Científica Informativa

La falla o insuficiencia auricular es «el nuevo síndrome que todo cardiólogo debe conocer»

La disfunción auricular, ampliamente considerada como marcador o consecuencia de otras enfermedades cardiacas, es una entidad clínica relevante, por lo que se justifica definir la falla o insuficiencia auricular como «un nuevo síndrome que todos los cardiólogos deberían conocer», señaló el Dr. Adrián Baranchuk, profesor de medicina en la Queen’s University, en Kingston, Canadá, durante el 48° Congreso Argentino de Cardiología (SAC) de 2022, celebrado en Buenos Aires del 20 al 22 de octubre.

«Las aurículas son como las hermanas bobas del corazón y pueden fallar como falla el ventrículo. Comprender su funcionamiento y disfunción nos ayuda a entender la insuficiencia cardiaca. Y como electrofisiólogos y cardiólogos clínicos tenemos que abrazar este concepto y entenderlo en profundidad», comentó a Medscape en español el Dr. Baranchuk, presidente electo de la Sociedad Interamericana de Cardiología (SIAC).

El especialista propuso por primera vez a la falla auricular como entidad o síndrome a comienzos de 2020, en un artículo en Journal of the American College of Cardiology (JACC) firmado con cuatro colaboradores, incluyendo a los experimentados doctores Eugene Braunwald, del Brigham and Woman’s Hospital, en Boston, Estados Unidos, y Antoni Bayés de Luna, Ph. D., del Departamento de Medicina de la Universitat Autònoma Barcelona, en Barcelona, España.

«En muchos pacientes con insuficiencia cardiaca la función de bomba está preservada, ¿pero qué produce la patología? Durante los últimos cinco a diez años la atención se enfocó en el ventrículo: si se contrae mal o si se contrae bien y se relaja mal. Sin embargo, también vimos pacientes en los que el ventrículo se contrae bien y se relaja bien. ¿Dónde más podemos mirar? Empezamos a poner nuestra mirada en la contracción de la aurícula, sobre todo en la aurícula izquierda», rememoró el Dr. Baranchuk.

La definición consensuada y propuesta por el Dr. Baranchuk y sus colaboradores de la falla o insuficiencia auricular es la siguiente: cualquier disfunción auricular (anatómica, mecánica, eléctrica y reológica, incluida la homeostasis de la sangre) que cause un deterioro del funcionamiento y los síntomas del corazón y un empeoramiento de la calidad de vida o la esperanza de vida, en ausencia de anomalías valvulares o ventriculares significativas.

En su exposición, grabada y proyectada por video desde Canadá, el Dr. Baranchuk señaló que hay dos grandes grupos de causas de la falla auricular: uno que tiene que ver con los trastornos eléctricos de la contracción auricular e interauricular y otro relacionado con el progresivo desarrollo de fibrosis, que va llevando a que exista una disincronía en la contracción interauricular, fallo de bomba y deterioro de la función auricular como reservorio y como conducto.

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Un programa de yoga virtual parece mejorar los síntomas del síndrome de intestino irritable, la fatiga y el estrés

Un programa de yoga en línea parece ser eficaz, factible y seguro para los pacientes con síndrome del intestino irritable, según un nuevo informe.

Los participantes informaron una disminución de los síntomas relacionados con el síndrome del intestino irritable, así como mejoras en la calidad de vida, la fatiga y el estrés percibido.

«El síndrome del intestino irritable afecta a más de 15% o 20% de la población norteamericana y, a pesar de nuestros avances en este campo, las opciones que podemos ofrecer a nuestros pacientes son muy escasas», dijo a Medscape Noticias Médicas la Dra. Maitreyi Raman, profesora asociada de medicina de la University of Calgary, en Calgary Canadá.

«A menudo nos centramos en tratar los síntomas, pero no abordamos la causa subyacente», afirmó la Dra. Raman, directora de la Colaboración de Excelencia para la Nutrición en Enfermedades Digestivas de Alberta. «Con los avances en torno al microbioma intestinal y la evolución de la ciencia sobre el eje cerebro-intestino, las intervenciones psicosomáticas podrían ofrecer una opción terapéutica que los pacientes pueden utilizar para mejorar el curso general de su enfermedad».

El estudio fue publicado en versión electrónica en la American Journal of Gastroenterology.

