Tumor de color rojo intenso, brillante, que sangra con facilidad. Imagen tomada del artículo.
El hemangioma lobular capilar es un tumor de tejidos blandos relativamente frecuente. Se conoce que es un desarrollo reactivo focal de tejido fibrovascular o de granulación con proliferación endotelial, que no tiene relación con ninguna bacteria. Se desarrolla rápidamente, sangra con facilidad y se ulcera causando la impresión clínica errónea de un tumor maligno.
Un artículo publicado en la Revista Cubana de Pediatría contribuye al conocimiento de esta afección para su detección precoz y tratamiento oportuno.
Presentación de caso: Paciente masculino, de 6 años de edad, con antecedentes de buena salud, que es traído a consulta porque su madre refiere que desde hace más de un mes, comenzó con una pequeña lesión en la cara después de la picadura de un insecto que creció y sangra con facilidad de manera espontánea o después de algún traumatismo. Al examen dermatológico se constata cuadro cutáneo localizado constituido por lesión única en forma de tumor, de aproximadamente 0,5 cm, de color rojo intenso, que sangra con facilidad con el mínimo roce localizada en la cara. Se trató con criocirugía y se logró eliminación de la lesión casi sin cicatriz aparente.
Conclusiones: La extirpación quirúrgica completa se considera el tratamiento de primera línea porque se evitan las recidivas y, al mismo tiempo, puede obtenerse material suficiente para el estudio histopatológico. En los casos con diagnóstico de certeza es útil el uso de criocirugía y electrofulguración para impedir las alteraciones estéticas provocadas por la cirugía.
En vísperas de la Cumbre de las Américas de este año, la doctora Carissa F. Etienne, Directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), pidió a los países que inviertan urgentemente en sistemas de salud que sean «inclusivos, integrales y con capacidad de respuesta», para mitigar el impacto de las pandemias y otras emergencias de salud.
La Directora de la OPS habló durante la reunión especial virtual de la Cumbre de las Américas 2022 sobre Salud, Recuperación y Resiliencia: Cumbre de las Américas 2022, al margen de la 16ª Sesión del Subcomité de Programa, Presupuesto y Administración (SPBA16) de la OPS.
Dirigido por la OPS y Kevin Michael O’Reilly, Coordinador Nacional de la Cumbre de las Américas en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, el evento proporcionó a los Estados Miembros de la OPS y a las misiones de la Organización de los Estados Americanos (OEA) una visión general sobre cómo la pandemia por COVID-19 ha ampliado las barreras existentes para lograr la salud universal, particularmente entre las comunidades vulnerables, y destacó a los sistemas de salud resilientes como un compromiso clave de la agenda de la Cumbre 2022.
La Novena Cumbre de las Américas tendrá como anfitrión a Estados Unidos y se celebrará en Los Ángeles, California, del 6 al 10 de junio de 2022. Reunirá a los líderes de los países de la región para abordar los retos y oportunidades compartidos bajo el tema «Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo» para el hemisferio.
La doctora Etienne subrayó que el tema de la Cumbre de este año refleja una «urgencia sin precedentes para que abordemos las desigualdades de larga data en la región, a través de una acción sostenida para construir sistemas de salud y sociedades resilientes».
La pandemia por COVID-19 ha tenido un impacto en la vida, la salud y el bienestar de las personas en todo el continente americano, reduciendo el producto interno bruto (PIB) en América Latina en un 6,8%, y empujando a 209 millones de personas a la pobreza y a 78 millones a la pobreza extrema en 2020, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
La pandemia también ha tenido un impacto negativo importante en la prestación de servicios de salud, ya que el 93% de los países de la región siguen informando de interrupciones en los servicios de salud esenciales.
«Sin la capacidad de detectar, responder y mitigar el impacto de las pandemias y otras emergencias de salud pública, no se puede lograr el desarrollo sostenible», sostuvo la Directora de la OPS.
