Colaboración

Fortalecimiento de capacidades I+D+i de la industria biotecnológica y farmacéutica de Cuba

El impulso a la investigación, el desarrollo y la producción de medicamentos esenciales es clave para una respuesta oportuna ante pandemias y enfermedades.

El proyecto Biotecnología I+D+i se propone fortalecer las capacidades de la industria biotecnológica y farmacéutica cubana para el desarrollo de productos seguros y eficaces para las enfermedades más frecuentes.

Es implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en alianza con CIGB Mariel-BioCubaFarma y la Universidad de La Habana (UH), con el apoyo financiero de la Unión Europea.


A partir de la implementación del proyecto se espera:

  • Facilitar ensayos clínicos para el desarrollo de terapias innovadoras
  • Incrementar las acciones de capacitación anuales de personal científico y académico
  • Facilitar el desarrollo de formulaciones farmacéuticas para atender prioridades de la población cubana
  • Contribuir con la disponibilidad de recursos biotecnológicos y farmacéuticos para proveer servicios de salud a la población

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En Botsuana, un médico cubano puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte

Dr. Pablo R. Betancourt

Entrevista al Dr. Pablo R. Betancourt, jefe de la Brigada Médica Cubana en Botsuana.

– Doctor, ¿qué significa para la población botsuana la presencia de un especialista cubano?
“Un especialista cubano puede ser la diferencia entre la vida o la muerte para muchos botsuanos. Cuando hablamos de 20 o 25 vidas salvadas cada mes, no son metas ni cifras: hay historias de personas y familias detrás de cada número”.

– ¿Qué encontró al llegar al país?
“Desde mi llegada a Botsuana noté que, para la población, Cuba no era un país lejano. A pesar de no haber participado directamente en su proceso de independencia, conocían a los líderes de la Revolución y sobre todo, la calidad de nuestros médicos.
En el primer recorrido por el país vi más de seis hospitales con infraestructura de primer mundo, utilizados apenas a un 5 o 10 % por falta de personal; listas de espera de meses para operaciones de vida o muerte y remisiones a instituciones a más de 1 000 kilómetros de distancia”.

-La Brigada Médica Cubana tiene una larga trayectoria en Botsuana. ¿Qué huella ha dejado?
“Los más de 35 años de presencia de la Brigada Médica Cubana en Botsuana han dejado una huella de compromiso, solidaridad y humanismo muy difícil de borrar con propaganda”.

– ¿Cómo describiría el actual panorama sanitario del país?
“La situación económica, influida por la caída de las exportaciones de diamantes y del turismo, así como el retiro de programas de Estados Unidos para el control del VIH y la tuberculosis, entre otros factores, obligaron al gobierno a declarar en agosto pasado una Emergencia Sanitaria”.

– ¿Qué particularidades tiene el sistema de salud botsuano?
“Es un sistema caracterizado por la diversidad y el contraste. Coexisten sanadores tradicionales con instituciones de nivel terciario; existen relaciones complejas entre el sector público, el privado y las empresas de seguros médicos, así como entre la voluntad política y los intereses de multinacionales farmacéuticas, diagnósticas y grandes grupos de clínicas privadas”.

– ¿Cómo se inserta la brigada cubana en ese ecosistema?
“En todo ese ecosistema, nuestros profesionales se distinguen por el humanismo: tratamos al paciente como un ser biopsicosocial y no como una mercancía.
Eso se expresa en la práctica del método clínico, en la realización del examen físico y la entrevista, en la economía de complementarios basada en un juicio clínico sólido, y en la elección de tratamientos sustentados en evidencias y en consonancia con las características individuales de cada paciente y su entorno social”.

– ¿Cuáles son las condiciones de trabajo de la brigada?
“Todos trabajan en condiciones difíciles, con sobrecarga laboral. En algunos casos hay solo uno o dos especialistas cubanos en todo el país en especialidades como neurocirugía, ortodoncia, cirugía maxilofacial, cirugía vascular o neurología. Aun así, se garantiza la continuidad de los servicios, muchas veces a costa de las horas de descanso”.

– Botsuana ha recibido otras colaboraciones médicas. ¿Qué distingue a la cubana?
“Ninguna ha sido tan consistente, integral, sostenida y desinteresada como la cubana. Algunas ONG han gestionado la construcción de hospitales y clínicas, pero muchas no funcionan a máxima capacidad por déficit de personal calificado”.

– Mensaje al pueblo cubano
“Al pueblo cubano, la brigada médica en Botsuana le transmite su admiración por el valor de mantenerse fiel a sus principios, por su resiliencia, por su compromiso con la Revolución y por el optimismo que algunos tanto intentan arrebatarle”.

