroeste de Estados Unidos se identificó como causa del hoy conocido síndrome pulmonar por hantavirus, una forma grave de enfermedad respiratoria.

El virus volvió a la atención pública recientemente tras la muerte de Betsy Arakawa, esposa del actor Gene Hackman, por una infección en Nuevo México.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que las investigaciones sobre el brote continúan, con análisis de laboratorio, estudios epidemiológicos y secuenciación del virus en curso. El organismo subraya que el riesgo para la población general es bajo y no recomienda restricciones de viaje. Hasta ahora, el hantavirus ha sido confirmado en uno de los casos analizados. Entre los fallecidos hay dos ciudadanos neerlandeses, mientras que un pasajero británico permanece en cuidados intensivos en Sudáfrica.

El hantavirus se propaga principalmente por contacto con roedores o con su orina, saliva o excrementos, en particular cuando ese material se altera y queda suspendido en el aire, lo que representa un riesgo de inhalación. Las personas suelen exponerse al hantavirus en sus hogares, cabañas o cobertizos, especialmente al limpiar espacios cerrados con poca ventilación o explorar zonas con rastros de ratones.

La OMS señala que, aunque es poco frecuente, los hantavirus también pueden transmitirse directamente entre personas.

El brote de 1993 que puso al virus en el mapa

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) comenzaron a rastrear el virus tras un brote en 1993 en la región de las Cuatro Esquinas, donde se encuentran los estados de Arizona, Colorado, Nuevo México y Utah.

Fue un perspicaz médico del Servicio de Salud Indígena quien detectó por primera vez un patrón de muertes entre pacientes jóvenes, explicó Michelle Harkins, neumóloga del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Nuevo México, que lleva años estudiando la enfermedad y atendiendo a pacientes.

La mayoría de los casos en Estados Unidos se concentran en los estados del oeste. Nuevo México y Arizona son focos principales, señaló Harkins, probablemente porque en las zonas rurales es mayor la probabilidad de encuentros entre ratones y humanos.

Síntomas: de la fiebre a la insuficiencia pulmonar

Una infección puede progresar rápidamente y volverse potencialmente mortal. Los expertos señalan que puede comenzar con síntomas como fiebre, escalofríos, dolores musculares y, en ocasiones, dolor de cabeza.

«Al inicio de la enfermedad, puede ser muy difícil distinguir entre el hantavirus y una gripe común», afirmó la doctora Sonja Bartolome, del Centro Médico UT Southwestern de Dallas.

Los síntomas del síndrome pulmonar por hantavirus suelen aparecer entre una y ocho semanas después del contacto con un roedor infectado. A medida que avanza la infección, los pacientes pueden experimentar opresión en el pecho, mientras los pulmones se llenan de líquido.

El otro síndrome causado por el hantavirus –la fiebre hemorrágica con síndrome renal– suele desarrollarse en el plazo de una o dos semanas tras la exposición.

Las tasas de mortalidad varían según el tipo de hantavirus causante de la enfermedad. El síndrome pulmonar por hantavirus es mortal en aproximadamente el 35 % de los infectados, mientras que la tasa de mortalidad por fiebre hemorrágica con síndrome renal oscila entre el 1 % y el 15 % de los pacientes, según los CDC.

No existe ningún tratamiento ni cura específicos, pero una atención médica temprana puede aumentar las posibilidades de supervivencia.

Prevención: cómo evitar el contagio

A pesar de años de investigación, Harkins señaló que aún quedan muchas preguntas sin respuesta, entre ellas por qué la enfermedad puede ser leve para algunas personas y muy grave para otras, y cómo se desarrollan los anticuerpos. Ella y otros investigadores llevan años haciendo seguimiento de pacientes durante largos períodos con la esperanza de encontrar un tratamiento.

Hay «muchos misterios», dijo, aunque subrayó que lo que los investigadores sí saben es que la exposición a roedores es clave.

La mejor manera de evitar el contagio es minimizar el contacto con roedores y sus excrementos. Se recomienda usar guantes protectores y una solución de lejía para limpiar los rastros de roedores. Los expertos en salud pública advierten que no se debe barrer ni aspirar, ya que eso puede hacer que las partículas del virus queden en suspensión en el aire.