Programa de yoga en línea frente a asesoramiento exclusivo sobre el síndrome del intestino irritable

El síndrome del intestino irritable suele implicar alteraciones del eje intestino-cerebro y puede verse afectado por el estrés psicológico o fisiológico, afirmaron los autores del estudio. Anteriormente, se había descubierto que los programas presenciales de yoga podían controlar los síntomas del síndrome del intestino irritable y mejorar la salud fisiológica, psicológica y emocional.

Durante la pandemia de COVID-19, los programas de yoga tuvieron que cambiar a un formato virtual, un método de implementación que podía seguir teniendo relevancia debido a los limitados recursos de asistencia a la salud. Sin embargo, se desconocía la eficacia, la viabilidad y la seguridad del yoga virtual para personas con síndrome del intestino irritable.

La Dra. Raman y sus colegas llevaron a cabo un ensayo clínico aleatorizado, controlado y de dos grupos en la University of Calgary entre marzo de 2021 y diciembre de 2022. Los 79 participantes fueron asignados con enmascaramiento a uno de dos grupos del estudio: un programa de yoga en línea o un grupo de control de solo asesoramiento.

Los participantes elegibles tenían un diagnóstico de síndrome del intestino irritable, tenían una puntuación de al menos 75 de 500 puntos en la escala de gravedad de los síntomas del síndrome del intestino irritable (IBS-SSS) para la manifestación leve de la enfermedad y tomaban dosis estables de medicamentos para esta. Se les indicó que continuaran con sus tratamientos actuales durante el estudio, pero que no iniciaran nuevos medicamentos ni hicieran cambios importantes en su dieta o pautas físicas.

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Infodemia: claves para no tentarse y ejercer “el poder de ignorar”

Autor/a: Celina Abud Fuente: IntraMed

Si no sabemos para qué está programado algo, lo más probable es que nos esté programando a nosotros. Nuestros dispositivos inteligentes evolucionan más rápido que nuestra biología. (Team Human, Douglas Rushkoff)

La pandemia de COVID-19 surtió efectos más allá de lo biológico y, en algunos casos, fue una suerte de amplificador de fenómenos previos. Si bien está claro que los entornos digitales ya eran dominantes antes del SARS-CoV-2, el hecho de que con el confinamiento también pasaran a ser obligatorios hizo que las investigaciones sobre el mundo hiperconectado también crecieran y que se empezara a hablar cada vez más de “competencias” para manejarse dentro de la virtualidad.

Mucho se dijo sobre que los docentes debían adquirir “competencias” para dictar clases por videollamada y de la transformación que no sólo debía darse desde las máquinas, sino también desde las personas detrás de ellas. Estas habilidades tenían que ver con el saber. Sin embargo, ante un escenario en que las fake news contaron con un ambiente favorable para propagarse (incluso más que el virus) se empezó a hablar de “otras competencias” para protegerse de la desinformación, habilidades que en un principio podían sonar paradójicas, pero que no lo son: saber qué ignorar.

Bajo la premisa de que el mundo digital está construido artificialmente y moderado por herramientas algorítmicas (y gran parte de la información proviene de fuentes no examinadas) el estudio Critical Ignoring as a Core Competence for Digital Citizens (Ignorar críticamente como una competencia central para los ciudadanos digitales), publicado en Current Directions in Psychological Science (SAGE Journals) indica que la competencia de ignorar críticamente debe estar incluida dentro de la alfabetización en información digital.

Esto quedó evidenciado en un contexto en el que las informaciones engañosas encuentran un “caldo de cultivo” para propagarse incluso más que el virus (una pandemia por un patógeno desconocido, incertidumbre y sobreabundancia de información en distintas fuentes, entre ellas las redes sociales).

Poco tiempo atrás, en Argentina, una cadena de WhatsApp que hablaba sobre los síntomas de “la nueva variante del coronavirus COVID-Omicron XBB”, que supuestamente era “diferente, mortal y nada fácil de detectar”, fue desestimada por el Ministerio de Salud de la Nación, que pidió a la población informarse a través de sus canales tradicionales. Con todo, el mensaje se propagó por los mismos motivos que otro tipo  de lectores que ejercen la vigilancia epistémica podrían ignorarlo: terminaba con la frase “no guarde esta información para usted, compártala todo lo posible con otros familiares y amigos”.

Con esta frase, no se “alimenta” la necesidad de estar informado, sino de sentirse partícipe, una pieza necesaria para “desenmascarar” todo lo que en teoría se quiere “ocultar”. Es ahí donde la información engañosa y de baja calidad encuentra su llave de entrada y, según los autores del estudio, se vuelve “cognitivamente atractiva”.

