El Dr. Julio Teja Pérez se desempeñó como Ministro de Salud Pública de Cuba entre los años 1985 y 1995. Fue testigo excepcional del entusiasmo del Comandante en Jefe Fidel Castro por materializar logros en este sector. Y uno de ellos fue la implementación del Programa del Médico y la Enfermera de la Familia, una obra de la que se debatirá ampliamente a partir del 1.º de noviembre en el Palacio de Convenciones de la capital cubana, a propósito de celebrarse el III Congreso Nacional de Medicina Familiar.
Previo al evento, el Dr. Teja nos recibe con la misma mirada verde y transparente que debió haberle puesto encima, allá por 1983 a Fidel, cuando este le llamó para hablar de cómo en los países más desarrollados del mundo toda la población tenía acceso a servicios de salud de un modo más cercano que en un hospital o un policlínico.
«Me admiraba que él supiera tanto de la medicina familiar en otras naciones y su sensibilidad para con las embarazadas, los niños y las personas con discapacidad, con cuya atención ciertamente había dificultades aquí».
«Nos pidió entonces 10 de los mejores médicos de Lawton, una comunidad que para él se parecía bastante a gran parte del resto del país. Y empezamos el experimento. Su idea era que cada binomio de galeno y enfermera atendiera 120 familias. Y así fue».
«Fidel tenía la certeza de que todo lo que estábamos organizando iba a elevar la calidad de vida del pueblo», -comenta Teja, y se detiene en anécdotas que lo confirman.
Con la humildad y la sencillez que le acompañan a sus 86 años, rememora las veces que decidía quedarse a dormir en su oficina del Ministerio de Salud, para estar cerca cada vez que en horas de la madrugada tenía que acudir al llamado del Comandante.
«Fidel se reunía una y otra vez con los médicos y enfermeras que, tanto en Lawton como en el Policlínico Plaza (hoy Cosme Ordóñez), iniciaban el programa. Iba a verlos, los mandaba a buscar al Palacio de la Revolución, se obsesionó con que este modelo de atención primaria beneficiara integralmente a todas las familias cubanas».
«Por eso es tan importante mantener sus principios fundacionales, y perfeccionarlo de acuerdo al actual contexto», -dice Teja, y se me acerca como para que no deje de escucharle ni una sola sílaba-» Fidel siempre tuvo una confianza infinita en los médicos y enfermeras de la familia».
Por: Mylenys Torres
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