O’Reilly subrayó el compromiso de los Estados Unidos para abordar las necesidades más acuciantes a las que se enfrenta el planeta: la crisis climática y la falta de acceso equitativo a las oportunidades económicas, sociales y políticas. «Ahí es donde la carga recae con más fuerza sobre los más vulnerables y los menos representados entre nosotros en nuestras sociedades».
«Queremos una Cumbre que responda a las necesidades y prioridades de los pueblos de las Américas», dijo.
La OPS también propuso que el Compromiso Político y el Plan de Acción sobre Salud y Resiliencia de la Cumbre se construyan sobre la visión de lograr la salud universal en las Américas, incluyendo el fortalecimiento de las capacidades de preparación y respuesta ante emergencias en todos los países de la región.
El Plan de Acción propondrá políticas y marcos regulatorios para los sistemas de salud de la región; formas de aumentar la fuerza de trabajo en salud; modelos para el financiamiento de la salud; llamados para la expansión de las capacidades de producción de suministros médicos; y la aplicación de herramientas digitales.
«A medida que comenzamos a salir de una pandemia que ha afectado las vidas y los medios de subsistencia de millones de personas en las Américas, el Compromiso Político y Plan de Acción sobre Salud y Resiliencia es un pilar central de la Cumbre de este año, y el camino hacia un futuro mejor para la región», consideró la Directora de la OPS.
La OPS está preparada para apoyar el desarrollo del Plan de Acción como un componente crucial para «acelerar nuestra recuperación en salud y más allá, y el logro de un futuro sostenible, resiliente y equitativo», añadió.
Nueva guía del American College of Cardiology sobre las consecuencias cardiovasculares de la COVID-19
El American College of Cardiology (ACC) publicó un documento de orientación clínica de consenso de expertos para la evaluación y el tratamiento de los adultos con las principales consecuencias cardiovasculares de la COVID-19.
En el documento se hacen recomendaciones sobre cómo evaluar y atender la miocarditis asociada a COVID-19 y la vacunación, así como la COVID-19 persistente y se dan consejos sobre la reanudación del ejercicio tras la infección por el SARS-CoV-2.
La guía clínica fue publicada en versión electrónica el 16 de marzo en Journal of the American College of Cardiology.
«Los mejores medios para diagnosticar y tratar la miocarditis y la COVID-19 persistente tras la infección con SARS-CoV-2 siguen evolucionando», compartió el Dr. Ty Gluckman, maestro en administración de la salud, copresidente del proceso de decisión de consenso de expertos. «En este documento se intenta proporcionar recomendaciones clave sobre cómo evaluar y atender a los adultos con estos trastornos, incluyendo orientación para que retomen el deporte los deportistas por afición o profesionales».
Los autores de la guía señalaron que la COVID-19 puede producir diversas anomalías en las pruebas cardiacas y una amplia gama de complicaciones cardiovasculares. En algunos pacientes, los síntomas cardiacos como el dolor torácico, la disnea, la fatiga y las palpitaciones persisten, duran meses después de la enfermedad inicial y también se han observado signos de lesiones miocárdicas tanto en individuos sintomáticos como asintomáticos, así como después de recibir la vacuna de ARN mensajero contra la COVID-19.
«Para los médicos que tratan a estos individuos existe un número creciente de preguntas relacionadas con la evaluación y la atención de estos trastornos, así como la reanudación segura de la actividad física», comentaron. Este informe pretende ofrecer una orientación práctica sobre estas cuestiones.
En la mañana de hoy se rindió homenaje al profesor de estomatología Julio César Santana Garay con la colocación de sus cenizas en el Panteón de la Sociedad Cubana de Estomatología. Acompañaron a los familiares, profesores, estudiantes y colegas del ilustre estomatólogo cubano.
En representación del Ministerio de Salud Pública participaron el Dr. Jorge González Pérez, Director Nacional de Docencia, la Dra. Mariela García Jordán, Jefa del Departamento Nacional de Estomatología y el Dr. Carlos Alberto Martínez Blanco, Jefe de la Sección Independiente para el Control del Cáncer. Además, estuvo presente la Presidenta de la Sociedad Cubana de Estomatología, Dra. Estela Gispert Abreu.