De hecho, estos mensajes pueden ser comparables con la comida chatarra: sabemos que puede ser mala por su exceso de grasa, sal y azúcares, conocemos que no es nutritiva, pero cuando la consumimos queremos satisfacer otras ansias: la de ser sobreestimulados y buscar una recompensa a corto plazo, por más que no hayan beneficios futuros o, incluso, hasta daños. Si volvemos a la cadena de WhatsApp, muchas de las personas que comparten este tipo de mensajes incluso pueden sospechar de su “no veracidad”, pero igual los reenvían “por las dudas”. Porque ¿cómo perderse de la recompensa de desenmascarar una supuesta verdad que se mantiene en lo opaco?

También están quienes buscan reafirmar con estos mensajes sus propias creencias, premisa que tampoco escapa a los medios tradicionales, fuentes que históricamente se consideraban “más confiables” pero que hoy entran en crisis por la horizontalidad de la información.

En otro reciente trabajo publicado por Cambridge University Press, su autor, Daniel Williams postuló que los medios no son más que un mercado de racionalizaciones (de hecho, el trabajo se llama así, The marketplace of rationalizations). Es que por más que mantengan una ilusión de imparcialidad, terminan por ser un mercado de justificaciones para las ideas previas de los lectores que los eligen.

Más allá de las múltiples iniciativas de verificadores de hechos o fact checkers basados en las búsquedas horizontales para “ir al hueso” en los hechos (o en este caso, en la evidencia científica), ellas no  bastan para convencer por sí solas a quienes no quieren ser convencidos, si eso implica cambiar una conducta que puede tener un alto costo metabólico (como cuestionarse sus creencias previas). En este caso, se puede hablar de ignorancia motivada racional, es decir cuando el costo de adquirir un conocimiento supera los beneficios de poseerlo. Si volvemos a la comparación con la comida, tenemos la certeza que una pechuga de pollo sin piel con ensalada es saludable. Pero si queremos la hamburguesa con papas fritas, la vamos a seguir eligiendo, más allá de tener la información sobre su baja calidad nutricional.

¿Qué impacto tiene enumerar datos sin plantear una llegada que apunte a lo emocional, es decir, a las historias? Este debate puede darse o no en la sociedad, pero autores infieren que suele darse entre quienes manejan la información y buscan generar un determinado efecto en los receptores/ consumidores. En su libro The Age of Addiction (La era de la adicción), David Todd Courtwright habla de capitalismo límbico, al que describe como “un sistema empresarial tecnológicamente avanzado pero socialmente regresivo» en el que las industrias globales «fomentan el consumo excesivo y la adicción”.

Y sigue: “Lo hacen apuntando al sistema límbico, la parte del cerebro responsable de sentir y de reaccionar rápidamente, a diferencia del pensamiento desapasionado. Las vías del sistema límbico de las neuronas en red hacen posible que el placer, la motivación, la memoria a largo plazo y otras funciones vinculadas emocionalmente sean cruciales para la supervivencia. Paradójicamente, estos mismos circuitos neuronales hacen posibles ganancias de actividades que van en contra de la supervivencia, ya que las empresas han convertido la obra de la evolución en sus propios fines”.

Ahora volvamos al trabajo inicial sobre ignorar críticamente, en el que los autores postulan que la información engañosa y de baja calidad en línea puede captar la atención de las personas, a menudo provocando curiosidad, indignación o enojo. Y que resistirse a ciertos tipos de información y actores en línea requiere que las personas adopten nuevos hábitos mentales que los ayuden a evitar ser tentados por contenidos llamativos y potencialmente dañinos. En concreto para poder adquirir el poder de ignorar, es decir, ejercer la ignorancia crítica se revisaron tres estrategias cognitivas.

La primera de ella es el auto-empujón, en el que uno ignora las tentaciones eliminándolas de los entornos digitales. Esto aplica hacer cambios en el entorno para no ejercer una fuerza de voluntad sobrehumana. Algo así como una “dieta de información” al dejar fuera de nuestro alcance los chismes en línea o bloquear determinadas ventanas. Muy comparable a no comprar paquetes de galletitas dulces “por si vienen las visitas”.

La segunda estrategia analizada es la lectura lateral, en la se examina la información al constatar la fuente y al verificar su credibilidad en otros sitios en línea. Es la estrategia de los verificadores de hechos o fact checkers, buscar al autor, la organización de la que proviene la información y las afirmaciones en otros lugares diferentes.