 

Beatriz Marcheco Teruel, especialista en genética clínica: “No hay evidencia científica para justificar el racismo ni las teorías de la racialidad: la raza es una sola, la humana”

Dra. Beatriz Marcheco

La directora del Centro Nacional de Genética Médica en Cuba comparte resultados de dos décadas de investigación sobre el patrimonio genético en Cuba y explica, con ejemplos claros, por qué el color de la piel es un rasgo adaptativo —no un argumento para sustentar jerarquías humanas. Defiende la educación como herramienta central contra el racismo y subraya la responsabilidad social de la ciencia para traducir evidencias en cambios reales.

¿Qué es la genética médica? ¿Qué aborda esta área de la ciencia?

La genética humana es la ciencia que estudia la herencia. El ADN es el material genético que traslada la información del llamado “código de la vida” de una generación a la siguiente. Las variaciones que ocurren en ese ADN —los cambios— son el principal objeto de estudio de la genética humana.

En particular, la genética médica analiza cómo esas variaciones o mutaciones se traducen en fenómenos de salud. No hablamos solo de enfermedades: también de características que distinguen a los grupos humanos —rasgos, predisposiciones, resistencias y susceptibilidades— que forman parte de la diversidad biológica.

El patrimonio genético de la población cubana 

Alrededor de 2006, comenzamos a realizar estudios que dan cuenta de la mezcla étnica a nivel del genoma en la población cubana. Durante 20 años, nuestro centro ha estado muy involucrado en lo que llamamos la caracterización del patrimonio genético de la nación.

En ese camino surge Cuba indígena. Hacia 2018, el fotógrafo español Héctor Garrido, tras visitas a Baracoa y regiones cercanas en las zonas montañosas del oriente cubano, observó fenotipos —rasgos físicos— que recordaban los descritos para los primeros habitantes de la isla. Conversó sobre ello con el historiador de Baracoa, Alejandro Hartmann, y de ahí nació la idea. Se constituyó un equipo multidisciplinario del que formamos parte.

Cuba indígena propone unir arte y ciencia para regresar a los orígenes. Abordamos familias que viven en esas comunidades serranas y, con su consentimiento informado, estudiamos su ADN.

¿Qué distingue ese patrimonio genético?

Hemos estudiado la mezcla étnica a nivel del ADN. Como promedio, en la población cubana confluyen componentes europeos (mayoritariamente de la Península Ibérica), africanos, amerindios y asiáticos. Nuestros estudios sitúan poco más del 70% de aportes de origen europeo, cerca del 20% de origen africano, alrededor del 8% de origen amerindio y poco más del 1% de origen asiático oriental.

En todas las personas estudiadas, aparecen simultáneamente aportes de África Occidental y de Europa, independientemente del color de la piel con que cada quien se autoidentifique. Somos también como lo dijo el sabio Fernando Ortiz desde muy temprano en sus propias indagaciones antropológicas, también somos un crisol de tonalidades que se expresa en nuestro color de la piel, pero que también que se expresa en nuestras prácticas culturales, en nuestras tradiciones, en nuestras costumbres. Somos una nación mestiza, una nación mulata, como también decía Nicolás Guillén.

No hemos encontrado ningún cubano sin aportes genéticos de África Occidental y de Europa. Somos una nación mestiza.

¿Qué significa esta mezcla en términos prácticos?

Significa que no hay correspondencias simples entre apariencia y ascendencia. Una persona de piel clara puede tener aportes genéticos africanos; y viceversa. En nuestro ADN hay una huella compartida que nos une.

Por eso sostengo que no existe evidencia científica para justificar el racismo o la discriminación por color de la piel. Hace más de 30 años, desde las ciencias biológicas, se viene demostrando que no hay argumentos científicos para agrupar a los seres humanos en razas jerarquizadas: el concepto de raza, tal como se ha usado socialmente, es una construcción histórica y colonial que sirvió para someter e inferiorizar a otros.

Quiero dar un ejemplo: se realizó una indagación con personas nacidas ciegas —no conocen el color— y se les preguntó si se casarían con alguien de un color de piel diferente. Varias respondieron que no. Ese resultado ilustra cómo los procesos sociales han operado en la conciencia de las personas: aunque no ven los colores, han interiorizado prejuicios asociados al color de la piel.

Color de la piel: ¿cómo lo explica la biología?

