Trabajo periodístico

Instituto de Neurología y Neurocirugía iniciará consulta integral para pacientes con dolencias post-Chikungunya

Este lunes 22 de diciembre, a partir de las 9:00 a.m., el Instituto de Neurología y Neurocirugía comenzará una consulta especializada para la atención de pacientes con dolencias post-chikungunya, fundamentalmente aquellas asociadas a dolor neuropático, dolores articulares y parestesias.

Según explicó el director de la institución, Dr. Orestes López Piloto, se trata de una experiencia sin precedentes en el país, concebida para brindar una atención integral, que incluye evaluación médica especializada, estudios imagenológicos, fisioterapia e intervención para el alivio del dolor cuando sea necesario.

Las consultas estarán rectorizadas por un equipo multidisciplinario integrado por neurólogos, neurocirujanos, anestesiólogos y fisioterapeutas, en correspondencia con la situación epidemiológica actual y las necesidades de la población.

Durante la atención se evaluará de manera individual a cada paciente y, de acuerdo con el criterio clínico, se realizarán estudios tomográficos, ultrasonidos y otros procederes diagnósticos. En los casos que lo requieran, se aplicarán intervenciones anestésicas para el control del dolor, así como tratamientos fisioterapéuticos dirigidos a mejorar la calidad de vida y la recuperación funcional.

El Dr. Orestes subrayó que, aunque no se conoce con exactitud el número de pacientes que acudirán a la consulta, la institución está preparada para asumir la atención, como parte del compromiso del Ministerio de Salud Pública y su red hospitalaria con el cuidado integral de la población.

“La fortaleza de nuestro sistema de salud nos permite organizar este tipo de respuesta, con el objetivo de contribuir a la recuperación de las personas y facilitar su reincorporación a las actividades habituales y laborales”, afirmó.

Taller Nacional de Urgencias y Emergencias Médicas promueve la integración del sistema de respuesta en Cuba

Con el objetivo de fortalecer la integración del Sistema Nacional de Urgencias y Emergencias Médicas, se desarrolló en el Hospital Clínico Quirúrgico «Hermanos Ameijeiras» el Taller Nacional de Urgencias y Emergencias Médicas, que reunió a diversos actores vinculados a la respuesta ante situaciones críticas en el país.

El evento estuvo dirigido a retomar y revitalizar el trabajo integrado en equipos de respuesta, desde la Atención Primaria de Salud hasta los servicios hospitalarios de Urgencias y Atención al Grave, incluyendo la articulación con la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), Bomberos, Cruz Roja, Servicios Médicos de Ambulancias y otros organismos implicados en la atención prehospitalaria y hospitalaria.

Participaron médicos intensivistas, licenciados en enfermería, paramédicos, bomberos y voluntarios de la Cruz Roja, procedentes de siete provincias del país, aunque la convocatoria estuvo abierta a nivel nacional. El taller constituyó un espacio para el intercambio de experiencias y la actualización de contenidos sobre los principales escenarios de urgencias y emergencias que enfrenta el sistema de salud cubano.

Según declaró a Infomed la Directora Emergencia Nacional en el MINSAP Dra. Tania Torres la cita permitió revitalizar la integración de todos los actores que intervienen en la respuesta ante urgencias y emergencias y fortalecer la articulación del sistema, desde la atención primaria hasta los servicios hospitalarios especializados.

Sistema integrado de urgencias médicas

Sistema integrado de urgencias médicas

Sistema integrado de urgencias médicasSistema integrado de urgencias médicas

Sistema integrado de urgencias médicas

Sistema integrado de urgencias médicas

Docte Yuly: la doctora que cura también con la fe

Allá en Majibacoa, donde el central respira como un gigante dormido, algunas niñas nacen tocadas por la fe. Y cuando ponen sus manos sobre algo, aunque sea un geranio triste o un pequeño con fiebre, lo que tocan empieza a mejorar.

A Yulianela le pasó así desde pequeña. Su abuela materna, la que le enseñó a creer en Dios como quien aprende a caminar, decía que ella tenía un don:

“Esta niña va para doctora, porque cura hasta con la mirada.”

Hoy esa predicción es verdad.

Viajó con ella intacta desde su noble municipio en la oriental provincia de Las Tunas hasta Haití.

En su primera misión, después de 14 meses de entrega, Yuly mezcla ciencia, fe y ternura sin que se note dónde empieza una y termina la otra.

—Doctora, ¿por qué cree que le tienen en tan alta estima?

Ella baja un poco la mirada, como si la humildad le pesara en las pestañas.

—Imagino que porque cumplo con las tareas, doy todo, y eso genera confianza, dice.

Aquí la llaman “Docte Yuly”, porque Yulianela Morales Pérez les parece un nombre muy largo para tanto cariño.
La nombran así desde su primer hospital en Anse-à-Veau, donde trabajó once meses. Allí lloraron cuando la trasladaron. Y ella también.

Ahora está en el Hospital Comunitario de Referencia Lasile, en el Departamento Nippes.