La tercera es la heurística de no alimentar a los trolls, que aconseja no recompensar con atención a los actores malintencionados. A lo que refiere esta estrategia es ignorar activamente a las personas que emiten mensajes malintencionados o acuden al acoso en línea para intimidar o silenciar voces opuestas. A los trolls se los afronta ignorándolos, es decir, retirarles a estas personas la recompensa social negativa. Para su éxito, esta estrategia tiene dos reglas: la primera es no responder directamente a los trolls y la segunda es bloquearlos y reportarlos a la plataforma.

En 2012, mucho tiempo antes de que la mayoría de las personas conociera el significado de este término, el escritor y periodista argentino Nicolás Mavrakis publicó el libro de cuentos No alimenten al troll. El relato que le da título al volumen se construye a través de e-mails que un troll, desde una cuenta que no da pistas de su identidad, le escribe a Nicolás Mavrakis una suerte de confesión en la que narra lo fácil que es ejercer conductas dañinas en el entorno digital. De hecho, por sencillo y hasta por lúdico habla de los distintos sitios web (entre ellos los de noticias), como playgrounds para estos operadores. “Puedo derrumbar cualquier portal de noticas en tres días y cuatro minutos de trolling”, confiesa en un intercambio epistolar. Y agrega en otro e-mail, conciente de la horizontalidad de la información de estos tiempos: “No se trata de desinformar. Se trata de desterritorializar un terreno restringido a la necesidad de estar informado. Hacktivismo”.

Mavrakis anticipó desde la ficción un tema que hoy está en boca de teóricos y ciudadanos digitales. Ahondó en las motivaciones del troll y en por qué es tan irresistible contestar a sus provocaciones. Pero también en los intereses, corporativos u organizacionales detrás de estos agentes anómimos. En distintos mensajes al Mavrakis personaje, el troll escribió: “Un troll opera por vanidad. Necesita desmoronar el orden de cualquier comunidad digital para probar que existe”. “Un  troll no sabe que lo único que logra así es reafirmar la existencia del orden”. “¿Saben que esperan las corporaciones de nosotros? Esperan que nos transformemos en un comment de lo Real.” Y en referencia a quienes caen en sus provocaciones, el troll pidió: “No los culpen, son  respuestas automáticas a estímulos reales”.

Si volvemos a la pandemia, los autores que recomiendan ignorar críticamente, citaron ejemplos reales. Entre ellos están que “cerca del 65% del contenido antivacunas publicado en Facebook y Twitter entre febrero y marzo de 2021 se atribuye solo a 12 personas” (Center for Countering Digital Hate, 2021). Y también desenmascararon algunas tácticas, como que “los teóricos de la conspiración y los negacionistas tienen la estrategia de consumir la atención de la gente al crear la apariencia de un debate donde no existe” (Orestekes & Conway, 2011).

Y cerraron con una advertencia a modo de señal de alarma o red flag para sospechar de mensajes engañosos, muy comparable con las líneas finales de la apócrifa cadena de WhatsApp que circuló días atrás en Argentina, en las que se pedía a los lectores “mantener una comunicación vigilante” y no guardar la información, sino compartirla todo lo posible. Los autores del trabajo publicado en SAGE Journals concluyen: “En una era en la que la atención es la nueva moneda, la advertencia de ‘prestar mucha atención’ es precisamente lo que explotan los comerciantes de atención y los agentes malintencionados”.

Del contexto actual y de las recientes investigaciones, podemos desprender que protegernos de las noticias engañosas es posible, pero esa tarea demanda un esfuerzo. Porque aprender es cambiar las conductas. En esta columna brindamos y aplicamos información. Estará en cada lector tomarla o ignorarla deliberadamente.

Referencias:•Kozyreva, Anastasia; Wineburg, Sam; Hertwig, Ralph. Critical Ignoring as a Core Competence for Digital Citizens. Current Directions in Psychological Science (SAGE Journals), 2022, Nov 8.

•Williams, Daniel. The marketplace of rationalizations. Economics and Philosophy, Cambridge University Press, 2022, Mar 3.

• Courtwright, David Todd. The Age of Addiction: How Bad Habits Became Big Business, Belknap Press, 2019.

• Mavrakis, Nicolás. No alimenten al troll, Ed. Tamarisco, 2012

Tomado de Intramed.

A pesar del impacto continuado de la COVID-19, los casos de paludismo y las defunciones a causa de esta enfermedad se mantuvieron estables en 2021

Los nuevos datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) muestran que países de todo el mundo lograron en gran medida evitar que los servicios de prevención, detección y tratamiento del paludismo sufrieran contratiempos adicionales en 2021.