El color de la piel es un rasgo humano adaptativo y lábil. A nivel individual, la capacidad para sintetizar melanina —el principal pigmento que colorea la piel— es variable y está determinada genéticamente. Pero su expresión actúa en sinergia con la radiación ultravioleta (UV). Si dos personas tienen, genéticamente, una capacidad similar para producir melanina, la que viva en latitudes tropicales tendrá, en promedio, la piel más oscura que la que viva en latitudes altas con menor exposición solar. La melanina funciona como un bloqueador natural frente a los efectos del sol: por eso, al ir a la playa se recomienda usar protectores para limitar el impacto de los rayos UV sobre la piel humana.

Debemos enseñar desde temprano —en la escuela— cómo definir e interpretar biológicamente el color de la piel. Y también que el color no se relaciona directamente con las enfermedades. A veces aparecen afirmaciones como “tal enfermedad es más frecuente en personas blancas” o “en personas de piel negra”. Esas frases inducen a pensar que la melanina se relaciona con la enfermedad, lo cual no tiene sentido. Es probable que, desde el punto de vista genético, esa enfermedad pueda tener relación con algún origen ancestral determinado con el origen europeo o con el origen africano, pero no directamente con el color de la piel.

En el terreno de las ciencias y en particular de las ciencias biológicas, progresivamente vamos encontrando evidencias que deconstruyen el concepto de razas.

¿Cómo democratizar la ciencia y formar conciencia?

Es extremadamente importante y aún insuficiente el trabajo que se hace. El camino para deconstruir teorías de la racialidad y crear conciencia está, primero, en la educación. Hay que personalizar estos contenidos en diferentes etapas de la vida y empezar desde muy temprano.

En Cuba existe un programa nacional de lucha contra el racismo y la discriminación, del que somos parte. Lo valioso es haber incorporado a científicas y científicos al equipo del programa. No es algo formal: tenemos participación en conversaciones, eventos, en la redacción de bases, en la caracterización del problema en un país donde sí existe racismo —y lo primero es reconocerlo.

Esto vale también para América Latina, la región más mezclada del planeta, donde, el tema de la discriminación es evidente. De nuevo: la educación es esencial. Una organización como la UNESCO, paradigma en educación, cultura y ciencia, puede hacer mucho desde sus propios escenarios.

Comunicar sin reduccionismos

Quienes investigamos en medicina y biología tenemos un reto: a veces nos sale mejor un experimento o un diagnóstico que explicar sus resultados de forma comprensible para el gran público. Debemos desarrollar habilidades para trasladar comunicacionalmente conceptos como patrimonio genético, mezcla étnica o color de la piel.

Al mismo tiempo, debemos evitar el reduccionismo genético. Conocer los genes no basta si no entendemos cómo interactúan con los estilos de vida y los factores ambientales.

Un ejemplo: cada uno de nosotros tiene, como promedio, alrededor de cuatro oncogenes —genes vinculados con predisposición al cáncer— que están “apagados” o reprimidos. Existen “interruptores” que pueden activarlos: hábitos y exposiciones concretas, como tabaquismo, dieta, sedentarismo, químicos o agentes físicos ambientales, combinados con estrés, entre otros. Por eso no basta con identificar genes de predisposición; necesitamos comprender cómo se relacionan con el entorno: cuántos años fuma una persona, cuántos cigarrillos al día, a qué edad comenzó; cómo se alimenta; cuál es su índice de masa corporal; si practica actividad física; el contenido de grasas en su dieta, etc.

Conocer la biología interior es apasionante, pero aún no tenemos todas las respuestas. Hay muchos genes cuyo funcionamiento y cuyos productos proteicos todavía no comprendemos del todo. Además, cerca del 98% de la información genética no corresponde a genes. Durante mucho tiempo se consideró “redundante” y sin significado, pero hoy sabemos que cumple funciones —entre ellas, la regulación de la actividad de los genes— y, en otros casos, interviene en procesos distintos. De manera que tenemos el reto de conocernos mejor y de entender cómo esa biología interior se relaciona con el entorno que nos rodea.

Después de mirar tan de cerca la vida, ¿mira el futuro con optimismo o con pesimismo?