Entrevista al Dr. Julio C. Santana. La Habana, Cuba. 1 nov 2010 Fotógrafo: Yander Zamora
Santana Garay nació en Camagüey el 5 de diciembre de 1927 e inició sus estudios en la Escuela Pública N.º 4 Enrique José Varona, donde fue un alumno eminente. Posteriormente cursa la Enseñanza Media donde obtiene, por sus resultados, diez Premios Ordinarios y se incorpora a la Universidad, graduándose de cirujano dentista en junio de 1944.
“Nadie podía vislumbrar aún que con su obra se convertiría en el precursor de la lucha contra el cáncer bucal, siendo proclamado como Día Latinoamericano de lucha contra esta enfermedad, cada 5 de diciembre, en honor a su natalicio”
Dra. Adriana Arias Tornés
Se destacó durante toda su vida por enseñar, investigar y estimular la conciencia de profesionales de Latinoamérica y el mundo, sobre la prevención y diagnóstico precoz de las lesiones precancerosas y el cáncer bucal.
En palabras de la Dra. García Jordán, Santana fue un “investigador acucioso, hombre revolucionario, genuino ejemplo para todos los profesionales de la salud y en especial, para los estomatólogos”.
Dr. Alfredo B. Ceballos Mesa. Foto tomada de Cubadebate.
Motivado por la vinculación entre ciencia y ética médica, que ha demostrado su alto valor en el manejo de la pandemia que nos azota, el Dr. Alfredo B. Ceballos Mesa comparte su experiencia en este sentido, a través de una publicación en la revista Anales de la Academia de Ciencias de Cuba.
El Dr. Ceballos recurre al recuerdo de su primera experiencia acerca de conocer la diferencia que marca la ética en la práctica médica entre el yo (“yoísmo”) y la colectividad:
«Siendo alumno de tercer año de Medicina, enamorado ya de la ortopedia y la traumatología, recibí de un viejo profesor de la especialidad mi primer impacto sobre lo que significa la ética médica. Fue la impresión que me dejó quien falleciera en Cuba en la década del 70 del pasado siglo.
En aquella época y en anteriores, existían las llamadas “juntas médicas”, reuniones que se realizaban en la cabecera de enfermos que se encontraban en estadios complicados de su afección, bien en su domicilio o en consultorios, bajo la inquietante presencia y mirada del paciente y sus familiares.
Unos y otros vestían sus mejores galas para la junta, donde se diría la última palabra sobre el diagnóstico, el tratamiento y, en especial, sobre el futuro del paciente. Alguien me explicó que siempre había alguno de los presentes preocupado por su propio futuro, en relación con la supervivencia del sujeto en discusión, sus posibilidades y valía económica.
Al llegar al domicilio donde se realizaría la junta, recordé a mi abuela, que siempre estaba preocupada por tener una muda de ropa interior y una toalla limpia para la visita del médico, lo cual asumo era una “ética de la conducta social”.
Los miembros de la junta, correspondían vistiendo su adecuado traje de estación –le decían “flu” en mi pueblo–, o una brillante y blanca bata sanitaria recién planchada bajo la acción del almidón de yuca, la cual dejaba visible solo la corbata, que, como lengua de perro cansado, se proyectaba sobre el convexo abdomen de los galenos.
El escenario estaba preparado para realizar la junta, a la que el viejo profesor me había llevado no sé por qué; solo me había dicho: “Acompáñame”. Presentes estaban, además del paciente y los ansiosos oyentes de la familia, el médico de asistencia, dos médicos de reconocidos valores y fama científica y el viejo profesor, de quien todos esperaban la última palabra. Yo, como un mueble lateralizado con las trompas de Eustaquio asomadas al exterior y los ojos de un hipertiroideo sin tratamiento, única forma de absorber esta primera experiencia.