Trabaja en una consulta comunitaria que intenta reproducir, con orgullo y fidelidad, el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia ideado por Fidel.

—Aquí hacemos lo mismo que en Cuba —explica—. Salimos al terreno, pesquisamos, educamos. La gente nos recibe con un amor inmenso.

Los haitianos lo dicen sin rodeos: “Los médicos cubanos son nuestros hermanos.”

El país que duele y enseña

Haití es un contraste constante. Aquí los niños van a la escuela desde los 3 años y les enseñan cuatro idiomas.
Hay personas de una inteligencia sorprendente, pero la mayoría carga la pobreza como un cielo muy pesado sobre los hombros.

—Lo que más disfruto es interactuar con ellos —cuenta Yuly—. Aprender todos los días. Sentir como agradecen.
Ofrece charlas educativas sobre fiebre tifoidea, paludismo, arbovirosis, VIH, sepsis vaginales, hipertensión, diabetes y los malos hábitos que les complican la vida.

La fe y la familia que la sostienen

La doctora Yuly no camina sola. La acompaña Dios y los buenos sentimientos de toda su familia.

Tiene dos hijos: uno de 15 y otro de 9.

Hace poco se enfermaron con un virus y ella vivió la impotencia desde la distancia.

—Es lo más duro de esta misión —confiesa—. No poder estar ahí cuando se enferman. Pero tenemos buena comunicación y sé que mis padres les cuidan con el mayor esmero del mundo.

Ellos soñaban con verla doctora, y les cumplió.

—¿Repetiría esta experiencia?

Su respuesta sale sin titubeos.

—Sí. A pesar de todo, es una experiencia maravillosa. Es una vida de sacrificio, pero es bella.

Incluso sueña con que alguno de sus hijos, tal vez el mayor, un día la acompañe en este camino de servir a otros.

Cuentan en Haití que cuando Docte Yuly pasa, el aire cambia de ritmo, como si reconociera a alguien capaz de ponerle orden a las heridas de toda la comunidad.

Y dicen que el día en que regrese a Majibacoa —esa tierra donde el ingenio respira y las abuelas son oráculos— aquí quedará su nombre flotando, como una bendición sobre los techos.

Porque basta escucharla hablar para saber que algunas personas no andan: acontecen. Y Yuly es de esas.

Docte Yuly

Docte Yuly

Docte Yuly

Docte YulyDocte Yuly

 

En Antigua y Barbuda: la ruta de un enfermero cubano

Dicen que en Antigua y Barbuda el mar tiene memoria, que cuando amanece deja en la orilla mensajes escritos con espuma para quienes saben leerlos. Luis Enrique Leyva Vázquez comprendió eso desde que llegó como enfermero al servicio de hemodiálisis del Hospital Sir Lester Bird. Supo entonces que no estaba en una isla cualquiera, sino en un territorio donde la realidad camina tan cerca de la magia que a veces se rozan los límites.

Su función durante los últimos tres años ha sido atender a pacientes dependientes del ritmo constante de máquinas que suenan como caracolas eléctricas. Cada uno, sin saberlo, le devuelve un cariño que viene de lejos: del recuerdo de los enfermeros cubanos que llegaron en el 2000 … su formación profesional y humana. De cada sitio guardó un gesto, un rostro, una lección. Como si cada país fuera un capítulo distinto de un mismo libro de fe y servicio.

Pero de todos los caminos recorridos, ninguno como La Pradera, ese lugar al que siempre regresa para confirmar que la salud —como la magia— es un acto de fe.

Uno cree, y entonces funciona.

Quizás por eso hoy, en Antigua y Barbuda, cuando el mar deja sus mensajes en la arena, «Kike» sabe que también le habla a él.

Por Mylenys Torres Labrada

Luis Enrique Leyva Vázquez

Colaboración en Antigua y Barbudas

 

Colaboración Antigua y Barbudas

 

Sanar después del huracán: historias de la brigada de salud mental en Granma

Después del paso devastador del huracán Melissa, la provincia cubana de Granma quedó herida en muchos sentidos: casas destruidas, caminos anegados y familias que aún no podían dormir tranquilas. En medio de esa realidad nació una misión urgente: acompañar emocionalmente a quienes más habían sufrido.

Por eso llegó hasta allí la Brigada de Salud Mental, un pequeño equipo convocado por el Ministerio de Salud Pública, armado solo con su experiencia, colores, juegos y una enorme capacidad de ternura. Su propósito era simple y profundo: devolver calma, sostén y alegría a niños, adolescentes y adultos que enfrentaban las secuelas invisibles del desastre.

A bordo viajaban la Dra. Tania Adriana Peón Valdés, especialista en Psiquiatría Infantil de La Habana; el Dr. Julio César González Aguilera, especialista en Psiquiatría de Villa Clara; los psicólogos espirituanos Denise Cedeño y Elieser Sánchez; y Alba Rosa Zamora, licenciada en Rehabilitación social y ocupacional, integrante del Contingente de trabajadores sociales en la capital. A ellos se unieron psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales de Granma, y juntos formaron un equipo sin más escudo que su humanidad, sin más herramientas que colores, pelotas, títeres y materiales donados por UNICEF; y sin más certeza que una: la gente necesitaba algo más que alimentos y techos. Necesitaba abrazos.