Según la edición de este año del Informe mundial sobre el paludismo, se estima que, en 2021, 619 000 personas murieron de esta enfermedad en todo el mundo, en comparación con las 625 000 víctimas en el primer año de la pandemia. En 2019, antes de que estallara la pandemia, el número de defunciones fue de 568 000.

Los casos de paludismo siguieron aumentando entre 2020 y 2021, aunque a un ritmo menor que entre 2019 y 2020. El cómputo mundial de casos de paludismo alcanzó los 247 millones en 2021, por 245 millones en 2020 y 232 millones en 2019.

«Tras un marcado aumento en el número de casos de paludismo y de defunciones debidas a esta enfermedad en el primer año de la pandemia de COVID-19, los países afectados por el paludismo redoblaron sus esfuerzos y pudieron mitigar las peores consecuencias que los trastornos relacionados con la COVID provocaron en los servicios relacionados con el paludismo,» declaró el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS. «Son numerosos los desafíos a los que nos enfrentamos, pero hay muchas razones para la esperanza. Con el fortalecimiento de la respuesta, y gracias a haber comprendido y mitigado los riesgos, creado resiliencia y acelerado la investigación, nos sobran los motivos para soñar con un futuro libre de paludismo.»

La clave para el éxito es un fuerte compromiso a nivel nacional

Los mosquiteros tratados con insecticidas son la principal herramienta para el control de vectores utilizada en la mayoría de los países donde el paludismo es endémico y, en 2020, los países distribuyeron una cantidad mayor de estos mosquiteros que en cualquier otro año sobre el que se poseen datos. En 2021, el reparto de mosquiteros tratados con insecticidas fue sólido en general y se situó en unos niveles similares a los de los años anteriores a la pandemia: de los 171 millones de mosquiteros que estaba previsto distribuir, se entregaron 128 millones (75%).

Sin embargo, ocho países (Benin, Eritrea, Indonesia, Islas Salomón, Nigeria, Tailandia, Uganda y Vanuatu) distribuyeron menos del 60% de sus mosquiteros tratados con insecticidas, y siete países (Botswana, Chad, Haití, India, Pakistán, República Centroafricana y Sierra Leone) no repartieron ninguno.

La quimioprofilaxis estacional del paludismo está recomendada para prevenir la enfermedad entre los niños que viven en zonas de África donde la transmisión del paludismo está muy ligada a la estación del año. En 2021, una nueva ampliación de esta intervención llegó a casi 45 millones de niños por ciclo de quimioprofilaxis estacional del paludismo en 15 países de África, un incremento importante en comparación con los 33,4 millones que se beneficiaron de esta quimioprofilaxis en 2020 y los 22,1 millones de 2019.

Al mismo tiempo, la mayoría de los países lograron mantener durante la pandemia su capacidad para la detección y el tratamiento del paludismo. A pesar de los desafíos logísticos y para la cadena de suministro que se vivieron durante la pandemia, en 2020 los países donde el paludismo es endémico distribuyeron a los centros de salud una cifra récord de pruebas de diagnóstico rápido. En 2021, los países entregaron 223 millones de pruebas de diagnóstico rápido, un nivel similar al notificado antes de la pandemia.

La politerapia con artemisinina es el tratamiento más eficaz en el caso del paludismo por P. falciparum. Los países donde el paludismo es endémico administraron cerca de 242 millones de dosis de la politerapia con artemisinina en todo el mundo en 2021 en comparación con los 239 millones de 2019.

Un cúmulo de amenazas que convergen y socavan los esfuerzos

A pesar de los éxitos, nuestros esfuerzos se enfrentan a muchos desafíos, particularmente en la Región de África, donde se concentraron alrededor del 95% de los casos y del 96% de las defunciones a nivel mundial en 2021.

Entre las amenazas a la respuesta mundial contra el paludismo cabe destacar los trastornos acontecidos durante la pandemia y las distintas crisis humanitarias que convergen, los desafíos para los sistemas de salud, la financiación limitada, el aumento de las amenazas biológicas y un descenso en la eficacia de las herramientas básicas para abordar las enfermedades.

«A pesar de los progresos, la Región de África sigue siendo la más afectada por esta enfermedad mortal,» declaró la Dra. Matshidiso Moeti, Directora Regional de la OMS para África. «Necesitamos urgentemente nuevas herramientas, y la financiación que permita desplegarlas, para ayudarnos a derrotar al paludismo.»

