Los pacientes que ya han sido diagnosticados con cáncer colorrectal no enfrentan un mayor riesgo de reaparición de la enfermedad o de muerte si comen carnes rojas o procesadas, sugiere un nuevo análisis de datos de ensayos prospectivos en Estados Unidos.
«Aunque nuestro estudio tiene limitaciones, estos hallazgos pueden informar el asesoramiento del paciente y el desarrollo de pautas dietéticas específicas para los sobrevivientes de cáncer», dijeron los autores.
Los resultados sugieren que está bien que los pacientes con cáncer colorrectal coman estos alimentos, lo que contrasta directamente con las recomendaciones actuales.
En la actualidad, tanto la American Cancer Society como el American Institute for Cancer Research/World Cancer Research Fund recomiendan a los sobrevivientes de cáncer que limiten su consumo de carnes rojas y procesadas.
Esto se basa en la asociación conocida entre el consumo de carne roja y procesada y un mayor riesgo de cáncer colorrectal. Esta asociación se confirmó una vez más recientemente, según lo informado por Medscape Noticias Médicas, pero la evidencia proviene de estudios en la población general.
En este último estudio, los investigadores observaron específicamente a las personas que ya habían sido diagnosticadas con cáncer colorrectal para determinar si la recomendación de evitar las carnes rojas y procesadas está justificada.
La investigación fue publicada en JAMA Network Open el 22 de febrero.
Erin L. Van Blarigan, doctora en ciencias, del Departamento de Epidemiología y Bioestadística de la University of California, en San Francisco, Estados Unidos, identificó 1011 pacientes con cáncer colorrectal en etapa III del ensayo Cancer and Leukemia Group B. La mediana de edad en el momento de la inscripción fue de 60 años, 44% de los participantes eran mujeres y 89% eran blancos.
Los participantes completaron un cuestionario validado de frecuencia de alimentos aproximadamente tres meses después del diagnóstico y nuevamente seis meses después de haber completado el tratamiento, o alrededor de 15 meses después del diagnóstico.
Además de la ingesta de carne roja y procesada, los investigadores evaluaron los comportamientos de salud, como el historial de tabaquismo, el uso de ácido acetilsalicílico, la actividad física y el uso de vitaminas y suplementos minerales.
Los pacientes con el mayor consumo de carne roja tenían más probabilidades que otros participantes de ser hombres y blancos, haber sido diagnosticados con cáncer en etapa T3 o T4, tener una enfermedad poco diferenciada o indiferenciada y tener una mediana de índice de masa corporal (IMC) más alto.
Aquellos con el mayor consumo de carne procesada tenían más probabilidades que otras personas de ser hombres y negros, fumadores actuales, tener una mediana de índice de masa corporal más alto y haber sido diagnosticados con enfermedad en etapa T3 o T4.
Durante una mediana de seguimiento de 6,6 años, hubo 81 recurrencias de cáncer colorrectal y 305 muertes.
El análisis multivariado mostró que no había asociación entre el consumo de carne roja o procesada después del diagnóstico de cáncer de colon y el riesgo de recurrencia de la enfermedad o mortalidad.
El hazard ratio para el riesgo de recurrencia en los cuartiles más altos frente a los más bajos del consumo de carne roja fue de 0,84, mientras que para la carne procesada fue de 1,05.
El riesgo de mortalidad por todas las causas fue similar, con un hazard ratio de 0,71 para los cuartiles más altos frente a los más bajos del consumo de carne roja y un hazard ratio de 1,04 para la carne procesada.
Los autores señalaron que su estudio fue observacional y examinó el comportamiento autoinformado, por lo que «no pueden descartar la posibilidad de factores de confusión no medidos o residuales».
Además, advirtieron que sus resultados «pueden no aplicarse» a los pacientes con cáncer colorrectal en etapas I a II o IV, y los datos disponibles no ofrecen información sobre «la ingesta de carne previa al diagnóstico ni sobre las prácticas de cocción de la carne».
La investigación recibió apoyo del National Cancer Institute de los National Institutes of Health de Estados Unidos. La investigación de Jeffrey A. Meyerhardt cuenta con el apoyo de los Douglas Gray Woodruff Chair Fund, Guo Shu Shi Fund, Anonymous Family Fund for Innovations in Colorectal Cancer, Project P fund y George Stone Family Foundation. Van Blarigan ha declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente. Meyerhardt tiene relación con Boston Biomedical, COTA Healthcare, Merck y Taiho Pharmaceutical. Otros autores declararon numerosas relaciones.
La internet de las cosas ha mantenido un crecimiento continuo en los últimos años. Las potencialidades de uso que muestra en diferentes campos han sido ampliamente documentadas. Su utilización efectiva en el campo de la salud puede traer consigo mejoras en la eficiencia de los tratamientos médicos, prevenir situaciones de riesgo, ayudar a elevar la calidad del servicio y proporcionar soporte a la toma de decisiones. La presente revisión profundiza en aspectos medulares de su utilización con el objetivo de explorar las principales tendencias y desafíos relacionados con la creciente utilización de la internet de las cosas en la salud, prestando mayor atención a los aspectos relacionados con las arquitecturas utilizadas para el despliegue de sistemas de internet de las cosas en ese ámbito, el manejo de la seguridad de estos sistemas y las herramientas para el apoyo a la toma de decisiones empleadas. Mediante el análisis documental se logra mostrar las principales características de estos sistemas, así como su arquitectura, herramientas utilizadas para la gestión de los datos capturados y mecanismos de seguridad. La utilización de la internet de las cosas en el campo de la salud tiene gran impacto, mejorando la vida de millones de personas en todo el mundo y brindando grandes oportunidades para el desarrollo de sistemas inteligentes de salud.
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En esta 13.ª entrega anual de la serie de artículos anuales ‘Antibodies to Watch’, se discuten eventos clave en el desarrollo de terapias comerciales de anticuerpos que ocurrieron en 2021 y se pronostican eventos que podrían ocurrir en 2022. La revisión regulatoria de terapias de anticuerpos dirigidas al SARS-CoV-2 avanzó a un ritmo sin precedentes en 2021, lo que resultó en autorizaciones de uso de emergencia y aprobaciones completas para sotrovimab, regdanvimab, REGEN-COV2, entre otros, en numerosos países. A partir del 1 de noviembre, un total de 11 tratamientos con anticuerpos recibieron las primeras aprobaciones en los Estados Unidos o la Unión Europea en 2021 (evinacumab, dostarlimab loncastuximab tesirina, amivantamab, aducanumab, tralokinumab, anifrolumab, bimekizumab, tisotumab vedotin, regdanvimab, REGEN- COV2). Sin embargo, las primeras aprobaciones globales de siete productos se otorgaron en otros lugares, incluidos Japón (pabinafusp alfa), China (disitamab vedotin, penpulimab, zimberelimab), Australia (sotrovimab, REGEN-COV2) o la República de Corea (regdanvimab). A nivel mundial, al menos 27 nuevas terapias de anticuerpos están siendo revisadas por agencias reguladoras. Se esperan las primeras acciones por parte de la Administración de Alimentos y Medicamentos sobre las solicitudes de licencias biológicas para faricimab, sutimlimab, tebentafusp, relatlimab, sintilimab, ublituximab y tezepelumab en el primer trimestre de 2022. Finalmente, los datos de este trabajo muestran que, con los anticuerpos para COVID-19 excluidos, la cartera clínica comercial de última etapa de terapias con anticuerpos creció más de un 30 % el año pasado. De aquellos en etapa avanzada de desarrollo, las aplicaciones de marketing para al menos 22 pueden presentarse para fines de 2022.