Se trataba de un paciente con una no controlada y recidivante afección lumbosacra, de difícil manejo por sus más de 100 etiologías y tratamientos reconocidos. El médico de asistencia –creo que sintiéndose ya juzgado– presentó el riguroso guión de la medicina hipocrática: el motivo de consulta, los antecedentes rebuscados desde 3 generaciones atrás por aquello de la genética, en boga en aquellos años, así como los resultados de los exámenes clínicos generales y específicos. Se interrumpía con miradas y esbozos de sonrisas que dirigía a los familiares, tratando de involucrarlos en aquello que no lo había dejado dormir la noche anterior.
Continuaron los complementarios imageneológicos de reducida especificidad en comparación con los actuales, que conllevaban una interpretación subjetiva y la práctica de graficar las imágenes mediante goniómetros y reglas de plástico transparente, regalo de los laboratorios para el trazado de líneas que permitían llegar a diagnósticos por signos indirectos.
Con la exposición de los fracasos, las recaídas de los síntomas y manifestaciones recidivantes, comenzó la ansiada discusión y emisión de criterios de los convocados.
Uno de ellos se refirió a “los diagnósticos que YO hubiera descartado”; otro dijo que “por MI experiencia habría realizado tales o cuales procedimientos” y también se señalaron técnicas de distintos tipos que habían usado con éxito en casos semejantes. Aquellas manifestaciones de autosuficiencia médicas que primaban en la escena aumentaban la incertidumbre y las arrugas del paciente y la familia, que, al oírlas, se percataban de cuántas cosas disponía la medicina para resolver la afección.
Fue una verdadera lección de falta de ética médica, que he visto repetirse en distintas oportunidades, como cuando se dejaban criterios “flotando” para más tarde referir: “YO había sido el primero en señalarlo”, o “recuerden que lo DIJE al principio”, “YO lo mencioné cuando ME referí a sus posibilidades de tratamiento”, y otros ensalzamientos a la sapiencia que flotaban en el ambiente.
Cuando las miradas de todos convergieron en el viejo profesor, este se levantó y avanzando hacia los familiares con criterios de interrogatorio, conversó con el paciente y comprobó respuestas con la familia, revisó los signos clásicos y los complementarios. Habiendo concluido su examen, con modestia y voz adecuada expresó: “Como ustedes ven, estamos frente a un paciente de difícil diagnóstico y tratamiento, donde se han realizado indicaciones precisas sin lograr sus resultados”, lo que provocó un momento de profundo respiro y mirada del médico de asistencia a los familiares.
Mi profesor continuó: “El éxito del tratamiento y la conducta que sigamos depende de múltiples factores que se harán evidentes con la evolución controlada de su enfermedad”.
Fue entonces cuando mencionó lo que no he olvidado: “En casos semejantes nos ha dado buen resultado”. Él no dijo “yo le haría” o “según mi experiencia”, ni “yo habría indicado”, “habitualmente yo empleo”, u otros yoísmos posibles. Esos dos conceptos, en casos semejantes, me hicieron comprender que la enfermedad se manifiesta de distintas formas en los pacientes y que el éxito o fracaso del tratamiento indicado depende de la aplicación de procedimientos colectivos adaptados a la forma de presentarse.
Me percaté de que, al referirse a “nuestros resultados” estaba involucrando éxitos y fracasos que él había conocido y aplicado en su trabajo conjunto con otros profesionales. Me dije: “Esto es ética médica, de esperanza y realidad, muy apartada de improvisaciones, ya que está basada en el análisis y en experiencias que se han ido recogiendo durante años, de todos aquellos que nos han legado sus conocimientos y nos han hecho sus representantes en el cuidado y la curación de los pacientes”.
Tanto me impresionó aquella experiencia con el viejo profesor que todavía mis respuestas en la toma de decisiones, las enmarco en “hemos”, “nos”, “en nuestro grupo de trabajo”, “nosotros hicimos”… Por ello, démosle las gracias al inspirador de esta anécdota ético-médica de mi viejo profesor.»