– ¿Qué más representa esta colaboración?
“La facturación de los servicios que exportamos, ejerciendo nuestro legítimo derecho, genera ingresos líquidos mensuales que modestamente contribuyen al desarrollo del país. Parte de nuestro estipendio también se dedica a mejorar la situación alimentaria, energética y económica de nuestras familias en Cuba.

Y, finalmente, nuestra brigada defiende día a día la verdad de Cuba en el mundo, mucho más compleja de lo que parece en un artículo sensacionalista o en un programa de YouTube financiado desde el norte”.

Por: Mylenys Torres

Colaboración en Botsuana

Colaboración en Botsuana

Colaboración en Botsuana

Colaboración en Botsuana

Colaboración en Botsuana

La Unidad Central de Cooperación Médica de Cuba despide el 2025 y abraza el 2026 junto a sus cooperantes

Entrevista a la directora de la Unidad Central de Cooperación Médica de Cuba Dra. Gretza Sánchez.

-Al cerrar este año, ¿qué es lo primero que siente y desea decirles a los cooperantes cubanos que hoy cumplen misión fuera del país?
«Que sentimos, ante todo, un profundo orgullo. Cada cooperante cubano ha sido embajador de la salud, de la ética y del humanismo de nuestra Revolución. A todos, gracias por sostener la medicina cubana allí donde más se necesita, incluso en condiciones difíciles y lejos de casa».

-Muchos de nuestros cooperantes pasan estas fechas lejos de sus familias. ¿Qué mensaje especial quisiera enviarles?
«Sabemos cuánto duele la distancia y cuánto se extraña el hogar en estas fechas. A ustedes y a sus familias, nuestro respeto y nuestro cariño. Cuba los acompaña, los reconoce y los espera con el orgullo de saber que cumplen una misión profundamente humana».

– ¿Qué distingue hoy al cooperante cubano en el mundo?
«Nos distingue la vocación de servir, la sensibilidad ante el dolor ajeno y la capacidad de crecerse ante las adversidades. El cooperante cubano no solo cura enfermedades: acompaña, escucha y defiende la vida con dignidad».

– El 2026 llega con nuevos retos para la cooperación médica cubana. ¿Cómo los asume la UCCM?
«Los asumimos con responsabilidad, preparación y compromiso. Seguiremos fortaleciendo la cooperación médica internacional, cuidando a nuestros profesionales y defendiendo el prestigio de la medicina cubana, siempre con el ser humano en el centro».

– Si pudiera resumir en una frase su deseo para los cooperantes cubanos en el 2026, ¿cuál sería?
«Gracias!!! Por su humanismo, sensibilidad, altruismo y lealtad a la Patria y con el mundo! El 2026 estará lleno de desafíos, los cuales estamos convencidos los asumiremos con la confianza y entrega al diario cumplimiento del deber.

Desde la casa grande de la cooperación médica reciban un fuerte abrazo. Muchas felicidades! Feliz 2026».

Presagio y destino: la ruta del Dr. Darvis Lorente

Hay destinos que se anuncian antes de llegar. A Darvis Lorente el suyo le habló primero en sueños, una noche tranquila en Yara, su pueblo granmense. Se vio caminando entre pinos gigantes, bajo la nieve, frente a un hospital de campaña levantado contra el frío. No sabía el país, pero sí la certeza: debía estar allí.

Años después, la vida confirmó el presagio. En 2005, mientras cumplía misión en Venezuela con Barrio Adentro, respondió al llamado para atender a las víctimas del terremoto en Pakistán. Llegó en pleno invierno, a Isla Mabac, donde el frío extremo y la nieve pusieron a prueba cuerpos y voluntades. Allí aprendió que, incluso cuando las palabras no alcanzan, la solidaridad sostiene.

Hoy, su ruta lo mantiene en Haití, en el sur del país, en una zona costera de difícil acceso llamada Ocay. Entre el calor, el barro y caminos que solo permiten el paso de una moto o una camioneta, el Dr. Darvis ejerce la medicina más esencial. En el consultorio donde trabaja desde febrero de 2024, toda la población de Petit Rivier está dispensarizada. Atiende embarazadas, niños y adultos; realiza consultas programadas, aplica el método clínico cuando no hay exámenes complementarios y convierte cada jornada en un acto de resistencia y cuidado.

Pero su labor no se queda entre paredes. Junto a agentes comunitarios, enfermeras y trabajadores sociales, impulsa acciones de promoción de salud: vacunación, nutrición, educación reproductiva, prevención de enfermedades transmisibles. Elabora pancartas, visita las dos escuelas públicas de la zona, ofrece charlas y dialoga con la comunidad incluso los domingos, después de la misa. En un territorio endémico, la malaria y el paludismo son retos constantes, enemigos invisibles que se enfrentan con conocimiento, constancia y cercanía humana.

