
En el noroeste de Guatemala, en el municipio de Barillas, departamento de Huehuetenango, donde las montañas parecen abrazar el cielo y los ríos murmuran secretos antiguos, el Dr. Leopoldo Jesús León Leal despierta cada día antes del alba. La frontera con México no está lejos, pero parece un mundo aparte; más de 350 kilómetros separan su hospital de la capital, Ciudad de Guatemala. Es allí donde sus gestos tocan vidas.
Los días en Barillas transcurren entre pacientes y diagnósticos, pero también entre lápices y hojas de papel. Sus dibujos, en blanco y negro, con técnicas de sombreado y estilo grafiti, son ventanas a emociones que no caben en palabras. Los comparte con familiares, amigos, compañeros de trabajo y nuevas generaciones; además, ha llevado algunas de sus obras a exposiciones a la Casa de Cultura Samuel Feijóo, el cine de su pueblo, su policlínico y las actividades por el 27 aniversario de la cooperación médica cubana en Guatemala.
¿Cuántas obras le ha dedicado a Fidel?
Un total de 24, aproximadamente. La primera nació durante su misión en Mali, y a partir de ahí siguieron otras, todas en blanco y negro, con título y sinopsis. «Fidel y Martí me han inspirado muchos trazos, pero también me permito explorar otras emociones y temáticas», dice León. Cada dibujo busca transmitir algo más que la imagen: un mensaje, una historia.
Su trayectoria profesional comenzó en el Policlínico Docente-Asistencial de San Juan de los Yeras, en Ranchuelo, Villa Clara, donde ocupó cargos diversos. Especialista en Medicina Interna, profesor del Grupo Básico de Trabajo, interconsultante y docente, ha recibido medallas y condecoraciones en múltiples ocasiones.
En Guatemala, su vocación se transforma en un desafío cotidiano. Trabajó 17 meses en emergencias durante la epidemia de COVID-19, y hoy atiende a pacientes con múltiples patologías crónicas. Más de 220 000 habitantes dependen del Hospital Nacional Santa Cruz de Barillas, muchos de ellos viajando largas horas por caminos difíciles. León mantiene altos estándares de calidad en la atención que ofrece, junto con la docencia de nuevas generaciones de médicos y estudiantes.
Pintar, dibujar, escribir: estas prácticas son su equilibrio espiritual, la manera de curar el alma mientras cura cuerpos. Se define como pintor naif, siempre buscando interpretación, significado y fundamentación. Sus seres queridos —esposa, hijos, hermanos y primos— son su sostén; sin ellos, confiesa, no podría cumplir con su vocación internacionalista.
Ha aprendido de la cultura maya q’anjob’al: vestimenta, humildad, gratitud. Son personas trabajadoras, respetuosas y llenas de valores, resaltó el doctor. La población de Barillas le ha abierto los brazos; dondequiera que va, lo saludan cordialmente, y él guarda esos gestos en el corazón.
Tras su misión en Guatemala, regresará al policlínico en San Juan de los Yeras, en su natal Ranchuelo. A los jóvenes les dice: «Esta profesión debe vivirse con sensibilidad, solidaridad, altruismo y superación constante. El verdadero médico sirve a la humanidad y hace que cada paciente salga satisfecho. La medicina es ciencia, pero también amor. Solo quien la lleve en el corazón podrá ejercerla con dignidad».
Mientras tanto, entre montañas y ríos, el Dr. León sigue dibujando, enseñando y curando, llevando en cada jornada la inspiración de sus misiones y la certeza de que la medicina y el arte son caminos que se cruzan en la misma entrega: devolver vida y esperanza.
Por: Mylenys Torres Labrada.