Con optimismo, siempre. El ser humano es algo increíble. Además de encontrar respuestas a muchas preguntas, lo importante es el uso que se les da: con esas respuestas podemos construir un mundo mejor, una sociedad mejor para todos, en función de nuestros principios y compromisos con la mayoría. Aunque haya aires de guerra o búsquedas de predominio entre países y proyectos sociales, siempre está la alternativa de trabajar por un mundo mejor: se puede sacar algo bueno del ser humano, sobre todo con educación.

Más información: Genética clínica. Especialidades Infomed

Tratamiento de las enfermedades infecciosas 2024-2026. Novena edición

Tratamiento enfermedades infecciosas

Esta guía de Tratamiento de las enfermedades infecciosas 2024-2026 es una referencia útil para guiar la prescripción de antimicrobianos en medicina familiar y comunitaria, así como para orientar a especialistas en formación.

La publicación contiene recomendaciones sobre el tratamiento más apropiado de las enfermedades infecciosas, considerando la epidemiología de los microorganismos causales y los patrones de sensibilidad en los países de América Latina y el Caribe, a la vez que se busca contribuir a la contención de la resistencia que surge del uso excesivo o incorrecto de fármacos antimicrobianos.

Para la presente edición, se hizo una revisión exhaustiva del tratamiento de la sepsis y el síndrome de sepsis, con hincapié en su detección y tratamiento tempranos para reducir la morbilidad y mortalidad por sepsis.

También se han incorporado principios del sistema AWaRe (Acceso, Precaución y Reserva) de la Organización Mundial de la Salud, que proporciona orientación concisa, con base en información comprobada, sobre el tratamiento de las 30 infecciones más comunes de niños y adultos.

Descargar la guía:

Tratamiento de las enfermedades infecciosas 2024-2026. Novena edición. (2024). [Procedures, manuals, guidelines]. OPS. https://iris.paho.org/handle/10665.2/61354

La enfermera que aprendió a curar la noche

Día de las enfermeras

En Trinidad y Tobago, donde el mar amanece oliendo a sal y misterio, las madrugadas parecen suspendidas. Allí, la escasez de personal sanitario no es una cifra: es una presencia.

Faltan manos en obstetricia, cirugía, anestesia, medicina interna y radiología. Y no es un problema exclusivo de estas islas: la Organización Panamericana de la Salud advierte que para 2030 el Caribe podría enfrentar un déficit de al menos 600 000 profesionales de la salud.

Pero entre Cuba y estas tierras existe, desde el 20 de julio de 2003, un puente de solidaridad.

En el hospital St. James Medical Complex, en Puerto España, Yudisleydi García Domínguez permanece despierta. Trabaja en la atención oncológica de alta complejidad. Administra tratamientos, acompaña procesos, sostiene silencios. Para ella, es una forma de llevar la esencia de la enfermería cubana: no abandonar nunca.

Pero hay un lugar que la habita siempre: Camagüey. Allí regresa en pensamientos para ver de nuevo el Hospital Oncológico Madame Curie y aquella joven enfermera que en 2004 aprendió que la vida y la muerte conviven. Más de dos décadas después, sabe que cada paciente deja lecciones sobre el miedo, la fe y la resistencia.

“Mi vida profesional ha estado marcada por historias intensas”, confiesa. Aprendió que la enfermería es escuchar, sostener, permanecer.

En Cuidados Paliativos, donde fue jefa de sala con 32 años, comprendió que la medicina no siempre cura, pero siempre acompaña. Participó en ensayos clínicos, entre ellos con la vacuna CIMAvax-EGF.

En 2020 integró la Brigada Henry Reeve en Emiratos Árabes Unidos, en plena pandemia. Sin certezas, solo la responsabilidad de sostener la vida. Por esa entrega recibió la Medalla de la Hazaña Laboral.

Orgullosos de ella, en Camagüey están sus padres y su hijo. “El camino ha sido largo —dice—, pero no se siente cuando estás sanando a otros”.

A los jóvenes les deja una certeza: esta no es una profesión para medias entregas.

Un paciente la llama.

La madrugada sigue intacta. El hospital despierta. Y la seño Yudita ajusta su uniforme, sosteniendo una luz que, desde la brigada médica cubana en Trinidad y Tobago, disipa cualquier oscuridad.

Por Mylenys Torres Labrada

Enfermeras en Trinidad Tobago

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