“Aquí no solo se trata de curar enfermedades —dice—, sino de involucrar a la comunidad en su propio cuidado”. Y habla del agradecimiento sincero de quienes saben que alguien dejó su casa, su familia y su país para acompañarlos.

Desde los barrios humildes de Venezuela hasta las montañas nevadas de Pakistán y hoy las costas de Haití, el Dr. Darvis Lorente sigue cumpliendo una misión que parece escrita antes de ser vivida…como aquel hospital de campaña que una vez vio en sueños, su vocación se levanta donde la vida más lo necesita.

Y cuando regrese a Cuba, habrá razones que harán más ligero el cansancio acumulado: sus hijos. Ellos saben que su padre eligió estar donde más se le necesita y estarán orgullosos de ese médico que no solo cruza países y climas, sino que deja huellas donde llega.

Dr. Darvis Lorente

Dr. Darvis Lorente

Dr. Darvis Lorente

Dr. Darvis Lorente

 

 

Docte Yuly: la doctora que cura también con la fe

Allá en Majibacoa, donde el central respira como un gigante dormido, algunas niñas nacen tocadas por la fe. Y cuando ponen sus manos sobre algo, aunque sea un geranio triste o un pequeño con fiebre, lo que tocan empieza a mejorar.

A Yulianela le pasó así desde pequeña. Su abuela materna, la que le enseñó a creer en Dios como quien aprende a caminar, decía que ella tenía un don:

“Esta niña va para doctora, porque cura hasta con la mirada.”

Hoy esa predicción es verdad.

Viajó con ella intacta desde su noble municipio en la oriental provincia de Las Tunas hasta Haití.

En su primera misión, después de 14 meses de entrega, Yuly mezcla ciencia, fe y ternura sin que se note dónde empieza una y termina la otra.

—Doctora, ¿por qué cree que le tienen en tan alta estima?

Ella baja un poco la mirada, como si la humildad le pesara en las pestañas.

—Imagino que porque cumplo con las tareas, doy todo, y eso genera confianza, dice.

Aquí la llaman “Docte Yuly”, porque Yulianela Morales Pérez les parece un nombre muy largo para tanto cariño.
La nombran así desde su primer hospital en Anse-à-Veau, donde trabajó once meses. Allí lloraron cuando la trasladaron. Y ella también.

Ahora está en el Hospital Comunitario de Referencia Lasile, en el Departamento Nippes.

Trabaja en una consulta comunitaria que intenta reproducir, con orgullo y fidelidad, el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia ideado por Fidel.

—Aquí hacemos lo mismo que en Cuba —explica—. Salimos al terreno, pesquisamos, educamos. La gente nos recibe con un amor inmenso.

Los haitianos lo dicen sin rodeos: “Los médicos cubanos son nuestros hermanos.”

El país que duele y enseña

Haití es un contraste constante. Aquí los niños van a la escuela desde los 3 años y les enseñan cuatro idiomas.
Hay personas de una inteligencia sorprendente, pero la mayoría carga la pobreza como un cielo muy pesado sobre los hombros.

—Lo que más disfruto es interactuar con ellos —cuenta Yuly—. Aprender todos los días. Sentir como agradecen.
Ofrece charlas educativas sobre fiebre tifoidea, paludismo, arbovirosis, VIH, sepsis vaginales, hipertensión, diabetes y los malos hábitos que les complican la vida.

La fe y la familia que la sostienen

La doctora Yuly no camina sola. La acompaña Dios y los buenos sentimientos de toda su familia.

Tiene dos hijos: uno de 15 y otro de 9.

Hace poco se enfermaron con un virus y ella vivió la impotencia desde la distancia.

—Es lo más duro de esta misión —confiesa—. No poder estar ahí cuando se enferman. Pero tenemos buena comunicación y sé que mis padres les cuidan con el mayor esmero del mundo.

Ellos soñaban con verla doctora, y les cumplió.

—¿Repetiría esta experiencia?

Su respuesta sale sin titubeos.

—Sí. A pesar de todo, es una experiencia maravillosa. Es una vida de sacrificio, pero es bella.

Incluso sueña con que alguno de sus hijos, tal vez el mayor, un día la acompañe en este camino de servir a otros.

Cuentan en Haití que cuando Docte Yuly pasa, el aire cambia de ritmo, como si reconociera a alguien capaz de ponerle orden a las heridas de toda la comunidad.

Y dicen que el día en que regrese a Majibacoa —esa tierra donde el ingenio respira y las abuelas son oráculos— aquí quedará su nombre flotando, como una bendición sobre los techos.

Porque basta escucharla hablar para saber que algunas personas no andan: acontecen. Y Yuly es de esas.

Docte Yuly

Docte Yuly

Docte Yuly

Docte YulyDocte Yuly

 

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