El total de fondos destinados a combatir el paludismo en 2021 ascendió a US$ 3500 millones, una cifra que, si bien es superior a la de los dos años anteriores, está muy por debajo de los US$ 7300 millones que se estiman necesarios para seguir avanzando en el objetivo de acabar con el paludismo.

Al mismo tiempo, la pérdida de eficacia de los instrumentos básicos para el control del paludismo, sobre todo los mosquiteros tratados con insecticidas, impide continuar progresando en la lucha contra el paludismo. Las amenazas que pesan sobre esta herramienta clave de prevención incluyen la resistencia a los insecticidas; un acceso insuficiente; la pérdida de mosquiteros tratados con insecticidas dado que el ritmo al que se usan en el día a día no permite sustituirlos a la misma velocidad, y cambios en el comportamiento de los mosquitos, que parecen picar antes de que las personas se acuesten y descansar al aire libre, evitando así la exposición a los insecticidas.

Existen otros riesgos que también van en aumento, como las mutaciones de los parásitos que inciden en el rendimiento de las pruebas de diagnóstico rápido; una mayor resistencia de los parásitos a los medicamentos utilizados para tratar el paludismo, y la invasión en África de un mosquito adaptado a las zonas urbanas que es resistente a muchos de los insecticidas empleados en la actualidad.

Oportunidades clave para acelerar los progresos

La OMS ha puesto en marcha recientemente dos estrategias a fin de apoyar a los países del continente africano en el establecimiento de una respuesta más resiliente al paludismo: una estrategia para frenar la resistencia a los medicamentos antipalúdicos (en inglés) y una iniciativa para detener la propagación del Anopheles stephensi (en inglés), un vector del paludismo. Además, un nuevo marco mundial (en inglés) para responder al paludismo en las zonas urbanas, elaborado conjuntamente por la OMS y ONU-Hábitat, proporciona orientaciones a los líderes municipales y a las partes interesadas en la esfera del paludismo.

Entretanto, está lista una sólida línea de investigación y desarrollo que permitirá incorporar una nueva generación de instrumentos para el control del paludismo que podrían ayudar a acelerar los avances para la consecución de las metas mundiales.

Las oportunidades clave incluyen mosquiteros de larga duración con nuevas combinaciones de insecticidas y otras innovaciones en el terreno del control de vectores, como cebos específicos que atraen a los mosquitos, repelentes nebulizables e intervenciones de ingeniería genética con los mosquitos. También se están desarrollando nuevas pruebas diagnósticas, así como medicamentos de próxima generación que salvan vidas para responder a la resistencia a los medicamentos antipalúdicos.

A partir de finales de 2023, se espera además que millones de niños que viven en las zonas en las que el riesgo de contraer el paludismo y morir de esa enfermedad es más alto se beneficien de los efectos salvadores de la primera vacuna antipalúdica mundial, la RTS,S. Otras vacunas contra el paludismo se encuentran en fase de desarrollo.

Según el informe, estas oportunidades solo podrán aprovecharse plenamente si se intensifican los esfuerzos para garantizar que nadie se quede atrás. Los países donde el paludismo es endémico deben seguir fortaleciendo sus sistemas de salud, basándose en un enfoque de atención primaria de la salud, a fin de garantizar el acceso a servicios e intervenciones de calidad para todas las personas que los necesiten.

Las comorbilidades marcan el pronóstico de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y actúan de forma recíproca

El estricto control de las comorbilidades en pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica disminuye las exacerbaciones, la morbimortalidad y evita los reingresos. Cada vez hay más mujeres con la enfermedad, que cursa de forma diferente a la de los hombres e incluso tiene comorbilidades distintas.

«Las comorbilidades en los pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica son más frecuentes en adultos mayores, aquellos con una enfermedad pulmonar más avanzada y en los hospitalizados por una exacerbación aguda». Se han descrito hasta 73 comorbilidades asociadas a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, señaló la Dra. Belén Alonso, coordinadora del Grupo de Trabajo EPOC de la Sociedad Española de Medicina Interna en su presentación en la mesa Comorbilidades en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que tuvo lugar en el transcurso del 43 Congreso de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), celebrado en Gijón.

Según recoge la nota de prensa de la sociedad científica, la moderadora, Dra. María Gómez Antúnez, señaló:[1] «El abordaje y tratamiento correcto de estas comorbilidades resultan fundamentales para mejorar la calidad de vida del paciente, disminuir las exacerbaciones, evitar reingresos y disminuir la morbimortalidad de las personas con enfermedad pulmonar obstructiva crónica».