El Recreo: el día en que la infancia volvió a reír

En El Recreo, una comunidad que parecía suspendida en un silencio más profundo que el lodo, los niños llegaron primero de dos en dos, luego en grupos, y terminó en un estallido de vida: 116 niños, adolescentes, madres y abuelos jugando, pintando, hablando, abrazándose.

“La alegría se convirtió en herramienta de sanación”, recuerda la Dra. Tania Adriana Peón Valdés. Hubo dinámicas grupales, historias compartidas, llantos que se desarmaron en risas y una sesión de abrazos que devolvió al cuerpo un lenguaje que el miedo había silenciado.

Guamo: donde la vida se reconstruye

En Guamo, la brigada encontró un pueblo que todavía olía a susto. Los adolescentes narraron cómo, durante la evacuación, el tren que los trasladaba sufrió un descenso brusco en la vía férrea. Muchos vivieron ese momento como una frontera entre la vida y la muerte, y aún cargaban el temblor en la voz.

“La resiliencia de esos muchachos es fantástica”, cuenta Tania. Allí trabajaron por separado con adolescentes, mujeres —a través de psicodrama— y adultos mayores. Cada grupo tenía su idioma emocional; cada uno, una herida distinta. Pero en todos nació un mismo milagro: la voluntad de seguir adelante.

Malacó: el derecho sagrado al juego

En Malacó, Río Cauto, descubrieron otra herida silenciosa: la ausencia del juego. No del juguete, sino del acto mismo de jugar. La brigada lo recuperó. Dibujar, correr, inventar cuentos, construir mundos con papeles de colores… cada risa era una grieta abierta en la tristeza.

UNICEF los ha apoyado con materiales que parecían luz embotellada; en manos de los niños, esa luz se ha transformado en cometas, castillos de cartón, pinturas que devuelven color a las comunidades.
“El juego es un derecho”, repiten los especialistas. “Incluso cuando la vida se vuelve emergencia.”

La Jatía, en Jiguani: escuchar para sanar

Cerca de Dos Ríos, justo donde el Contramaestre y el Cauto se abrazan, y donde sus crecidas arrasaron con tantos bienes, la brigada hizo terapia, tejió resiliencias, escuchó silencios y palabras que necesitaban salir. En la escuela primaria “Ángel Perfecto de la Guardia Bello”, los niños compartieron emociones y vivencias mientras las actividades devolvían alegría y confianza.

En las viviendas, las familias narraron sus miedos y pérdidas; juntos se reflexionó sobre la solidaridad que los ha sostenido.

Este acompañamiento busca atender las necesidades emocionales inmediatas, sí, pero también sembrar esperanza y fortalecer los lazos comunitarios.

Las rutas invisibles: más de 20 comunidades tocadas por la esperanza

En un mes, la brigada ha llegado a más de 20 comunidades, muchas intrincadas, algunas casi escondidas entre barrancos y ríos. El Gobierno y las autoridades locales les ha apoyado con una guagua Diana o con un camión, cuando los caminos parecen pruebas de fe.

También han acompañado a los policlínicos más afectados, donde médicos, enfermeras y técnicos —agotados tras días sin descanso— hasta han roto a llorar durante las dinámicas grupales. Tania ha cuidado de su equipo con rigor: vitaminas diarias, higiene extrema, protección constante.

“A mi brigada la devuelvo sin enfermarse con el virus”, repite como un conjuro.

El amor como metodología

A fuerza de andar, la brigada creó su propia ciencia: una metodología basada en el abrazo, la escucha y el reconocimiento de fortalezas.

No es un manual, es una convicción. Comprender que no iban solo a mitigar traumas, sino a recordarles a las personas que Cuba, incluso en la tragedia, guarda una reserva infinita de ternura.

Lo que queda después del huracán

Con las clases reiniciadas y la vida intentando acomodarse de nuevo, la brigada sigue allí: en cada sitio donde alguien susurra: “yo también necesito que me escuchen.

Trabajamos en las escuelas, los maestros nos dan pasos felices …en las comunidades más aisladas son sólo 25 o 30 niños… en otras más, por ejemplo, en GUAMO…

Ha sido una experiencia sublime —dice Tania—. Hemos aprendido muchísimo. Es muy gratificante lo que recibimos de las personas… nos agradecen profundamente, hasta nos dicen que fue Dios el que nos puso en esos lugares… y al terminar: ¿la frase fija «cuándo vuelven?, y uno siente que no puede irse del todo”.

Y tal vez por eso, cuando se les ve avanzar, entre casas todavía mojadas y árboles torcidos, uno comprende que su historia es más larga que la del propio huracán.

Porque la recuperación material es necesaria, sí, pero hay otra que solo es posible cuando alguien llega, te toma la mano y te dice: aquí estoy.

Y entonces ocurre el prodigio: después del desastre, la vida vuelve a nacer.

Por: Mylenys Torres Labrada.

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