Los diferentes trabajos publicados, dos de ellos por el Grupo de Trabajo EPOC de la SEMI (estudios ECCO y ESMI), indican que las principales comorbilidades de los pacientes con dicha neumopatía son: hipertensión arterial, dislipidemia, diabetes, insuficiencia cardiaca, fibrilación auricular, cardiopatía isquémica, enfermedad renal crónica, enfermedad arterial periférica y osteoporosis. Son menos frecuentes, hepatopatía crónica, neoplasia pulmonar, depresión o enfermedad cerebrovascular.

Hasta 73 comorbilidades descritas

La Dra. Alonso manifestó a Medscape en español: «De esas 73 comorbilidades, algunas menos conocidas o que llaman más la atención son los trastornos del sueño, según una ponencia que trajimos a la mesa, que incluyen desde insomnio, pesadillas, terrores nocturnos, apneas o hipopneas del sueño. Otras menos conocidas relacionadas con el deterioro cognitivo, con series que reflejan que hasta 60% puede tener algún grado de dicho deterioro, tienen que ver con fase de la enfermedad, hipoxemia o grado de inflamación. Por otro lado, también se ha relacionado con enfermedad de Parkinson y reflujo gastroesofágico, entre muchas otras que salen de la esfera cardiovascular».

Algún trabajo refleja que más de 78% de pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica tiene una comorbilidad asociada, casi 69% tiene dos y 47,9% tiene tres.[2]

«En función del sexo, las comorbilidades son diferentes; en mujeres está bien observado que ansiedad, depresión y osteoporosis son más habituales, sin embargo, hipertensión, cardiopatía isquémica y diabetes son más habituales en hombres con enfermedad pulmonar obstructiva crónica», indicó.

«La enfermedad pulmonar en cuestión cursa también de manera diferente en hombres y mujeres, en estas debuta a edades más tempranas (entre 40 y 50 años, en hombres a partir de los 50); asimismo, parece que la enfermedad evoluciona más rápidamente, lo que incide en una peor calidad de vida, ya que toleran peor la disnea, lo que excede las diferencias anatómicas, donde el influjo hormonal juega un papel preponderante», recalcó la Dra. Alonso.

Importancia pronóstica recíproca

La Dra. Alonso señaló: «La importancia pronóstica de las comorbilidades en la enfermedad es recíproca, es decir, que si hay comorbilidades que no buscamos ni tratamos van a tener una influencia negativa en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, que progresa más y eleva el riesgo de exacerbaciones (factor pronóstico más importante de esta enfermedad). A su vez, si no estamos tratando bien la enfermedad, no solo farmacológicamente, tendrá repercusiones negativas en las comorbilidades, pudiendo progresar y tener connotaciones negativas, como una diabetes o una cardiopatía isquémica».

Los estudios mencionados ECCO y ESMI incluyen a pacientes de medicina interna con exacerbaciones donde se ha hecho un mapeo por comorbilidades más habituales, aunque también hay amplia bibliografía de comorbilidades de pacientes que ingresan en otros servicios ajenos a medicina interna. «En cuanto a implicaciones pronósticas, nuestro grupo de trabajo observó muy claramente las comorbilidades y el comorbidoma, ese sistema solar que aparece tanto en los congresos y foros médicos, que implica que la mayor cercanía con el centro de ese sistema solar se relaciona más con mortalidad, ansiedad, depresión, cáncer de mama; otras patologías, como cardiopatía isquémica o dislipidemia, quedan fuera de ese territorio de mayor riesgo, en el cual hemos sido más pioneros que otros grupos», destacó la especialista.[3]

La tendencia actual es que la edad de estos pacientes está aumentando, cada vez hay más mujeres que presentan esta patología. Según el último informe del Ministerio de Sanidad sobre las enfermedades respiratorias, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica en población de 40 años y más se sitúa en 33,9 casos por cada 1.000 habitantes, siendo más del doble en hombres que en mujeres (47,7 frente a 21,3). La prevalencia aumenta con la edad a partir de los 40 años de forma progresiva hasta alcanzar la mayor frecuencia en el grupo de edad de 80 a 84 años.

En el año 2019 los fallecimientos por enfermedad pulmonar obstructiva crónica en nuestro país fueron de 13.808 (9.907 en hombres y 3.901 en mujeres), con una tasa bruta de mortalidad de 29,3 defunciones por 100.000 habitantes, habiendo descendido respecto a 2018. La enfermedad pulmonar obstructiva crónica causa 2,5 veces más defunciones en hombres que en mujeres. Desde el año 2001 hasta 2019 hay una tendencia descendente de la mortalidad por dicha patología tanto en hombres como en mujeres, disminuyendo 43%: en varones casi 50% y en mujeres 33%.

Muy prevalente el síndrome de superposición

El Dr. Javier Sánchez Lora, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, expuso el tema de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y los trastornos del sueño; concretamente el síndrome de superposición (overlap): enfermedad pulmonar obstructiva crónica más apnea obstructiva del sueño, que según el documento internacional de consenso de apnea obstructiva del sueño debe tener un índice de apneas-hipopneas (IAH) igual o mayor a 15 por hora o bien igual o mayor de 5, con uno o más de los siguientes factores: excesiva somnolencia diurna, sueño no reparador, cansancio excesivo y deterioro de la calidad de vida relacionada con el sueño y no justificada por otras causas.[4]

«El síndrome [de superposición] afecta a 3% a 66% de las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y a 7% a 55% de apnea obstructiva del sueño», destacó. Este síndrome tiene efectos importantes en diferentes sistemas, a nivel cardiovascular (hipertensión arterial y pulmonar, insuficiencia cardiaca, ictus, arritmias, cardiopatía isquémica, tromboembolismo pulmonar), efectos metabólicos (resistencia a la insulina, diabetes, síndrome metabólico), efectos neurocognitivos (demencia, depresión) y neoplásicos (pulmón, páncreas, esófago).

«Estos pacientes tienen un peor pronóstico que los que tienen esas patologías de forma aislada. Durante el sueño padecen episodios de desaturación de oxígeno más frecuentemente y tienen un mayor periodo total de sueño con hipoxemia e hipercapnia que aquellos con apnea obstructiva aislada sin enfermedad pulmonar obstructiva crónica», expuso el Dr. Sánchez.

Los eventos apneicos de pacientes con el síndrome tienen una hipoxemia más profunda y más arritmias, además de ser más susceptibles a desarrollar hipertensión pulmonar que los que tienen enfermedad pulmonar obstructiva crónica o apnea del sueño solamente. «La buena noticia es que en los pacientes con overlap el empleo de ventilación con presión positiva reducen todas las causas de hospitalización y las visitas a urgencias, así como las exacerbaciones moderadas y graves de la enfermedad».

El Dr. Sánchez se refirió a una serie de recomendaciones en la práctica clínica para diagnóstico y tratamiento del síndrome de superposición: cribado, terapia combinada de medidas higienico-dietéticas y el uso de la presión respiratoria positiva continua. La oxigenoterapia para corregir las desaturaciones nocturnas aisladas no ha demostrado beneficios en la sobrevida, si bien puede realizarse un ensayo de beneficio de síntomas atribuibles a hipoxemia nocturna en pacientes con comorbilidad significativa.

Infradiagnóstico de una enfermedad multisistémica y asignaturas pendientes

«En la mesa también se habló de la importancia de que desde la medicina interna hagamos un esfuerzo para reducir el infradiagnóstico de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y de sus comorbilidades. Los especialistas en medicina interna tienen que tomar conciencia de que esta patología no es solamente pulmonar, sino multisistémica, compleja, heterogénea y muy variable hasta en un mismo paciente».

La Dra. Alonso señaló: «En lo importante que es diagnosticar esta enfermedad seguimos con un infradiagnóstico mayor de 70% para varones y de 80% para mujeres y en segundo lugar, hay que hacer una búsqueda activa de comorbilidades asociadas a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, incluso aprovechando el ingreso de estos pacientes con las exacerbaciones que son una circunstancia habitual no deseada».

«En cuanto a ensayos en marcha, tenemos un estudio que nos llegó en plena pandemia de COVID-19: ADEG-EPOC, que tiene que ver con la adecuación y el impacto de las exacerbaciones graves y muy graves en los pacientes que ingresan en nuestros servicios», indicó la especialista.

«También desde el grupo estamos pendientes de publicar un tratado actualizado, que ya hicimos en 2014, sobre las comorbilidades más frecuentes e importantes asociadas a la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, donde hablamos de las 20 más importantes». Además de un capítulo adicional sobre el tratamiento actualizado a las últimas novedades de la Guía Gold 2023, que apareció en noviembre, aprovechando el mes de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y se publicará de forma inminente.

Tomado de Medscape noticias

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